jueves, 10 de julio de 2014

SANTOS JUÁREZ FIALLOS [12.252]



Santos Juárez Fiallos

(Nació en Tegucigalpa, HONDURAS  el 8 de julio de 1916 y murió en la misma ciudad, el 9 de septiembre de  2005). Poeta, narrador y periodista. Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma. Como periodista fue Jefe de Redacción de la revista “Tegucigalpa”, y Director del semanario “El Tiempo”, 1951, y del diario “Prensa Libre”, 1954. Perteneció a la llamada Generación de la Dictadura, siendo el último exponente de esa Generación, en morir. Se le concedió el Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa”, en 1990.
OBRA. Poesía: Sólo es el viento amada (1982). Cuento: Los alegres años veintes y otros cuentos (1989).





MONÓLOGO DEL CAMINO

Por este día más en que amanezco, 
por el aire, Señor, que nos rodea, 
por el sol bienhechor yo te agradezco, 
por el bosque – rumor y melopea.
Por mi entorno, testigo de que crezco, 
por la lumbre de toda buena idea, 
porque siervo en tu predio permanezco, 
por tu mundo que afana y que recrea.
Por el pan que prodigas deferente, 
porque alivias el fuego de mi frente, 
por los días de lucha y de fatiga.
Por tu cuerpo mil veces repartido, 
por la dicha de haberte conocido, 
por tenderme tu santa mano amiga.





MINUTERO

Hay minutos tan sórdidos y grises, 
que convocan imágenes de espanto, 
nos saturan el alma de quebranto, 
y nos muestran la pena y sus matices.
Hay minutos de túrbidas raíces, 
con dureza de acero y calicanto, 
son las hojas punzantes del acanto, 
y nos marcan profundas cicatrices.
Pero hay otros azules de terneza, 
que nos traen la paz y la entereza, 
aunque vuelen fugaces como tamos.
Sin embargo al instante postrimero, 
Dios decide para el minutero,
al exacto segundo en que nos vamos.




MONÓLOGO DEL CAMINO

Soy camino de ancestro y señorío,
mi dureza carece de emociones.
Me visitan puntuales estaciones,
y adivino al invierno y el estío.
Primavera me muestra su atavío,
sus jardines copiosos de gorriones. 
El verano ceniza y socavones, 
el otoño, hojarasca y su rocío.
Es mi extraña virtud el no perderme, 
al contrario, me buscan los perdidos, 
y si me hallan bendicen a su suerte.
Sin embargo por siempre ha de dolerme, 
que se muestren los hombre sorprendidos, 
cuando saben los llevo hacia la muerte.






LEMPIRA

Señor incorruptible del gran ideal utópico
que diste generoso la sangre en la contienda;
eres como un coloso que llena la leyenda
con una hazaña mítica que vio la luz del trópico.
Y porque tu figura —señor de la floresta—
bordó del más heroico ribete la conquista,
mereces que la Historia, nombrándote se vista
esplendorosamente con un cantar de gesta.
Te vieron impasible, consecutivos soles,
sembrando de inquietudes los pechos españoles
—cacique, hermano digno del gran Caupolicán—.
El rayo que alevoso hirió tu roble fuerte,
quitándote la vida, te levantó en la muerte
y alzó tu monumento soberbio de titán.





MORAZÁN

Morazán: tu figura legendaria,
Todavía vigila tu terruño,
Cabalgando prosigue solitaria,
Con la espada flamígera en el puño.

Morazán: noble estampa de guerrero,
Recorriste del istmo los confines,
Los protervos huyeron de tu acero,
Egregio general de paladines.

Santo laico de espada y de cilicio,
Estadista de verbo tribunicio,
Indomable cruzado en tu corcel.

En memoria de todos tus ideales
Esta Patria te erige catedrales
Y te ofrenda el heráldico laurel.










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