martes, 19 de junio de 2012

7086.- ESTHELA CALDERÓN


Esthela Calderón

Esthela Calderón

Poeta, narradora. Nació en León, Nicaragua en 1970. Licenciada en Comercio Internacional. Realizó estudios de Literatura Contemporánea Hispanoamericana en la universidad Alcalá de Henares, Campus Guadalajara, España. Es Coordinadora General en el Teatro Municipal José de la Cruz Mena de León y Coordinadora Técnica del Simposio Internacional anual Rubén Darío en la misma ciudad. Ex- Secretaria General de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE). Integra la agrupación literaria 400 Elefantes. 

Primer lugar en la rama de Poesía en los Juegos Florales Centroamericanos, Belice y Panamá con sede en la ciudad de León, 2001. 

Ha publicado tres libros de poesía y una novela y es coautora de: Cultura y costumbres de Nicaragua (editada en EU, 2008) y de las Memorias del IV Simposio Internacional Rubén Darío (2007). 

Sus poemas están incluidos en las siguientes Antologías: Trilogía de la poesía femenina hispanoamericana (México 2005); Poesía anti-imperialista (Chile); Prometeo Virtual –Muestra poética del Siglo XXI (España, 2007); Cruce de Poesía El Salvador- Nicaragua (Managua: Edic.400 Elefantes 2006); 4 Memorias del Festival Internacional de Poesía de Granada (Del 2005 al 2008); Mujeres de sol y luna (Managua: 2007)y Nicaragua en las redes de la poesía (Managua: Renies/Anamá 2008).

Bibliografía


1. Soledad (Managua, Nic.: Fondo Editorial CIRA, 2002 )
2. Amor y Conciencia (León, Nic.: UNAN, 2004). 
3. 8 caras de una moneda (novela) (León, Nic.: UNAN 2006).
4. Soplo de corriente vital -poemas etno-botánicos (Managua: 400 Elefantes,2008).
5. Cultura y costumbres de Nicaragua. Co autoría de Esthela Calderón y Steven White.(E.U., 2008 -Edición en inglés).






7+3 Días

Un trozo azul tiene mayor intensidad 
que todo el cielo……
Alfonso Cortés


Un poco más, aquí te encuentro
en los 7+3 días que se formó nuestro universo.
Hay un nuevo cielo inventado, ahora. 

Veme aquí 
caminando sobre el agua y la montaña
catapultada y enterrada
en la arena de tus huesos.

Como los jocotes al ser mordidos
truena mi voz
anunciando así, el sabor que se avecina.

Somos el encendido resplandor del Zapote
y el mieludo Níspero mezclado con la sal,
esa sal de las ramas cuando están fuertes.

Fuimos y seremos 7+3 en medio de la nada,
en el centro de charcos blancos
y una fuente de sangre
que augura la extinción de la especie,
nosotros sobrevivimos a eso
con la punta afilada del destino
abriendo los caminos enmarañados
de las pesadillas de los Dioses,
hacia un total de un siempre
que suman 7+3
donde se encuentra la luz.






Mujeres

La mujer de Pablo ama frenéticamente en un día.
Su mujer se acerca a lo que él un día soñó.
Por eso la comparte.

Ricardo descubrió que hasta la sombra 
pudo besarle a Norma
y éste decidió buscarla 
cada noche a las 10.

Miguel tiene una Nena de look cha-cha-cha
que en la mirada se asoma un ángel
y dice si, si, con su insaciable boca. 

Joaquín prefiere la suya 
con tacones llenos de barro y ojeras malva,
que habitan donde habita el olvido.

Roberto quiere volverse 
desde principio a fin una canción para ella,
y en la justa medida ser comida y bebida. 

A maná una mujer le dejó el corazón espinado.
Alejandro se quedó con el corazón partido.
A Rubén, las sábanas se le volvieron frías 
cuando ella se marchó.

Y en La Proquinsa, en el Venus, en el Oriental, en el Malecón,
en Metrocentro, en Tiscapa, en Camino de Oriente, en la Zona Rosa,
se clona la María de Luís Enrique
para soñar otra vez
que sale de pobre al escuchar
la pregunta: 
¿cuánto?







Lista de dames

Dame la causa desesperada de una idolatrada mariposa,
la inquietante avenida de tu espalda,
camino donde pueda subir mi pecho.
Dame el delirio inmaculado no cumplido de las flores,
la iluminación de tu cara 
donde pueda desvestir el barro de mis piernas.
Dame el relicario que atormenta el cuello de un ateo, 
la esperanza y el eco de la palabra si,
donde pueda eternizar mi mundo.
Dame, pues, tonteras al compás de una armónica,
la perversidad de los días 
con sus manos levantadas diciendo adiós,
la cíclica canícula de la espera,
el agua que le falta a la fuente
vacía de monedas.




Soplo de corriente vital

Soplo de corriente vital

Palmera de coyol

Mutilada de mis pies 
a ras de las hierbas 
mis gajos de bolas dulces se secaron.

El corozo que perfuma la verdura virgen de los cerros
con pulsaciones sofocadas se fue quedando marchito,
y en agua destilada se transformó mi alargado vientre. 

Al tercer día he resucitado entre la viva garganta de los indios
para subir en alientos de mareas que se posan 
entre el monólogo de los astros y las guerras. 

En mi infinito ellos danzan y lanzan 
gritos lastimeros a sus dioses,
reciclando la monotonía de tambores angustiados.

Palmera soy,
Indomable victima, 
metamorfosis alertando 
la maldita suerte 
que me ha tocado.

Sobre un dorado puente 
sus sueños 
viven por mi muerte.






Tamarindón

Hinchado de sangre quedó el árbol.
Pequeñas flores ácidas 
en alargadas y redondas puntas reventaron.

Tamarindo carcomido
en uno de tus brazos: 
mecate sostenía el cuello de Adiac,
y toda Sutiaba una llaga de vergüenza.

Borrachos, basura y rejas
ahora te acompañan.






Primer baño

Cuando en el campo nacen los niños,
las Catapanzas desde los cercos 
estiran los brazos para ser vistas
por la madre de la criatura.

Echan frutitas rojas 
como un semáforo en señal de ¡alto!
Se engalanan preciosas con flores de color malva
para celebrar el acontecimiento.

No tiene sentido ser Catapanza 
si no han de cortarme para abrazar y adormecer
en sus primeros baños a los recién nacidos…
Me confesó triste una Catapanza, 
con sus hojas casi marchitas.






Mucura Urens

Entre bejucos trepadores 
y estandartes con alas,
crecen los ojos de los ciegos. 

Enredado tienen un corazón 
que se apiada de los recuerdos inútiles. 

Ellos deslizan su mirada certera. 
Suertero el elegido
a quien le han de vaciar 
los distantes sortilegios. 

Transcurren las horas y fluye el viaje.
Silencioso pacto de imágenes 
divisando las vocales de un nombre. 

Los ojos traspasan las sombras estiradas 
de las Cañafístolas y los Caraos. 
Río abajo nadan con las Tilapias,
y desde el lomo de una Ballena regresan al mar. 

Kilómetros recorridos 
desde su sarcófago negro y arrugado… 
insistentes marchan con su liviana redondez 
acercándose hasta la mano que los reconoce dichosa. 
Dichosa mano, elegida para quedarse con tus ojos.




Historia

El sonido de la primera palabra fue la de un árbol,
y los animales y las aguas respondieron. 

El primer humano era sordo. 
No escuchó el soplo de la corriente vital.

Desde entonces, heredamos la sordera.


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