sábado, 29 de marzo de 2014

ARTURO SÁNCHEZ [11.383]


Arturo Sánchez

Nació en Barcelona en 1990. Dice ser poeta. Le gustaría ser poeta. Incluso dice a su familia que es poeta. No hay pruebas fehacientes de que lo sea. Sin embargo sí parece ser estudiante máster de literatura comparada en la Ecole Normale Supérieure de Lyon. También se le ha visto fugazmente por los pasillos de France Culture. Física y espiritualmente vive a caballo entre Francia y España. En medio está, con las puertas abiertas, Palpitatio Lauri. Su primer poemario, Un incendio en cada oasis, ha sido publicado por 89Plus y LUMA foundation en el marco de la exposición "Poetry will be made by all", en la que, además, ha participado con el pomposo título de consejero global. Algunos de sus poemas han sido incluídos en la antología Apuestas: nueve poetas nuevos, de La Bella Varsovia. Si muriera le gustaría reencarnarse en un personaje de Tarantino. 



Hep nº1

Humility is beatness

La humildad es la beatitud
La humildad es el golpe
La humildad es el ritmo
La humildad es el latido
Y no no no
yo no no
yo no soy humilde

Soy un ladrón flexible como un dibujo
En los tejados de la noche

¡Sácanos de aquí!

Dando fuerte
Donde duele
La salvación me golpea en el hígado

“Chaval, mira bien por dónde vas no se te vayan a caer los ojos” dicen pero bien se nos podrían caer los ojos y metérsenos en los zapatos “¡Para un momento! ¡Tengo una piedra en el zapato! ¡Joder cómo duele!”

Y cuando suenen las campanas en la noche electrónica
Y cuando los neones de colores iluminen la capilla
Y cuando broten pompas de jabón de la boca de las señoras
Y cuando salgan cuervos y astros y jabalís de la boca de los señores

¡Y CUANDO EN DEFINITIVA SE CUMPLA EL DESIGNIO DE LA MENTE!

Bailaremos con cocodrilos.

Oh doucement mon amour en esta lúgubre fiesta de interrogantes y flamencos lisérgicos que picotean con saña mi córtex mescalínico

Dámelo
Dámelo
Dámelo

¡Oh, me rindo al culto pagano y bárbaro y sanguinario y sacrifico pollos sobre el altar de un sobrenatural Cervantes!

WHOAAAAA!!!

Porque la humildad es el ritmo

Y lo dije
Y lo repito
Que volverá
(que vuelve)
el Tiempo de los Asesinos
La era de los jinetes locos
Baal-Babilonio y Atila Mascaneuronas.

El asesino viaja en el asiento del copiloto.
Está exhausto.

Porque la humildad es la beatitud.

Mátanos

Murciélagos en el armario y serpientes entre las sábanas.

Sálvanos

“Eh chico, mejor que dejes de ver cocodrilos donde solo hay cascanueces”
Y acaso acaso acaso
No se trata de eso
exactamente de eso
sola y exclusivamente de eso

Se levantarán astros de goma

Porque la humildad es el golpe

No soy creyente
No soy de aquí
No soy azul
No soy sabio
No creo
No creo
No creo

Yo también tengo derecho a cantar el blues y a soñar que vibro y sudo y tengo convulsiones en un concierto de Dizzy Gillepsie aunque hoy se llame Parov Stelar

Estelas de un buen poema
Esto no es un buen poema
Esto es encerrar el cosmos en una palabra

Porque la humildad es el latido

Escucha aquí la ausencia de desidia

¡Baal! ¡Bájate del árbol ya, ya no estoy jugando!
Ya no estoy jugando, Baal.

Suena el Blues de Babilonia
Sweet tune.

Suena el Blues de Babilonia en el saxofón

En el día de la resurrección

Aprendiendo a destruir un mundo y renacer

Despeinados y con las pupilas dilatadas

Porque soy la beatitud
Y soy el golpe
Y soy el ritmo
Y soy el latido
Y soy
¡Oh! Ya lo creo
Soy
Soy humilde.







Uno, dos, tres

Mi espíritu ya no me pertenece. Es decir, tal vez yo ya no estoy en mi cerebro. Pero alguien ha dejado una ventana abierta. Mis pensamientos no me pertenecen, porque no los he hecho.

Esto es mucho más simple de lo que parece.

Conozco el placer de la alienación.

Mi pérdida de poder es una impostura inevitable. La hipocresía de mi espíritu es necesaria.

Ya no hago pie en mi pensamiento.

En el océano, me paro y me dejo hundir en la profundidad verde e infinita. La mirada ya no ve nada; el frío paraliza manos y pies – surge entonces la felicidad.








Mi pensamiento se trasviste en un carnaval de una lentitud fisiológicamente malsana.

Yo ya no tiene nada que ver. Él construye palacios sobre niebla, que se derrumban con estruendo en una retirada de horizonte. El agua regresa en imágenes y sonidos, fría de desconocido – y él se deja hacer. Los recuerdos surgen y se demoran, un momento, como relámpagos extraviados. Luego invoca castillos de futuro, castillos a los que no falta ningún detalle, y que se hacen añicos cuando tropieza con esto.

El gozo eyaculatorio es entonces neuronal y eléctrico.







Con la llegada de la marea, el pensamiento pierde consistencia. De lejos, perece robusto; pero cuando la mano lo roza, el retrato se funde en una niebla que descompone los colores. Se sabe que el viento no tolera sino el gris.

La brisa derrumba los muros.

Soy un umbral.








Plegaria extraviada 

¿Qué les pasó a los palacios de barro y a las sonrisas en el puerto exhausto?
No temíamos el contagio en el suelo sucio, en las tierras del Terror o bajo los neones sin resurrección.
Todo esto es muy raro.
Siento en mis muñecas las raíces de la desinfección y aun así

Pavos reales de otros mundos viven en gasolineras abandonadas
Perros feroces aúllan a la luna helada, melancólicos, estresados y depresivos.

Eduardo Manostijeras se pasea sonriente en las mieses.
Cambiaré el yodo por pinturas de guerra y el alcohol por sangre.
Me rodean incontables ojos de hombrecillos de arcilla.
El tigre sonriente ha pasado como un ovni

Recordado solo en las fantasías de los locos.

El chamán de veinte años ha vivido todas las vidas

Y llora en un local okupa desertado.

¿Qué fue del beato vagabundo de sol y asfalto?

¿Dónde acabó el american bum?

Y jurarían haberle conocido, algunos hombres nacidos por la mañana.
Hemos viajado de la hospitalidad al hospital en una fuga de sumisión.
A partir de ahora quiero que se me conozca como el perro con botas.

Venid a husmear conmigo los perfumes olimpiacos de las estaciones de servicio.

Espiritual ateo y generoso demente, perro con botas, ¿adónde fuiste?
Chamán de veinte años, tigre sonriente, perro con botas, santa trinidad del ángel borracho a tientas en la tierra.
Buscaré un baño de gasolinera para lavarme de la convicción aséptica.
Compraré un fusil para disparar a las nubes de ojos como estorninos.
Se abren los infiernos y vuelven a brotar en la tierra los locos enamorados.
Cuándo será que las parejas enamoradas volverán a jugar desnudos en el colchón sin sábanas de una habitación vieja y destartalada.
Aquellos que, hasta las cejas de marihuana, seguían filosofando en el metro nocturno.

Aquellos que descargaban barcos en el puerto y solo se perdían en libros viejos.

Me escuchan con sorna los convictos artífices de su suerte en la ciudad esterilizada.
Convictos de la convicción con sonrisas de reojo, hombrecillos de arcilla.
Y apagaré las luces y las señales. 

Deberá volver la aurora, bestia de sangre, a cubrir el planeta.
El mundo se tiñe de rojo cuando las venas explotan en los ojos. 
El asesinato se repetirá.
Sácanos ya del hospital.

Ángel ebrio, que estás por los suelos

Santificado sea tu nombre.




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