lunes, 31 de octubre de 2016

JOSEFINA ROMO ARREGUI [19.429]



JOSEFINA ROMO ARREGUI (MARÍA SOLA)

Poeta de origen vasco nacida en Madrid en 1909 y muerta en 1979 en la misma ciudad.

Doctora en Filosofía y Letras. Completó sus estudios en Burdeos. Profesora de Lengua y Literatura españolas en la Universidad de Madrid. Colaboradora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 1958 emigró a Estados Unidos donde se dedicó a la enseñanza en el "City College" de la Universidad de Munici-Storr. En 1978 se repatria a su tierra. Es autora de libros de poesías como La peregrinación inmóvil y Cántico de María Sola (1949). Autora, además, de un buen número de obras como ensayista y erudita literaria.



JOSEFINA ROMO ARREGUI (MARÍA SOLA)



(Retrato por Manuel León Astruc, 1889-1964)


Josefina Romo Arregui, que publicó un único libro de poesía previamente a la Guerra, La peregrinación inmóvil (1932), se doctoró en Filosofía y Letras en el año 1944 y fue profesora en diversas universidades de los Estados Unidos. Además de escribir poesía, desarrolló una importante carrera académica como crítica literaria.



Fundó, así, con Miguel Ángel de Argumosa, la revista Alma y fue coeditara de Cuadernos literarios (1942- 1952). Además de La peregrinación inmóvil, escribió otros poemarios con anterioridad al año 1936, algunos de los cuales circularon en edición no venal que no he podido localizar: Romancero triste (1935) y Acuarelas (1936). Algunos títulos posteriores a 1936 son Cántico de María Sola, 1950; Isla sin tierra, 1955; 396 Elegías desde la orilla del triunfo, 1964; y Poemas de América, 1967, entre otros (Jiménez Faro 1996a: 193- 194). El 5 de mayo de 1932, Josefina Romo Arregui fue presentada en la sección “Cubilete de dados” del Heraldo de Madrid como “una nueva poetisa”, a raíz de la publicación de su primer poemario, La peregrinación inmóvil. Se la consideraba, así, una “promesa de la poesía, para la que se abre un porvenir brillante, ya que, en su primer libro, había sabido dar “de manera firme y decidida los primeros pasos” (S.a. 1932a: 8).



El libro La peregrinación inmóvil apareció precedido por un prólogo de Rafael Villaseca. Como su mismo título indica, está presidido por un anhelo de libertad que, ante la imposibilidad de realización, se busca a través de la imaginación y de la ensoñación, “peregrinación inmóvil”, que permite la posesión y alcance de todo aquello que se ansía:


Todo es nuestro sabiendo abrasarlo en la hoguera
vivificante, extraña, de la imaginación;
todo es ruta, no hay tregua, ni languidez, ni espera
si marcháis en su inmóvil peregrinación. 

(“La peregrinación inmóvil”, Romo Arregui 1932: 9- 10)


La escritura se convierte, desde este punto de vista, en un espacio de protección y refugio contra la falta de concreción y realidad de los deseos: 


“No anhelo humanas glorias (…) 
que fuera todo verso, que fuera todo amor 
y todo iluminarlo los ojos del Señor” 

(“Preludio”, ibid. 13- 14). 


El sujeto poético se presenta, así, como un sujeto en conflicto con el mundo, enfrentado a una realidad hiriente que nada le ofrece y que, a su entrega, tan sólo responde con desprecio: 


“Yo he buscado en la vida 
el amor y el placer,
y tan sólo he encontrado el egoísmo,
el hastío y la hiel” 

(“Nada existe”, ibid. 24). 


Ante la falta de correspondencia en el amor, el sujeto busca la comunión con los elementos de la naturaleza con los cuales entabla una relación simbiótica de intercambio de afectos: 


“Llevo dentro del alma un amor a las cosas,
que es la esencia suprema de mi amor a la vida;
mientras haya jazmines y pomas olorosos,
¡qué importa que la dicha para mí esté perdida!” 

(“El amor a las cosas”, ibid. 20- 21). 


Dios queda, por ello, también convertido en un refugio y en un consuelo por el cual se renuncia al mundo: 


“¡Señor! Quisiera hundirme
en un abismo de renunciación. 
Darlo todo, consuelo de sentirme
huérfano de las cosas, rico en Dios” 

(“Tener que dar”, ibid. 48- 49).


Junto a estos poemas de corte religioso tradicional, aparece una serie de textos en los que es más perceptible la influencia de la lírica popular y que forman parte de la sección “Romancillos”. En ellos, bajo la estructura métrica del romance, se tratan una serie de temas característicos como la llegada del año nuevo, las estaciones y las sensaciones a ellos asociadas (“Romancillo de invierno”, “Romancillo de verano”), determinadas festividades (“Romance de la Ascensión”), la apelación a la madre, a la cual se dirige un sujeto infantil bien para preguntarle cosas que, desde su inocencia, no comprende, bien para contarle una historia (“Romance del niño y del mar” y “Romancillo de la ronda de los besos”), etc. Se trata de unos textos que siguen fielmente las pautas de esta forma clásica y en los que no es posible identificar un sujeto poético que toma la voz. En la última sección “Pétalos”, se incorpora también una serie de poemas de corte popular, en algunos de los cuales es evidente la influencia de la lírica infantil en consonancia con el deseo repetido por el sujeto poético femenino de infantilizarse y hacerse pequeño:


Quiero ser pequeñita
como un silfo o un hada,
vivir bajo una seta
de pintas coloradas,
tener sueños de niño
e infantil ilusión,
y cual menuda fresa,
sabrosa y encarnada
que ofrece su dulzura,
tener el corazón. 

(“Quiero ser pequeñita…”, ibid. 71- 72) 


[Texto: IMÁGENES FEMENINAS EN LA POESÍA DE LAS ESCRITORAS ESPAÑOLAS DE PREGUERRA (1900- 1936)
Doctoranda: Inmaculada Plaza Agudo] 





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