sábado, 11 de junio de 2016

DORA ALONSO [18.862]


Dora Alonso

Doralina de la Caridad Alonso Pérez (más conocida por su seudónimo Dora Alonso, Recreo, hoy Máximo Gómez, Matanzas, 1910-2001) fue una escritora cubana, Premio Nacional de Literatura.

Dora Alonso es la autora cubana para niños más traducida y publicada en el extranjero y la que cuenta con mayor número de ejemplares. Su estilo literario narrativo está basado en la sencillez y manejo de las emociones. Siempre resalta en sus textos al campesino cubano recreando sus valores humanos y amor por la naturaleza.

A los nueve años de edad gana el primer premio del concurso literario provincial "Estela Brochs de la Torriente" (1919) y publica su primer poema en 1926 (Amor, en El Mundo). En 1933 trabaja como corresponsal del diario Prensa Libre, de Cárdenas, en Máximo Gómez, y al año siguiente ingresa en la organización antiimperialista Joven Cuba, donde conoce al tabacalero Constantino Barredo Guerra, que se convertirá en su compañero.

En 1953 adopta a José Joaquín Alfonso Malagón, un niño mulato de 7 años, y en 1955 conoce al comunista Fausto Rodríguez Sánchez, que al año siguiente se convierte en su nuevo compañero.

En los años cincuenta escribió piezas teatrales para el títere cubano Pelusín del Monte, recuperado por el dramaturgo y titiritero Freddy Artiles para la televisión cubana, en el programa Despertar con Pelusín.

Fue también guionista de radio y televisión, novelista, dramaturga y periodista, galardonada con premios tanto nacionales como extranjeros.

Premios

1944 – Premio Nacional de Novela
1961 - Premio Casa de las Américas por la novela Tierra inerme
1971 - Primer premio en el I Festival de Teatro Infantil de Vallenar, Chile por Cómo el trompo aprendió a bailar
1980 - Premio Casa de las Américas en la categoría de obras para niños y jóvenes con El valle de la Pájara Pinta
1981 – Distinción por la Cultura Nacional
1988 – Distinción Félix Varela de primer grado
1988 – Premio Nacional de Literatura
1997 – Premio Mundial de Literatura Infantil José Martí

Obra

Narrativa

Agua pasada, La Habana, Ediciones Unión, 1981, (Colección Cuadernos Girón)
Aventuras de Guille en busca de la gaviota negra, La Habana, Editora Juvenil, 1991
Cuentos, La Habana, Ediciones Unión, 1976 (Colección Bolsilibros Unión)
El caballito enano, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1968, (libro-disco)
El cochero azul, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1975
El libro de Camilín, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1979 (Colección Arco Iris)
El valle de la Pájara Pinta, La Habana, Casa de las Américas, 1984 (Colección Premio)
Gente de mar, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1977 (Colección Universo)
Juega la dama, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1989 (Colección Giraldilla)
Letras, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1980 (Colección Letras Cubanas)
Once caballos, La Habana, Ediciones Unión, 1970 (Colección Contemporáneos)
Ponolani, La Habana, Ediciones Granma, 1966 (Serie del Dragón)
Sol de Batey, radionovela, 1950
Medialuna, novela
Tierra inerme, La Habana, Casa de las Américas, 1961 (Colección Premio)
Tres lechuzas en un cuento, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1994 (Colección Biblioteca Escolar)
Una, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1977 (Colección Mínima-Narrativa, 9)

Poesía

El grillo caminante, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1981
Escrito en el verano, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1993
La flauta de chocolate, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1980
Los payasos, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1985
Palomar, La Habana, Ediciones Unión, 1979, (Colección Ismaelillo)
Suma, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984 (Colección Mínima-Poesía)
Viaje al Sol, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1979 (Colección Jardinerito)

Teatro

Doñita Abeja y Doñita Bella, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1976
Espantajo y los pájaros, La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1966 (Colección Biblioteca del Teatro Infantil, 1)
Pelusín del Monte, La Habana, Editorial Gente Nueva (Colección Arco Iris)
Teatro para niños, La Habana, Editorial Gente Nueva, 1992 (Colección Biblioteca Escolar)



La presumida

A Nubia.

La brujita rosada,
¡tan presumida!,
para acudir a la Plaza
se ha comprado una sombrilla;
un abanico de guano
para el verano,
y zapaticos negros
para el invierno.  


Las informales

Qué flores más informales
Las que tienen la picuala:
Son distintos colores…
¡y con olor a manzana!



Madama

Gran señora del jardín
-de ropa y quitasol verdes-,
ya se recoge la falda
para no rozar el césped,
ya entre remilgos se luce
y melindrosa se mueve.
¡Qué elegancia
de figurín de copete,
la madama!



Caballero

Caballero es el romero.
A la feria, de sombrero,
va el romero, y de bastón.
Y no sabe el caballero
que primero -¡lo primero!-,
si se toca el corazón,
es sentirse compañero,
aunque vaya sin dinero
ni corbata el caballero,
sin sombrero ni bastón.



La flor de la calabaza

Por la tarde, en la ventana,
¡qué amarillita lucía
la flor de la calabaza!
El maíz dijo al pasar:
-Ese color tan bonito
se lo acabo de prestar.


Como una niña fina

A Belkis, que ya sueña.

Como una niña fina,
la flor de pascua,
si la moja el rocío
le da las gracias:
-Muchas gracias, Rocío.
-No hay por qué darlas.
-¿Hasta mañana, entonces?
-Hasta mañana.


En la casa que recuerdo

En la casa que recuerdo,
en la casa,
entre el naranjal y el cielo:
Plátano indio,
plátano congo,
plátano enano,
plátano Johnson,
¡y el amarillo manzano!

-En la casa que recuerdo…
Mamey,
mamey colorado,
y Santo Domingo.

Chirimoya, mamoncillo,
guanábana, canistel,
meloncito…
-En la casa…

Naranja de China,
naranja moreira,
mandarina,
y naranjita cajel.

Piña morada, caimito, coco.
Marañón y tamarindo,
fruta del pan…

-entre el naranjal y el cielo.
Anón, ciruela, zapote,
fruta bomba, manga blanca,
guayabita del pinar,
¡en la casa que recuerdo!




El Arte de Trascender

(Homenaje a Dora Alonso)

Por Liliana María Gómez Luna

Doralina de la Caridad Alonso Pérez, Dora Alonso (1910-2001), matancera, cubana, considerada un clásico de la literatura para niños y jóvenes en América Latina. Es la autora cubana para niños más conocida, traducida y publicada en el extranjero. Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, portugués, ruso, ucraniano, moldavo, polaco, checo y rumano, entre otros idiomas.

Con un estilo literario narrativo marcado por la sencillez y manejo de las emociones, logró encontrarle un lugar especial en su obra al campesino cubano, a sus valores humanos y a la campiña, con un singular acercamiento a la naturaleza. Fue también guionista de radio y televisión, novelista, dramaturga y periodista, galardonada con varios (muchos) premios tanto nacionales como extranjeros. Gana el primero en 1919, con solo 9 años, en el concurso literario provincial “Estela Brochs de la Torriente” y publica su primer poema en 1926, con 16 años (Amor, en El Mundo). En 1936 obtiene el premio de cuento en un concurso convocado por la revista Bohemia y diez años más tarde gana el premio periodístico E. J. Varona e inicia su labor como escritora de radionovelas.

En la década de 1950 hace dos cosas que marcan su vida; en 1953 adopta a José Joaquín Alfonso Malagón, un niño huérfano pinareño de 7 años, y en 1956 inicia su producción literaria para el público infantil, escribiendo piezas teatrales para el títere cubano Pelusín del Monte, que mantenía un espacio en la televisión, a solicitud de los teatristas Pepe Carril, Carucha y Pepe Camejo (Pelusín y los pájaros y Pelusín frutero).

Y si bien muchos la relacionan con este simpático personaje, al cual sin dudas puso mucho texto y  gracia, yo la recuerdo por El valle de la Pájara Pinta, Premio Casa de Las Américas en la categoría de obras para niños y jóvenes, también por El Cochero Azul, por La Flauta de chocolate, y por aquel libro-disco… El caballito enano, con música de Olga de Blanck, que escuchaba una y otra vez, sin cansarme. Aquel caballito ¨diferente¨ que daba el espectáculo mejor del mundo tremebundo con bridas de tisú oro, un penacho de plumas y un sillín bordado con hilos de plata…para lo cual cambiaba su dulce nombre por el de Piccolino. También recuerdo el texto de aquella habanera que aún trae un poco de música a mis oídos…Niñito cubano/ qué piensas hacer?/ Un mundo más justo/ que el mundo de ayer… Y Dora también llega a mi recuerdo con sus novelas Sol de Batey (radionovela) y Tierra Brava. Muchas de sus novelas Río abajo, Tierra nueva, Tierra Brava, Por los verdes caminos [Tierra adentro], Flor de aguinaldo y Rancho Luna, han sido radiadas en varios países (Puerto Rico, Panamá, El Salvador, México, Nicaragua, Colombia, Brasil, y Venezuela).

Y es que entre sus premios no sólo estaban aquellos que reconocían su obra para niños y jóvenes. Doralina fue galardonada en 1944 con el Premio Nacional de Novela, en 1961 con su primer Premio Casa de las Américas por la novela Tierra inerme, y es a partir de 1971, tras obtener el Primer premio en el I Festival de Teatro Infantil de Vallenar, Chile,  con su refrescante obra… Cómo el trompo aprendió a bailar que comienza a reconocerse su legado a la literatura infantil, que encuentra en 1997 el máximo reconocimiento con el Premio Mundial de Literatura Infantil José Martí, otorgado en Costa Rica.

A partir de 1960 desarrolla una importante labor dramatúrgica dirigida a los niños; crea piezas teatrales como Tintín Pirulero, Bombón y Cascabel, Mandamás y El sueño de Pelusín (estrenadas por el Guiñol Nacional de Cuba), Espantajo y los pájaros, Quico Kirico y El adivino Cachucho, entre otras muchas.  En 1964 publica por entregas en el semanario infantil del periódico Revolución su novela En busca de la gaviota negra. En 1975 aparecen Martín Colorín y sus hijos, todos vestidos de azul, y como si fuera poco, Azulejo, a quien le sacan una guitarra de la oreja. El Cochero azul, que nos llevó a un mundo fantástico en el que unos payasos encantadores de mariposas, pueden iluminar la noche tan solo soplando una botella, llevó a Dora hasta lugares mágicos de nuestra isla, lejanos de su Matanzas. Y en aquella escuelita de Baracoa, donde asombró por su sencillez, dejó sus libros dedicados y el recuerdo eterno, en aquellos niños, hoy hombres y mujeres, que le enseñan a sus hijos, fuera o dentro de Cuba un poema o un cuento de Dora Alonso. El Cochero azul, tuvo una primera edición de 200.000 ejemplares y de él se han hecho adaptaciones al cine (para dibujos animados), al teatro e incluso al ballet.

En su obra literaria para niños y jóvenes destaca la narrativa. Me es cercano el libro En busca de la gaviota negra, con un nuevo concepto de aventura, en el que se descubre la vida marina, desde la percepción de un científico enamorado de la naturaleza y desde el auténtico modo de mirar de un pescador que se siente y es parte de ese mundo. En el centro de este ejercicio noble y positivo, está Guille y estuvimos todos sus lectores, pro hay poesía y teatro y magia.

Doralina hizo coexistir personajes cotidianos e insólitos de forma armoniosa: Cirilina, Felo Puntilla, Juan Palomo, el gato Musu, el venado Guaney, el delantal Garralén o el indiscreto farol del mago Cacafú, Pancho Poco, alias Doblepé, la gallina Suprema Nocturna Clase A, el gato Sucu-sucu, la iguana Lola Galindo, el caballito Pirulí quien creo recordar que nació en Arboleda; el alcatraz Bolsilibro y Fierabrás el domador sometido por su malcriado león y apasionado por la equilibrista Zapatilla, a los que llevó hasta lugares con nombres increíblemente criollos como San Ciprián de los Remolinos, Jorobitas, Cocotazo o Pulgar del Zurdo. Los magos y payasos son recurrentes en su obra, quizás por aquello que explica en su poema Nostalgia…La pobreza mayor, es no llevar un circo en la memoria…Sus magos y payasos son tan coloridos como diversos, y pudo Pelusín del Monte conocer al embustero Gorgonio Refistolonio, andarín e interesado de quien se vale Dora Alonso para describir la bondad sin límites del hombre de campo; y es un niño quien descubre al tramposo mago Cachucho. Los payasos, alegres y dicharacheros, con zapatones y mucho color, esos a quien llamó las estrellas del circo, llegan sonando cascabeles y silbaticos de lata, los que por cierto, muchos tuvimos la oportunidad de sonar en nuestras fiestas infantiles. Llega el payaso Cascabel, lleno de colores y con gorro puntiagudo, quien bien conoce los caprichos y malacrianzas de un león, llamado nada más y nada menos que Bombón. Pomponio, con su coche tirado por caballitos de nube con crines de nieve, para viajar al sol. El chiflado Cacafú, el domador del misterio, el mismo que le puso el cascabel al gato, con una ridícula guayabera hasta los pies, su extrema delgadez y genes de mago bueno. Y aunque parece un güin, tiene la voz de trueno. Cacafú no podía vivir en otro sitio que en el mogote de la Jagua Vieja, porque claro, dónde más se podría tener una casa hecha de tamales. Cacafú es un mago silvestre de la especie cubensis, lo que explica que de su sombrero de copa, salgan cotorras, además dela paloma del diluvio y el conejo de Esperanza. Pero fue Chilín quien siempre robó toda mi atención; esa especie de mutante con genes de mago y payaso, un genio-duende parecido físicamente a Cacafú, con bigotes lacios medio tristones, cerquillo hasta la cejas y unas orejas puntiagudas de las que cuelgan dos murciélagos dormidos. Y a este singular personaje Dora lo descalza y le destiñe el pantalón bombache y lo hace vivir en los sueños de un niño (Juan Ligero). Al marcharse de la vida de éste, pasa por una serie de transformaciones, desafiando la lógica, y antes de partir volando con el cuerpo de una gaviota, Chilín alcanza el cielo o el corazón hecho papalote o muñeca de trapo.

Pero volviendo al valle…al Valle de la Pájara Pinta, este es un homenaje a Horacio Ruiz, el artesano que con sombrero de papel y bicicleta adornaba a su… Cárdenas, mientras buscaba pedazos de madera para construir singulares personajes: lechuzas de largas pestañas, chivos vendedores de pirulíes, gallos y la pájara con plumas pirograbadas que inspiró a Dora Alonso. Su infancia es Isabela, simpática, alegre, curiosa; la nieta del talabartero Felo Puntilla quien va al Valle de Viñales en unas vacaciones de verano. Dos días de vacaciones sirven de pretexto para ensartar personajes e historias de una manera magistral, para dar otro sentido al conflicto entre infancia y senectud, tan fácil de reconciliar a través del amor. Cirilina, la dulce abuela de los pájaros, ha encontrado en el amor y la ternura el secreto de la eterna juventud, de la belleza perenne, y se pasea por los mogotes del valle vestida de novia, no para disimular sus años, sino porque ese blanquísimo ropaje feliz la ayuda “a estar alegre y a ver el lado bueno de las cosas”. Este libro logró 4 grandes premios: 1980. Premio Casa de las Américas; 1984. Premio Nacional de la Crítica; 1984. Premio Nacional La Rosa Blanca y en 1985 el Diploma de honor del premio internacional Máximo Gorki.

Pero no sólo el Valle de la Pájara Pinta obtuvo importantes premios, Dora Alonso fue premiada por casi todo cuanto hizo, incluso en 1959 gana el premio nacional de teatro del Ministerio de Educación  con una comedia para adultos: La casa de los sueños.

Sus libros infantiles: Los payasos, Tres lechuzas en un cuento y Juan Ligero y el Gallo Encantado fueron Premio Nacional La Rosa Blanca en 1985, 1994 en el 2000. Y esta última historia, de la que Franz Rosell ha explicado que tiene un sabor calculadamente naif, atrapa con uno de los muchos personajes extravagantes y encantadores de Doralina: el Gallo Encantado Kundasor, quien vive en la luna y viene a imponerle un viaje iniciático a un niño; un viaje que le hace  atravesar un arcoíris de mariposas guerreras y como premio, conoce a la famosa gallina de los huevos de oro.

Esta excelente cuentera, sagaz periodista, mágica poetiza, paradigma de las letras cubanas, llega, como una leyenda a contarnos un cuento viejo.



CUENTO VIEJO

Quiero contarte
un cuento viejo:
Desde la Luna
saltó un conejo.

Tenía una oreja
toda de plata:
bastón de oro,
traje de gala.

Zapatos rojos,
medias de lana,
corbata verde,
calzón de pana.

Como el conejo
perdió el sombrero,
compró una gorra
de terciopelo.

Y al ver a un perro
se asustó tanto,
que pegó un brinco
de este tamaño.

Hasta la Luna
llegó el conejo.
Allí sentado
se ha puesto viejo.

Por eso siempre
los perros ladran
cuando de noche
la Luna pasa.

Su obra está llena de colores, ternura, armonía, elegancia, identidad, imaginación, es fresca, mesurada y a la vez desenfadada, divertida, pintoresca, con trucos intertextuales y personajes extravagantes. Doralina con increíble voluntad renovadora, talento, exquisita sensibilidad artística y toque criollo, abre puertas con cada palabra, y con cada puerta abierta llega un viaje a la luz, a esos mundos fantásticos, llenos de aventuras y enseñanzas de vida. Dora Alonso trasciende por su magia; esa que Namuní, “abuela amorosa y cómplice de antojos”, puso en su corazón con  sus dotes de cuentera, dejándole por siempre en un mundo de fantasía al que viajaba una y otra vez con espíritu fabulador para el bien de nuestra literatura. Y lo mejor es que habló de la magia y del engaño, de lo bueno y lo malo, de lo diverso. Y los magos sacaban de sus sombreros conejos, pero también cotorras o zunzunes, porque eran magos nuestros (cubensis). Cuba en su obra se vuelve sensaciones, olor, sonido, sabor, mágico gesto, tierna sonrisa, feliz geografía, viaje y canto.

Doralina de la Caridad Alonso Pérez, nuestra Dora Alonso nació el 22 de Diciembre de 1910. Vivió una vida plena. En el año 2000, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba le otorga el Premio Magistral La Rosa Blanca por la excelencia, relevancia y continuidad de su obra literaria dedicada a niños y jóvenes.  Falleció en La Habana, el 21 de marzo de 2001, pero hoy está aquí porque aprendió el arte de trascender en el corazón de los más agradecidos, a quienes dedicó prácticamente toda su vida.

Y en un rejuego entre payasos y la pájara pinta, tal vez sus obras más cercanas, deja este poema ingenuo…con un título sugerente, que lleva a una respuesta en la que va toda la carga didáctica.


¿Quién salvó a la pájara pinta?

¡Ay, señora Pirulina:
se le ha ido de la jaula
su bella pájara pinta!
Un payaso la soltó
y, en menos que canta un gallo,
la pajarita voló.
Moje su fino pañuelo;
llore, doña Pirulina,
que eso no tiene remedio.
Entre la rama y la flor
hace la pájara el nido,
posada en el verde limón.



Y quiero antes de terminar, citar a Fanuel Hanán Díaz, autor y crítico literario venezolano, quien ofrece un retrato magnífico de nuestra Dora Alonso: escritora cubana, una poetisa de la sencillez que esparce el encanto de un corazón limpio, desprendido de las marcas que condicionan una aproximación adulta a la materia literaria. Más allá de cualquier análisis orientado por una valoración crítica, avalada por tecnicismos teóricos, su obra recupera esa mirada primigenia de la poetisa que se desdobla en niña y regala la ingenuidad en su manera de ver las cosas. Ella es, en definitiva, un alma de pájaro que conoce la libertad, que escribe desde las ramas de un árbol o desde las tejas de una casa de cuento. Letras para un pentagrama de añejas notas cuya melodía se escucha en instrumentos imposibles, hechos de la misma materia que tienen los sueños de los duendes.

Y termino pensando en otra Alonso, Alicia porque la Loynaz hizo una hermosa definición… dijo que Alicia es la luz que se mueve, y creo entonces, sin pretender competir con tanta grandeza, que nuestra Dora Hada de la cubanía, es una danza perpetua de arcoiris.

https://ecoissuescuba.wordpress.com/ideas/



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