martes, 7 de marzo de 2017

EMILIA PEQUEÑO ROESSLER [19.991]


EMILIA PEQUEÑO ROESSLER

Emilia Pequeño Roessler (Santiago, Chile  1997). Estudiante de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de Chile. Ha participado en talleres de poesía con Héctor Hernández Montecinos, Javier Bello y Raúl Zurita. Forma parte del colectivo de poesía Taller Juan Gabriel. Actualmente trabaja en sus proyectos La Tumba Serás y La ronda del hambre. Este último obtiene en 2016 la Beca de Creación del Fondo del Libro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.


La tumba serás (fragmentos)

como quien recompone un himen roto
no tuvimos más opciones que armar una canción
juntando retazos de aspiraciones desgastadas
la acumulación de los días que resaltó la historia
agarrándonos de los escombros
hurgando entre la basura
como un simulacro de intimidad
en el silencio que imponen las luces de una micro en la madrugada
su andar sobre el asfalto roto
cada ventanilla como habitáculo
las palabras que leíamos, residuos en los rayados de los paraderos
como las inscripciones de las tumbas de los héroes
como la letra del himno nacional
nuestros nombres:
la marca de un plumón que se irá borrando por el uso de los asientos



*


en los supermercados
las cajas de mercadería se apilan infinitamente
y de niños creemos que son las casas de las cosas que comemos



Animita

mi país es una esquina en que se orillan los cacharros que ha botado el mar
todos estos años de patria rota, cortopunzante
bultos acarreados por equecos afónicos
apilados a lo largo de las abolladuras del mapa
paquetes de supermercado desescamando sus muñecas como grilletes
invasión de trastos plásticos con olor azumagado en las alacenas de las casas
bolsas de basura reventadas en los bordes de las veredas
las huellas del trajín de los descalzos sin nombre
escarbando cartones entre las sobras de las trasnacionales
como perros olfateando los huesos de un pollo desollado
la esperanza de ganarse cuatro paredes, una puerta y ventanas
mi país es un bordado torcido sobre arpillera sucia
montado en los hombros de toros atrofiados sin raza
campo de flores machacadas que se oxidan
silentes como las palomas que se bañan en el agua contaminada de los ríos
amarga e inhabitable, ácida de cenizas volcánicas
derrotero de los mártires que llevan a sus santos a cuestas
se le aferran aún con las uñas unos pocos
los que no encontraron la reja para salir
sus caras molidas por el cansancio
creen en la inercia como modo de resistencia
estigma de una inmolación involuntaria
mi país es una costra alargada que chapotea en nuestra sangre
y duele
el caminar a pie descalzo por las calles astilladas de faroles quebrados
ampollarse los ojos ante el fuego de las barricadas
atropellarse la lengua para no hablar más de la pena
la melodía perdida de los organilleros que amaestran loros
pasean por los barrios y nos anestesian de nostalgia
como cuando los chamanes de guitarras despintadas
cantan en las micros por nuestras monedas
repiquetean en las fotos granuladas de primeras comuniones
los programas que veíamos las tardes de domingo
ese jugo que yo tomaba y ya no existe
las botellas de bebida y los medidores de gas
el matinal a las nueve
las noticias a la una
la teleserie a las cuatro
las noticias a las nueve
el reality a las diez
las noticias a las doce
mi país es un campo de batalla que nunca se usó
ciudades de metro cuadrado amuralladas de cholguán
orilladas por bosques de yuyos secos que amenazan incendiarse
el sonido de la lluvia sobre el zinc como disparos de una ametralladora
tinajas roídas por la humedad descascarándose
gatos tuertos vigilando sobre las tapias
el aserrín hinchado frente a los guardapolvos que espera la flagelación de una escoba
se parapeta en el tiempo como un soldado vencido antes de nacer
cajas de lata repletas de hilos amarillentos juntadas en secreto
mi país es la animita de un accidente brutal
cachivaches en memoria de la mugre bajo las alfombras
siglos enterrados bajo las baldosas enrojecidas de tanto encerar
estampitas de caras borrosas gritando que aquí se mató
una tía, un abuelo, un hermano lloran acurrucados en una fosa común sin conocerse
una bandera agujereada flamea sobre sus cabezas
las lombrices sabrán por ella que están hechos de la misma carne
esa carne aplastada que se adormece al arrodillarnos cada día
para hacer una plegaria a todo lo caído en el intento
y prender velas al monumento del edén que nunca se construyó




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