miércoles, 4 de julio de 2012

ROSMARIE WALDROP [7.207]


Rosmarie Waldrop 

(nacida el 24 de agosto 1935) es una poeta americana, traductora y editora. Nacida en Alemania, ha vivido en los Estados Unidos desde 1958. Ha vivido en Providence, Rhode Island desde finales de 1960. Waldrop es co-editora y editora de Burning Deck Press, así como autora o coautora (a partir de 2006) de 17 libros de poesía, dos novelas y tres libros de crítica.

OBRA:

Poetry

The Aggressive Ways of the Casual Stranger, NY: Random House, 1972
The Road Is Everywhere or Stop This Body, Columbia, MO: Open Places, 1978
When They Have Senses, Providence: Burning Deck, 1980
Nothing Has Changed, Windsor, VT: Awede Press, 1981
Differences for Four Hands, Philadelphia: Singing Horse, 1984; repr. Providence: Paradigm Press, 1999
Streets Enough to Welcome Snow, Barrytown, NY: Station Hill, 1986
The Reproduction of Profiles, NY: New Directions, 1987
Shorter American Memory, Providence: Paradigm Press, 1988
Peculiar Motions, Berkeley, CA: Kelsey St. Press, 1990
Lawn of the Excluded Middle, NY: Tender Buttons, 1993
A Key Into the Language of America, NY: New Directions, 1994
Another Language: Selected Poems, Jersey City: Talisman House, 1997
Split Infinites, Philadelphia: Singing Horse Press, 1998
Reluctant Gravities, NY: New Directions, 1999
(with Keith Waldrop) Well Well Reality, Sausalito, CA: The Post-Apollo Press, 1998
Love, Like Pronouns, Omnidawn Publishing, 2003
Blindsight, New York: New Directions, 2004
Splitting Image, Zasterle, 2006
Curves to the Apple,[1] New Directions, 2006

Fiction

The Hanky of Pippin's Daughter, Barrytown, NY: Station Hill, 1986
A Form/ of Taking/ It All, Barrytown, NY: Station Hill, 1990

Essays and criticism

Against Language?, The Hague: Mouton/Berlin: Walter de Gruyter, 1971
The Ground Is the Only Figure: Notebook Spring 1996, Providence: The Impercipient Lecture
Series,Vol.1, No.3 (April 1997)
Lavish Absence: Recalling and Rereading Edmond Jabès, Wesleyan University Press, 2002
Dissonance (if you are interested), University Alabama Press, 2005



LA MATERIA DE LA LUZ 

Una golodrina corta un arco en el techo, y lo vuelve a cortar 
como trayendo adentro el horizonte. En mi pecho se derrama la luz
y despierta un ejército de pigmento. Las grullas chillan como bebés, y
las nubes acortan la distancia con profusión espléndida e innecesaria.
Los movimientos que mi cuerpo teme, los ejecuta en la soga tu camisa
en perfecta armonía con los elementos

Lo profundo de un río se mide en cuerpos ahogados, pero las
leyes de la naturaleza copulan locamente, con frenesí de polilla.
Recuerdo los pinos y los álamos, su reflejo, también, ahogado, y el
pañuelo blanco que se agitaba y se agitaba para acortar la distancia. 
Traté de contar mis problemas y navegar hacia una nueva identidad.
Y esta curva fue a dar contra la turbulencia de los sueños
húmedos

Los años que vivimos juntos se apilan en el sendero que va a la
orilla. Con profusión espléndida. Ahora podemos caminar sobre ellos,
tomando aire fresco. Dar vuelta apenas la máscara de un “NO”
se llama “confundir” porque la máscara asume la apariencia
de la melancolía. Así como mis ojos que entraron en el cielo y
fueron derrotados por su exceso encandilante. Bandas de espuma blanca
ondulan en la bahía donde el río se desata. Como la máscara,
el contorno de las rocas, es una forma para mirar de lejos
aunque de cerca está más vivo todavía, bajo la llovizna.

Nos asomamos a la ventana y encontramos la noche demasiado pronto.
Asustados, nos agarramos de la cama, nos zambullimos bajo la piel. Para
traer el horizonte adentro y desviar las nubes hasta nuestros huesos.
Las golondrinas se ahogaron en su reflejo, junto con los pinos
y los álamos. Y el pañuelo que se agitaba y se agitaba.
¿Hasta el abrazo de una vieja puede derramar luz
si hay suficiente rojo intenso en el paisaje?

Las palabras se atascan en la garganta sin tomar la forma del amor
ni de la pena y mañana mentirán, sentimentales. Tu camisa en la soga
se seca de una identidad a otra mientras arriba de nuestras cabezas
las nubes acortan la distancia con profusión innecesaria, sí,
y espléndida. Aunque un cuerpo de agua refleje la luz y también
se la trague, yo sé que su profundidad se mide en cuerpos ahogados. Doy vueltas
como una polilla hasta que el esplendor que encandila excede la ansiedad
de las alas.

(Versión en castellano de Sandra Toro)


The matter of light

A swallow cuts an arc along the roof, cuts it again,as if to
move the horizon inward. Light spills through my chest,
stirring up armies of pigment.The gulls cry like babies,and
clouds cut the distance with splendid,unnecessary profusion.
The movements that my body is afraid of, your shirt on the
lines does in perfect harmony with the elements

The depth of a river is measured in drowned bodies,but the
laws of nature copulate madly, in moth frenzy. I remember
the pines and poplars,their reflection,too,drowned,and the
white handkerchief waving and waving to cut the distance.I
meant to tell my troubles and sail on to a wholly new identity.
This curve was headed for the high turbulence of moist
dreams

The years we've lived together are piled on the path to the
shore. In splendid profusion. We can walk on them now,with
the air cooling. Turning a "NO" mask slightly downward is
Known as "clouding" because the mask takes on a melancholy
aspect.The way my eyes had the run of the sky,but were
defeated by its blinding excess. Bands of white foam ripple
out into the bay where the river comes undone. The contour
of the rocks, like the mask, is meant to be looked at form a
distance,yet is most alive close up,in light rain.

We had leaned out the window and found night early. Hugged
The bed in alarm and dived below the skin. To move the
horizon inward, make clouds drift through our bones. The
swallows had drowned in their reflections, along with the
pines and poplars. And the handkerchief waving and waving.
If there is enough deep red in the landscape will even and old
woman's embrace spill light?

Words stuck in the throat,unable to take the shape of love or
sorrow will tomorrow smear sentimental. Your shirt on the
line dries from one identity to another while above our heads
clouds cut the distance with, yes , splendid, unnecessary
profusion. Though a body of water both reflects light and eats
it too, I know its deph is measured in drowned bodies. I circle
like a moth until blinding splendor exceeds the anxiety of
wings.



Condiciones iniciales

Si el pensamiento, desde el principio, está divorciado de sí mismo, un picnic puede desvanecerse antes de sacar la primera botella de la cesta. Si preguntas: ¿sé lo que tengo entre las manos? Te lo ofreceré.

Si un padre acaricia el cuello de la novia de su hijo, entrará en un sueño freudiano. Si lo intenta, ¿ha sentido en su palma ya el asombro de ella?

Si piensas: una chica es un vacío, tienes que correr a llenarlo. Si preguntas: ¿por qué? un capítulo entero de mi vida se cierra.

Tal vez no podamos hacer estas preguntas. El tráfico se mueve demasiado rápido. ¿Cómo en un túnel de viento?

La pregunta: ¿por qué? es la más nostálgica. En veinte años de matrimonio una puede estar enamorada del otro. ¿O de otro?

Podemos pronunciar palabras y querer decir: ¿el cuello de una chica? ¿Un pie ligeramente delante del otro? Decir: ven y come un bocadillo, y decir: ¿mejor ir más despacio?

¿Podríamos decir que escuchar palabras familiares es bastante distinto de una chica vista en primer plano y de lado al mismo tiempo? ¿Como Cleopatra? Si estamos de acuerdo en que “comer un bocadillo” quiere decir: “mejor ir más despacio”, ¿podríamos separar el matrimonio con su hermano a los once de ser entregada a César en una alfombra?

O no nos movemos o mucho se deduce. ¿La historia del universo predicada en diez segundos de turbulencia inicial?

Si preguntas: ¿dónde empezó todo? ¿contesto con un grito de angustia, la punta de un triángulo, el plan para un picnic, un súbito dolor de dientes?

Si por las dudas te lo ofreceré.

[poema perteneciente al libro de Rosmarie Waldrop
Love, Like Pronouns. Richmond, Calif: Omnidawn, 2003.]



Hechos

De las imágenes había deducido que el mundo era real y por lo tanto callé, porque quién sabe qué pasará si contamos verdades al subir las escaleras. De hecho, tenía miedo de seguir la imagen justo hasta donde alcanza a la realidad, desplegándose ante ella como una regla. Pensé que me moriría si mi nombre no me tocaba, o sólo con su extremo, dejando el interior abierto a tantos sondeos como un chaparrón de lluvia desde las nubes. Te reíste y le contaste a todo el mundo que había confundido la Torre de Babel con la Borrachera de Noé.

[poema incluido en Another Language. Selected Poems. Jersey City, NJ: Talisman House, 1997]


TODO LO QUE...

Todo lo que de algún modo es pensable, dijiste, puede ser objeto de
meditación. Cuando pregunté si te referías a la guerra nuclear, la
ingeniería genética o al matrimonio, te apresuraste a cerrar la
ventana. Yo te había visto, en el parque, sacar una cascara de banana
de la sandalia de la estatua de Constance Witherby y recitar con
gestos ampulosos: ¿un poema? ¿una oración fúnebre? Mi formación
musical no me permitía leer esa partitura, no con el viento soplando
en tu pelo contra la llegada del invierno, aunque si las golondrinas
hubieran dejado de sobrevolar en círculos en el sólido azul, me habría
faltado el aliento. Punzante olor de mar, de peces acunándose en
oleajes. Y nubes ya. Tú dijiste que sería distinto si fuésemos capaces
de habitar afuera de la lógica. Supe que querías decir: descalzos.



EL CAMPO DEL TERCERO EXCLUIDO (Fragm.)

4

Incluso si una mujer se sienta frente a un telar, eso no significa que tenga que tejer una cosmogonía ni mantas para cubrir el vacío que lleva debajo. Puede ser simplemente una prenda que, como cualquier centro de atención, absorba la luz disponible de la misma manera que una cascada forma una cortina sólida de ruido que solo deja pasar el tiempo. A ella le enseñaron a imaginarse otras cosas, pero no lo explica, a despreciar la defensa mientras la conciencia huye por los rápidos. La luz converge sobre lo que debe ser el hueco del deseo o del yo incompleto, o nada más que pelusa en el bolsillo. Su hora también va a llegar al romper aguas.


7

Es mucho pedir esperar que el dolor cristalice en belleza. Hay que cerrar los ojos para imaginarse el paraíso. El interior del párpado es fértil en imágenes no provocadas por la experiencia, o tal vez su presión sobre el ojo iguale a la plegaria así como la inferencia es un tránsito hacia la afirmación, aun cuando se observen los ritos del amanecer contra un fondo oscuro y vacío. Leí que las condenadas a la horca tienen que usar bombacha de goma y un vestido cosido alrededor de las rodillas porque el útero y los ovarios se desparraman en el impacto con el pozo.


8

El sentido de la certeza es quemarse. Aunque la verdad se nos va a seguir escapando, tenemos que poner las manos sobre los cuerpos. Mantenerse a salvo es una muerte distinta, con los instrumentos de defensa carcomiendo por dentro sin igualar el marcador. Como lo hizo el deseo de explorar el laberinto de mi cuerpo al llevarme directo hacia el centro de la nada. Desde donde proyectó mi mundo cotidiano de representación con falsos fuegos artificiales. ¿Habré invertido de más en el espectáculo? ¿En puras fluctuaciones de luz que, como el aleteo de un pájaro, con el tiempo iban a disminuir hasta el punto de desaparecer? ¿Y qué tal si compramos pan o cantamos en la oscuridad? Incluso si la base de nuestras conjeturas es la sombra de la infancia quemada nos conducen hacia el sol como si la lógica no tuviera otra salida.


12

Me preocupaba la brecha entre expresión e intención, temiendo que el mundo pudiera ver un cartel fluorescente donde yo había querido mostrar un rostro. La sinceridad no ayuda una vez que admitimos las mentiras dichas en ocasiones nocturnas, incluso en la soledad de nuestro corazón, con el embrujo del deseo inclinando la figura desnuda de la necesidad de seducir al miedo a la posesión. Mucho mejor cultivar la brecha misma con su maleza crecida para ofrecer privacidad y su referencia extraviada. No importa que no sea filosofía sino electrones inexpertos que saltan de órbita en órbita a prepararle el foso a la orquesta, restos de significados que amplifican la sucesión de perspectivas verdes, atributos húmedos, espasmos en los labios.


17

En Providence se pueden encontrar especies extintas. Una estatua ecuestre, digamos, marchando con la pata derecha en alto hacia el recuerdo de los turistas. Capturada en su carrera de inmovilidad, pero con la superficie intacta, a la espera de probar que puede resistir el ataque de los ojos, incluso humedecida por el clima real, aunque la atmósfera histórica se mezcle con el agotamiento como la etimología con el uso de una palabra o el hueso con la estructura de la oración. No es de extrañar que se nos haga difícil conocer el camino y tendamos a quedarnos adentro.


26

Yo quería establecerme sobre una superficie, quizás un mapa, donde mi miopía me ayudase a ver los hechos. Pero la gramática es profunda. Aunque solo describa, sumerge la mente en una vorágine sin fondo discernible, con las dimensiones de los posibles arremolinándose sobre el borde fijo de la nada. Como mirar al fondo de unos ojos azules el cielo azul sin siquiera una nube ni una bandada de pájaros de qué agarrarse. ¿Qué buscamos detrás de las palabras como si un cuerpo de información no pudiera también golpearse? Es el esqueleto que se agarra más tiempo de su tierra natal.


31

Como si hubiera tenido que navegar para adelante y para atrás, parte de mí se apartó de donde voy, calculando la distancia de los pasillos largos a fin de permitir demoras y dificultades, para mantener la oscuridad mientras me dejaba llevar. De este modo los caracteres chinos parecen ofrecer su secreto sin revelarlo, la invitación a entrar en un laberinto que, como el del corazón, puede que no tenga un centro. Este se suplanta por un estar perdido en el que no me gusta detenerme porque la búsqueda de la motivación solo nos puede conducir hacia abajo hacia el potencial que asusta en proporción a su profundidad y su número de compuertas a la desaparición. Mucho mejor, según me advirtieron, es dejarse llevar por la corriente. La tinta arrastra un lenguaje nuevo, y al final el agua corre clara.


*

Quedaron muchas preguntas en el claro donde construimos nuestra vida juntos. Después el tamaño total no dejó espacio para imaginarme en pie fuera de ahí, al borde de un día vacío. Sabía que no me quería ir de ese todo que podría decirse que cargaba con su cimiento tanto como se apoyaba en él, como un árbol genealógico que crece hacia abajo, con las ramas confundiendo gravedad y gravidez. Quería quedarme acostada al lado tuyo, dos longitudes de sentimiento paralelas y comparables, y dejar que las cargas de la estructura empujaran nuestro sueño hacia el momento y la plenitud. Todavía, una tarde abandonada que se estira hacia lugares desconocidos, seductora en su posibilidad, con las puertas abiertas a un caos de culs de sac, de puede-ser, de galopar en el caballo del cuadro. ¿Y hacia dónde? Al espejismo supremo o hacia una pregunta como ¿qué es el amor? ¿Y dónde? ¿Entra a presión o no, trayendo, como la interpretación, su propio espacio desde alguna dimensión alterna? ¿O es como el pasillo de un sueño, que extiende para siempre su concepto hasta un vacío extremo, como el de los átomos?


*

Lo que una vez había sido pasión ahora parecía inhibirnos. Nunca más pudimos volver a su marca de agua, con toda esa ambivalencia en el aire. En vez de eso, eras como una piel demasiado delgada, frunciéndote sospechosamente ante cualquier acercamiento, sin notar que yo también estaba en guardia, lista para reintentar tan pronto como la mente se ablandara con el calor y empezase a perder la ropa. Una vez que la diferencia entre igual y ambiguo se borronea, el espacio se interrumpe y desaparece en temblores subcutáneos. Pero sería una lástima si entre nosotros no pasara nada más porque nos memorizamos tan concienzudamente y somos cautos incluso mientras viajamos por los pasajes y callejones del sueño, entre capas de densidad de terciopelo, de vuelta al deseo más íntimo anclado en todas nuestras preguntas y actos, anclado tan hondo que no lo podemos tocar.

*

La ofensa estaba en no contestar hasta que la capa más brillante de tensión relucía entre nosotros y el equilibrio de poder empezaba a resbalarse en el hielo. A la velocidad del insulto los relojes van en contra. Traté de evocar el instante en el que supe que ese momento de perder el viento podía no implicar un agujero en la discusión, o en el hielo, para que pudiera respirar el pez. La pelea no hacía falta si, en lugar de medir nuestra relación desde adentro, reconocíamos que cada uno había trazado el límite con maestría, de modo que vos viste un relámpago rojo en zigzag donde yo me recosté en un campo verde. Al avanzar a distintas velocidades contrajimos enfermedades distintas y evaluamos de la forma más negativa el anhelo del otro. Por eso el radio que va de lo emocional al calor corporal se mantenía obstaculizado aunque lleváramos botas y abrigos gruesos. Había que envolverlo con palabras.

*

Yo me esforzaba por mantener la perspectiva en la familia y apuntaba periódicamente en tu dirección como los fieles al Oriente. Tu espacio estaba encuadrado de un modo tan distinto al mío que situaba tu “aquí” cerca de la curva del horizonte, inalcanzable hasta para mi oración más larga. Lo único que podía ver era un resplandor como el del Gran Incendio de Londres. Así que ese paisaje se convirtió en una religión de la superficie, que predicaba la divina imperfección y reemplazaba el bautismo por el fuego. Vos pensabas que era improbable que el concepto de pecado original se viese afectado por la electricidad en movimiento más que por la competencia de la gravedad por la manzana. Hasta esa temperatura el asunto de la intimidad no aparecía, pero iba a tener que elevarse para que pudiésemos salir del edificio que ya estaba lleno de humo. Quizás sea más fácil acelerar el proceso de oxidación que aferrarse a las ilusiones de comunicación. Tampoco el signo del agua puede saciar las llamas de mis pulmones. Solamente inhalan un montón de silencio que nos conecta y nos separa de acuerdo con los vericuetos de la trama.

*

Con un cuerpo que cae inexorablemente, ¿cómo podemos volver a tejer nuestra red de proximidad y distancia todos los días? Sin embargo, aunque arda por los dos extremos, el tiempo se enrolla alrededor del reloj y la noche reedita los sucesos del día bajo una luz nueva, mostrando tal vez ondas eléctricas en lugar de gotas de lluvia, que brillan sobre una telaraña. La relación no es la semejanza, sino el apretar el gatillo sobre un nervio. Mientras el tiempo toma el atajo más corto a la conciencia, la causa física se para en la puerta. Ahí, como entre dos personas, queda una última brecha que no puede unir ni un pene, un punto en el cual perdemos de vista la erección que atraviesa un horizonte mental. Esto va acompañado de un vértigo leve como cuando saltamos sobre nuestra sombra o contemplamos las olas que lanzan resoluciones incomprensibles a una orilla de un gris cada vez más oscuro. Nos exime de intentar sacar provecho de la atención al ritual, como mirar la araña conduce su recuerdo desde la periferia hasta el orbe central cuando cae la noche.


*

Quería de verdad una historia que fuera mía. Como si hubiese alguna evidencia en el deletreo. ¿Pero qué pasaba si mi experiencia era esa clase de nieve que no se acumula? ¿Un amontonamiento de instantes que no ascendía a una dimensión? ¿Qué pasaba si volvía de vagabundear dentro de mis propias fronteras, desnuda, con los rasgos demasiado tenues para el espejo, insuficientes para las demandas de la noche? En una carrera tan larga no pude engañar a las apariencias: los días y las noches se sumaron sin sumar. Nada que repasar en la cama antes de ir a dormir. Hasta la memoria era inutilizable, un paisaje escarpado con gravedad pero sin monumentos, que no atrapaba vista, no impedía su deslizarse hacia el horizonte donde la prosa del mundo cede el paso al buen funcionamiento del miedo. Si la rueda apenas toca tierra la velocidad tiene que ser enorme.


*

Yo sabía que lo verdadero o falso es irrelevante en la búsqueda del conocimiento que debe encontrar sus propias formas de evitar caerse mientras avanza hacia los horizontes de la luz. No podemos aspirar a probar la gravedad por el hecho de que coincida con la caída de una manzana cuando la naturaleza de la coincidencia es lo que la mordida de Eva puso en entredicho. Mi avance se frenaba por tu mano que rozaba mi pecho, como el viaje a lo largo del nervio óptico disminuye el torrente de la luz. Pero después la luz no acontece, ni siquiera en la cama. Es esa clase de lenguaje que se desintegra en la comunicación, como vos podrías hacerlo en mi deseo. Es necesario que la atención se enfoque en la plenitud de la sombra para iluminar un cuerpo que pesa sobre el horizonte, pero sin mellar su indiferencia.


*

Al final llegué a preferir el riesgo de la caída antes que la arrogancia del suelo firme y me situé en la línea delgada de la traducción, balanceándome precariamente entre el cuerpo al servicio de la lentitud y las clases de cargas eléctricas que zumban en los campos que no pudo pisar nadie. Al volverse la carga contra mi retina del rojo análogo al de un geranio me pregunté si la traducción iba a ser a la aritmética o de vuelta a mi silencio natal. ¿O acaso esta pregunta era reversible, como izquierda o derecha? ¿Y se podía resolver con el modelo de androginia no estándar, repartiendo las zonas sensibles entre los contendientes? Mientras tanto el lenguaje cotidiano pone todo su vigor en mantener la manzana con la costumbre de caer por la curva de un mundo que ya no habilita pies planos y la materia se volvió demasiado porosa para ponérselos encima.

Versiones en castellano de Sandra Toro
http://el-placard.blogspot.com.es/search?updated-max=2016-09-11T15:13:00-03:00&max-results=10&start=2&by-date=false


4

Even if a woman sits at a loom, it does not mean she must weave a cosmogony or clothes to cover the emptiness underneath. It might just be a piece of cloth which, like any center of attention, absorbs the available light the way a waterfall can form a curtain of solid noise through which only time can pass. She has been taught to imagine other things, but does not explain, disdaining defense while her consciousness streams down the rapids. The light converges on what might be the hollow of desire or the incomplete self, or just lint in her pocket. Her hour will also come with the breaking of water.


7

It’s a tall order that expects pain to crystallize into beauty. And we must close our eyes to conceive of heaven. The inside of the lid is fertile in images unprovoked by experience, or perhaps its pressure on the eyeball equals prayer in the same way that inference is a transition toward assertion, even observing rites of dawn against a dark and empty background. I have read that female prisoners to be hanged must wear rubber pants and a dress sewn shut around the knees because uterus and ovaries spill with the shock down the shaft.


8

The meaning of certainty is getting burned. Though truth will still escape us, we must put our hands on bodies. Staying safe is a different death, the instruments of defense eating inward without evening out the score. As the desire to explore my body’s labyrinth did, leading straight to the center of nothing. From which projected my daily world of representation with bright fictional fireworks. Had I overinvested in spectacle? In mere fluctuations of light which, like a bird’s wingbeat, must with time slow to the point of vanishing? What about buying bread or singing in the dark? Even if the ground for our assumptions is the umber of burnt childhood we’re driven toward the sun as if logic had no other exit.


12

I worried about the gap between expression and intent, afraid the world might see a fluorescent advertisement where I meant to show a face. Sincerity is no help once we admit to the lies we tell on nocturnal occasions, even in the solitude of our own heart, wishcraft slanting the naked figure from need to seduce to fear of possession. Far better to cultivate the gap itself with its high grass for privacy and reference gone astray. Never mind that it is not philosophy, but raw electrons jumping from orbit to orbit to ready the pit for the orchestra, scrap meanings amplifying the succession of green perspectives, moist features, spasms on the lips.


17

In Providence, you can encounter extinct species, an equestrian statue, say, left hoof raised in progress toward the memory of tourists. Caught in its career of immobility, but with surface intact, waiting to prove that it can resist the attack of eyes even though dampened by real weather, even though historical atmosphere is mixed with exhaust like etymology with the use of a word or bone with sentence structure. No wonder we find it difficult to know our way about and tend to stay indoors.


26

I wanted to settle down on a surface, a map perhaps, where my near-sightedness might help me see the facts. But grammar is deep. Even though it only describes, it submerges the mind in a maelstrom without discernable bottom, the dimensions of possibles swirling over the fixed edge of nothingness. Like looking into blue eyes all the way through to the blue sky without even a cloudbank or flock of birds to cling to. What are we searching behind the words as if a body of information could not also bruise? It is the skeleton that holds on longest to its native land.


31

As if I had to navigate both forward and backward, part of me turned away from where I’m going, taking the distance of long corridors to allow for delay and trouble, for keeping in the dark while being led on. In this way Chinese characters seem to offer their secret without revealing it, invitation to enter a labyrinth which, like that of the heart, may not have a center. It is replaced by being lost which I don’t like to dwell on because the search for motivation can only drive us downward toward potential that is frightening in proportion to its depth and sluicegates to disappearance. It is much better, I have been advised, just to drift with the stream. The ink washes into a deeper language, and in the end the water runs clear.


*

Many questions were left in the clearing we built our shared life in. Later sheer size left no room for imagining myself standing outside it, on the edge of an empty day. I knew I didn’t want to part from this whole which could be said to carry its foundation as much as resting on it, just as a family tree grows downward, its branches confounding gravitation and gravidity. I wanted to continue lying alongside you, two parallel, comparable lengths of feeling, and let the stresses of the structure push our sleep to momentum and fullness. Still, a fallow evening stretching into unknown elsewheres, seductive with possibility, doors open onto a chaos of culs-de-sac, of could-be, of galloping off on the horse in the picture. And whereto? A crowning mirage or a question like What is love? And where? Does it enter with a squeeze, or without, bringing, like interpretation, its own space from some other dimension? Or is it like a dream corridor forever extending its concept toward extreme emptiness, like that of atoms?


*


What once had been vehemence now seemed to inhibit us. We could never again come to its watermark, with all the ambivalence in the air. You seemed instead like too thin skin, shrinking suspiciously from close-ups, unaware that I was also on my guard, ready to retreat as soon as the mind gets soft with the warmth and begins to shed its clothes. Once you blur the distinction between equal and equivocal, space is interrupted and disappears in subcutaneous shivers. But it would be a pity if nothing more happened between us because we have memorized ourselves too thoroughly and are wary even as we travel through the passes and impasses of sleep, through layers of velvet density, back to the innermost desire anchored in all our questions and actions, anchored so deeply that we cannot touch it.


*

The injury was in not responding until the shiniest sheet of tension lay glistening between us and the balance of power started to slip on the ice. At the speed of slight the clocks run counter. I tried to recall the moment when I realized that wind losing momentum may not mean holes in the argument or ice so that the fish can breathe. We needn’t quarrel if, instead of surveying our relation from within, we allowed that we had each drawn the line with flying colors, so that you saw red zigzag lightning where I lay down on a green lawn. Moving at different speeds we contracted different diseases and took the most negative measure of each other’s hunger. This was why the ratio of emotional to body heat remained impaired even though we wore boots and heavy coats. It would take wrapping up in words.


*

I worked hard at keeping perspective in the family and periodically faced in your direction as the faithful toward the East. Your space was framed so differently from mine that it located your “here” around the curve of the horizon, unreachable by even my longest sentence. All I could see was a glare as over the Great Fire of London. So that landscape became a religion of surface, teaching divine imperfection and replacing baptism by fire. You thought it was improbable that the concept of original sin was upset by electricity in motion any more than by gravity’s competing for the apple. The question of intimacy did not come up to the temperature, but had to be raised so we could get out of the building already full of smoke. It may be easier to speed the process of oxidation than to hold on to the illusions of communication. Nor can the sign for water quench the flames in my lungs. It only inhales loads of silence which connect and separate us according to the twists and turns of the plot.


*

With the body running down inexorably, how can we each day reweave our net of closeness and distance? But though time burns at both ends, it rolls around the clock, and evening replays events of the day in a new light, showing perhaps electric waves instead of raindrops, glittering on a spiderweb. The relation is not resemblance, but pulling the trigger on a nerve. While time takes the shortest cut right into consciousness, physical cause stops at the door. There remains an ultimate gap, as between two people, that not even a penis can bridge, a point at which we lose sight of the erection crossing a horizon in the mind. This is accompanied by slight giddiness as when we jump over our shadow or admire the waves rolling incomprehensible resolutions in a border of darker and darker gray. It dispenses us from trying to draw profit from attention to ritual, like watching the spider ride its memory from periphery to center orb at nightfall.


*


I badly wanted a story of my own. As if there were proof in spelling. But what if my experience were the kind of snow that does not accumulate? A piling of instants that did not amount to a dimension? What if wandering within my own limits I came back naked, with features too faint for the mirror, unequal to the demands of the night? In the long run I could not deceive appearances: Days and nights were added without adding up. Nothing to recount in bed before falling asleep. Even memory was not usable, a landscape hillocky with gravitation but without monuments, it did not hold the eye, did not hinder its glide toward the horizon where the prose of the world gives way to the smooth functioning of fear. If the wheel so barely touches the ground the speed must be enormous.


*

I knew that true or false is irrelevant in the pursuit of knowledge which must find its own ways to avoid falling as it moves toward horizons of light. We can’t hope to prove gravity from the fact that it tallies with the fall of an apple when the nature of tallying is what Eve’s bite called into question. My progress was slowed down by your hand brushing against my breast, just as travel along the optic nerve brakes the rush of light. But then light does not take place, not even in bed. It is like the kind of language that vanishes into communication, as you might into my desire for you. It takes attention focused on the fullness of shadow to give light a body that weighs on the horizon, though without denting its indifference.


*

Finally I came to prefer the risk of falling to the arrogance of solid ground and placed myself on the thin line of translation, balancing precariously between body harnessed to slowness and categories of electric charge whizzing across fields nobody could stand on. Working the charge against my retina into the cognate red of a geranium I wondered if the direction of translation should be into arithmetic or back into my native silence. Or was this a question like right or left, reversible? And could it be resolved on the nonstandard model of androgyny, sharing out the sensitive zones among the contenders? Meanwhile everyday language is using all its vigor to keep the apple in the habit of falling through the curve of the world no longer fits out flat feet and matter’s become too porous to place them on.

(Lawn of Excluded Middle, NY: Tender Buttons, 1993).


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