martes, 8 de noviembre de 2016

CATALINA GRÉ [19.506]


CATALINA GRÉ 

(Santiago de Chile, 1989). Es Licenciada en Literatura Hispánica por la Universidad de Chile. Hacia otra orilla es su primera publicación.


Poemas seleccionados de Hacia otra orilla (Cástor y Pólux, 2016)




la caracola
desarma sonidos

los oigo
expandirse

se ahuecan
como olas

voces
de delfines

ruedan
en mi frente

el oído palpa
una frontera

zarpa
hacia otra orilla


*


marejadas
de pensamiento

desembocan
en la playa

la arena desteje
su urdimbre

los barcos
derramados

reanudan
su naufragio


*


un vaso
de agua

olvida
respirar

el cristal
se resiste

se pone
a hablar

estalla
sin heridas


*


una brazada
en el oleaje

levanta
tierra

cosido
a las olas

un mar
de vidrio

crea
sangre nueva


*


las muertes
respiran

viven
del mar

el nadador
se desnuda

rescata
una búsqueda


Un viaje hacia “otra orilla”

Soledad Fariña nos acompañó en el lanzamiento de #haciaotraorilla de Catalina Gré. Este es el texto que leyó para la presentación. 

Lectura del libro de Catalina Gré

Pena, se encoje de hombros mi camisa entre las perchas 
         cuando la miro para verme en el camino 
                    quizás aún la lleve puesta 
                                        Manuel García

Cómo contar la tristeza, no el dolor profundo que desgarra, sino la simple pena. No es tarea fácil.  Y ese es el mérito de este libro-poema de Catalina Gré.

La pena y el paisaje, el rostro es el paisaje externo que soporta la tristeza, y el agua salada -la lágrima- es el conducto hacia las profundidades del mar.

El agua, protagonista de este evento toma la forma de sus minúsculos habitantes: caracola, delfines, lobo marino llegan a la piel como seres de un lugar húmedo donde el cuerpo es único y diverso: arena, alga, concha, se suman al lenguaje de lágrimas. Pero donde hay humedad nadie quiere llorar. 

Hay playas, y hay una orilla donde el pensamiento se desarma, desmadeja y donde una urdimbre -un pensamiento, un sentido-previo se desteje. La pena no está hecha de palabras, por eso hay que nombrarla con un lenguaje húmedo y salado, donde también existen barcos que  naufragan.

Sin embargo, esta triste placidez podría en un momento dar paso a la ira  y el mar volverse rojo.


el mar
enrojecido

busca
una herida

oleadas
de sangre

entintan
la ribera

las rocas
se duermen

bañadas
en ira


Nuevamente el agua va a rescatar la herida, un agua, esta vez, envuelta en vidrio.  La voz se vuelve sal. Y hay alguien que repara, rehace. La pena se transforma, se vuelve ser de mar: escamas, branquias, aletas, la pena ahora es pez que busca una salida, abandonar el paisaje, adentrarse en un agua vacía.  


las piernas
se desarman  

encuentras
la aleta

la piel
se fosiliza

entiendes
las escamas



Hay aquí un lenguaje limpio, directo, frases concisas que dicen lo correcto  para entrar no en el dolor que deviene en en grito estentóreo, sino en la pena que solo se desliza y se transforma.

Directo, claro, pero no transparente, el lenguaje se vierte en imágenes y metáforas que pueden remontar la tristeza –sin nombrarla- a otra dimensión. No sabemos al fin qué o quién es esa otra orilla.  Qué es lo que allí se abrirá entre peces y cangrejos. La otra orilla es oscura. Y he aquí lo que el poema –que también fue búsqueda- se guarda para sí, sin querer develar.

Quisiera celebrar esta poesía joven que se arriesga a continuar  la búsqueda de lo más sutil en la poesía, la “música en la sensación y música en el sentido”, como pensaba Paul Valery.

Y celebrar, además, la llegada de esta nueva editorial “Cástor y Pólux”, que ha tomado el desafío de poner a nuestro alcance obras como la que hoy presento, una más en la joven producción de poesía y narrativa.

                         Soledad Fariña
                                 Santiago, Octubre de 2016.



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