domingo, 20 de noviembre de 2016

BÁRBARA ALÍ [19.595]


Bárbara Alí 

Nació en Buenos Aires, el 3 de febrero de 1984. Es Licenciada y Profesora en Letras (UBA). Actualmente cursa la Maestría en Crítica y Difusión de las Artes (UNA). Es docente de Lengua y Literatura en escuela primaria y media. En el 2014 obtuvo una mención en el Concurso Pablo Neruda (organizado por la Fundación Pablo Neruda- Chile- y la Universidad Nacional de Córdoba).  Participó en la Antología Poética El Rayo Verde 2015. 

La mancha de los días, (Qué diría Victor Hugo?, Buenos Aires, 2016), es su primer poemario publicado.


Repetición

proyectabas sobre muros derruidos
películas de marionetas de colores bailando
afuera el sol amarilleaba las hojas
carruseles giraban con caballos de cuentos
nunca entendí por qué cerrabas las cortinas
soñabas sobre la pared      
amarrabas fuerte un anillo roto
quizás pensabas que vencías al villano de esa historia


Piedra lunar

la curandera habla de una piedra
que está escondida en el fondo de mi cabeza
hecha de sombras de veneno de noche de hojas secas
que por eso miro alucinada la luna
que hay que escarbar con un trozo de espejo

veo los dados del tiempo
rodar sobre un tapiz negro
qué dirán los números sobre el sol
en el cruce de cuándo y dónde nos encontraremos

cuántas piedras moveré
para hacer el poema
qué dice la magia de esta gramática rota

de las semillas doradas
nacerán hijos de fuego
los he visto en sueños

lo sé.





Te dije
una noche de verano
cuando el excesivo calor
abría las flores:
hay en el silencio
alguien que habla
en un idioma
que nunca llegaremos
a comprender.
La sombra
de los árboles
cortaba tu cuerpo
en dos.
Tampoco
la luz de la luna
alcanzaba
para ver.
Me dijiste
que pisara
las hojas caídas
en el suelo
los pétalos
amarillos y blandos
que todo lo que se muere
toma el color
de lo que alguna vez
quiso alcanzar
la textura
de lo que se abandona
a la pura inercia.
¿No es la mentira
otra forma
de la mancha?
¿Algo que esconde
el comienzo
en el fondo?
Quizás las palabras
sean otra forma
de la mancha
del pincel
sobre el lienzo
pincelada tras pincelada
toma forma
el dibujo.


*


Eso que ves ahí
ovalada, imperfecta
sucia
es la mancha
que fueron dejando
los días.
Sucede por acumulación:
cuando la materia
no encuentra lugar
se deposita sobre sí
capa sobre capa
se tapa
a sí misma
¿Se va tachando?
¿A fuerza de negación
se acrecienta
la oscuridad?
¿No nacieron así
la piedra y la montaña
por repetición
de lo mismo?
Y si la piedra
pesara demasiado
ya no podría
moverse.
Aplastaría las raíces.
Correrían riesgo
las flores.
¿Quedaría allí
algo más que el recuerdo
de lo que quiso crecer
sin saber
cómo?


*

Habría que empezar
a contar todo de nuevo:
justo cuando querés
hablar de una habitación
en forma de pecera
de tu boca haciendo fuerza
para abrirse, la mandíbula
trabada, los dientes apretados
el gesto de defensa
condensado en los ojos
aparecen las antenas
de los edificios más altos
los cables cruzando el cielo
como un arañazo negro
sobre el cielo azul.
Es que siempre el cielo
fue un lugar de huida
cuando la tierra
empezaba a agrietarse.
No es casualidad
que mires el cielo
es el lugar
del deseo.


*


Dicen que hay que desear
cuando la estrella fugaz
está cayendo
quizás porque
el espacio vacío
que deja lo que se va
es lo que más tarde
podría poblarse.


*


A quién preguntarle
qué falló
la nieve también ensucia
con su frialdad
deja una aureola oscura
sobre el nombre.
Olvidaste tu libertad
como se olvidan
las paredes de una casa
que te separan
del afuera
¿cómo reconstruir
ahora el armazón
de tus huesos
si están desparramados
bajo una tierra
de silencio?
Debajo del silencio
estás vos
tapada por la sombra
del pájaro
que te lleva.
¿No es la sombra
que proyecta el ave
en el suelo
una prueba
de su culpabilidad?


*


Hoy la mancha
es esa nube en la memoria
que se interpone
entre una palabra
y su significado.
Hoy querés regresar
al principio del camino
no para volver a recorrerlo
sino para saber
el color y tamaño de las piedras
que pisaste un día
Siempre saber
se vuelve un movimiento
en reversa.







Fueron las plantas
que crecieron sobre
la ventana
hasta tapar la luz
postergabas día a día
la poda
dejabas para mañana
el remedio
para combatir los insectos
que de noche
no te dejaban dormir.
Sabías que tenías
que colocarte
a un costado
de la corriente
que el agua trae restos
que no pueden ni deben
servir de alimento.
Cuando te quisiste acordar
ya todo estaba adentro
y empezaba a dibujarse
la mancha
que había dejado el agua
                                 a su paso.

¿Habrá alguna forma
de que algo pase
sin dejar huella?




.

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