lunes, 7 de mayo de 2012

6732.- JAIME RUIZ


Jaime Ruiz
Villahermosa, MÉXICO  1975
Poeta y ensayista. Realizó estudios de Comunicación en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT). Ha participado en diversos talleres literarios y ha trabajado en radio y edición. Fue fundador y co-coordinador del taller literario juvenil En Busca del Tiempo Perdido, en Villahermosa. Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tabasco en dos ocasiones. Es coautor del libro de ensayos José Carlos Becerra. Los signos de la búsqueda (Fondo Editorial Tierra Adentro/UJAT, 2003) y de la plaquette Lo que diga el poeta (H. Municipio de Centro, 2007). Sus poemas están incluidos en la Nueva antología de poetas tabasqueños contemporáneos (UJAT, 2006), en diarios y revistas estatales y nacionales.



 
Poética

El viejo autorretrato

Te he visto   conozco
lo que has sido
un ahogado en libertades
Mojarte en vientos
y aguas solidarias

Te he visto con tus pasos
bañando ríos de ti
playas con los besos que te han prestado

Te he visto también
aprisionado como un tigre en sus bengalas tragarte tu asco   tu silencio
caminar la inocencia del sadismo
entre cenizas   brasas   humo agonizantes
     de cigarro

Te he visto ser el fuego
la cura   la herida
la sangre de la espina en que descansa el
     dolor

Y te he visto al fin contemplando tu propio
     hundimiento
espantar al calor como a los moscos
y crecer como el día
y como la noche
y derramarte en gotas de brillos durmiendo

Y la gente te llama imbécil   idiota   poeta
traes el perdón y el pecado en cada que
    haces

Y yo te he visto   me he fijado últimamente
eres como un vaso de agua seca   que cae
     y se derrama
y moja

Conozco he visto
lo que has sido siempre
Un ahogado en libertades
Un poco tonto
un poco amargo
Un poco
Siempre





Presagio

Por los pies
por los oídos
por la guitarra loca de los dedos
entra la muerte fría
el sueño del insomnio
el frío amoroso de la muerte

Entra
un presagio de polvo
un viento sin amor
sin casa en nuestro mundo

Por los ojos desnudos
por la palma de los huesos
a la luz en penumbras
la muerte
entra y se acomoda
                              Tres metros bajo el alma







El sol en nuestras lágrimas

Hay fantasmas que buscan
Nuestros ojos esconden:
ruido de eclipses
agujas en las niñas
sombras
                       párpados
El sol espía en nuestras lágrimas
en las ventanas
en las piernas que cierra octubre recién salido del baño
en los brazos cruzados de noviembres

          En la sonrisa infantil
                                     de enero-niño
                                     —con olor a pólvora en las manos—
Abre los años como regalos
Explota de alegría y retrasados petardos







Cómo retrasar la aparición de las ausencias

una vez que aparecen
no hay poder capaz de ahuyentarlas

José Carlos Becerra

¿Cuántas ausencias caben en la espina dorsal del corazón
Cómo meterlas ahí
acomodarlas
                    en los nombres sin cuerpo
                    entre los besos podridos
y algunos octubres que los espejos no pudieron guardar
en cementerios del alma?

Enfrascarlas como albahaca
como mirada en el olvido
                                             como al dolor
con que la vida nos alegra

Sacudir la soledad sin que salpique
sin que se destruyan nuestras frases derrumbadas
en el aire sin castillos
nuestra libertad acorralada

Sin agujas que despeinan la mirada
sean dos hielos heridos bajo el sol en plenilunio
Como el sueño de un pez despierto
que nada en la angustia de la piedra
el pez que nada sabe del agua
                                          y nada
por el agua sin sabor a nada
—mezcla de todo—
                           no sabe nada

“El saco de mi corazón” es una bolsa escasa:
sin las tardes lluviosas
sin las muelas dolientes del amor
sin el fuego que entume la distancia
como el oro tallado en los crepúsculos
como una máscara
(un velo
una corona
una mirada)
              que Dios
                  deja
                  caer
                           y acuchilla a la noche en las estrellas

su luz amarga
sangra en nuestras niñas más traviesas

¿Cómo retrasar el paso
de este tiempo
Cómo doblar alegres las manzanas
la ciudad    la luz
la tarde tropezando en la sonrisa?

¿Cómo retrasar el paso de los cuerpos
el paso de los pasos
como al papel de cartas no pensadas
al reloj de manecillas de oro
los gallos que despiertan el insomnio de fantasmas?

¿Cómo suspender el tiempo
en las palmeras de la mano?

domesticar a las ausencias:
octubres enfrascados entre abejas
y las tardes que ya no pudimos guardar
en alcancías de la infancia
donde ahorramos dolor

La soledad es lluvia
que arrecia en los ojos

Desde esta soledad a solas
sin testigos
y sin que nadie vea

Tu ausencia
                  desaparece
sin hacer ruido de sombras
                                      En ausencias de tu ausencia


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