lunes, 8 de agosto de 2016

YESSICA ARTEAGA IBAL [19.049]

Fotógrafa Zurisaday Gómez


YESSICA ARTEAGA IBAL

Yessica Arteaga Ibal (La Habana, Cuba 1988). Poeta. Miembro de la AHS. Licenciada en Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Mención especial en el concurso de Poesía Juan Francisco Manzano 2013 de la Casa de la Cultura Julián del Casal. Segundo Premio en Certamen Internacional de Micropoemas de Humor en Invierno “Al calor de la risa” de la editorial Letras Como Espada. Finalista del III Certamen Internacional de Poesía Disertaciones. Beca de la Asociación Hermanos Saíz “El Reino de este mundo” con el proyecto Luces atrave(r)sadas de Zurisaday Gómez Torres. Su obra se encuentra publicada en varias antologías internacionales y de su país.




Rescate

El rostro de las manos,
dócil reto.
Respiro robusto del escape.
¿Será norte o sur?
belleza cardinal,
cuadro de ojos secos.
Decir: vivirás,
para contar los días,
para saltar las olas 
y rozar la tierra.
Las alas no son el camino,
ni el mechón que seca la lágrima.
En mis manos estuvo el amor todo
y todo se me ha ido de las manos.

 

 
 
Escape
 
Me gustan los pozos vacíos 
Las caídas de agua,
El ave que escapa,
El proyectil que genera la cicatriz del espacio,
Las ballestas que descubren manzanas,
Las mujeres que mutilan sus senos
Y encuentran placer en el reflejo,
Las jaulas donde despiertan alas,
La semilla que se precipita y busca el auxilio de las manos,
La sensación de sorprender a la serpiente, liberación de la carne.
En este momento,
la moneda mueve la cuerda alrededor de mi cuello.
 
 

 
Abandono
 
Emerjo del fondo del sol, donde los charcos sueñan con ser mares,
donde tu brisa dejó de ser la tormenta que bebí,
no quiero tu semblante de pozo vacío,
Destrocé la taza de café con tus labios,
Serví tu piel de río seco a la mugre,
acomodé las algas de mi piel
para alimentar viejos recuerdos.
Hoy tus garras no bordan las estrellas.
No quiero más
la soledad de regalo.
 

Anatomía del pozo 
porYessica Arteaga Ibal

I

El pozo es negro,
yo confundo el negro con el rojo,
el azul con el gris.
Entonces el pozo tiene flores mustias,
yo las veo rojas, el mustio es triste,
y la lágrima en mis ojos es roja.
Veo un candil en la palabra del pozo,
pero mi madre dice que su voz es ruin.
¿Será ruin la palabra del pozo, o la voz de mi madre?
Yo observo el pozo y el pozo me mira a mí.


II

La hora era triste y el temor se enredaba
en el letargo del tiempo.
Se enmudeció el espejo
que vio el despertar de la tormenta,
esperaba una flor, un beso, un gorrión,
pero la madrugada se puso el velo de queja.
La canción lejos de mí,
su tez lejos de mí
y la mesticia corrompe las venas de los ojos,
donde el pozo se oscurece.
 

III

Me escondo en el pozo
Y el aire habanero es lo único que llega
La ventana oxida cada partícula de sal,
viajera del soplo.
Hoy diviso el llanto de la moneda que compró el sexo
y en el musgo me marchito por la habanera.
El anteojo tiene mellas de tanto ojear las puertas ciudadelas.
Manoseo las sábanas y busco cada orgasmo que perdí
en la intrascendente almohada,
donde se tatúan los centímetros grises.
No quiero salir y encontrar el novio vestido
con la fruta dulce en la mano
ni recapturar las calles y sus autos.
No quiero salir para escuchar palabras con hambre,
hoy solo quiero estar desnuda.

 

IV

Este brazo no llega,
el antro está en el cerebro
y no alcanza el grito del órgano
para señalar la ruina que viene en cortinas.
Estirar las pestañas esta noche es necesario,
abrir las arterias de las sombras
que traen nupcias rojas,
pero todo es igual que ayer, no alcanza.
Si traes un traje rosa no se lo muestres
al vientre del perro, ni fijes el incendio a la arcilla,
mejor bloquea el deseo,
porque, no basta.
Ya le pusiste el punto final a la cacofonía barata,
no lo convenciste de alterar la poesía,
de replegar el bostezo,
de no colgar la foto del mismo fantasma,
pero como todas las tardes en el pozo
el hacha se pudre.


V

Roce hueco que desnudó la planta,
regó el hueco, rizo fecundo de una señal.
Hay un eco en la acera de la luz transparente.
Vivo en la turbina y me escondo de las aguas,
de las gotas que no miran la tierra.
Debajo del bache vive la renuncia de unos ojos blancos
que ríen bajo la cruz de un párpado de luciérnaga.
Se destoca un mal tiempo
y tu roce es lánguido en una isla que espera.


VI

Sola, toco mi cabello,
delante otra historia, no se parece a la mía.
El mundo una esfera y yo el líquido aceitoso
que mueves sin importar el vidrio donde me rompo.
Domingo, soy un objeto que reza el camino,
mueca feliz, estatua de hielo,
pesadilla vertical,
sombra de la sombra.
Me ahorca el tildar del encéfalo,
una lágrima se desahoga
y el papel se hunde,
se retuerce en cada gota.
La otra historia termina,
yo sin los belfos que prometieron luces a esta cueva.

 
VII

He echado mil
al río terso que reza a la sangre,
el bálsamo cristalino de ti.
He echado mil, gotas ásperas, escalofrío
al nombre del alba, bajo tus pies.
No pertenezco a la voz,
ni al cadáver que rozó la cuerda
donde viaja el secreto al pez.
Te alzo sobre la hierba mojada de mis mejillas
y la tierra que esconde las cicatrices,
siente la enfermedad de vivir,
en el frío del hueso.


VIII

Hay un enigma en la corriente que mece los gatos en la noche,
un secreto en morir y seguir respirando.
Misterio en roer la fruta y confundir el pecado,
sentir que el hueco es profundo y dormir en su lecho.
Hay quien se ahoga en su voz,
mira a la especie y le pisa la mugre,
le abraza la espalda,
saborea la lengua y se moja las llagas.
Hay quien quema el cuerpo con la raíz del humo
y siente el llanto del horizonte,
lo adula, lo palpa y lo desdeña,
pero prefiere el tálamo de su piel marchita.


IX

Rindo a la palabra, la luz grave del pozo,
caminé en su oscuro y soy más sabia
destilé gotas de su hambre
y el coro de sus ramas me tejió un camino.
Construí una semilla del grano gris del cenote
y se aturde el viento si toca mi pelo.
Salí del pozo, estoy en la fila aguda del horizonte.
 

 



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