viernes, 14 de noviembre de 2014

TREVIÑO BRINGS PLENTY [14.014] Poeta de Estados Unidos


Treviño Brings Plenty 

Nación Lakota, Estados Unidos

Treviño Brings Plenty nació en Eagle Butte, reservación del río Cheyenne, Estados Unidos, en 1976. Pertenece a la Nación Lakota. Es poeta, escritor de canciones, cantante y guitarrista. En sus obras describe la vida indígena urbana y explora la identidad de los indígenas de América en la cultura estadounidense y cómo a través de la historia genealógica se han afectado los pueblos indígenas en el siglo 21. Algunos de sus libros publicados: Verdadera joyería indígena postiza, 2012 y Mudando pieles: Cuatro Poetas Sioux, 2008.


Treviño Brings Plenty, Lakota Nation, USA

Treviño Brings Plenty was born in Eagle Butte, Cheyenne River Reservation, USA, in 1976. He belongs to the Lakota Nation. He is a poet, songwriter, singer and guitarist. In his works he describes urban Indian life and explores the identity of the American Indians in the American Culture and how through genealogical history have affected indigenous peoples in the 21st century. Some of his published books are: Real Indian Junk Jewelry, 2012; Shedding Skins: Four Sioux Poets, 2008.



LA VISITA

Para Jamie C. "Chappie" 

Me senté en un banco debajo de la ventana de tu cocina. Medí hojas secas, dividí hojas de hierba, hice bolas de tierra entre mis dedos. 

Me ahogo en el aire, en música verde, semillas de nubes, mechones de cabello, 
palabras sobre papel. 

Mis brazos agitaron mezclas, océanos se calmaron, cuervos se alinearon en la azotea, mis ojos ardían. No puedo apretar mi mano. La muerte sería muy fácil ahora. 

Allí donde me senté de nuevo queriendo volver a los dedos que limpian el arroz integral, a un beso que detuvo el mundo azul, a las palmas que calcularon la sal, a un agujero parchado en el corazón. Quería regresar al tacto manchado y a la tristeza de tus manos. 



RESISTENCIA DEL MIEDO

1. 

Mi madre en uno de sus desmayos me llamó maricón y lloró porque su abuelo la había parado sobre la mesa de la cocina a danzar, el abuelo con un látigo en la mano la azotaba con las lágrimas que entonces lloraba. 

Yo no quería nacer, tuvieron que sacarme de mi madre y desde entonces yo la maldecía por alumbrarme fuera de su soledad. 

Durante mucho tiempo no me gustaba tomar la ducha. Recordaba solamente baños. Nunca me gustó lo que las duchas escondían de los seres queridos. Mi madre se escondió en una ducha y aún la escucho sollozar. 

2. 

Una vez oriné dentro de la botella de vino de mi abuelo. Quería que dejara de 
beber. Me acordé de su olor a vino barato, cerveza, cigarrillos. 

Mi abuelo empujaba un carrito de compras por las calles de San José, California, y con sus amigos bebía y acampaba a la orilla de una carretera, profunda en arbustos dorados. 

Les enseñó el Lakota a sus amigos, nunca a sus hijos o a sus nietos. Las veces que escuché mi lengua hablada era desde él, con hedor de cerveza barata en su aliento. 

Cuando él no estaba borracho, era una carga. Se sentaba en la mesa de la cocina y leía el periódico, rasgaba tiras y se las comía. Esto fue un día después de una recuperación, con los músculos encalambrándose y la familia frotando su cuerpo. 

3. 

Escribo esto ahora, bebiendo de una botella medio vacía, y he estado borracho 6 meses seguidos. Me caí de un vagón sobre el que nunca estuve.

Aquí, en este planeta, soy primero un Indígena, segundo humano, y todavía Indígena al final. No puedo recordar las melodías pow wow y mi abuelo está muerto. 

No puedo reclamar una reserva porque maduré en una ciudad y si veo sobre calles de hormigón a otro indígena caminar hacia mí, me aseguro de no hacer contacto visual o bien camino en otra dirección. 

Mi único temor es que cuando me muera vaya a necesitar saber mi lengua para viajar al mundo de los espíritus, ¿perdonarán los muertos mi juventud? ¿No me defraudarán ellos como defraudé yo a otros? 

La muerte es mi única garantía por el precio de la vida. Supongo que cada día servirá para morir. 




SIN OJOS

1. 

Mi abuelo tenía los ojos robados. 
Dijo que estaban 
En el Museo Smithsoniano. 
La última imagen que vio 
fue una mujer rubia 
inclinada sobre él. 
Estaba recién llegado de Japón, 
lucía aún su uniforme de la Segunda Guerra Mundial. 
Dijo que no era una buena cosa, 
pero tristemente estaba satisfecho de que sus ojos 
estaban junto a los huesos de sus abuelos. 

2. 

Mi abuelo era guardafrenos 
en su adolescencia. 
Cuando perdió su dedo meñique izquierdo, 
renunció y se unió al ejército. 
"Había un montón de Indígenas 
en el ejército ", decía. 
"Éramos vistos como héroes americanos 
cuando lucíamos nuestros uniformes ". 
Decía: 
"Debes saber esto, nieto, 
En el pueblo no eran todos guerreros. 
Mi primo era pintor y narrador, 
mi hermano pescador, 
mi hermana domaba caballos, 
todos comían alimentos, respiraban aire, bebían agua. 
Este es el linaje de la familia". 
Mi abuelo liaba un cigarrillo. 
Lucía gafas de sol. 
Era por la tarde, justo antes de la cena. 
"Todo hombre quiere resoplar 
su beligerancia", decía. 
"Pero el verdadero trabajo es la paz".



THE VISIT

For Jamie “Chappie” C.

I sat on a bench below your kitchen window. I measured dry leaves, divided grass blades, rolled dirt between my fingers.

I drown in air, in green music, the seeds of clouds, hair strands, words on paper.
My arms flailed mixtures, oceans calmed, crows lined the roof, my eyes burned. I can’t make a fist. Death would be easy now.
There where I sat again wanting to return to fingers that cleaned brown rice, to a kiss that stopped the blue world, to palms that measured salt, to a patched hole in the heart. I wanted to return to the stained touch and the sadness of your hands.




FEAR’S ENDURANCE

1.

My mother in one of her blackouts called me a fag and cried about how grandfather had her stand on the kitchen table and dance, grandfather with a bullwhip in hand lashed her with the tears she now cried.

I didn’t want to be born, they had to pull me out of my mother and since then I cursed her for birthing me out of her loneliness.

For the longest time I didn’t like to take showers. I remembered baths only. I never liked what showers hid from loved ones. My mother hid herself in a shower and I still hear her sobbing.


2.

Once I pissed into my grandfather’s wine bottle. I wanted him to stop
drinking. I remembered his smell was cheap wine, beer, Pall Malls.

My grandfather pushed a shopping cart through the streets of San Jose, CA, and with his friends drank and camped off the side of a road, deep in golden brush.

He taught the Lakota language to friends, never to his children or his grandchildren. The times I heard my language spoken was from him with the stink of cheap beer on his breath.

When he wasn’t drunk, he was a burden. He’d sit at the kitchen table and read the newspaper, tear strips from it and eat it. This was after a day of going through withdrawal, with muscles cramping and family rubbing his body.


3.

I write this now, drinking a half-empty bottle, and have been drunk for 6 months straight. I fell off a wagon I never knew I was on.

Here, on this planet I am Indian first, human second, and still an Indian last. I can’t remember pow wow melodies and my grandfather is dead.

I can’t claim a reservation because I matured in a city and if I see on the concrete streets another Indian walking toward me, I make sure not to make eye contact or else walk another direction.

My one fear is when I’m dead would I need to know my language to journey to the spirit world, will the dead forgive my youth, will they not let me down as I had with others.

Death is my one guarantee for the price of life. I figure that each day is close enough for a good day to die.




NO EYES

1.

My grandfather had his eyes stolen.
He said they were
In the Smithsonian museum.
The last image he saw
was a blond haired woman
bending over him.
He was newly back from Japan,
he was still wearing his W.W. II uniform.
He said it wasn’t a good thing,
but he was sadly satisfied his eyes
were set next to his grandparents’ bones.

2.

My grandfather was a brakeman
in his late teens.
When he lost his left pinkie finger,
he quit and joined the army.
“There were a lot of Indians
in the army,” he said.
“We were seen as American heroes
when we wore our uniforms.”
He said,
“Know this grandson,
the people were not all warriors.
My cousin was a painter and storyteller,
my brother was a fisherman,
my sister tamed horses,
everyone ate food, breathed air, drank water.
This is the family lineage.”
My grandfather rolled a cigarette.
He was wearing sunglasses.
It was evening just before supper.
“Every man wants to huff and puff
their warriorness,” he said.




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