jueves, 27 de marzo de 2014

JESÚS MONTOYA [11.369]



JESÚS MONTOYA 

Jesús Montoya (Tovar, Mérida, 1993). Estudiante de Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana de la Universidad de Los Andes – Estado Mérida, Venezuela. Fue invitado por la Casa Nacional de Letras Andrés Bello a la octava edición del Festival Mundial de Poesía en la ciudad de Caracas como representante del estado Táchira, así mismo, un par de meses después le otorgan el tercer lugar en la mención de poesía en el concurso Explosión Cultural Bicentenaria en el ámbito nacional en conjunto con Josué Calderón y Fernando Vanegas por el poemario Once poemas en los cuadernos de noviembre (Caracas, 2011). Es cofundador del grupo literario Los hijos del lápiz. Fue invitado al Festival de Poesía de Maracaibo (Zulia, 2012). Obtuvo una mención de honor en el primer Concurso Literario Internacional "Casa de la UNCO" (Chile, 2012). Mención de honor en el concurso literario: Homenaje a José “Pepe” Barroeta convocado por la Universidad de Los Andes (Mérida, 2012).







*
Estoy bailándome la vida a un solo pie entre aguas negras y alcantarillas. Mirando el cielo con la esperanza de que suceda algo verdaderamente hermoso. Aquí estoy dando vueltas a mi corazón para conseguir la otra mitad de la noche. Alegre, etéreo, porque a veces el cuerpo se me vuelve una palabra que nadie pronuncia. A veces la oscuridad es esa palabra, otras la luz, y cuando la pronuncian, me hago pedazos.



*
Mi vida es una nota deforme trazada a lápiz. Mírame, estoy divido en líneas y manchado en lágrimas. Mírame, soy la sombra de los árboles y el canto de los perros. Mírame y verás mi pasado y mis cantinas, mis amores y mis sueños. Mírame y escríbeme el perfume de la calle en la ropa vieja que lleva puesta mi tristeza. Contempla el infinito desde mis ojos. Siente el majestuoso ritmo de mi corazón tirado sobre el mundo. Mírame, mírame y no te detengas.



*
No hay ningún sendero para escapar del tiempo
aunque me halle cansado 
y enamorado de la vida
en cada chispa que de ella brota
quemándome la piel
quemándome entre la multitud en silencio
quemándome entero
con los brazos abiertos al porvenir
como si el mundo me abrazara maravillado
la verdad es que me encuentro 
podridamente enamorado de la vida 
y la persigo a dónde quiera que va.
Me crecen alas en las palabras
y cuanto veo se convierte en un pedazo 
de mi corazón que late a lo lejos,
no hay ningún sendero para escapar del tiempo
pero sí hay abismos
pero sí hay calles desechas
y una lluvia que parece cargárselo 
absolutamente todo,
incluso el tiempo.

*

Siempre regreso a los pueblos del sur, tan altos con sus cielos y montañas. Siempre vuelvo a ellos, a punto de amar ese sol que brinca y me pilla desde el horizonte, tirado en las aceras con un aliento del demonio, añorando otra cosa, añorando que la vida no se me quede muertita a medio camino.

Pueblos del sur, un hombre espera 
encorvado en la acera que su destino lo recoja. 
Pueblos del sur, herida, amor. 
Pueblos del sur, reconozco la lengua 
y el lamento de los muertos. 
Pueblos del sur, huele a tierra húmeda 
en cada extremo de mi viaje, 
todos los viajes agonizan
en una carretera honda, negra, 
pero el infinito también posee ese color. 
Pueblos del sur, quisiera que alguien comprendiera
lo que ha pasado del corazón hasta mis manos, 
que alguien también tocara conmigo esta infinita nostalgia.

Pueblos del sur, 
de ustedes siempre me alejo con la mirada caída,
pero repleta de estrellas.




Muerto
Me dices que tengo cara de estar cansado,
que por qué tantas ojeras,
que si he dormido bien
que si he comido bien
que no me sienta sanamente leer tanto
que no esté tan solo
que dónde están mis amigos.
Me dices que estoy flaco
que estoy grande
que parezco un muerto esbelto y tristón,
me dices tantas cosas,
y yo, 
con la cabeza gacha, 
cabizbajo,
te digo que estás más bonita,
que te sienta bien ese color de pelo
que tienes los ojos más grandes
que nunca pensé en volverte a ver de madrugada
que los muertos también saben amar,
que me perdones
que éramos muy jóvenes
que ya no tengo la tristeza tan ancha,
pero yo sé de qué va este asunto, 
sé que te irás 
a través del humo 
y de las luces de la fiesta,
que quizá no te vuelva a ver más,
que seguiré cansado 
con las ojeras hasta el suelo
que me desvelaré escribiendo 
un rato más,
que comenzaré otro par de libros
que perderé el tiempo con ansia, 
poco más acá de ti,
muerto.





Una canción en el viento

Tenemos una tristeza más honda que la noche, una tristeza, querida, más grande que la realidad. Mi vida es un himno, ¿la sientes en el aire? Arráncame la música que vivía, la música que vivía en el aire. Un sueño tuyo será ahora este himno, ¿lo tocas en el aire? Va más allá del mismo, rodea e insiste. Tomaré otro sorbo y perderé el equilibrio. La madrugada me consigue siempre con las piernas flojas de regreso a casa, y esta vez me consiguió contigo. Desvísteme ahora, anda, cuando se mezclan los bostezos y la asfixia repliega estos ojos castaños de niño muerto. Canta milagrosamente mi petición, como cantan sus canciones los borrachos.




II

Mi corazón no tiene memoria, brindemos. Estoy riéndome de mi perdición. Un trago de alegría, uno más. Mi corazón es una sombra. Mi corazón de estar quieto, temblaría entre tu risa. No puedo. El sol se ha estancado en mis ojos. Cada brillo viene hacia mí, me cubre, me encierra, no tiene de otra. La ilusión es la distancia. La ilusión es el lamento. Lo que amo está quebrado. Lo que amo no tiene nombre. Mis poemas anochecen durante el día. Estoy cayendo, estoy cayendo y no puedo elegir mi propio abismo. No puedo, no tengo fuerza, no tengo nada, mis recuerdos se resbalan en mis manos. Toca mis recuerdos y recuérdame. Ahora de verdad me estoy comenzando a sentir solo. La noche es demasiado oscura para mis ojos. La noche es demasiado grande para mi corazón. La noche se me quedó fuera del tiempo otra vez. Tengo miedo. Tengo mucho miedo de olvidar y adivino mi destino, lo escucho en la marea, entre las piedras, entre el olvido. Qué es esto. Qué nombre le pondrás a mis labios. Acércate, tristeza. Te he visto, dolor. Tengo tanto miedo. A todos nos trae el viento, pero a dónde nos lleva la muerte. Estoy levantado sobre las horas y los mundos. Estoy sucio, radiante, estoy siendo arrastrado por mis propias manos, y sin embargo soy el que lentamente acaricia su dolor, el que lo toca, el que lo canta y olvida.




III

He vivido bajo una extensa equivocación
y he sabido amarla.

He escrito tímidamente
resoplando la música interna del espíritu.

He estado unas veces triste,
otras no tanto,
pero entre tantas dudas,
entre tantas grietas
y sueños muertos,
sé con certeza
que cada vez que la noche se marche,
me quedará siempre una luz para contarla.




IV

Hoy vengo sin lunas, tengo en mis ojos rotos su color. Hoy vengo sin lágrimas, ya no me caben en los ojos. Hoy vengo marchito pero todavía espero y no perezco. Me encuentro de espaldas a mi alma y el sol recoge sus pedazos. Estoy feliz de no estar triste. Estoy feliz de doblar en las esquinas, de amarrarme su perfume al cuello, de contagiarme del silbido del viento y perseguirlo hasta golpearme con la muerte.

Hoy vengo tejido de la materia con la que se funda la distancia,
hoy vengo más vivo que muerto como el corazón de un pájaro.

Hoy vengo y vendré siempre ajeno,
perdido por completo por el mundo
con mis garabatos arruinados,
llenos de vida, llenos de amor.




V

Lo único que me sale bien
es hacer de tipo triste por la vida,
aturdido, solitario,
no hay remedio
cuando se asume semejante distancia
entre el corazón y todo lo demás.
A veces la tristeza no va más allá del cansancio,
pero cuando me canso de estar triste
sólo tengo paredes blancas
frente a mis ojos,
y voy buscando,
mis ojitos van buscando,
llevándome.
A veces son las canciones viejas
cayéndome como cuchillos,
otras son sólo recuerdos transparentes;
lo único que me sale bien
es ensayar nuevas huellas para mis lágrimas.
Lamento estar triste siempre,
lamento con toda el alma estar escribiendo
con la misma pureza
que le falta a mi corazón para ser libre.
Siento en el pecho unas ganas inmensas
de volverme un camino sin retorno,
tengo el horizonte roto en la garganta
porque el cielo es todo lo que canto
porque mi amor es todo lo que brilla detrás del sol,
y mi destino siempre será distinto en cada poema.




VI

Ocho de la mañana

Veo a los demás y no puedo levantarme,
los veo moverse y sigo con una pesadez que me desborda,
los veo como quien acumula el amor
y no lo merece aunque quisiera.
Veo a los demás pasar tirado desde un sofá
con la sed llena de labios y risas y calles empinadas,
me estoy quedando solo otra vez,
me dejarán tirado en otra cama una vez más
y nuevamente podré ver el sol como una luz solitaria
que se reserva el tiempo y la mañana,
estaré otra vez con ese al que no dejan dormir sordo y desconsolado
y se echa los caminos cuando amanece al cuerpo
para acordarse de cuanto no dijo,
de cuanto dijo y tanto perdió suspirando
el bello aire de la mañana con la piel puesta
en el alma como abrigo.




VII

En cada camino hay recuerdos tejidos en aceras frías,
tejidos a las noches rojas,
apretadas,
esas noches que marcharon sin razón
y se fueron simples
como un deseo,
cada noche que pasa es un deseo que se va.

No hay comentarios:

Publicar un comentario