miércoles, 8 de abril de 2015

ABU I-HASAN "ZIRYAB" [15.458]


El jardín de Ziryab: el Emir y sus invitados escuchan al trovador.
original andalusi del Periodo Almohade siglo XIII


Ziryab

Abu l-Hasan Ali ibn Nafi` (en árabe, أبو الحسن علي ابن نافع), conocido como Ziryab (زرياب, «Mirlo») debido a su tez oscura y hermosa voz, fue un poeta, gastrónomo, músico y cantante de posible origen kurdo, aunque según otras fuentes era un liberto de ascendencia negra (Irak, 789 - Córdoba, c. 857). Fue famoso por las refinadas costumbres orientales que introdujo en la corte cordobesa.

Fue discípulo del gran músico Ishaq al-Mawsili (767-850) durante su infancia en Bagdad. Presentado al Califa Harún al-Rashid, éste quedó muy impresionado por el joven músico. Sin embargo, los celos de su mentor le obligaron a abandonar la capital del Califato, poco después de la muerte de al-Amin en 813. Vagó por Sham (Siria) e Ifriquiya (el norte de África), viviendo por un tiempo en la corte aglabí de Kairuán, hasta que escribió al emir de Córdoba, Alhakén I para ofrecerle sus servicios, que éste aceptó inmediatamente.

A su llegada a Córdoba Alhakén había muerto. Sin embargo, Abderramán II, su sucesor, le ofreció un palacio, una renta mensual de doscientos dinares y otras prebendas, sin siquiera haberlo oído cantar. En la corte cordobesa, Ziryab se convirtió en un personaje muy conocido y fue considerado el árbitro de la elegancia de los dominadores árabes. Influyó en el vestido, la cocina o el mobiliario de los que le rodeaban e introdujo novedades tanto de uso social como musicales.

Sus innovaciones musicales tuvieron también una fuerte influencia. Según el arabista Emilio García Gómez, con Ziryab entraron en Hispania las melodías orientales de origen grecopersa que serían la base de buena parte de las músicas tradicionales posteriores de al menos una parte de la Península Ibérica. Añadió al laúd una quinta cuerda y sustituyó el plectro de madera (pieza que se agarra con la mano y que pulsa las cuerdas) por otro fabricado bien con uñas, pico o los cañones de las plumas de águila. También fundó el primer conservatorio del mundo islámico e introdujo los cantos árabes conocidos como nubas.

Con Ziryab, la alta sociedad cordobesa aprendió además las más exquisitas novedades de Oriente: peinarse con flequillo, recetas de la cocina bagdadí (una de las recetas se conserva hoy en día con su nombre: el ziriabí1 ), el consumo de espárragos y el uso de copas de cristal, en lugar de las de oro y plata, así como manteles de cuero fino.





El músico más famoso de la corte de ‘Abd al-Rahmān II es Ziryāb, de la escuela de Bagdad, personaje de moda en la Córdoba de mediados del siglo, no sólo por las innovaciones musicales que aportó, añadiendo un quinta cuerda al laúd por ejemplo, sino introduciendo las modas de Bagdad en vestidos, peinados, gastronomía, etc., de forma que él simboliza la «bagdadización» cultural de Córdoba. Todavía un siglo más tarde Ibn ‘Abd Rabbih (860-940) recuerda a Ziryāb cuando escucha cantar a una muchacha en el interior de un palacio y escribe a su dueño:



¡Oh, quién atesora la voz del pájaro canoro!
No creería capaz de esta avaricia a nadie,
pues aunque todos los oídos del mundo escucharan,
la voz no sufriría menoscabo o aumento.
No me escatimes el escucharla, encerrando una voz
que ocupa lo que el alma en el cuerpo.
si Ziryāb estuviese vivo, luego de escucharla,
moriría de envidia o de pena.

(Ibn ‘Abd Rabbih, Dīwān, p. 110.)







Ziryâb. El Mágico Cantor de Oriente. 
Poemas de Sergio Macías Brevis.


Las aguas del Tigris deslumbran  de luz.
 Un aroma de azahares cubre el antiguo paisaje iluminado
de mariposas que se equilibran  sobre las flores.

Entre higueras y naranjos un músico tañe las cuerdas que desatan.
la alegría de los pájaros sobre el alféizar del horizonte.

Los sonidos del laúd y la dulzura de su voz silencian el ritmo
de los arroyos que hacen danzar a hojas y nubes.





Se llama Abu I-Hasan el que esculpe la música en el corazón.
Mientras los rayos del sol atraviesan las soledades de las uvas.

Se silencian las cigarras. Las alas de la luz disipan las sombras de la muerte.
Y las almas se embriagan con sus canciones cristalinas.

Con la llamada del muecín queda absorto en la oración.
Escucha la voz profunda de Allah: -Premio tu fe y perseverancia.
tus melodías trascenderán y darán armonía al mundo.-





Pensó que había sido un sueño y guardó el mágico secreto en su alma,
dejando caer conmovido lágrimas que volaron hacia el infinito,
en medio de la algarabía de los pájaros del jardín.

Hassan vive conmovido bajo el fuego del cielo y de sus colores
que se derraman sobre la hermosa Bagdad.
Ella fue llamada Darus-Salam: Ciudad de la paz labrada en honor a Allah,
por los escultores de la transparencia y los artesanos de cúpulas de oro.






El joven músico seduce a los corazones con su armonía,
que es como el ritmo de las aguas que cubre a los peces
dorados y a las raíces de los palmerales de Babilonia.

Todos se dejan llevar por los tañidos que son como arrullos
de los ríos milenarios.
Resonancia de flores mecidas por el aire. Frágiles golpes
del rocío sobre la hierba. 







Sus cantos conmueven como las plegarias de las alondras
hacia un cielo de esperanzas.
Como las aguas biblicas que susurran al oído del herbaje.

En el huerto las ramas se balancean como bailarinas
entre surtidores.

Los sones del laúd hechizan a la vieja tierra bajo una lluvia de luz.

la música desata los corazones que se ahogan emocionados
al oír su lenguaje cristalino,
que es como la voz de las vertientes.







Las gentes que sólo buscan la paz para curar sus tristezas,
se abandonan a la inmortalidad que les lleva las melodías
de Abu I-Hasan.

El maestro Ishaq al-Mawsilí pasea entre los árboles. Oye
los suaves arpegios que pregona el viento.
Las nubes se desvanecen y las flores irradian juventud.

Lo que en un momento le alegra se desmorona martirizándole.
Como si la luz muriera en una habitación sombría del alma.





Rojo de ira increpa al joven compositor haciendo huir
a los súbditos del reino.
-¡Esta es una melodía extraña! Yo no la he enseñado
¡Cómo te atreves a tocar lo que entorpece los sentidos!-

Abu I-Hasan Ali ibn Nafi, a quien todos llaman Ziryâb,
responde: -Lo aprendí de la naturaleza.
Sólo con la música soy libre, como el poeta con la palabra.-






El maestro insiste: -Rompes con la tradición. ¡Prohíbo tus
composiciones !-
El discípulo tímidamente replica: -Siento que mis
(inspiraciones turben tu generoso corazón.
Mis dedos no se contienen, tañen con júbilo las cuerdas de mi laúd.-

- Ya llegará tu hora, Abu I-Hasan. Antes debes saber más
(de ti mismo, del mundo y de sus misterios.
No te dejes llevar por la pasión. Aprende de nuestros
(eruditos para que un día nos entregues tu sabiduría.






Desvelarás la hermosura que aparece sin esfuerzo
desde los mas puros sentimientos.
Tu talento te hará llegar a lo más alto. Te elegirán como un eximio músico.
No te apures. Acumula el fuego del
conocimiento y la destreza que da la técnica.
Las estrellas se forman a través del tiempo
para brillar en el espacio.






Zyryâb sólo se atrevió a argumentar:
- La razón de mis composiciones está en el rumor de las hojas.
En la melodía del agua y en el viaje de las nubes-

Se produce un silencio en el jardín donde crecen las adelfas.
Los brotes se multiplican y las libélulas hacen ondulaciones.
En medio de la hojarasca los caracoles arrastran su pereza.






Te ofrezco mis conocimientos basados en los de nuestros
antepasados. No puedo permitir tus innovaciones.
¡La vanidad insulta a la sabiduría!
El arte se labra pulcramente con la perseverancia
del mar sobre las rocas del silencio.
Con la paciencia del aire que deja sus huellas
sobre la playa del espacio.





El discípulo responde consternado:
- Me maravillo con la naturaleza.
Con los arroyos del rocío que desbordan las corolas.

Me gusta descubrir los misterios. El universo en cada semilla.
Acariciar las túnicas de las flores
Aspirar los aromas de la tierra.

Ahora estoy bajo tu enseñanza que es como la puerta del
alba que me lleva hacia la claridad.






-Tus palabras te hacen humilde
 Irás al Palacio de las Delicias.
El sublime y poderoso Califa Harún al-Rachid,
amante del arte y llamado también el justo,
oirá lo que te he enseñado.

Pero no expreses tus inspiraciones que descubres en las flores.
Tus interpretaciones del viento.
Ni el rumor de los bosques, de los arenales
o de los arrullos de los pájaros.
Recuerda que mi ira no perdona la traición.

Soy el gran maestro de la corte. Mis melodías son las preferidas,
porque endulzan la breve vida y dan gozo al corazón...



               

Sergio Macías Brevis

Poeta, narrador y ensayista chileno. Tiene también la nacionalidad española desde 1979 que se radicó en Madrid. Autor de más de una veintena de obras. Fue Asesor Cultural de la Embajada de Chile en España.

En el caso de Sergio Macias, poeta que se convirtió en un errante por el mundo a causa de la dictadura, sin otro hogar que la memoria y la palabra.
  
Además, el exilio en España puso a Macías en contacto con la lírica arábigo-andaluza, la cual le mostró un mundo nuevo de expresividad y belleza que supo hacer suyo, impregnando sus poemas de la luz, el color y aun el olor de la tierra exótica, mas no extraña a su sensibilidad(alguien le llamó con fortuna "el poeta andino de Al-Ándalus"). Macías asimiló el legado árabe por afinidad sensorial, no por mera imitación, y esto es lo que le confiere un puesto dentro de la poesía hispanoamericana contemporánea.




Hay además una similitud entre el poeta chileno y los árabes Al Mutamid e Ibn Zaydun: los tres son líricos desterrados, que cantan con nostalgia a sus países , y esta añoranza, así como la celebración que hacen del amor, dan a su poesía un tono plenamente personal.






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