viernes, 10 de junio de 2016

REINALDO BRAGADO BRETAÑA [18.859]


Reinaldo Bragado Bretaña 

(La Habana, Cuba, 1953 - Miami, EE. UU., 2005). Se graduó de Licenciatura en Historia en la Universidad de La Habana. En 1977 fue arrestado y condenado por intentar abandonar el país. Bragado fue liberado en 1981 y no cesó en sus empeños literarios, que fueron invalidados por la censura. Se integró a las actividades del Comité cubano de derechos Humanos, donde dirigió la sección de arte y fomentó las creaciones independientes. Salió al exilio en 1988 y se radicó en Miami, donde desarrolló una prolífica obra narrativa, ensayística y periodística. Fue columnista de Diario Las Américas. Entre sus obras más conocidas figuran las novelas La estación equivocada (1988), La ciudad hechizada (Finalista en el concurso “Letras de Oro” de 1989) y La noche vigilada (publicada en inglés en el año 2004); también sus libros de cuentos Bajo el sombrero y En torno al cero, y sus poemarios El álbum de las sombrillas (1995) y Curazao 24: cuidado con el perro (2004). Publicó además La Fisura, dos tomos de testimonios sobre los derechos humanos en Cuba. En Miami creó también el Magazín literario El pequeño Café.


Caligrafía

Tengo una pésima caligrafía.
Cuando escribo silencio me sale ruido
y las letras conspiran en el papel
para formar palabras que no quiero.
Tengo una pésima caligrafía
tal vez porque soy zurdo
y lo que escribo no es premeditado.
Pero nadie me cree,
nadie,
y me culpan por lo que escribo
a pesar de que tengo una pésima caligrafía.


Corales
 
Ojos de llovizna que fabrican la columna al cielo.
La danza termina en el espacio de pan y vino
y todos bostezan el aburrimiento del sol.
Es tremendo navegar sin sueño,
cruzar el mapa con la fuerza única de los fósiles.
Todo alineado tras el cepillo profiláctico.
Higiene y orden.
La muerte sabe a musgo y veo burbujas bajo el agua.
Hay un naufragio majestuoso en el centro de mi cuarto.
 
 
El camuflaje
 
La vecina siempre está en su puerta
cuando entro a casa.
Tal vez le llame la atención que yo sea joven aún,
que sonría
o que no espere por el pan.
Ellos y los otros
me miran de un modo raro.
Algunos transeúntes vuelven la cabeza
cuando paso
y estudian mi talante.
Temo que ya noten mis ideas
por encima de la piel.
No sé qué será de mí
cuando no tenga camuflaje.
Espero que un hada maravillosa me salve
con un beso de suerte
o algún sombrero divino que oculte mi identidad.
 
 

Manual de recursos para vivir hasta mañana
 
Para llegar vivo a mañana
podría inventar varias cosas.
Escuchar a los Beatles siempre ayuda a superar el día,
o decir a cualquier mujer
“ámame como si fuera otro durante la noche, por favor”,
hasta caer agotados al amanecer
cuando en el barrio se escuchan ruidos de desayuno
y preparativos de trabajo.
Puedo hablar por teléfono con un amigo
y escuchar su alegría,
permitir que me toque
a través de alguna canción de espera.
Puedo inventar bañarme,
afeitarme y vestir ropas limpias
para salir al mundo disfrazado de hombre cuerdo y uniformado.
También tomar café sorbo a sorbo
hasta caer intoxicado
o fumar demasiado para mis pulmones
hasta toser el aburrimiento.
Puedo preparar un banquete de mendigos,
aceptar alguna visita que me dejará vacío,
tomar el sol,
nadar en la playa.
Puedo llenar otra cuartilla de una novela inconclusa.
Puedo pensar en Dios,
en alguien que esté peor
y también puedo mirar al espejo
y observar mi cuerpo desnudo
desintegrarse con la época.
Para vivir hasta mañana puedo inventar varios trucos,
variantes de trampas de otras trampas y así,
al menos,
llego a mañana respirando
y podré leer este poema como un manual de recursos
para vivir hasta mañana.
 
 
La cerradura
 
La cerradura murmura combinaciones
que predicen universos.
A veces me encierra
a soledad hermética de libros y música.
Otras me libera
Abriendo al mundo la puerta única.
 
Por la cerradura espío y me espían.
Tengo la llave colgada al cuello
y envejece conmigo.
Hay cerraduras para cada habitación
y es sólo cuestión de tacto
lograr que liberen o encierren.
 
Las cerraduras las inventó el hombre
y el hombre las disfruta o las sufre:
siempre hay algún inventor de cerraduras
para cualquier habitación ocupada.



Consejo para un viaje

Te lo aseguro yo que regreso de un viaje largo.
Debes guardar el beso como algo sagrado,
sujetarlo junto al árbol sabio,
no mirar los lados y seguir.
Si alguien te hala
no caigas en la trampa.
Guarda tu beso,
cuídate de lobos y ovejas,
de solícitos guías
y protectores padres voluntarios.
Te dirán miel en las palabras
para drogar tus sentidos
No creas.
Te lo aseguro yo que regreso de un largo viaje largo.
Y perdí muchos besos en el camino.

 

Las prendas de vestir poseen vida propia

Mi pantalón esta estrujado.
Veo el espejo y las aldabas,
los trucos de tu cuerpo que ya no engañan.
Leo en tu mano
las desventuras de una verja.
Mi pantalón esta estrujado,
un zapato desertó y la fina lluvia
amenaza el almuerzo
Clavé en la fachada
un aviso perturbador esta mañana.
Nadie pregunta y solo vigila mi pantalón estrujado


Estados de ánimo

Hay estados de ánimo inexplicables,
como descansar un rato o no escuchar más,
decir a cualquier paseante préstame tu sombrero y
toma el mío,
o gritar frente a una estatua
palabras que sólo los muertos escuchan sin inmutarse.
También el desvelo,
el amor,
el apetito
y el deseo de comer una naranja azul.
Hay estados de ánimo inexplicables,
que nadie entiende,
que no llegan a parte alguna,
que son exclusivo privilegio del demandado.
Hay estados de ánimo que provocan diluvios
y el exterminio de las arcas.

Estos textos pertenecen al libro Curazao 24: cuidado con el perro (Editorial Outsider, 2004).
 






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