lunes, 24 de marzo de 2014

FRAN SEISDOBLE FARFÁN [11.348]

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Francisco José Dorado -Fran Seisdoble Farfán-

(Mairena del Aljarafe, SEVILLA 1990). Estudiante de periodismo en la Universidad de Sevilla y activista político.
Escritor autodidacta, su obra comprometida consta de lo vital, tomando partido en ello y nacida directamente de la experiencia diaria y personal.
Actualmente escribe en el blog Carnívoro Cuchillo 
(http://retazoseinsomnios.blogspot.com.es/). 




Sensación: hipnosis

Soy el espejo que te increpa,
la llanura binaria que florece como hiedra
y me pego a tus pupilas
y tensiono tu mandíbula
y vivo de la faz de zombi
que se te ha quedado.
Imbécil.







Al emigrante y
al viajero de exilio soterrado.
También a Néstor y Jimmy, por las búsquedas.

Llevamos las manos frías y el cuerpo abierto
con el desaliento de lo precedido
y el abismo impredecible de la despedida.

Es el vacío enorme del errante
que nos apoca
mientras los pasajeros acuden a la puerta 6
de la terminal 1
con vetetúasaber
qué destino

o mientras los bultos
se desvanecen a nuestro alrededor
y el autobús
o el tren
dejan un rastro de hierro y nostalgia
en el aire.

Exiliados de nuevo porte,
del porte de siempre,
de bolsillos rotos y relojes vacíos,
de supervivencia lacónica y austera,

somos acosados por amaneceres intempestivos
y la futilidad acechando
en cada café.

Nada nos queda fijo
más allá del recuerdo
con el diafragma compungido
y la velocidad a 1/125.







A la superestructura 

Hieren tus anuncios,
tus programas y tus informativos.
Hieren en el pecho y la cabeza,
en tantos futuros rompiendo el cascarón.

Hiere tu éxito individual
imposible de alcanzar sin pisar,
hieren tus lujos,
tu prototipo hercúleo
y tu noventa sesenta noventa.
Hieren tus valores de acicate y doble fondo.

Nada hay que cause más daño
que tu hegemónica mirada del mundo,
tu ponderación a conveniencia,
tu di-simulado silencio.

No dejas escapar un momento
sin que alguien se avergüence de sí,
sin suscitar                                                  
vacío,
insatisfacción perenne,
superficie borrascosa,
insaciable consumo.






Naufragio

He naufragado un universo en tres segundos,
me he perdido mil años
en una calma de azabache,
en la mirada de aplomo
tendida en una calle comercial.
Y he sentido escalofrío
en la nostalgia de lo que no viví,
me atravesaron sus días
como un rayo de auxilio,
como una cura de humildad.







La bala

No era la pólvora,
el plomo,
la cápsula,
el chasquido,
la chispa,
la bala en sí.

Fue la chispa del chasquido
en la cápsula de plomo
bramando entre pólvora.








Hay un naufragio de estertores en la almohada.
Boca de alpargata, bilis en la garganta,
la pared rezuma la resaca de ayer,
esa camiseta ahumada, este músculo quebrado.

Qué fácil es perderse al borde
de la madurez del año,
cuando el tiempo queda suspendido
en esta calle larga de chicharras y silencio.
Tanto va el tedio a la fuente…
y siempre está seca.
En este domingo de treinta y un días
no hay palo que aguante su vela,
ni cabeza serena
en días de trece horas.

El declive de la insensatez,
relojes rotos golpeando la sien,
gritando qué hacer, septiembre, circo,
quiénes somos, qué seremos.
Periodo absurdo y triste,
como follar y despedirse con dos besos
o masturbarse con desgana
y la mirada perdida en el techo.

No diré que sangra la brújula
y busco cómo remendarla,
o que añoro sus pestañas acunadas en mi pecho
y el perfume de su cuerpo inundando las sábanas.
Me callaré el hambre, engulliré el vaso,
y volveré a despertar chapoteando
quién soy, qué hago con mi vida,
mientras vomito frustraciones en el baño.



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