viernes, 20 de febrero de 2015

IKKYU SOJUN [15.007] Poeta de Japón


Ikkyū Sojun

Ikkyū (一休宗純 Ikkyū Sōjun?, Kioto, 1394 – 1481) fue un excéntrico monje Zen japonés, importante como poeta y por su influencia en la evolución de la ceremonia japonesa del té.

Nació en 1394 en un pequeño suburbio de Kioto; se dice que fue hijo ilegítimo del Emperador Go-Komatsu. Su madre fue forzada a viajar a Saga, y fue criado por los sirvientes. A la edad de cinco años fue separado de su madre e ingresó como monje en el templo de Rinzai Zen, Ankoku-ji. Aprendió cultura y lengua china, parte del currículo en el sistema Gozan Zen; mucha de su obra literaria más interesante es su poesía china. Su primer nombre de religioso fue Shiken.

Entrenamiento

A sus trece años entró al templo Kennin-ji en Kioto para estudiar el Zen a través de un monje conocido con el nombre de Botetsu. Desde ese momento Ikkyū comenzó a escribir frecuentemente poesía de una manera no tradicional. Fue crítico con la poesía de su maestro, estaba decepcionado con el estrato social y con la carencia de la práctica de la meditación Zen en su entorno.

En 1410 abandonó Kennin-ji e ingresó al templo Mibu, donde residía un abad llamado Seiso. Ikkyū no permaneció mucho tiempo y se trasladó al templo Saikin-ji en la región del lago Biwa, en donde fue el único discípulo de un abad llamado Keno. En este lugar finalmente encuentra un maestro que le llenara las expectativas en la enseñanza del Rinzai Zen. Keno fue esporádico en el estilo de enseñanza y fue un fuerte creyente en la supremacía de la meditación Zen. Hacia 1414, Keno falleció; Ikkyū realizó los ritos funerarios y ayunó por siete días. En su desesperación intentó suicidarse al ahogarse en el Lago Biwa, pero fue sacado por un sirviente de su madre.

Posteriormente encontró un nuevo maestro llamado Kaso, en Zenko-an, un templo subsidiario del Daitoku-ji. Kaso tenía un estilo similar a Keno; durante este tiempo Ikkyū trabajó duro en los kōan e hizo muñecos para un comerciante local en Kioto.

Hacia 1418, una banda de músicos ciegos ejecutó una pieza en el templo e Ikkyū se penetró en su koan mientras estaba absorto en la música. En reconocimiento a su entendimiento Kaso le otorga el nombre dhármico Ikkyū, que significa “una pausa”.

En 1420, Ikkyū estaba meditando en un bote en el Lago Biwa cuando el sonido de un cuervo lo estimula al satori. Kaso confirmó esta gran iluminación y le otorgó el inka a Ikkyū. Posteriormente, Ikkyū se vuelve en contra de los celos de Yoso, un estudiante de mayor categoría del monasterio. En los poemas de Ikkyū, Yoso aparece como un personaje enfermizo obsesionado con los bienes materiales, que era capaz de vender el Zen con el fin de incrementar la prosperidad del templo.

Mendicidad

Ikkyū era conocido por ser una persona problemática, que acostumbraba a beber en exceso, en ocasiones fue regañado por Kaso por cometer dichas acciones. El problema llegó al punto en que Kaso le otorgó el inka a Yoso y lo hizo su heredero del dharma. Ikkyū abandonó el templo y vivió gran parte de su vida como un vagabundo. No obstante, no estaba solo y tuvo un círculo de notables artistas y poetas de la época. En ese período, estableció una relación con la cantante ciega llamada Mori que se convirtió en el amor de su vida.

Trabajó para practicar el Zen fuera de las instituciones religiosas formales. Sin embargo, la guerra Ōnin redujo el Daitoku-ji a cenizas, Ikkyū fue elegido abad, rol que asumió sin entusiasmo. Con esta acción, fue incluido en uno de los más importantes linajes del Zen. Hacia 1481, murió a la edad de 88 años de un resfriado agudo.



Aquí algunos cuantos poemas de Ikkyu, en versión de Aurelio Asiain y tomados de esta publicación electrónica en la que pueden leerse otros más.



El sexo de una mujer

Es la primera boca, y no dice palabra.
La rodea un espléndido montículo de pelo.
Allí puede perderse cualquier hombre sensible.
Es la cuna de todos los Budas de mil mundos.



Vine a nacer
en un mundo de sueños,
igual que un sueño.
Qué descanso, extinguirse
lo mismo que el rocío.



¿Qué es el Buda?
Como el tapiz de musgo
entre las rocas,
pura benevolencia,
se extienden sus palabras.



Al carajo la gloria, los triunfos, el dinero.
Tirado cara al cielo, saborear mi pulgar.



Altas, muy altas,
las nubes, qué calladas,
hasta allá arriba
llegaron sin decir
una sola palabra.



La poesía
es ridícula: escríbela,
enorgullécete,
ufánate al espejo
y créete que sabes.



Tanto koan
te enseñará el camino,
pero no al rico
coñito de muchacha
al que yo me dirijo.




Ikkyu, poemas del monje libertino
Ikkyu





IKKYU SOJÚN
Biografía de un asno ciego
Ikkyu. Poemas del monje libertino
Editorial José J. De Olañeta
Palma de Mallorca, 2013


En el siglo IX, los monjes que siguen al maestro Chan Linjí crean la escuela Linjí [jap. Rinzai], con el objeto de proseguir fielmente sus enseñanzas. Linjí calificaba a sus discípulos de asnos ciegos. E Ikkyu, que se creía fiel heredero de la línea del maestro Rinzai, se valió de ese nombre para vindicar su Zen directo ante el Zen decadente que encarnaban la arrogante jerarquía monacal de su época, más preocupada por quemar incienso que por practicar la meditación y ejercer la compasión budista.

Ikkyu se creyó siempre un fiel heredero de los grandes maestros Rinzai, la llamada línea Otokán que iniciarían Daio y su discípulo Daíto Kokushi en el siglo XIV, y que seguiría Kaso Sodón, su maestro directo. Es el kanná Zen, el Zen del pueblo, sin alharacas, austero, cercano y compasivo. El camino del zen se encuentra en todo lo existente.

Así, con estas premisas de partida, más el componente de su propio carácter, sensible y rudo a la vez, devoto e impío, así como extraordinariamente culto, a la vez que popular y campechano, no es de extrañar que la historia califique este monje que fue tan amado por el pueblo como de iconoclasta, impío, borracho o libertino.

Posiblemente Ikkyu Sojún no sea nada de eso, y tal vez lo sea todo a la vez, en una gran unidad que todo lo incluye, como el Zen. En todo caso, Ikkyu sí que fue un monje sin fronteras. Ni la tierra, ni los ríos, ni el frío, ni la lluvia, ni la miseria, ni el hambre, ni la guerra, ni la muerte, ni los jerarcas, ni las casas de placer, ni las tiendas de sake, ni su propia mente fueron nunca para él un límite infranqueable. Fueron, sencillamente, cosas de la vida, tal cual son.

Hijo bastardo del emperador

Senguikumaru, que así se llamaba Ikkyu al nacer, vino al mundo en 1394, en un pequeño suburbio de Kyoto. Su padre fue el emperador Gokomatsu, y su madre, la dama de la corte Iyono Tsubone [también llamada Teruko Hino], perteneciente al influyente clan Fujiwara de la clase samurái, y que bien pronto fue extrañada de la corte.

La época era convulsa. El emperador era una figura meramente representativa y religiosa a manos del shogun. Los diferentes clanes competían entre sí, al igual que los todopoderosos monasterios budistas, armados con milicias, y la casta de los samuráis. En este marco, y para evitar controversias sucesorias y demás, el emperador extrañó a Iyono a Saga, tomando como pretexto una sospecha de intento atentado contra él, y el hijo de ambos creció en un humilde ambiente de campo. Y no sería hasta ser mayor que conocería realmente quien era su padre. Ikkyu nunca entendió la razón del abandono que sufrieron su madre y él, privándole de un padre.

En 1399, a los cinco años, Senguikumaru fue llevado por su madre al monasterio Zen Rinzai de Angoku-ji. El sentimiento de alejamiento materno forzoso será otro trauma que le marcará hasta prácticamente el día de su muerte, tras su longeva y movida vida. El abad de Angoku-ji, Shukan Zoge, lo acogió y lo dotó de una instrucción religiosa y de una gran base cultural basada en la lengua y la literatura chinas. Le cambió el nombre por el de Shuken. Los jovencitos novicios como él eran juguetes sexuales de los veteranos. Ikkyu superó esa época con dolor, aunque entusiasmado por sus estudios, demostrando una gran inteligencia. En 1406, con trece años, el maestro Seisojin le enseñó a escribir poemas en chino, y en 1408, con quince años, ya escribió uno que se hizo famoso en Kyoto.

Las flores cubren el manto de la primavera.
Me paseo recitando con emoción.
Multitud de flores se abren haciendo purificando cielo y tierra.
Su fragancia llega hasta mi lecho ¿Es eso un sueño efímero? (1)

El graznido de un cuervo: la iluminación

En 1410 se convirtió en discípulo de Ken’o, maestro del templo de Saikon-ji y representante del sector más puro y menos corrupto del Zen, que le impuso el nombre de Sojún. En 1414, fallecido Ken’o, se dirigió totalmente desolado de monasterio en monasterio hasta que determinó quitarse la vida en el lago Biwa. La llegada de un mensajero de su madre reclamándole impidió su suicidio. En 1415 se dirigió al monasterio de Katata y, tras larga petición y espera a sol y serena, se convirtió en discípulo de Kaso Sodón [1352-1428], que será el maestro que realmente le marcará de por vida. Kaso será el que le imponga en 1418 el nombre con el que pasará a la historia, Ikkyu, “un descanso”, tras solucionar el koan de los 60 bastonazos de Tozán:

Ummón preguntó a Tozán: “¿De donde vienes?”. “Vengo de Sado”. “¿Dónde has estado este verano?”. “He estado en el monasterio de Hokuzi en Konan”. “¿Cuándo saliste de allí?”. “El 25 de agosto”. “¡Cabeza hueca! “Te merecerías sesenta golpes de bastón, pero podría ensuciarlo, ¡vuelve de dónde has venido!”. Tozán se pasó la noche en vela, y al día siguiente le preguntó a Ummón: “¿por qué me merecería sesenta golpes de bastón? ¡Dímelo!”. “¿Por qué vas de camino en camino?”. Y en ese momento le vino la iluminación a Tozán.

Ikkyu escribió “tengo que volver del mundo efímero al mundo no efímero. Un tiempo de descanso... que caiga la lluvia, que sople el viento”. Dijo Kaso: “el mundo efímero es el mundo de las pasiones; el mundo no efímero es el mundo sin pasiones... ¡y tu descansas entre ambos mundos! La lluvia puede caer, el viento soplar, es el orden las cosas”.

A pesar de ese reconocimiento, Ikkyu no dejó de llevar una vida de vagabundo. A pesar de ser discípulo de Kaso, no vivía en el monasterio, si no en una barca en el lago Biwa, relacionándose con los pescadores y otra gente sencilla. Para su sustento confeccionaba alpargatas que luego vendía en el pueblo, ya que Kaso tenía prohibido a sus monjes ejercer la mendicidad.

La Iluminación le llegó a Ikkyu estando precisamente en esa barca, en el año 1420, al oír el graznido de un cuervo en la oscuridad de la noche. Los cuervos graznan, pero que dice un cuervo cuando no dice nada? Un cuervo que no dice nada puede decir lo que quiera... como los hombres. La voz de cuervo era su voz, surgida en la noche, inmersa en ella y en su silencio. Con la llegada de la aurora, su destino, cielo y tierra formaban una unidad. Así escribió Ikkyu su experiencia:

Durante diez años mi mente ha anhelado
la razón de la cólera y la ira, ¡incluso ahora!
El cuervo grazna, y un arhat emerge del polvo.
Un brillante y gran sol emerge de la oscuridad en un rostro iluminado.

Ikkyu, huérfano de todo padre y madre

En 1422 el maestro Kaso comunicó a Ikkyu su deseo de que le sucediera y otorgarle el inka, el sello de la transmisión. Ikkyu lo rechazó, no obstante Kaso así lo consignó aunque se lo reservó hasta su muerte, situación que levantó los celos de Yoso Soi [1379-1458], el alumno más aventajado de Kaso. No obstante, cuando éste falleció al cabo de seis años, Yoso se apropió del nombramiento, hurtando a Ikkyu su derecho legal. Ikkyu incrementó su vida de vagabundo. En ese mismo año fatídico para Ikkyu, 1428, también murió su madre en su humilde casa de Sagano.

Tres años después, Gokomatsu, el padre de Ikkyu, abdicó como emperador y se hizo monje. En 1432, mientras Ikkyu, ayudado de Sogén, antiguo monje del monasterio de Shokoku-ji, abre el templo de Shuunan, Yoso abre el templo de Yoshunan como rama del monasterio de Daitoku-ji, ambos en la misma ciudad de Sakai

En 1433, Ikkyu se encontró por primera y única vez con su padre en la ermita imperial de Sento. Aquel le preguntó “¿Qué existe más allá?”, y respondió Ikkyu: “todo es efímero, pero las estaciones se suceden siempre en un orden inalterable: primavera, verano, otoño, invierno... y durante ese tiempo vienen nuevas vidas al mundo. Desde mi punto de vista, la eternidad podría o no existir”. Y todavía le preguntó: “el emperador, ¿es un dios, un símbolo o un ser humano?”. Y le dijo: “el emperador puede ser las tres cosas, ya que el emperador refleja los deseos de todos. Es lo que todos vemos en lo más hondo de nuestro corazón”. Gokomatsu le pidió perdón por no haberlo tenido en consideración ni a él ni a su madre, y se puso paz entre ambos. Poco después (el 20 de octubre), el emperador moría a la edad de 57 años.

El iconoclasta

En 1435, Ikkyu criticó a los monjes de los grandes monasterios, y especialmente a los de Yoshunan que dirigía Yoso, yendo por todo Sakai con una espada de madera colgada de la cintura: “¡los monjes de hoy día son como ese sable de madera! ¡Un sable que parece auténtico en una funda muy decorada, pero que en realidad no sirve para cortar nada!”. Poco después originó un nuevo escándalo al orinar sobre el tejado del templo de Shokoku-ji, el segundo en rango de los Cinco Grandes Monasterios Zen de Kyoto.

Una anécdota muy conocida de él cuenta que un día que iba de camino, echó a nevar y estaba muerto de frío. Por suerte pasó ante un pequeño monasterio. Llamó y pidió hospitalidad, y le ofrecieron una sopa caliente y un lugar donde dormir. No obstante, la noche era muy fría e Ikkyu seguía muerto de frío. Al poco de acostarse, los monjes vieron fuego en la sala donde dormía el invitado y fueron corriendo, y estupefactos vieron como en el brasero estaba ardiendo el buda de madera del templo. El abad le dijo hecho una furia: “¿pero te das cuenta de lo que estás haciendo?”. Dijo Ikkyu: “esta noche hace demasiado frío, y arde tan bien. ¡uníos a mi!”. “¡Pero esto es un pecado imperdonable!”, le respondieron. “Pero el buda que hay en mi corazón tiembla de frío”. Ikkyu terminó de nuevo a la intemperie.

En 1438, Ikkyu se instaló en una sencilla casa situada al lado del templo Rezeimadenoko-ji Dodabo de Kyoto, aunque siguió abierto el pequeño templo de Sakai, y en 1440 fue nombrado abad de Nyoian, templo fundado por Gengai, maestro a su vez de Kaso, el venerado maestro de Ikkyu. No obstante, permaneció escasos meses hasta que decidió volver a su vida errante... y sus menudeos a las casas de placer.

El libertino

Una vez, estando con una prostituta Ikkyu le preguntó si alguna vez ella había dudado de él como monje. La chica, llamada Mamiji, le respondió que él renunció a cosas mundanas para ser monje, y ella a vivir... aunque todavía no había logrado quitarse la vida. Mamiji procedía de una familia pobre que la obligó a prostituirse. “Tan sólo la muerte me librará de ese sufrimiento”, dijo, e Ikkyu le respondió: “Todo el mundo muere un día u otro, pero hay muchos que no conocen el verdadero valor de la vida: esos si que están muertos! Yo, todas las mañanas, nazco”.

De otra ocasión es la historia que cuenta que, paseando por Sakai, se encontró ante un duelo entre dos hombres. Uno frente al otro, blandían sus espadas pero no decidían atacarse e Ikkyu les preguntó “¿Por qué habéis dejado de moveros?”. “¡Es por el honor de hombre!”, respondió uno. “¡Exacto, para demostrar nuestro amor a Jigokudayu!”, respondió otro. “Ya veo”, dijo Ikkyu, “es un combate entre dos perros en celo. Entonces, ¡daos prisa, no dejáis que la gente vaya por la calle!”. “¿Cómo dos perros en celo?”, replicaron. “Si no queréis que os traten como tales, deteneos enseguida”. “¡No nos vengas ahora con moralinas de monje, eso no sirve para nada!”, dijo uno. “¡Tu eres quien está haciendo moralina censurándome que os la haga yo!”. Y cesaron de luchar.

No obstante, aquella pelea le abrió la curiosidad, y quiso conocer aquella Jigokudayu objeto de deseo. Fue a la casa de placer, la chica lo invitó a sake y le preguntó: “Hacerse monje y retirarse a la montaña sirve para purificar el espíritu, pero ¿cómo es que bebes sake sin filtrar?”. Soltando una gran carcajada, Ikkyu respondió: “Aunque un monje retirado beba sake sin filtrar, no significa que abandone su ermita para ingresar en el mundo: todos los monjes no tienen necesariamente el espíritu puro”. “Vuelve pues a tu montaña, aquí en Sakai estamos en la frontera entre dos mundos opuestos”. Y respondió: “Si no concibo mi cuerpo como tal, ¡poco importa donde estoy!”.

La mujer, almacén del Buda

Ni cabe decir que con esa filosofía de vida Ikkyu escandalizó a las gentes de su época, no ya por beber alcohol, cosa prohibida por los Cinco Grandes Preceptos budistas, si no por ir con mujeres: si el deber de un monje era mantenerse célibe, él no solamente no lo practicaba si no que ¡además se relacionaba con chicas de casas de placer! La mujer se hallaba en los niveles más bajos de la escala social. Incluso la más honrada y sabia, encarnaba las cinco máculas no purificables y se la consideraba sujeta a las tres sumisiones: al padre, cuando pequeña, al marido cuando mayor, y a sus hijos al llegar a la ancianidad. Las prostitutas todavía tenían menos consideración: eran lo más bajo de lo más bajo.

Al respecto se cuenta la historia de que Ikkyu se topó una vez con dos muchachas que se bañaban en una laguna. Cuando lo vieron se agazaparon para taparse sus partes. Ikkyu se arrodilló, oró ante ellas, y luego se fue. Las jóvenes, sorprendidas, lo llamaron y le preguntaron por qué había rezado por ellas. Ikkyu hizo como si no hubiera oído nada y les gritó “¡hay un kappa en el agua!” [animal acuático fantástico], y las chicas salieron de ella dando alaridos. Ikkyu se giró y les dijo: “las mujeres son como almacenes que contienen las enseñanzas de Buda: todo el mundo procede del cuerpo de una mujer, incluso Buda y Bodhidharma. Vosotras mismas, yo, el shogun, los campesinos, los bandoleros, todo el mundo procede del vientre de una mujer. Por tanto, ¡las mujeres son almacenes que contienen tesoros! Hasta los almacenes de los nobles, que contienen objetos de gran valor están muy lejos de tener el mismo valor que vosotras, las mujeres”. Así no es de extrañar que para Ikkyu, el precepto del celibato le resultaba absurdo: “respetarlo equivale a negar el origen del nacimiento de todos los seres vivos, incluidos Buda y Bodhidharma”.

Y otra historia más como colofón: en noviembre de 1440 tuvieron lugar los funerales por el centenario de la muerte del maestro Daíto Kokushi, fundador del gran monasterio de Daitoku-ji. Con gran pompa, asistieron abades y maestros de todo Japón. Ikkyu también acudió. No obstante, al ver el desprecio con el que los monjes trataban a los fieles que se acercaban a depositar sus humildes contribuciones y como se adulaba a los ricos, Ikkyu desistió de realizar su ofrenda y se retiró acompañado de una prostituta a una vieja ermita vacía del monasterio.

Influjo sobre las artes del Japón

En 1442, Ikkyu y su pequeña comunidad, a excepción de Songé que regresó a Sakai, construyeron el pequeño templo de Shida-ji [shida en jap. “cementerio”] en el bosque del monte Yuzurisan. Allí estuvieron un año, regresando de nuevo a Kyoto, más tranquilo tras las grandes revueltas que habían tenido lugar. Al poco se les unió como discípulo Shuko [Mokichi Murata, 1423-1502], el inspirador y creador del Chado japonés. En 1445, Yoso, el eterno oponente de Ikkyu fue nombrado abad superior del monasterio de Daitoku-ji.

Otro de los grandes incondicionales amigos de Ikkyu era el poeta Ninagawa, maestro en poesía renga, y compañero en alguno de sus viajes. Un día, en casa de aquél, compartiendo una comida que le había ofrecido, Ikkyu le dijo: “Disculpa a este monje que te visita sin traerte nada”. “No es ningún problema. El espíritu que acepta la nada tiene el encanto del vacío: me has hecho el mejor de los regalos procedente del vacío, la esencia del Zen”. “No, lo has descubierto tu sólo. El aspecto de una gota de agua depende de la naturaleza misma: si está sobre una hoja verde, es verde, si está encima de una hoja roja, es roja”. Ninagawa murió en 1448. Ese mismo año sucedió también una gran inundación causando una gran mortandad al arrasar los puentes de Gojo en Kyoto y de Seta en Omi, bajo los cuales vivía una multitud mísera, y luego la peste asoló la tierra.

El asno ciego

Durante tres años no cesaron de suceder calamidades. A las de 1448, en 1449 inundación y terremoto en Kyoto. En 1450, fuertes lluvias expandieron de nuevo enfermedades. En 1451, revueltas de campesinos y rebrote del bandolerismo. Los nobles, los samuráis y los ricos tomaron la actitud de aislarse de esa desolación, y se multiplicaron los actos sociales en la intimidad con finalidad de ostentación. Los grandes monasterios también se encerraron en ellos mismos y en la sofisticación, y sólo se abrían para recaudar los donativos del pueblo, que en su desesperación sólo ansiaba ir a rezar a Buda para salir del desastre. Los maestros Zen vendían el siho a quien pudiera pagarlo, y con ello se costeaban nuevos refinamientos. Sogén, discípulo de Ikkyu se quejó amargamente de ello a Ikkyu: “¡Es inaceptable! Esos monjes son la encarnación del deseo, y sin embargo, ¡llevan el koromo!”. E Ikkyu le dijo “Tu, al igual que yo, también llevamos koromo, aunque sean harapos. Tenemos que ir con cuidado, ya que el hábito de los monjes encarna nuestro deseo de liberarnos de nuestros propios deseos. Intento tener eso siempre en mi pensamiento”.

El 2 de agosto de 1453 se incendió Daitoku-ji. Por entonces Ikkyu ya tenía 60 años y había fundado en Kyoto la nueva ermita de Katsuro [lit. “asno ciego”]. Al poco se une al sangha el joven Zenchiru Konparu, que será el fundador de la rama Konparu del teatro No. Así, en los márgenes del stablishment iba creciendo el nuevo Zen que encarnaba Ikkyu: la práctica compasiva de sus monjes, la renovada Vía del Té, las nuevas tendencias pictóricas de Bokusai, la renovación del teatro No... el Zen impregnó la sociedad de tal manera, que sus formas y prácticas en estas artes se mantienen prácticamente incólumes seis siglos después.

En 1456, Ikkyu reconstruyó el templo de Myosho-ji en Takigi, con la ayuda de los habitantes del pueblo. El templo original había sido construido a su regreso de China por el maestro Daio, maestro a su vez de Daíto. A su lado construyó el pequeño santuario de Shuunan, para el que nombró abad a Bokusai. Ambos edificios son conocidos hoy día como el Templo de Ikkyu. Aquí escribirá “Esqueletos”, en escritura japonesa y no en caligrafía china, e ilustrado con dibujos a fin de que todo el mundo pueda entender la enseñanza del Buda.

Un día el monje Sogén le preguntó: “¡No comprendo nada de la ley de Buda! Renuncié a monje por qué no conseguí entender nada. Ahora soy un viejo que pesca, con el pescado que vende bebe sake y escribe poemas todos los días”. “Escucha”, le dijo Ikkyu, “no hay ningún fin en la ley de Buda, pero la gente se pierde buscando un fin”. “¡Dime lo que hay que hacer si no hay ni camino ni fin en el budismo!”. “Dicen que hacerse monje significa “abandonar el mundo”, pero yo digo que es eliminar cualquier concepto de frontera. Al convertirme en monje, jamás he abandonado el mundo. Mi corazón y el universo se han entendido, ¡ya no tengo ninguna frontera!”.

“Las creencias, obstáculos para la paz”

En 1458, a los 82 años de edad, murió Yoso Soi estando en la cima del reconocimiento imperial por la reconstrucción de Daitoku-ji. Los años posteriores volvieron a ser de gran convulsión en Japón. Entre finales de 1460 y principios de 1461 murieron más de 80.000 personas a causa del hambre y las enfermedades. En 1463, Ikkyu vivió temporalmente en Sumiyoshi. El 26 de mayo de 1467 estalló la guerra civil denominada de Onin, que duró once trágicos años. Muchos grandes monasterios, como el de Daitoku-ji, fueron pasto de las llamas.

Una vez, Ikkyu en su marcha errante se encontró con un monje peregrino rezando abrumado: “Aunque crean en dios y en el Buda, los samuráis matan a seres humanos en las batallas. Parten hacia la batalla tras rezar una oración. ¿Por qué rezan? ¿Lo hacen por la victoria o por un poder sobrenatural? ¿O para calmar las almas de los muertos? Dudo que el hombre sea digno de poseer el carácter de Buda”, y fijándose en Ikkyu le dijo “¡Dame seguridad monje viajero! ¡Mis creencias titubean!”. Ikkyu respondió: “no me extraña. Te propongo que olvides toda creencia”. “¡Pero esas no son palabras de un monje! Aunque yo sea un pobre hombre  que no pueda aspirar al despertar universal, ¡mi deseo de paz entre los hombres es sincero!”. “Por eso te propongo de olvides tus creencias”, le dijo de nuevo Ikkyu, “¡Las creencias son obstáculos para la paz!”.

También se cuenta la historia de un encuentro de Ikkyu con el también popular monje Rennyo [1415–1499], maestro que inició la restauración de la escuela Jodo-shinshu [verdadera escuela de la Tierra Pura]. Rennyo le dijo: “Dime, ya que crees en el Zen de la fuerza de uno mismo, nosotros que creemos en la fuerza del buda Amida mediante nuestras invocaciones [Namu Amida butsu], nos encontramos a menudo con el siguiente problema: ¿qué debe hacerse si el que pronuncia las invocaciones por los demás es un hombre mediocre que no consigue liberarse de sus propios deseos?”. Respondió Ikkyu: “Es cierto que controlarse a uno mismo no es tarea fácil. Muchas veces uno hace tonterías a pesar suyo.”. “Yo me encuentro entre esa clase de hombres”, reconoció Rennyo, “y no entiendo por qué actualmente ejerzo la invocación por los demás, así que he llegado a la conclusión de que es la fuerza de Amida la que me ha encomendado esta misión”.  “Los que pertenecen a la escuela de la fuerza de Amida por invocación dicen que es dicha fuerza la que les ayuda a alcanzar el despertar, mientras que yo, que creo en la fuerza en uno mismo, digo que alcancé el despertar solo”.  De repente Ikkyu dio una estruendosa palmada mientras se quedó con las dos manos juntas, y preguntó: “Según tu, ¿este ruido procede de la mano derecha o de la mano izquierda?”. Rennyo se echó a reír y dijo “¡Ya entiendo!”. “Así es como alcanzamos el despertar”, dijo Ikkyu, “como lo hiciera el Buda, nosotros lo llamamos el despertar, la luz, el nirvana, el más allá, el paraíso... entrar en el paraíso de Buda no depende de la escuela búdica, ¡sino del espíritu sólo del hombre! La tierra pura puede encontrarse sin este mundo vil. Un hombre mediocre puede tener cualidades de Buda. El despertar se encuentra en el deseo. El despertar nace del pesar de vivir. La alegría sólo puede existir con la ayuda de la desgracia. Si no se conoce jamás el pesar, ¡jamás se conocerá la alegría! Es como el anverso y el reverso de una hoja: no puede hacerse desaparecer sólo de un lado. ¡Eso es la vida! ¡Eso es lo que significa vivir!”.

Aparece su amada Shin

En julio de 1469, Ikkyu regresó a la ermita de Shuunan, en Takigi, pero la guerra obligó a su comunidad a desplazarse de nuevo hasta Sumiyoshi, instalándose al año siguiente en una cabaña donde se organizó la ermita de Unmon-an. Allí será donde conocerá a la compañera del final de su vida, una cantante ciega ambulante llamada Shin [también llamada Shinme o Mori, puesto que se escribe igual y con el mismo significado: “bosque”]. Ikkyu tiene 77 años. Shin, 30.

Tras una primera noche en que Ikkyu le ofreció abrigo y arroz, y ella le correspondió con sus canciones, Shin se fue. Dos años después, con Shuunan reconstruido y la comunidad residente allí de nuevo, en otoño de 1472 aparece Shin, después de un largo periplo buscando infructuosamente a Ikkyu. Ikkyu le recriminó porqué se marchó sin decir nada, y ella le confesó que no deseaba ser ni una carga para la comunidad, ni un obstáculo para la Vía del budismo. “Ante ti tienes un viejo reseco, del que sólo quedan la piel y los huesos”, le dijo Ikkyu. “Yo no veo ni prosperidad ni guerra, desde pequeña sólo he notado el viento helado, pero ahora he sentido por vez primera el agradable calor de tu voz, y eso me hace feliz”, dijo Shin.

Los lugareños murmuraban. Los monjes se preocupaban, pero entendían a su maestro. Ikkyu se comparaba al bambú, que reverdece en otoño, cuando las demás plantas amarillean. Para el bambú, el viento otoñal es viento primaveral. Él, viejo, se hallaba en el otoño de su vida.

Al cumplir los 81 años, el emperador Tsuchimikado nombró a Ikkyu maestro superior del monasterio de Daitoku-ji, convirtiéndose en su 47 abad... aunque no permaneció allí ni un solo día. No obstante, su nombre influyó para captar numerosos donativos para su nueva reconstrucción. Ikkyu se mantuvo en Shuunan, y desde allí siguió impartiendo su singular enseñanza del Zen.

A los 87 años, tras varios años de padecer la malaria, escribió en chino Nubes Locas, su principal obra poética a manera de recopilación de sus versos. Algunas biografías cuentan que Shin le cuidó a pie de cama. Otras dicen que aquella murió antes que Ikkyu [aquí se reproduce un poema que parece indicar eso]. Lo cierto es que de Shin se pierde la pista con la muerte de Ikkyu.

Al cabo de un año, en octubre de 1481, el estado de salud de Ikkyu se agravó, y el día 21 de noviembre, a las seis de la mañana, dejó esta vida a los 88 años de edad en la postura de zazén, como los grandes maestros.

El hombre es minúsculo
comparado con el universo donde vive.
¿Y si ese universo fuera uno mismo?

La obra

La biografía de Ikkyu se conoce por lo que él mismo escribió, por lo que otros escribieron sobre él, y sobre lo que la tradición cuenta sobre él y sobre sus andanzas, algunas verdaderas y otras totalmente legendarias.

Entre las obras cabe destacar en primer lugar Kyoún Shu [Colección de la Nube Loca], que incluye un millar de poemas, y que se recoge en parte en esta obra. Luego está su obra en prosa: Maka Hannya Haramita Shingyo kai [Explicación del Sutra de la Perfección de la Gran Sabiduría], a manera de comentario de este popular sutra de la corriente Mahayana, especialmente importante para el Zen; Kana hogo [Sermón sobre el Dharma en kana], escrito como su nombre indica en grafía y lengua japonesa, dirigida al gran público como las demás obras en kana; Mizukagami me-nashi gusa [Disquisición sobre el espejo ciego], escrito sobre diversos tópicos del budismo; Futari bikuni [Dos monjas], sobre las virtudes de la vida religiosa; Amida hadaka monogatari [La verdad de Amida al descubierto], sobre la unidad y universalidad de todas las enseñanzas budistas; Bukkigun [Gran guerra del Buda contra el infierno], sobre el bien y el mal y la no-dualidad; y Goikotsu [Esqueletos], escrito en prosa y en verso, sobre la muerte y la impermanencia de las cosas y de la vida, que se incluye en esta obra.

De lo escrito sobre él, lo más directo es la obra Ikkyu osho nempu [Crónica del venerable Ikkyu], obra atribuida a su discípulo Bokusai, monje y gran pintor del siglo XV japonés. Si bien esta obra ya contiene algunos aspectos biográficos discutibles, la imaginación popular sobre la vida y obra de Ikkyu se desborda a partir del siglo XVII con la aparición de numerosas obras basadas tanto en la obra de Bokusai como en la tradición oral. Un siglo después de su muerte, Ikkyu ya era leyenda en todo Japón.


Hacer el bien
No hacer el mal
Caligrafía de Ikkyu Sojún


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KYOUN SHU
[Colección de la Nube Loca]



Si tu meditación no puede realizarse en el Pabellón de la Vida y de la Muerte [1],
fama y fortuna te cautivarán enteramente.
La gente tiene un remedio infalible:
¡a veces un sabroso guisado, a veces una corteza de limón!

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Alabando al monje Kido [2]

El maestro de Ayuwang se rebeló absolutamente contra todo,
Abandonando su hábito como si se tratara de una sandalia rota.
La transmisión correcta de Linjí no es una cosa simple.
En el cielo, el viento silba bajo la luna saciando a un corazón que palpita.

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Anotación para la historia sobre lo hecho por Daíto Kokushi [3]

Levanta en lo alto la gran lámpara e ilumina por completo el firmamento.
Los carros del Fénix compiten por quien reza antes en el Pabellón del Dharma,
Pero de los que comen viento y de los que moran bajo la lluvia, nadie se acuerda,
Ni de los veinte años que viviera bajo el puente Gojo.

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¿Qué se dice en la escuela Rinzai? El quinto Patriarca dijo en una enseñanza "cinco pecados, y se oye el trueno" [4]

Estando en el umbral, un grito y la jaula de hierro se desarma.
Los cinco pecados habitan en los monjes desde el principio.
Melocotón y ciruela, viento de primavera, y al atardecer una fiesta amena:
Medio sobrio, medio ebrio, el sake es como una soga.

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¿Qué se dice en la escuela Ummón? Se dijo en una enseñanza, "la bandera roja flambea y centellea" [5]

La fina bandera se mueve sobre los doseles de primavera con el viento cálido,
Y ante unas ochenta personas el maestro inicia su enseñanza.
La barrera de una palabra. Tres frases del cuerpo del conocimiento.
¿Cuántos siguen teniendo manchas rojas en los ojos?

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¿Qué se dice en la escuela Igyo? Se dijo en una enseñanza, "un corte bajo en una piedra es una señal en el lateral de un viejo camino” [6]

Ejaku se convirtió en monje, Reiyu se convirtió en buey.
Un Buda cubierto de cabello también es adorable.
Un viejo mojón, el camino acaba, el hombre del valle largo.
Diez mil generaciones de nombres. El amarillo del otoño nos abandona.

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¿Qué se dice en la escuela Hogén? Se dijo en una enseñanza, "El vigía olfatea en la noche" [7]

Una gota de Sogén, una gota profunda.
El vigía otea el horizonte, pero la noche es silenciosa y cerrada.
Las verdes montañas llenan nuestros ojos, ¿pero qué ley lo establece?
Es como si todavía las mujeres feas quisieran aprender a hacer muecas.

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Las cuatro alternativas de Linjí

Suprimir al sujeto sin suprimir al objeto
Hyakujo, Isán, nombres que ya no son:
Son un zorro y un búfalo.
Ya no moran monjes en los templos de la vieja tradición.
Las hojas amarillas y el viento otoñal se disputan sus pabellones. [8]

Suprimir al objeto sin suprimir al sujeto.
¿Quien entre los herederos de Linjí recibió la transmisión verdadera?
Mi enseñanza se perderá entre las manos de asnos ciegos.
Sandalias de paja, bordón de bambú, seré amigo del viento y de la corriente.
Sillas de monje, camas de madera, puedes obtener tu Zen de un nombre y de una ambición. [9]

Suprimir al sujeto y al objeto.
El faisán salta de la maleza, la tortuga se abrasa, algo se ha obstruido.
Las revueltas en Pin y en Fen se cree que han sido cortadas, pero la gente murmura.
Llega la noche y la inspiración del poeta se muere a lo lejos.
Antes de las blancas heladas, el canelo yace partido, viento otoñal. [10]


No suprimir ni al sujeto ni al objeto.
¡No decir nada aporta a algunos más riqueza!
Las casa de placer y las tabernas de sake tienen su mérito.
Es por eso que la gente habla de la sed de Sojo:
contenidamente, música desde la estancia del koto, nubes al atardecer. [11]

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Semblanza de Ganto cuando iba en barca [12]

Durante la era Huichang los monjes fueron suprimidos.
Aunque, a pesar de todo, con algo de fortuna.
Bogando con el remo, no te crees que su mano fuera humana.
Un cuco se lamenta bajo la luna, medianoche.

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Loa al segundo patriarca [13]

En China, ahora y desde antiguo, no ha habido maestros Zen.
Nadie conoce la leyenda de Danpi;
sólo está permitida la historia de Nanzán Dosén:
como si una aguja se hubiera aplicado en un punto de dolor.

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Una Nube Loca [14], sale a la luz,
¡impulsada desabridamente, de tan salvaje como corre!
¿Quién sabe dónde irá y la llevará todavía el viento?
El sol se iza en el mar de Oriente y resplandece sobre la tierra.

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Bosques y campos, rocas y matojos, mis verdaderos compañeros.
La maneras salvajes de la Nube Loca nunca cambiarán.
La gente cree que estoy loco, pero no me importa:
si ya soy un demonio aquí en la tierra, no hay porque temer en la próxima vida.

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¿Qué es un corazón?
Es como el ruido del viento
Transportado por el olor de los pinos
Dibujados con tinta china.

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Cada día, los monjes examinan minuciosamente la Ley [15]
y cantan sin cesar complicados sutras.
Antes que eso, sin embargo, deberían aprender
a leer las cartas de amor que mandan el viento y la lluvia, la nieve y la luna.

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Tres enseñanzas del Monte Kido sobre la iluminación [16]

Los ojos no están del todo claros, ¿cómo se puede vestir algo vacío con calzones de algodón?

Pasteles de arroz pintados. Barriga hambrienta y fría, nunca saciada.
Aunque nacido de mujer con ojos, lo ve todo como un ciego.
En los pabellones fríos, una noche, piensa en la ropa:
Una figura de gasa, de mil pliegues, se aparece en la oscuridad.

Dividir la tierra, hacer una jaula, ¿cómo es que puedas entrar en ella pero no atravesarla?

¿Cómo es que durante las veladas primaverales, mis ganas no se agoten nunca?
La mente de la gente es igual a la orilla de la taza del invitado. [17]
Alcanzado el cielo, el infierno es destruido.
Jornada de caída de flores, pelusa de sauce.

Ir al mar y contar los granos de arena, ¿cómo se puede estar de pie sobre la cabeza de una aguja?

Apartar la tierra y contar los granos de arena tiene un gran mérito.
Mantenerse de pie sobre la cabeza de una aguja parece algo sobrenatural.
Entre los monjes de la montaña, no hay nadie con esas habilidades.
El hijo del mar de Oriente es del estilo de Kido. [18]

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Mi monasterio montaraz

Mi cabaña de paja de tres estancias supera a un monasterio de siete grandes pabellones.
Nube Loca se halla recluido aquí, lejos del mundo ordinario.
Entra la noche, sigo dentro, absolutamente solo.
Una única luz ilumina la larga noche del otoño.

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Los monjes estudian duro para construir una delicada frase
y así obtener fama de talentosos poetas.
En la choza de Nube Loca no hay ningún talento, pero se sirve el sabor de la verdad,
como un arroz hirviendo en un viejo y tambaleante caldero.

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En mi entorno se medita largo tiempo sobre los koans, y se presume de comprenderlos bien.
Pero al examinar más profundamente su comprensión
observo que aquellos no son más que unos mediocres ignorantes:
su resentimiento y su odio lo conservan hasta la muerte.
Mi consejo, como seguidor de la Vía, suena desagradable en sus oídos.

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Estamos solos. Las puertas están cerradas.
Ignoramos las direcciones en este lugar. ¿Quién rige la Ley?
Si me pedís una frase sobre la llegada del invierno
yo contestaría: "desde esta mañana, el día va una línea más allá”.

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Transmisión auténtica o línea colateral, es erróneo discutir eso.
Una inconsciencia perpetua, un fanatismo egocéntrico.
Cansados de la carga del egocentrismo y del sectarismo,
anhelamos la mariposa que vuela libremente.

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Aquí, lejos del mundo, pinos y sugis se mezclan con las nubes. [19]
Los templos de las ciudades movilizan las masas y reúnen a multitudes.
No entiendo el pensamiento de Linjí sobre sujeto y objeto.
Estoy borracho y de buen humor, gracias a unas tazas de sake.

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Mi chamizo

El mundo ante mis ojos es tan lánguido y débil como yo.
La tierra es decrépita, el cielo tormentoso, y toda la hierba seca.
No hay brisa de primavera incluso en esta fecha tan tardía,
y las frías nubes atrapan plenamente mi choza de cañas.

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Felicidad, tristeza. Amor, odio. Luz, tinieblas. Cálido, frío. Alegría, ira. Yo, los demás.
El placer por la belleza de la poesía puede llevar al infierno.
Pero mira lo que encontramos esparcido en nuestro camino:
¡Flores de ciruelo y pétalos del melocotón!

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¡Diez días en este templo y mi mente ya se tambalea!
Entre mis piernas, el hilo rojo se extiende y se extiende. [20]
Si algún día vienes y preguntas por mí,
tendré mejor aspecto en una tienda de pescado y de sake, o en una casa de placer.
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Bajando a la ciudad desde la montaña

La Nube Loca es empujada por el salvaje viento de siempre.
En el monte durante el día, en la ciudad por la noche.
Grito ¡katsu! y agito el bastón cuando me viene en gana.
Ni Linjí ni Tokusán podrían competir conmigo [21].

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Odio el incienso

No se puede medir la obra de un maestro,
pero hay quien intenta explicar la Vía balbuceando sobre el Zen.
Este viejo monje nunca se ha preocupado por la falsa piedad,
y su nariz se arruga ante un espeso olor de incienso ante el Buda.

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La luz de Daíto, casi extinguida.
Hoy, ¿quién del Monte Ryuho le reconocería?
Dentro de mil años, sólo los descendientes de Tokai
se esforzarán por mantener vivo su corazón. [23]


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Nube Loca habla de la brillantez insuperable de Daíto,
pero el traqueteo de los carros imperiales ante las puertas del templo lo ahoga.
Nadie escucha las historias de los largos años pasados por el Patriarca,
de hambre y falta de techo, bajo el puente Gojo. [22]

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Nube loca es un demonio del linaje de Daíto,
pero detesta las peleas infernales.
¡Qué magníficos son los viejos koans y las olvidadas tradiciones!
No me quejaré más, confiaré en mi tesoro interior.  [24]

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El monje Ganto practicó el Zen mientras remaba en una barca.
El monje Chen se dedicó a hacer alpargatas.
Siempre he deseado comentar cuán valioso es mi sombrero de paja,
¿Pero quién hay aquí para apreciar su real importancia? [25]

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Sombrero de paja

Los leñadores y los pescadores saben usar las cosas adecuadamente.
¿Para qué hubieran querido elegantes sillas y plataformas de meditación?
En alpargatas y con un bastón de bambú, yo vago por los tres mil mundos [26],
viviendo bajo la lluvia, alimentado por el viento, año tras año.

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Un pescador

Estudiar los sutras y un zazén estricto pueden perder tu mente original.
Sin embargo, la solitaria melodía de un pescador puede ser un tesoro inestimable.
Lluvia al atardecer en el río, la luna entra y sale por entre las nubes.
Yendo más allá de las palabras, interpreta sus canciones noche tras noche.

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Versos escritos en un dibujo de Daruma [27]

No se acostó, no se atavió, no pensó en nada. No quiso saber.
Si le preguntabas, decía ¡Mu!. Y si no le preguntas decía también ¡Mu!
Con pregunta o no, no tenía nada que decir.
Honorable Bodhidharma: ¿Qué debe haber en nuestros corazones?

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El buey [28]

Surjo de entre las bestias para enseñar, esto es lo que he ofrecido.
Quien percibe depende de lo percibido. Lo percibido depende de quien percibe.
Nacemos y olvidamos el camino por el cual hemos ido.
Nadie conoce el nombre que yo tuve de monje en anteriores vidas.

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La rana [29]

Acostumbrado a la pesca de la ballena, me puse a reír
por cómo se movía tan azorada por el barro.
Son insignificantes, pero desde lo hondo del pozo se jactan de grandes.
Todos los andrajosos monjes que hay bajo el cielo son como Shiyo.

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Shakuhachi [30]

Suena el shakuhachi, una melancolía difícil de soportar.
Si sonara el koka, sería una canción de frontera.
¿En una encrucijada, con cuál de los dos se tocaría?
Entre los estudiantes de Shaolín, pocos amigos tengo.

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Marionetas

En el estrado aparecen de cuerpo entero.
A veces representan a reyes y nobles, a veces a plebeyos.
Olvidando que antes fueron a sus ojos sólo un trozo de madera,
los idiotas dicen de ellas que son personas reales.

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Viviendo en el monte

Diez años pasé entre casas de placer con una euforia difícil de agotar.
Ahora, me veo obligado a vivir entre solitarias montañas y valles sombríos.
Treinta mil millas de nubes se extienden de aquí a aquellos lugares arrebatadores.
El viento chirría en mis oídos entre los altos pinos que rodean mi casa.

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Nube Loca es el verdadero heredero de Daíto.
Cuevas infernales, montañas oscuras, ¿qué hay aquí para venerar?
Recuerdo la música de la flauta de otros tiempos, noches de nube y lluvia,
Placeres de juventud vaciando la tinaja de oro. [31]
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Una breve pausa [31b]

Breve pausa,
entre un camino de lodos
y una Vía que jamás se encharca:
si llueve ¡que llueva!
Si truena ¡que truene!
  
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 El dulce sonido del shakuhachi de Bokushitsu me ha despertado
de un profundo sueño en una clara noche de luna.

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Una maravillosa noche de otoño, fresca y brillante.
Sobre el eco de la música y los tambores de un pueblo distante,
el sencillo y limpio tono de un shakuhachi hace que me inunden las lágrimas.
Sale al paso de un profundo y melancólico sueño.

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Harto del placer con hombres, abrazo una mujer.
El estrecho camino del celibato no es para mí;
mi mente se realiza en la dirección opuesta.
Es fácil ser locuaz sobre el Zen, pero mi boca seguirá cerrada,
ocupado en juegos amorosos, el día entero. [54]

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Relatividad

Buda murió justo cuando la naturaleza regresaba a la vida:
una espada escinde espíritu y cuerpo.
Es tan difícil obtener la budeidad como no nacer y no morir.
Las flores aparecen y desaparecen sin dificultad en primavera.

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Iluminación e ilusión

Sin comienzo, sin fin, así es nuestra mente.
La mente original no puede ser naturaleza de Buda.
El Buda iluminado es hablar del Buda malicioso.
La mente original de los seres sensibles no es más que una ilusión.

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Raíz de hombre

Fuerte, de ocho pulgadas es mi objeto favorito.
Si estoy solo por la noche, lo agarro por entero.
Ninguna bella mujer lo ha tocado durante demasiado tiempo.
¡Dentro de mi fundoshi existe todo un universo! [55]

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Monte oscuro de mujer

Tiene una boca original, pero muda,
rodeada por un hermoso montículo de vello.
Los seres sensibles pueden perderse completamente en ella,
pero también es donde nacen los Budas de los Diez Mil mundos. [56]

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Los discípulos de Rinzai nunca recibieron el mensaje del Zen,
pero yo, el asno ciego, conozco la verdad:
el juego del amor te puede hacer inmortal.
Una brisa otoñal de una noche de amor es mejor que cien mil años de estéril zazén. [57]

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Rebuscados koans y enrevesadas respuestas es lo único que persiguen los monjes,
exprimiendo sin cesar a altos funcionarios y a mecenas ricos.
Buenos, y soberbios, amigos en el Dharma, dejadme deciros:
una prostituta de brocado dorado vale más que cualquiera de vosotros.

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Escapando de la podredumbre del mundo, un santo puritano ni se acercaría a un Buda.
Entrad un día en un burdel, y la Gran Sabiduría se os aparecerá ante vosotros.
Mañjushri debería haber permitido a Ananda el placer del prostíbulo:
ahora nunca conocerá la alegría del elegante juego del amor. [58]

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¡Monje lujurioso! Me echas en cara.
Seductor, apasionado, absolutamente abandonado.
Sin embargo, recuerda que el placer puede consumarse en pasión
y transmutar los metales vulgares en oro puro.

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Venir solo,
partir solo,
ambos son ilusión:
permíteme que te muestre
cómo no llegar ¡No te vayas!

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De todas las cosas
no hay mayor felicitación
¡que la de una vieja calavera
curtida a sol y serena!

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Los tifones y las inundaciones hacen sufrir a todo el mundo.
Esta noche no habrá nadie que cante ni baile.
El Dharma florece y decae, las eras van y vienen:
inexorable y tristemente, la refulgente luna se sitúa en el pabellón de poniente.

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La flor de loto
está limpia de barro.
Y esa solitaria gota de rocío,
tal cual es,
manifiesta el cuerpo real de la verdad. [59]

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Sigues ciegamente la regla de la castidad y no eres más que un asno.
Rómpela y sé solamente un humano.
El espíritu del Zen se manifiesta de tan incontables maneras como las arenas del Ganges.
El recién nacido es el fruto del hilo conyugal.
¿Por cuántos kalpas habrá flores que broten y se marchiten secretamente? [60]

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La riqueza de un hombre

El tesoro de un poeta consiste en palabras y oraciones.
Los días y las noches de un erudito se perfuman con los libros.
Las flores del ciruelo que enmarca mi ventana es un placer insuperable para mí.
Mi estómago se contrae por el frío, pero me encanta la nieve, la luna y la helada de la madrugada.

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Al atardecer nevaba en el río, pero ha terminado.
Una nieve espesa cubre sus orillas y un desierto blanco se extiende por todo.
No recibo ningún correo. Soy como un pato salvaje que vive solo.
Lamento haber vagado por otras tierras antes que la mía, largos años.

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Una joven hermosa, nube y lluvia. El río de la pasión es profundo.
Cantamos en lo alto de una torre una prostituta y este viejo monje Zen.
Cautivado por sus abrazos y sus besos,
no siento que me vaya a quemar en el infierno, precisamente. [61]

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Elogio del cesto de peces de Kannon

Mejillas carmesí, pelo claro, radiante de compasión y amor.
Perdido en un sueño lujurioso, he admirado su belleza.
Sus mil ojos de gran compasión lo ven todo, aunque a nadie más allá de la redención.
Esta diosa incluso podría ser la mujer de un pescador rogando por su salvación. [62]

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Un plato de pulpo fresco

Multitud de brazos, casi como Kannon, la diosa.
Pescado por mí, aromatizado con limón, ¡lo venero tanto!
¡Su aroma de mar, simplemente divino!
Lo siento, Buda, este es otro precepto que no puedo seguir.

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Hace mucho tiempo, hubo una anciana que durante veinte años mantuvo a un monje ermitaño.
Tenía una muchacha de 16 años que le llevaba la comida, y un día le mandó abrazar el monje
y que le preguntara, "¿cómo te sientes ahora?". La joven hizo lo que le fue mandado,
y la respuesta del monje fue, "soy un viejo árbol marchito en un frío acantilado en el día más gélido del invierno".
Cuando la chica volvió, repitió las palabras del monje a la vieja mujer,
que exclamó: "¡durante veinte años he mantenido a un hombre vulgar!”
La anciana expulsó al monje y convirtió la ermita en una pira.

La anciana fue lo suficientemente magnánima
como para engrandecer a un monje puro con una joven casadera.
Esta noche, si una hermosura así me abrazara,
mi marchita rama de viejo sauce ¡llegaría a obtener un nuevo brote!

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Los árboles están verdes.
Las flores están rojas.
Los árboles ya no están verdes.
Las flores ya no están rojas.
Cuidado... cuidado. [63]

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En el otoño del año 1447, hubo un monje del templo de Daitoku-ji que, sin razón, se suicidó. Los monjes, escandalizados, dieron testimonios calumniosos a los funcionarios. Y a causa de esta desgracia, cinco o siete de mis compañeros monjes fueron encarcelados. Esto fue suficiente como para causar grandes turbaciones a turbaciones a mi escuela. Y a partir de ese momento, la gente fue propagando numerosos rumores sobre ello. Cuando los oí, ese mismo día me fui a las montañas. El motivo de mi alejamiento era que no podía soportar más eso, simplemente. Sobre todo sabiendo que un erudito debería venir procedente de Kioto, y al que se le debería informar de diversas cosas del templo. Me pareció imposible soportar más mi dolor. He escrito unos poemas expresando mi pesar. Como esto ocurrió en el noveno día del noveno mes, hice nueve poemas. [64]

(siguen 2 de esos 9 poemas)

Me avergüenzo de que mi nombre y fama no se hallen todavía oscurecidos.
Practicando el Zen, estudiando la Vía, los problemas se expanden como el polvo.
La verdadera doctrina de Ryozán ha sido barrida de la tierra y destruida:
inesperadamente, Mao se ha engrandecido un centenar de pies de altura. [65]

Afuera el viento, las nubes aparecen entre la confusión de los pinos y los cedros.
Aquí y allá se agitan las multitudes y la gente se asombra en corrillos.
La actitud de los humanos no la entiendo.
Una taza de sake turbio, y ya estoy ebrio.

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Si uno dice “no”, los hombres creen que es “no”,
y el eco responde “no”.
Si uno dice “si”, los hombres creen que es “si”,
pero el eco no responde.

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Poema para mi amigo Ako en la primavera cálida

Que bella es la visión de una dama en el baño:
enjuagando su rostro en flor y limpiando su hermoso cuerpo,
mientras este viejo monje se sumerge en el agua caliente.
¡Se ha sentido más dichoso que el emperador de China!

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Cuando nos despedimos, se rompió mi corazón;
Sus mejillas coloreadas eran más bellas que las flores en primavera.
Mi adorable señorita está ahora con otro,
cantando la misma canción de amor, pero con distinto tono.

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Reminiscencias

Recuerdos y profundas reflexiones de amor apenan mi pecho;
poesía y prosa, todo olvidado, ni una palabra sobrera.
Hay un camino a la Iluminación, pero he perdido corazón para ello.
Hoy, todavía me estoy que me ahogo en el Samsara.

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Maestro del Dharma del amor

Mi vida la he dedicado al juego amoroso;
pero no me arrepiento de estar enredado de hilo rojo de pies a cabeza,
ni me avergüenzo de transcurrir mis días como una Nube Loca,
y me disgusta este largo, largo y amargo otoño ¡sin una buena cópula!

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A lo largo de diez años me he refocilado en casas de placer.
Ahora estoy solo en la profundidad de un valle de una oscura montaña.
Treinta mil leguas de nubes son las que hay entre mi y los lugares que he amado.
El único sonido que llega a mis oídos es un viento melancólico entre los pinos.

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Poema de amor y anhelo

Día y noche no puedo mantenerte alejada de mis pensamientos.
En la oscuridad, en una cama vacía, la nostalgia es más intensa.
Sueño que unimos nuestras manos, que intercambiando palabras de amor,
pero la campana del amanecer destroza mi sueño y rasga mi corazón.

****

Mujeres, flores que estallan con embeleso y que se desvanecen rápidamente.
Rostros floridos, en su totalidad, encantadores como los sueños.
Cuando las flores estallan, crecen con gran pasión,
pero una vez caen, nadie habla de ellas de nuevo.

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Incluso si yo fuera un dios o un Buda estarías en mi mente.
Estoy sentado bajo una lámpara, y un monje flaco canta canciones de amor.
Encima de mi, el feroz viento otoñal rola cerca,
y mi corazón se ahoga en nubes gruesas.

Los sabios no creyentes no tienen el conocimiento,
pero mantienen continuamente su mente en la Vía.
No hay ningún surtidor de Budas en la naturaleza,
pero diez mil sutras se destilan en una sola canción.

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Quisiera ofrecerte
algo para ayudarte,
pero en la escuela del Zen
¡no tenemos nada!

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Bajo el alero fragante

El soto de bambú tiene nuevos brotes.
Este viejo monje de nuevo se siente joven.
Mi hermosura sólo treinta y seis.
Una fresca brisa se filtra entre los muros tambaleantes. [67]

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El bastón del Zen [68]

El placer amoroso, cuando es profundo, puede causar dolor,
e incluso hacerte olvidar de la mejor prosa y poesía.
Sin embargo, yo experimento una alegría hasta ahora desconocida,
y el delicioso sonido del viento calma mis pensamientos.

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Elogio propio

Los discípulos de Kaso no saben del Zen,
¿A la cara de Nube Loca, que explicarían de él?
Treinta años pesan sobre mis hombros,
he llevado la carga del Zen de Shogén. [69]

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Tres poemas para mostrar en una reunión con monjes

Entre la armonía aparecen problemas con la escuela de Ikkyu.
Cada rana lucha por el respeto desde el fondo del pozo.
Día y noche, ocupados, pensando en detalles de las escrituras.
Correcto y erróneo, yo y los demás, liados y alejados de lo que es la vida. [70]

Absortos en el koan, éste se revela distinto y claro.
Irrumpe en el corazón, lo negro es absolutamente oscuro.
Hay resentimientos que son difíciles de olvidar hasta la muerte:
los reproches sinceros de los demás monjes hieren los oídos.

En vano aprendéis las palabras y las frases de los antiguos maestros.
El conocimiento es igual a los colmillos de Tozán, como espadas.
Miradlos, uno tras de otro, arrastrando las faltas de los demás.
Quien tiene en sus fauces sangre de los demás, tiene su boca contaminada. [71]

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Notas para un burdel

144
Nube y lluvia con una hermosa mujer, profundo río de amor.
Arriba, cantan una chica y un viejo monje en el pabellón,
y hallo inspiración en abrazos y besos,
no creo en absoluto que por ello me sea destinado el fuego. [72]

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A la Dama Mori [73]

La más bella y auténtica de todas las mujeres;
sus cantos son la fresca y pura melodía del amor.
Una voz y una sonrisa dulces rasgan mi corazón.
Me hallo en un primaveral bosque de preciosos cerezos.

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A mi hija [74]

Incluso entre las bellezas es una preciosa perla;
Una princesita en este mundo de aflicción.
Es el fruto inevitable del amor verdadero,
¡Ningún maestro Zen se puede comparar con ella!

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Notas para el templo de Yoso Daiyu

Los templos son ricos, pero las Cinco Montañas están en decadencia.
Sólo hay falsos maestros. No hay maestros verdaderos.
Me gustaría coger una caña e irme de pesca:
pero en estos días, en ríos y lagos, sopla un viento adverso. [75]

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El espíritu de Ma wei

El bien y el mal nunca han estado confundidos. En este mundo, los que hacen el bien son todos amigos de Shun, y los que lo son del mal son todos amigos de Chieh. El faisán siempre es atacado por el halcón, la rata siempre es acosada por el gato, esto es innato en ellos y está predestinado. La forma en que todos los seres vivos se refugian en la virtud del Buda y huyen de la sucesión indefinida de nacimiento y muerte también es algo similar. Por esa razón he escrito unos poemas y he enseñado con ellos. [76]

Águila y faisán, rata y gato, son en sí mismos tal cual.
Desde tiempo inmemorial, así es la antigua ley del karma.
En Hua-ch'ing, para ver la luna en el amanecer,
hay que recordar lo ocurrido a Genso en Ma wei. [77]

Pasado, presente y futuro, ¿quién lo comprende?
Las malas personas te hunden, las buenas te liberan.
El placer es amable y el koan se completa:
bastonazo de Tokusán, grito de Rinzai. [78]

Elegante en sus polvos y su carmín.
Hasta un supremo e iluminado Buda podría quedar impresionado.
Verla a ella es el espíritu de la primavera de Ma-wei:
su bello espíritu difunto quizá fue desterrado al Japón. [79]

Cuerpo y mente no pueden ser separados en ilusorio o real.
En el mundo del deseo, todos se hunden en el sufrimiento.
Sueño agridulce, pasado, presente y futuro, sesenta kalpas.
Los kalpas son vacíos y sin forma, el espíritu de Ma wei. [80]

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Imagen de un arhat de juerga en una casa de placer [81]

Emergido del polvo, el arhat todavía se halla lejos de un Buda.
Entrar en una casa de placer deviene una gran sabiduría.
Me río internamente de Mañjushri recitando en el Surangama Sutra.
Perdidos y lejanos se hallan esos años de placer de juventud. [82]

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Según el Libro de los Cantos

Lascivos caminos, tristeza por el abandono de la casa y la tierra.
El señor contempla al águila pescadora de la otra orilla del río.
Siguiendo el ejemplo, la cortesana recibe en la noche el favor de su señor:
una taza de jade, noche tras noche, de muchas primaveras y otoños. [83]

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Un lego recita un poema ante la puerta de una casa de placer y luego se va

Una chica del pabellón no tiene pensamiento, pero tiene pensamiento.
Un poeta se desborda en versos, tanto como desborda su exceso de deseo.
Tras una larga lluvia, claros por el oeste, y una canción al atardecer.
Adorable, con mucho sentimiento, el hombre sigue recitando apoyado en la puerta. [84]

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¿Cuántas pasiones se aferran a las mangas de este trotamundos?
Multitud de flores caídas atestiguan la pasión entre el cielo y la tierra.
Una brisa perfumada en mi almohada. ¿Estoy dormido o despierto?
El aquí y ahora se funden en un confuso sueño de primavera.

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Loa al santo Honen [85]

Honen, oí, fue un buda viviente.
Pacíficamente sentado en el más alto nivel del estrado del Loto,
enseñando a los eruditos como si fueran monjas y legos iletrados.
“El juramento en una hoja” de Honen, ¡es algo maravilloso!

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Viendo cantar y bailar esa niña de cuatro años,
siento como el tirón de los lazos son difíciles de rehuir,
olvidando mis deberes yerro en la libertad.
Señor abad, ¿qué Zen es eso? [86]

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Sorbiendo los lascivos fluidos de una bella mujer [87]

Los herederos de Rinzai desconocen el Zen.
La correcta transmisión de la verdad es para un ciego asno.
Nube y lluvia, pasado, presente y futuros sesenta kalpas.
Viento de otoño, noche de cien mil años.

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El sentimiento de amor de la chica ciega Mori son muy fuertes. Casi muere por no comer. Lleno de tristeza, he hecho unos poemas sobre eso.

En el azadón de Hyakujo mi confianza se ha extinguido.
Dinero para arroz, el Viejo del Infierno nunca es generoso.
Las canciones de amor de la muchacha ciega causan risas a las chicas del pabellón.
En el monte del rey Chu, la lluvia del atardecer cae solitariamente. [88]

Mira, mira, el Zen es el Pabellón de los Enfermos. [89]
Hace mucho tiempo existió Hyakujo y su azadón.
Noche de juerga y borrachera entre paneles pintados.
Plantando cara al Viejo del Infierno, si queda dinero para arroz.

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La Dama Shin se sube a un palanquín

En palanquín del Fénix, la chica ciega se pasea en primavera.
Cuando mi corazón está oprimido, le place consolarme en mi melancolía.
Aunque las gentes se burlen de ella,
me encanta ver a Shin, tal cual es, en su belleza genuina. [90]

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El bello lugar oscuro de una mujer posee la fragancia del narciso

El monte del rey Chu debe ser admirado a lo lejos antes de ser ascendido.
Medianoche, en una cama de jade, como entre sueños,
bajo una rama de ciruelo, se abre una flor.
Delicadamente, entre sus muslos, se mece el narciso. [91]

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Mi mano busca la mano de Shin

Mi mano, cómo se parece a la mano de Shin!
Creo que mi dama es una maestra en el juego del amor;
Si decaigo, sabe como aliviar mi tallo de jade:
y luego los monjes se regocijan por mis encuentros.

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Promesa de nacer en tiempos de Miroku [92]

Cada noche, la ciega Shin me acompaña con sus canciones.
Bajo techo, dos patos mandarines, con nuevas palabras íntimas:
prometemos reunirnos nuevamente cuando aparezca Maitreya.
Aquí, en la casa del viejo Buda, todas las cosas están en su primavera.

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En el primer día del noveno mes, mi asistenta Shin pidió prestado un kimono de papel a un monje de pueblo para protegerse del frío, tan ligera, bonita y adorable como es. Hice un poema con este motivo.

Al atardecer, viento y luna, confusión en mi corazón,
¿Cómo le irá a nuestro amor cuando nos llegue el otoño?
Niebla de otoño, mañana nubosa, solitario, delicado y bello.
Hasta en mangas de papel de un monje rural, arrebatadora. [93].

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En el segundo año de la era de Bumei, en el undécimo mes, en el día catorceavo, viajé a Yakushido y escuché una canción de amor de la chica ciega. Hice un poema para recordarlo. [94]

Viajé tranquilamente a Yakushido, y me alegró.
No obstante, un emponzoñado espíritu corroe mis entrañas.
Avergonzado estoy, aunque no en lo referente a mis blancos cabellos.
Aun cantando hasta el agotamiento, en un frío severo, la melancolía da un largo rodeo.

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Hace algunos años, me presenté en una pequeña casa de Takigi. La dama Shin, atenta en maneras y aspecto, ya tenía sentimientos de añoranza hacia mí. Yo también lo sabía, pero ha permanecido indecisa hasta ahora, en la primavera de Shinbo, que la he conocido por casualidad en Sumiyoshi y la he interrogado por sus sentimientos. Ella ha aceptado y me ha cumplimentado. Así que he escrito un pequeño poema de recuerdo. [95]

Quiero recordar los viejos tiempos que estuve en Takigi.
Tu conociste la fama del descendiente de mi emperador amado.
Después la vieja promesa fue olvidada por muchos años.
Aún más, me encanta la forma de la luna nueva y sus escalones de jade. [96]

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Canto de un jardín en sueños

Reclinado en tus piernas y soñando
que estaba en un jardín de estambres perfumados,
cantaba y saboreaba tu manantial.
Nuestros cantos aun perviven en atardeceres y noches de luna.

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Algunos abren desmesuradamente los ojos,
otros agachan la cabeza.
Todos no son más que comparsas de los demonios.
Durante años han vivido bajo el viento y la luna y ahora están bajo el sable.
La tierra, las montañas y los ríos tienen tanta tristeza.

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El árbol tuvo hojas, cayeron, pero una vez más le llegó la primavera.
Crecen los brotes, las flores, se renuevan las viejas promesas.
Shin, si alguna vez olvido mi profundo lazo contigo,
en cientos de miles de kalpas nazca yo como una bestia.

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Es otoño, momento de conseguir ropa de invierno. Por este motivo obtuve algo de ropa nueva cortada y la di a mi asistenta ciega Shin. Por lo tanto, me asistí de lazos inconclusos para la otra vida y dije: [97]

Me queda el cabello blanco de un viejo monje de ochenta años.
Cantando, levantándome cada noche hacia un cielo azul con nubes.
Pobre pato mandarín, canjeando sus antiguas deudas.
Chasquea los dedos del presente y del futuro, y la promesa de amar de nuevo.

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Cincuenta años un indomable vagabundo.
Ahora, mortificado por túnica púrpura. [98]

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Poema de despedida del mundo

Hace diez años, bajo las flores, hice una fragante alianza,
un paso muy delicioso, un afecto sin fin.
Lamento alejar mi cabeza del regazo de la muchacha.
En la oscuridad de la noche, nube y lluvia, y una promesa de pasado, presente y futuro.

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He pasado treinta años en un estado de espíritu inconsistente. Los treinta siguientes los pasé en un estado de espíritu liberado. Así es como he pasado los últimos sesenta años. Hago ofrenda de mis excrementos a Bontén. En el pasado, pedí prestados cinco elementos, y hoy devuelvo cuatro de ellos, ya que el pensamiento tiene su fundamento en el vacío.

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He abandonado la escritura,
no son más que signos en un sueño.
Cuando despiertas,
nadie pregunta nada.



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[La parte central del texto, que incluye el capítulo Gaikotsu (Esqueletos), así como las notas explicativas y las referencias bibliográficas se hallan en el libro impreso]

http://josepmanuelcampillo.blogspot.com.es/p/ikkyu-poemas-del-monje-libertino.html






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