martes, 18 de agosto de 2015

IGNACIO VLEMING [16.827]

Ignacio Vleming. © CHEMA LANZAROTE


Ignacio Vleming 

Nació en Madrid en 1981. Es licenciado en Historia del arte y Comunicación audiovisual, y desde 2005 se dedica al periodismo. Ha traducido del italiano poemas de Miguel Ángel Buonarroti y de Jacopo Sannazaro, incluidos en la antología Sextinas. Pasado y presente de una forma poética (Hiperión, 2011) y ha participado en recitales, visitas dramatizadas y acciones poéticas en museos como el Nacional del Romanticismo, el Lázaro Galdiano o el Centro de Arte Dos de Mayo. Clima artificial de primavera es su primer libro de poemas y autor del ensayo lúdico sobre arte Inspiración instantánea (Modernito Books, 2013).


Es autor de los poemarios Clima artificial de primavera (V Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”; La Bella Varsovia, 2012) y Cartón fósil (La Bella Varsovia, 2016) y del cuaderno de ejercicios sobre arte Inspiración instantánea (Modernito Books, 2013).





Clima artificial de primavera
Ignacio Vleming
V Premio de Poesía Joven Pablo García Baena
La Bella Varsovia


 Clima-artificial

En un conocido ensayo de 1888, Rubén Darío invitaba a “hacer rosas artificiales que huelan a primavera”, resumiendo con ese afortunado símbolo su poética y la dirección de gran parte de la poesía moderna. ¿Cómo construir un espacio regido por leyes estéticas, un paisaje de cultura? ¿Acaso no está toda realidad mediada por sus lecturas? Algunas de las consecuencias de estas preguntas atraviesan Clima artificial de primavera, primer poemario de Ignacio Vleming y uno de los mejores que, en mi opinión, se publicaron el año pasado. “En este invernadero solo se filtra un diez por ciento de luz solar, pero se dan tres floraciones a lo largo del año. / En esta primavera artificial, encerrada entre espejos invertidos y opacos, el tiempo es solamente un sucedáneo”. Con este poema comienza un libro en el que Ignacio Vleming sienta a dialogar el esplín del Fin de Siglo con el tedio posmoderno, que defiende la autenticidad construida en el quirófano, el aura de las imitaciones y la belleza de los sucedáneos. Pero lo hace derrochando una ironía de esdrújulas y epítetos, yendo de la ingenuidad al patetismo —a veces piadoso— y del patetismo a la ingenuidad: “Melodía enlatada en las calles de Viena, / parodia de sí misma, hermosa en su cinismo”.

Coherentemente construido, Clima artificial de primavera atesora en la vitrina de su imaginario una colección de objetos tan kitsch, groseros y fraudulentos como nuestra intimidad siglo XXI. Recoge también, sin embargo, un poso de dolor, la conciencia súbita de lo que se escapa: 


“Algo se rompe con brusquedad y un ángel se desliza. 
Comprenden que la Historia 
implica deterioro”. 


El deseo de ser romántico, que da título a un poema, es también la constatación de su imposibilidad: el fracaso estruendoso de la franqueza sentimental y la mueca que nos deja ese fracaso. Hay en el libro de Vleming un explícito amor a la falsedad que se conecta en secreto con lo ficticio: “Sus ojos son hermosos como ficciones: 


...expuestos en su frente, faroles radiactivos saturados de azul. 

Detrás de su mirada contempla ilusionado la gloria falsa de la belleza.  
No es verdad lo que dice pero da igual”. 


Hay también un enorme amor por aquello que nos mueve patética y conmovedoramente a la impostura, a fingir que cantamos en un karaoke, que viajamos en vez de hacer turismo, que nos amamos en una fotografía. Puede que esa impostura sea mucho más que el punto de partida del arte: quizás sea el punto de partida de la humanidad tal como hoy la entendemos. Sin olvidar, eso sí, que hay un temblor que resiste, testarudo y resbaladizo, en un ángulo obtuso de las reproducciones (como decía Barthes que ocurría en ciertas fotografías). Y sin olvidar tampoco que el reconocimiento de esa impostura, tan ridícula como humana, puede despertar una emoción, ella sí, verdadera.

Entre los varios microcuentos que anidan dentro de este poemario (como “Buzón de voz” o “Efectos del cambio climático en las pinturas de los museos”), me gusta especialmente “Al buio non si trova”, donde se revela que cada cinco minutos, durante un instante, puede escucharse lo mismo en el Palais Garnier y en el metro que pasa bajo el patio de butacas. Lo que se escucha es La Bohème, Puccini mainstream, París de lata. Y sin embargo tiembla el cristal de las lámparas y temblamos nosotros. Como ocurre siempre que uno tiene la fortuna de cruzarse con poesía de la buena.

Por ERIKA MARTÍNEZ 

http://revistamercurio.es/lecturas/poesia/la-gloria-falsa-de-la-belleza/


La belleza no está en el interior

Podría padecer la enfermedad más grave y
dolorosa,/
pero da igual porque está espléndido bajo los
rayos uva y todos nosotros coincidimos en esto:/
sus músculos de acero, su piel de seda./
Digamos que posee la apariencia de un cuerpo
hermoso, muy hermoso.

Que al despertar tome un batido de pastillas
azules, que su boca contenga tantas úlceras
como una erupción, o que navegue
por su sangre un enjambre de agujas oxidadas no nos importa,/
porque su cuerpo heroico es la promesa de la
felicidad.







FLASH

Tal vez ningún camarero se había fijado nunca
en el color desvaído de las fotos
de los platos combinados del popular Mister Pib,
inaugurado hace décadas.
Sin embargo tú,
de pronto,
te imaginas el brillante cromatismo que tuvieron.
El sol quema los recuerdos
y crea con ellos fósiles de cartón.

Según ‘Flash’, un poema de Ignacio Vleming publicado en ‘Cartón fósil’ (La Bella Varsovia, 2016). 








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