miércoles, 12 de noviembre de 2014

LUIS PASTORI [13.985]


Luis Pastori

Luis Pastori (La Victoria, estado Aragua, Venezuela  25 de agosto de 1921 - Caracas, Venezuela; 16 de septiembre de 2013) fue un poeta, economista y académico venezolano.

Estudió economía en la Universidad Central de Venezuela de donde egresó en 1949 junto con el también escritor Domingo Maza Zavala. En la misma institución obtuvo un posgrado en desarrollo económico. En el Banco Central de Venezuela trabajó durante 37 años, tiempo en el cual llegó a ser vicepresidente de la institución. También se desempeñó como Ministro de Estado para la Cultura y como presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela.

Trayectoria literaria

Desde los 14 años comenzó a publicar poesía en un diario, hoy desaparecido, de La Victoria llamado Brotes. A los 20 años publicó su primer libro de poemas. Ha trabajado como traductor de poesía y su propia obra ha sido traducida a más de 12 idiomas, incluido el árabe y el chino. Ha recibido, entre otros galardones, el Premio Municipal de Poesía en 1950, el Premio Nacional de Literatura (Venezuela) en 1962, y el Premio Hispanoamericano de Poesía León de Greiff en 1984. Es miembro Número y ex director de la Academia Venezolana de la Lengua. Desde 1999 dirige la revista BCV Cultural del Banco Central de Venezuela.

Obra

Además de los siguientes libros, Pastori es coautor (letra) del Himno de la Universidad Central de Venezuela, al lado de su amigo el también escritor Tomás Alfaro Calatrava, con música de Evencio Castellanos. El coro de dicho Himno se reproduce a continuación:

Campesino que estás en la tierra,
marinero que estás en el mar,
miliciano que vas a la guerra
con un canto infinito de paz;
nuestro mundo de azules boínas
os invita su voz a escuchar.
Empujad hacia el alma la vida
en mensaje de marcha triunfal.
Himno Universitario


Poemarios:

Poemas en italiano (Traducciones, 1941)
Quince poemas para una mujer que tiene quince nombres (1942)
Las canciones de Beatriz (1947)
País del humo (1948)
Herreros de mi sangre (1950)
Tallo sin muerte (1950)
Toros santos y flores, (1950)
Aire de soledad (1959)
Elegía sin fin (1962)
Hasta la fecha (1964)
Trompos y testimonios (1964)
Definitivamente enamorado (1965)
Caracas y la poesía (Antología, 1966)
Tiempo de glosa (1967)
Trofeos de caza (1969)
Hasta aquí me trajo el río (1977)
Sonetos intemporales (1977)
Sinrazones (1983)
Sermones Laicos (1990)
Siempre crece un pino (soneto)




Bicicletas azules

¿Es que hay un alma? 
¿No será la materia 
el duro aposento 
y, al mismo tiempo, 
la única y sola dinámica? 

Colegid 
la dura estirpe del átomo,
el cráter milenario de la abeja
zumbando su lava pegajosa; 
o la muerte como un racimo de cenizas 
frotando espejos de vacíos escaparates. 

El alma del hombre 
es traspasada por ventiscas 
y nubes y elefantes azules. 

Y gime, como la bicicleta 
entre las piernas de las muchachas.

De su libro Sinrazones (1983)





CALLE SOLA

Tu calle ya no es tu calle.
Que es una calle cualquiera,
camino de cualquier parte.
               Manuel Machado


La estrella se mudó de tu ventana.
Por ello, en soledad, entre otras cosas,
el jardín y sus fuentes memoriosas
se asordan bajo un doble de campana.

Junto al vagar de occiduas mariposas
entre la hiedra, el colibrí se afana
por ser el ruiseñor que en la mañana
canta fugaz a las fugaces rosas.

En la imagen, vestigio del olvido,
el aire tiene un aire envejecido,
de tanta lasitud y tanta calma.

Da pena terminar el recorrido,
pues allá, hacia el final descolorido,
la calle está más sola que tu alma.




Ausencia (fragmento)

Pero tal vez algo hubiera faltado.
Uno se acostumbra, a veces a la sombra
de una mano en el brazo,
a tocar la piel de una sonrisa
junto a los hombros,
a compartir el espacio de la sombra
de nuestro cuerpo
con un cuerpo amado que cabe justamente
en la sombra de ese espacio.

de Palabras de otros años




Siempre crece un pino

Marchándose sin prisa como vino
y agitado en su copa por el viento,
mi corazón es un arroyo lento
en cuya orilla siempre crece un pino.

En cuya orilla siempre crece un pino,
mi corazón es un arroyo lento,
agitado en su copa por el viento,
marchándose sin prisa como vino.

Marchándose sin prisa como vino,
agitado en su copa por el viento,
en cuya orilla siempre crece un pino.

En cuya orilla siempre crece un pino,
mi corazón es un arroyo lento,
marchándose sin prisa como vino.

de Sonetos intemporales





Paréntesis en zoología 
para represar a la palabra “Amor”


Por la jirafa,
que aspira a morder la luna;

por la cebra,
que al nacer se revolcó en un banco
recién pintado;

por el asno,
que se robó la flauta de Bartolo
y que piensa –como todo el mundo-
que la grama es verde y que la luna
es oro;

por el galápago,
que heredó el peto de Amadís de Gaula
y que afirma, con risa subcutánea,
que su concha de anacrónica Edad Media
fue modelo en las fraguas de la Muerte
para el tanque blindado de esta guerra;

por el ratón,
que anda siempre temiéndole al estoque
de Hamlet;

por el mono,
que ahora sí tiene miedo de ser hombre;

por la mariposa,
cromática reducción del aeroplano;

por el loro,
dictáfono de chicos y grandes de la casa…

Y por todos los que a tiempo no acudieron
al refugio del Arca, y no sintieron
el bronce de las voces patriarcales,
Alicia –Sherezada, Blanca Nieve-
Alicia, mirlo blanco, yo te quiero!

(Del corazón del pez saltó Esmeralda)

y Aquiles del talón del oso blanco,
Penélope a la tela de una araña
y el gordo Tartarín a Rocinante).

Alicia: Jezabel, Martha, María.
Alicia: fuente limpia, rama nueva.
Alicia, uva del tiempo, corza mía.
Alicia,  mirlo blanco, yo te quiero!







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