sábado, 8 de diciembre de 2012

LUCIO PICCOLO [8733]



Lucio Piccolo nació en Palermo en 1901. Publicó su primer libro, 9 liriche, a los cincuenta y tres anos, en una reducida edición, de la que envió una copia a Eugenio Montale, a instancias de su primo Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Montale, entusiasta, auspició la publicación del libro en un formato más accesible. Piccolo se retiró pronto a vivir y a leer a su Villa en las afueras de Palermo donde, sin publicar más que tres libros de poesía: Canti Barocchi, Gioco a nascondere y Plumelia, murió en 1969, dedicado al estudio de las ciencias ocultas y las lenguas muertas y a la composición musical. 




Se dice que el silencio había escapado, se había refu-
giado en los lugares que la fiesta dejó desiertos:
los campanarios sin sonido ni soga (se perfila
en el cielo el vano…) los puntos suburbanos de encuentro
donde ya están oscuras las barandas en las te-
rrazas sobre los jardines de claveles y
malvas y ahí deja que lo hilvanen apenas
el raro sollozo del agua, la nota mínima
como de flauta, el zumbido del insecto y el inex-
plicable susurro improviso de la enredadera.
Luego subió a las torretas de los observadores
voló hacia la cima de los montes
y de ahí se suspendió más a lo alto
aún a espiar que saliesen
de lo profundo las primeras hebillas
luminosas
pero ya los fieltros de la sombra y el sueño
amortiguan los tímpanos, las flautas, los clarines
otro teatro se enciende sin
luz, secreto.

Traducción: Alfonso Iommi



Si dice che il silenzio era fuggito, s’era rifu-
giato nei luoghi che la festa ha fatto deserti:
i campanili senza suono né fune (si profila
nel cielo il vano…) i ritrovi suburbani
dove sono già scure le ringhiere alle ter-
razze sui giardini del garofano e della
malvetta e lì lascia che lo trapungano appena
il singhiozzo raro dell’acqua, la nota minima
come di flauto, il ronzio dell’insetto e l’inspie-
gabile sussulto improvviso del rampicante.
Poi salì su le torrette degli osservatori
volò verso la cima dei monti
e si librò da lì più in alto
ancora a spiare che venissero
fuori dal profondo le prime borchie
lucenti
ma già i feltri dell’ombra e del sonno
smorzano i timpani, i flauti, i clarini
un altro teatro s’accende senza
luce, segreto.






Y mientras tanto la noche llegó en sordina:
escondió la luz, encendió fuegos, cirios,
puso un círculo en el horizonte
que ahoga lo agudo en el eco de una voz
en el chirrido periódico de un carro que pasa;
y sabemos que la luna debía ya estar alta
y lleva ahora su pompa de esencias luminosas
detrás de un manto aplanado
y quizás deja que su bata roce
las paredes de candiles, bajo la superficie ártica
de placas de vidrio.
Y en efecto, las sombras persisten en las habitaciones
y lo que de día era tronco, roca, asiento
ahora es una figura encorvada y no sabemos cuál
sea su gesto su intención hacia nosotros;
la verbena en los arriates ha perdido los colores y tienta
a los estratos del aire con su perfume polvoriento.
Es un umbral móvil que divide, une dos zonas;
pero no sabemos dónde surge la memoria
y dónde comienza la discreta invasión del flujo lunar.

Traducción: Alfonso Iommi




E intanto la notte è venuta in sordina
ha nascosto la luce, acceso fuochi, ceri,
ha messo all’orizzonte un cerchio
che soffoca l’acuto al riverbero d’una voce
al cigolìo periodico d’un carro che passa;
e sappiamo che la luna doveva essere già alta
e mena ora la sua bolla d’essenze luminose
dietro una coltre spianata
e forse lascia che il suo camice sfiori
le pareti dei lucernali, sotto la distesa artica
delle lastre di vetro.
E certo l’ombre persistono nei vani
e quello che nel giorno era tronco, masso, sedile,
ora è ricurva figura e non sappiamo quale
sia il suo gesto la sua intenzione verso di noi;
la verbena nelle aiole ha perduto i colori e tenta
gli strati dell’aria col suo profumo polveroso.
E’ una mobile soglia che divide, unisce due zone;
ma non sappiamo dove sorga la memoria
e dove cominci l’invadenza discreta del flusso lunare.






SOBRE EL HIELO INMÓVIL

Sobre el hielo inmóvil de la alta vidriera
el racimo de gotas lanzado
por el agucero en fuga
a las reiteradas pretensiones del sol
y las copas de los plátanos graves
de agua 
creando un blando columpio en el 
aguado azul descolorido
donde se imprime en transparente
humo blanco el entrepaño de la
nube en fuga.

Traducción: Lorenzo Peirano
Publicado en "Pluma y Pincel", 
N º 176, Santiago, diciembre de 1996.








La meridiana (fragmento)

Mira el agua inexplicable:
contrafuerte, torre, umbral
de granito, pluma, rama, ala, pupila:
todo destroza, diluye, multiplica.
En la ansiosa flexión
lo que era piedra, masa de bastiones,
es una cuenca fatua que pasa, trino de iris, rumor de correntada,
y desaparece en la hoja venturosa;
sueña espacios, y donde llega, brillante y blanda,
no es más que un infinito romperse de gotas efímeras, hinchadas.
Mira el agua inexplicable:
a su tacto el universo es lábil.
y apenas apagas la lámpara y todo
pensamiento se hunde en la sombra sin peso,
la sientes correr ligera y profunda,
y cantae detrás de tus sueños.

En la hora profunda, en las calles meridianas
(donde hay sombra en los mascarones ennegrecidos;
en las canaletas agitadas, hierba y aire marino)
responden las fuentes,
desde el patio vecino (ha dejado la noche en los muros
húmedas incrustaciones de sales, constelaciones
que el rayo desparrama),
desde los jardines colgantes donde se encierra el verde
se liberan cristalinos arcos,
se cruzan en el aire encantado en las plazas
sobre los caballos de espuma helada,
se alzan volutas de sonido radiante
que rompe un instante y rearma
el tierno pulpo; la flor líquida emerge, elude
al silencio y un pasillo entorna entre el canto y el sopor;
se abren zonas de soledad, de transparencias,
y el bordón apoyado en el asiento descansa
y el sueño se eleva...

De Canti barochi

Traducción: Diego Bentivegna.




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