viernes, 3 de febrero de 2017

SOLEDAD MUÑOZ [19.911]


SOLEDAD MUÑOZ

Soledad Muñoz (Mendoza, Argentina  1979) trabaja como docente y empleada de comercio. Ha participado en diversos recitales de poesía. Publicó “Movimientos” (2013), “Veinte y una Velocidades” (Proyecto editorial Itinerante / Mar Adentro, 2014), y participó de la antología “Lo oscuro trabaja” (Carbónico Ediciones, 2015).


Mi cuerpo nómade es atravesado
por todos los sonidos de la música.
Me muevo lento
Me limpio
Me sumerjo en el útero de la tierra
para nacer nuevamente mujer.

El sueño fue  un acto de salvación:
El  cuerpo se desplomaba
sobre el lomo de un gran elefante
y una canción llegaba a lo lejos

Las impurezas de un estado de vigilia
me sustrajeron de lo cotidiano
una noche pasó que
la luna se puso en tono magenta
y yo vestida de sonidos y de colores
conjuraba palabras suaves para llegar
a más sueños en donde ya no era nada
solo una forma fragmentada de mis días

necesito ver cómo crecen las flores de tu jardín
necesito morir para saber cómo continúa la historia

juntábamos en las calles de noche
miradas viejas y tristes
de bebedores aficionados
el otoño ha dejado un dolor secándose
ya no relincho por las noches.


*


Cuando más sea preciso refugiarse en los abrazos
Cuando más se  abran las flores en todos los jardines
No olvidarás nunca las palabras
que fragmentaron tu cuerpo
un hilo de lana roza los párpados
suave cae la punta del hilo sobre los labios

Todas las calles del barrio
tienen un perro que ladra
a las bicicletas
todas las calles
tienen niños que juegan a la pelota
y mantienen su inocencia
Todas tienen rejas
todas tienen muerte
todas las calles supuran miseria
amores con resaca
y te despiertas y
la ternura que se extingue rápidamente
tan rápida
como la llama de la cerilla que se apaga
antes de llegar al otro extremo

es el tiempo preciso
de dejar todo como está.


*


Aun no he tomado todas las precauciones para enfrentarme
con la sensata muerte
apenas un soplo
una suave inclinación del cuerpo
y el polvillo desaparece en el aire
algunos restos apenas visibles danzan entre nosotros
caen lentas las palabras sobre la hierba
un suave temblor en las manos
hace música en el poema
buscas en el cielorraso
la imagen de la película
para no olvidar lo que eras
un pájaro
un bosque
un rio.



El jardín ha resistido otro invierno
la necesidad de ver todo cómo se transforma
me ha llevado a lo más profundo del vacío mismo
algunos objetos han cambiado su lugar
y una suave melodía flota en el aire
las paredes vivas proyectan la historia
de millones de años
una y otra vez
una y otra vez
acá adentro se está muy bien
no existe el lenguaje
no existe el cuerpo material
no existe el tiempo ni el espacio
no existe dios
acá Dios no tiene nada que ver!
es la belleza misma de la que estamos hechos
una tela
un tejido
un polvillo
un resplandor
había olvidado quien era:
una nube errante, rebelde y solitaria
que se estremece dando el gran salto

pero afuera ellos se esfuerzan
por seguir muertos en su voluntaria quietud
son sólo el alimento de un orden
que no existe:
todos quieren ser el fruto de ese árbol
todos quisieran vivir y ser memoria
a veces mi despiadado humor hace silencio
cuando las palabras se caen a pedazos
no soy más que otra parte de esa mujer
que cuida un jardín
que resiste otro invierno.




VEINTE Y UNA VELOCIDADES 
Editorial Mar Adentro Mendoza, 2016



EN LA SIESTA 
aparecen 
las mejores imágenes 
de todas las ideas olvidadas 
salgo en la bici 
en el tiempo de descanso 
del trabajo 
a dar una vuelta 
por las calles 
empedradas 
de Perdriel 
adentro 
todos están en sus casas 
almorzando quizás 
un puchero 
o hablando 
o mirando 
algún programa de T.V 
y los niños chillan 
yo los escucho
desde afuera 
el volumen está alto 
la calle está silenciosa 
mientras pedaleo 
silbando por lo bajo una canción 
que nadie conoce 
porque los espacios 
se hacen largos 
y las nubes 
flotan errantes 
y los pájaros 
hacen más grandes sus nidos 
entonces paro un rato 
contemplando el cielo 
y me siento en un banco 
frente a unas viñas 
a esperar que el momento llegue 
la tibieza del sol acaricia mis manos 
sosteniendo la calma 
de esa mansa siesta 
y entonces un niño llora 
probablemente 
no quiere comer 
y su cara esté pegoteada
de comida que no le gustó 
tomo un sorbo de agua 
lo retengo en mi boca 
y vuelvo a pedalear 
todavía queda un espacio de tiempo 
entre vos y yo 
acaso para seguir 
pedaleo lento 
acaso para no llegar 
pedaleo lento 
y pienso en los trabajadores 
que continúan su jornada 
como yo 
que en mi tiempo de descanso 
busco una imagen 
que me estremezca 
y las retroexcavadoras 
no paran 
la tierra 
se ve húmeda 
removida hasta lo más profundo 
y el silencio del comienzo 
se desvanece cuando me acerco 
a lo más oscuro
de esa tierra 
de ese recuerdo 
y mi cuerpo vibra 
y me paro sobre los pedales 
que también tiemblan 
empujando suave lento 
los motores se escuchan 
cada vez más bajos 
un hombre cruza el alambrado 
un niño junto a un naranjo 
parado está 
y espera a su madre 
con una pelota en la mano 
dos vecinas se han sentado en 
la puerta a tomar coca-cola 
bajo el sol 
de este invierno amarillo 
y pienso en que todo podría ser 
más sencillo 
en la vida de cada uno 
en mi espera 
en mis gestos 
como ese niño 
que ata con paciencia
los cordones de sus zapatillas 
y me dice hola 
y siento 
cómo un aire fresco 
atraviesa mi cuerpo 
y me conmueve 
por la calle de la plaza
hay una casa color rosa 
con malvones en la entrada 
un perro duerme junto a la puerta 
otro perro
levanta la pata 
en el último árbol 
que olió 
y ladra a las ruedas de 
las bicis de unas niñas que cruzan 
y yo me quedo 
debajo del cielo 
mirando las nubes 
bajo el cambio 
la bajada es suave 
la pedaleada lenta 
el viento apenas se siente 
helar mis dedos
el viento apenas mueve 
las últimas hojas 
y pienso 
en el chico que me gusta 
y su campera de cuero 
en sus ojos negros 
desparramándose 
por mi espalda 
y cuando pienso en eso 
parada frente a la escuela 
en el chico que me gusta 
y su campera de cuero 
siento que 
no hay nada más bonito 
que la siesta 
y sus efectos 
permanecer en silencio 
bajo este sol salvaje 
bajo la grandeza 
de esta naturaleza 
con sus casas 
sus familias 
sus perros 
sus maestras
vuelvo al trabajo 
de regreso 
pedaleando lento 
cantando bajito 
una canción 
que nadie conoce.




SALIMOS en nuestras bicicletas 
mediodía despojado de nubes errantes 
silencios desterrados 
de su memoria huérfana. 
"no te abrás tanto, mantenete en la línea" 
le dice 
la madre a su hijo 
pedaleamos pedaleamos pedaleamos 
un sol rabioso 
atraviesa nuestras nucas 
calles de piedras 
polvo 
y el espanto en su cara roja 
la gota de sudor que corre 
por su mejilla robusta 
pedaleamos pedaleamos pedaleamos 
como despertar de un profundo sueño 
preparamos el fuego 
la bella tarea 
de hacer que todo arda
preparar el fuego 
quemar la madera 
bajo la madera el fuego arde 
la carne se quema 
bajo el fuego 
las palabras 
también se queman 
"pasala pasala acá de pechito 
y la baja de taquito 
la radio suena con un river-tigre 
que lo pone feliz por la triple goleada de river 
el rastrillo arrastra todo el pasto 
envejecido 
amarillo
de nuestros últimos días 
el invierno trajo 
los restos 
de una canción que llegó de lejos 
las despedimos con alegría dominical 
a las hojas 
los palitos 
la montañita de hojas secas 
por debajo asoma el nuevo pasto verde 
le damos agua de beber
cultivamos los recuerdos en el agua 
nada se inunda 
nada se desborda 
de regreso volvemos en nuestras bicis 
pedaleando pedaleando pedaleando 
cargando con la alegría 
de nuestros corazones agitados 
esperando otro domingo 
esperando otra vuelta 
porque no hay nada más lindo 
que llenar lo que estaba vacío 
como un generoso 
acto de creencia.





NOS DESPIERTA la luz 
que entra por la ventana 
sobre nuestras caras 
el brillo dorado rabioso 
de un sol de noviembre 
algunas moscas zumban 
sobre nuestros cuerpos 
las corremos con las manos 
formamos sombras 
en las paredes 
y nos miramos 
reímos 
desnudos 
destapados 
con nuestros ojos achinados 
por la mañana 
y me mirás 
y decís hola 
despacito
te digo hola 
y beso tu frente 
como un acto
de inmensa ternura 
y trato de recordar 
el sueño que tuve 
veo un pedazo de cielo 
de noche 
apenas iluminado 
tres ancianas en el patio 
piden entrar 
quieren el pájaro de colores 
que está apoyado 
sobre mi hombro 
les obsequio el pájaro 
a las tres ancianas 
en eso te paso a buscar 
vamos en bicicleta 
a comprar pan 
para desayunar 
y reímos 
no sé de qué 
del pájaro de colores
pero es bonito sentir cómo se derrama la luz 
de ese cielo tremendo 
sobre nuestros cuerpos 
livianos
tibios 
y el paisaje 
siempre es el mismo 
me preguntás 
qué pasa 
yo callada medio loca 
te miro 
y mis pensamientos 
se hunden sobre tu pecho 
que sigue caliente 
y me quedo así un 
rato recordando el sueño 
los pájaros 
hasta que suene por tercera vez 
la alarma del celular 
y me levante 
para ir a trabajar 
y vos también te levantes 
para ir a trabajar 
y me digas
quiero estar tranquilo 
y la mañana sea fresca 
y mi resaca no te asuste 
y mi bajón no te espante 
entonces me cuelgo la mochila 
enciendo la música 
del mp 3 
y voy en la bici 
recordando tus gestos 
tus relatos fragmentados 
y pienso 
en regalarte una arrocera 
en decirte que ya no hay 
nada que temer 
que todo lo que nos pasa 
no es más que estar vivos.




ME GUSTA una chica 
que anda en bicicleta 
usa pantalones cortos 
y lleva una remera 
que está re buena 
la crucé una tarde en la calle 
mientras andábamos 
en bicicleta 
ella me miró y yo pensé: 
“qué linda que es esa chica que anda en bicicleta” 
Cuando llegué a la escuela 
ahí estaba ella 
atando su bici playera 
con la cadena 
me miraba de reojo 
como si supiera 
la invité a tomar una cerveza negra 
la invité a quemar flores 
bajo la tibieza del sol 
en la terraza de la escuela
la invitás a dar una vuelta larga 
en nuestras bicicletas 
fuimos al parque 
fuimos a la plaza 
y nos tiramos sobre el pasto 
y jugamos 
nos miramos 
nos tocamos 
tiramos de nuestro pelo 
tan dignas 
tan amigas 
bajo un tremendo cielo de siesta 
recibimos la caricia del sol 
entre las piernas 
una nube de humo cítrico
la coronaba 
como una princesa 
y bebimos la última cerveza 
entonces la tarde 
se hizo más lenta 
Y les digo mis amigos que 
no hay nada bonito 
que sentirse felices 
aunque a ella no le guste mi gato
yo la invitaré por las tardes 
a fumar hierba 
a tomar mate 
en el patio de la escuela 
y le pondré música 
y ella me escribirá poemas de amor 
y seremos amigas por siempre.

pero lo más bonito de todo esto es 
verla a ella 
con su pelo revuelto de locura 
partiendo en su bicicleta.




COMO UNA PLANTA interior que nadie riega 
te escribirán una carta de Amor 
que te hará llorar 
y recordarás 
toda la calma 
de los peces en el mar 
y las botellas 
de plástico 
flotando en el zanjón 
se pudren 
mientras vas 
en tu bicicleta roja 
cantando para adentro 
una canción 
que nadie conoce 
y te duele 
el cuello 
la cabeza 
los pensamientos 
y pedaleas
pedaleas lento 
querés llegar 
comer 
bañarte 
dormir 
pero entonces 
te das cuenta 
que ya no querés 
dormir solo 
que los huesos te duelen 
que hay que resistir 
otro invierno más.




PEDALEAR 
pedalear 
pedalear 
no pensar 
vaciar el pensamiento 
de fantasmas quisquillosos 
sólo pedalear sobre la ruta 
vacía sabiendo qué: 
“así es todo” 
el silencio y todas sus formas 
las piernas se tensan 
sentir el peso del cuerpo 
sobre los pedales 
oir el canto de los pájaros 
en los cerros 
respirar el perfume de la jarilla 
desplomarme sobre la bicicleta 
y bajar velozmente 
que el viento arrase 
con todo los olores
que el viento me lleve 
más cerca del cielo 
entran y salen las penas
bajón de día domingo 
ya no importa 
que el viento se lo lleve 
pedalear 
pedalear 
sólo pedalear.




RECUERDO CUANDO CRUCÉ esa tarde el parque en bicicleta 
recuerdo cuando frené y me di vuelta para ver el rostro de una mujer que alguna vez olvidé. 
recuerdo la chica promotora que aprovechó que yo paré 
para hacerme una encuesta sobre no sé qué. recuerdo las tardes de tai chi en el parque bajo el sol 
recuerdo el camino que hice en bici desde mi casa hasta Perdriel 
el carril 
las bocinas 
las puteadas del taxista al chofer de la línea 850 
el puente azul y el río seco 
recuerdo el día que jugó Argentina-Nigeria 
en un mediodía gris 
recuerdo la cara del pibe apuntándome con un arma 
recuerdo la última foto que saqué 
recuerdo la vuelta en bici escuchando 
el partido por la radio 
mientras lloraba en silencio 
recuerdo ese día que volví a sentir miedo 
y un perro se entregaba a la muerte
recuerdo todos los perros muertos que he visto 
junto a la ruta 
recuerdo el perro de la vecina ladrando 
a las ruedas de mi bici y yo me reía 
recuerdo esa tarde que fui a nadar y me sentí feliz 
recuerdo tu sonrisa al abrir la puerta 
y el olor a comida casera que salía de adentro 
recuerdo la música que sonó esa noche 
Billie Holiday 
y yo dije 
¿bailamos? 
recuerdo el chocolate aireado 
y la sonrisa en mi rostro 
recuerdo cuando mi intestino explotó 
y todo fue abierto otra vez 
recuerdo el dolor del cuerpo 
el vientre zurcido 
los olores de mi niñez 
recuerdo mi primera 
y mi última masturbación 
recuerdo todas las veces que te olvidé 
y te nombré 
recuerdo a un solitario parroquiano 
bebiendo una cerveza en un bar de Retiro
recuerdo a una mujer de cabello blanco y abanico rojo 
tomando una sevenap 
mientras escribía en una pequeña libreta 
todos sus recuerdos 
recuerdo al chico colombiano que me invitó 
a fumar en plaza Juramento 
recuerdo todas las noches que perdí el control 
menos las mañanas de resaca 
recuerdo cuando vi sonreír a mi papá 
por última vez 
recuerdo las siestas en el balcón 
recuerdo cuando te escribí y te dije "necesito un abrazo" 
recuerdo el día que salimos juntos a comprar un jazmín 
y la planta casi muere 
y yo pensaba en la muerte del Amor 
recuerdo las tardes que pasaba encerrada en el baño de la escuela 
con una amiga y nos besábamos 
recuerdo mi amigo desconocido 
escribiendo poemas a la distancia. 
recuerdo las playas de claromecó en soledad 
recuerdo una siesta tirada bajo un campo de girasoles 
y las últimas luces del atardecer en Olavarría 
recuerdo la cerveza negra en el club Álvaro Barros 
recuerdo verte bajar del bus al mediodía
mientras yo miraba por la ventana del hospital 
y me estremecía 
recuerdo tu miedo 
tus vueltas a mi alrededor 
recuerdo las noches de frío cuando dormías en los jueguitos de la plaza 
y yo te despertaba por las mañanas 
recuerdo el brillo del sol entrando por tu puerta 
vos saludabas con una mano en alto 
mientras partía en mi bicicleta 
recuerdo todas tus historias contadas 
todos los caminos que recorrí 
todas las noches que me perdí 
y así van las cosas 
de un movimiento a otro 
de un recuerdo a otro.







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