sábado, 18 de octubre de 2014

GONZALO CANTÓ VILAPLANA [13.724]


Gonzalo Cantó Vilaplana

Gonzalo Cantó Vilaplana (Alcoy, 1859-Madrid, 1931) fue un periodista, dramaturgo y poeta español.

Cursó sus estudios en Madrid, donde colaboró en varias publicaciones como La Raza Latina, Blanco y Negro o Madrid Cómico, y fue redactor jefe del semanario satírico La Avispa, al tiempo que publicó artículos en diversos periódicos de Alcoy.

Fue nombrado hijo predilecto de Alcoy en el año 1923.

Obras

Casa editorial (1888), con Carlos Arniches
La leyenda del monje (1890), con Carlos Arniches
El fuego de San Telmo (1898), con Carlos Arniches
El asistente del coronel (1898)
El maño (1906)
La real mentira (1906)

Poesía

Buenaventinas (1917)




AURORA Y OCASO 

Tarde llegas a mí, tierna criatura,
arquetipo del ser más delicado;
tarde llegas a mí; mas te he besado
y no puedo esperar mayor ventura.

La ilusión, el amor y la ternura,
al besarte, en mi pecho has despertado,
y el corazón, de palpitar cansado,
late cerca de ti con más soltura.

Llegas tarde a mis brazos, y por eso
despierto se me encuentra a toda hora
siempre esperando que me des un beso.

¡El beso del ocaso y de la aurora!...
Turna la noche con su manto espeso;
la aurora ríe y el ocaso llora.




FICCIONES VIDA Y OBRA DE GONZALO CANTÓ VILAPLANA
POR CARLOS VALLS GARCÍA

(FRAGMENTOS)




VERDAD. 

Pues más adulteración
verás en la sociedad.
De sus defectos insanos
estoy harta, lo confieso; 
el mundo está como el queso
Rochefort, lleno de gusanos.

(La verdad desnuda, p. 22).




Como llegue a ser un hecho 
el submarino Peral,
iremos a cantar coplas
al Peñón de Gibraltar.
Y una vez que ya logremos
por el estrecho pasar...
puntos suspensivos,
más vale callar. 

(Ortografía, p. 41).




Las manías

MAN.—Por ti, bien mío,
la lira pulso;
sensibles fi bras
sus cuerdas son.
Así las notas
dulces que vierte
hieren directas
al corazón.

MAR.—¿Qué de mí fuera
sin tu cariño?
¿Qué de la vida
sin fe ni amor?
Campo sin fl ores,
árbol sin hojas,
noche sin luna,
día sin sol.

CON.—Cloc, cloc,
cantaba la rana
cloc, cloc,
debajo del agua.

INO.—Y el cuco, que no dormía,
cu, cu,
cu, cu,
repetía.

(Las manías, p. 26-27).





La Noche 

¡Qué penita es estar preso
detrás de una reja fría
Y sin poder darte un beso,
morena del alma mía!
¡Yo beso la reja 
que tu mano toca,
pero ella me deja 
amarga la boca!



En La leyenda del monje escuchamos la historia fantástica a través de un cantable interpretado por Martina, composición de un tono poético exquisito:


MARTINA.— A una pescadora,
como dos no había,
un monje en mal hora,
amó sin pudor,
y con gran misterio
a nado venía
desde el Monasterio
a calmar su amor.
Para que acudiera
el monje a la cita,
en dónde él la viera
ponía una luz; 
y el monje malvado,
con ansia infinita,
por ir a su lado
dejaba la cruz.
De esta infamia poco a poco
enterose el pescador,
y juró, de celos loco,
castigar al seductor.
Y una noche, entre las rocas,
el farol colgó el marino,
por si el monje libertino
acudía a la señal;
y quedándose en acecho,
al verle llegar a nado,
en el pecho del malvado
clavó su agudo puñal.
A la clara luz del día
descubrieron
los que fueron
a pescar,
su cadáver solitario,
que tenía 
por sudario
las olas del mar.
Y en las noches de calma
y recogimiento,
se ve siempre el alma
del monje vagar,
cual frágil barquilla,
juguete del viento,
sin remos ni quilla
perdida en el mar.
Desde el día 
misterioso
de aquel crimen
tan cruel,
no hay ninguna
pescadora
que a su esposo
le sea infiel.

(La leyenda del monje, p. 6-7).




VIEJOS Y VIEJAS.— Música.
El pasante que tiene el notario
que es un chico de mucha conciencia
nos ha dicho al salir del rosario
con misterio lo del medallón.
Nos ha hablado del conde y del hijo
y que al hijo le deja una herencia
aunque nada se sabe de fi jo
y se ignora si es hembra o varón.
¿Quién podrá ser
esa mujer
que el conde amó?
Nunca lo creí.
Cuando hoy lo oí
me sorprendió.
¿Será la Pascuala?
¿Será la Manuela
que ha sido muy mala
en su juventud?
¿Será la tía Gala?
Porque la tía Mela
ha sido modela
y aún es de virtud.
Quién podrá ser
esa mujer
etc., etc.,

(Las peluconas, p. 361)



El Cristo de la Luz, misterio en un acto, inspirado en una leyenda toledana, y que según Adrián Miró no fue estrenado, asienta sus valores literarios en la calidad poética y en los efectos teatrales —sobre todo, los luminotécnicos— encargados de diseminar un halo misterioso-legendario. Gonzalo Cantó une en este caso su pluma a la de Leopoldo López de Sáa, buen poeta, que tuvo mucho que ver en la pulcra ejecución poética de la pieza. 


¡Llega el día! La luz vaga
del amanecer, oculta
el error que se sepulta
con la vida que se apaga.
Crepúsculos de ilusión
la vida humana refl eja.
¡Ay del que apagarse deja
la fe de su corazón!
¡Jesús de Getsemaní!
¡Dios de la tierra y del cielo!
Ya que mi amor y mi anhelo
por tu piedad conseguí,
no me niegues de tu Cruz
la claridad protectora.
¡Muéstrate a la que te adora!
¡Salve, Cristo de la Luz!

(El Cristo de la Luz, p. 46).




El gobierno de Dato pidió a Cantó que escribiera el Himno a Cervantes, en su último centenario, encargo que el bueno de don Gonzalo no llegó a cobrar. Reproducimos aquí el Himno, al no haberlo hallado en ninguna de las publicaciones sobre el autor:




I

Príncipe excelso del patrio idioma,
triste cautivo, bravo guerrero,
nuevos laureles de grato aroma
pone a tus plantas el pueblo ibero.

Poeta que las musas llevaron al Parnaso
con Tirso y Garcilaso, con Lope y Alarcón,
en raudo pensamiento ha sido tu Pegaso, 
y en él por todo el orbe corrió tu inspiración.

Y ya que el mundo tu nombre aclama
y a honrar España va tu memoria
las aúreas trompas cantan tu fama
y los poetas himnos de gloria. 

Tu busto se destaca nimbado de arrebol
y al genio portentoso admira el pueblo en él;
su trono sempiterno de luz te brinda el sol
que tiene sus más vivos destellos por dosel.


II

Trasunto somos, fi el semejanza
de un cuerpo loco, de un sabio zote; 
todos llevamos un Sancho Panza
como escudero de Don Quijote.

Unidas las banderas, el pueblo americano
pregona con España su hermosa creación,
al ver con alegría que se habla el castellano
por todo el nuevo mundo, que descubrió Colón.

En esa lucha desesperada
que con galana pluma describes, 
rendiste al turco mano y espada
mas no la pluma, por la que aún vives.

Tus glorias van contando con júbilo y amor
las aves por el aire, las olas por el mar,
y alegres los obreros suspenden su labor
y en alabanza tuya disponense a cantar.




Quintilla inédita, improvisada y recopilada por Enrique Botella Martín:


“De vindre sempre tinc ganes
tan sols per vore les chiques
perque son com fl ors tempranes
¡Ay, que cares mes boniques!
Les de les meues paisanes”.













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