jueves, 5 de noviembre de 2015

MUHAMMADJI [17.379] Poeta de Afganistán


Muhammadji

Una especie de Villon oriental, que hizo incontables visitas, más o menos prolongadas, a las prisiones de Afganistán ya a causa de su vicio incorregible de la bebida, ya por su amor desenfrenado a las riñas sangrientas. Fue también una vez por haberle roto, en estado de ebriedad, una pierna a un indio, y varias otras todavía por no haber deducido regularmente los impuestos que estaba encargado de recibir. La cárcel de Abbottabad no tuvo huésped más asiduo.

Nació en Delhi, en la India, hacia 1850; fue niño a Kandahar y comenzó la vida errante que debía llevar hasta su muerte. Desde muy joven hizo versos. A los veinticinco años ya era maestro en el arte de la canción. Poeta ambulante de Pakli, fue uno de los dums más populares de Afganistán.

Su poesía da el vértigo del abismo, y cada uno de sus poemas es un abismo de ideas, de imágenes, de sentimientos, de sensaciones. Como crecen simultáneamente plantas comunes y raras a las orillas de los precipicios, entrelazando sus ramas, juntando sus flores, del mismo modo las imágenes, las ideas, los sentimientos, las sensaciones más desemejantes se abren lujuriosamente en estos cantos salvajes y sensuales. Son la obra de un genio desequilibrado, atacado irremediablemente del mal que lo minaba y debía llevárselo. Murió loco en 1890, con delirio de grandeza y diciendo al que quería escucharlo que "él no era lo que parecía, sino que era rey y que debían cederle el trono".

Sus baladas "Las trenzas negras" y "Canción de amor" son dos de los poemas más apasionadamente extraños y fantásticos que existen no sólo en la poesía de Afganistán, sino en toda la poesía asiática.

Sus obras, transmitidas por tradición, no han sido coleccionadas todavía. Ninguna de ellas ha sido publicada en Asia.


Las trenzas negras
Balada

Anoche mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras, 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras, 
Anoche, mis manos se hundieron en el misterio de las trenzas negras, 
Y mis besos, como abejas, libaron en la dulzura de las granadas 
Y en los perfumes del haz florido del cuello de mi reina, del haz de sus trenzas negras, 
Y mordí con mis dientes la piel dorada de su oreja. 
Anoche, mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras.

–Tus besos han libado en los perfumes de mi garba, ¡oh! amigo mío, y estos perfumes 
  te turbaron y caíste completamente ebrio, 
como invade el sueño a Bahram1 en el lecho de Saryasa, te sorprendió el sueño en mi lecho. 
Conozco a alguien que ha jurado tu pérdida por haber robado las rosas de mis mejillas, 
¡Y ahora te quiere hasta la muerte, el cokidar2 de mis trenzas negras! 
–Anoche mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras.

–¿Juró mi pérdida, amada mía? ¡El cielo me protegerá! ¿Lo deseas? 
Mientras, para defenderme, entreteje como juncos tus espesas trenzas negras, ¿quieres? 
Y dame todavía la blancura de tu rostro; tengo hambre de él como un tuti.¿Quieres? 
Por la última vez, déjame en la voluptuosidad de las trenzas negras. ¿Quieres? 
Anoche mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras.

–Mi dulce amigo, separaré la cortina de las pesadas trenzas negras y haré que entres 
  en el jardín de mi cuello blanco, 
Pero temo que en seguida me menosprecies y te alejes sin volver el rostro para verme... 
¡Soy bella, sin embargo, y tan blanca que la luz de la lámpara desaparece ante 
  mi rostro pálido! 
Y además el Señor me dio por atavío las pesadas trenzas negras. 
–Anoche mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras.

Bella entre las más bellas te hizo el Señor. 
¡Oh! Reina mía, soy tu esclavo! Arroja una mirada sobre tu esclavo. 
Esta mañana, al alba, te envié a la mensajera de amor. 
Siento mordido el corazón por una serpiente, por la serpiente de tus trenzas negras. 
Anoche mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras. 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras.

–¡Nada temas, dulce amigo! ¡soy la Encantadora! 
Encantaré con mi aliento a la serpiente que te mordió el corazón. 
Pero ¡ay! ¡quién encantará a la serpiente que mordió el honor de una pobre desventurada! 
Si me amas, ven, dejemos a Pakli, mi marido brutal me da horror. 
Desde este momento te concedo poder absoluto sobre las trenzas negras. 
–Anoche mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras. 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras. 
Muhammadji tiene poder absoluto sobre los poetas de Pakli, 
Colecta el impuesto sobre los Amirs de Delhi, 
Reina sobre su imperio, lo gobierna con un cetro de trenzas negras.3 
Anoche mis caricias se hundieron en la espesura de las trenzas negras. 
Y mis besos, como abejas, libaron en la espesura de las trenzas negras.

1 Bahram, héroe de una novela. Mientras descansa cerca del hada Saryasa es sorprendido por Saifur, el hermano de la Peri. 
2 Cokidar: el guardián, es decir, el marido. 
3 Los tres primeros versos de esta estrofa presagian ya el futuro delirio de grandezas del poeta


A. Thalasso
Poesía de Afganistán
http://www.jornada.unam.mx/2002/03/31/sem-afganistan.html



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