lunes, 25 de agosto de 2014

CHRIS K CABRERA [13.020]


Chris K Cabrera

Nace en Caracas, Venezuela el 1 de noviembre de 1984. Tesista de la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello. Ha asistido a los talleres de poesía de Carlos Brito, Miguel Marcotrigiano, Armando Rojas Guardia y al diplomado de escritura creativa ICREA. Ha participado en varios recitales en bares y librerías, recitales radiales, en el Festival de la Lectura Chacao y en el Jamming Poético. Sus poemas han sido publicados en la revista Dos Disparos (Chile) y en el blog de poesía Afinidades Electivas (Venezuela). Actualmente escribe el blog vertexvertebralis.blogspot.com.






Patria

Patria, patria, patria
Podrida
Árida
Tirana
Revolucionaria
Impune
Analfabeta
Patria devaluada
de ortos baratos
y conciencias pre-pago
Patria, patria, patria
Pobre
Anárquica
Troglodita
¡Roja, rojita!
Ilegítima
Amordazada
De balas y sueños perdidos
la muerte nos acaricia a diario
La vida se convierte en calvario
que termina en cortejo fúnebre de autopista
Patria, patria, patria
Pusilánime
Acomplejada
Torturadora
Robada
Inepta
Angustiada
Con un David que se eleva
hacia el infierno
y María Lionza
con sus tetas bien montadas
testigos de la decadencia
Patria, patria, patria
Puta
Arrastrada
Terrible
Rabiosa
Intolerante
Amnésica
De adolescentes preñadas
universitarios vejados
y profesionales sin empleo
De la palanca
del matraqueo
Cegada por la viscosidad petrolera
“República Bolivariana de la Corrupción”
hundida en plomo y arepas
Patria, patria, patria
Perdida
Anormal
Trágica
Rencorosa
Impotente
Aniquilada
Roja y vinotinto
de sangre fresca y seca
Inundada de miseria
esclava de su mito
derrama sus vísceras sobre el bigote
de las trilogías de los penes peces
¡Ay, Patria!
Patria que me ahogas
 tan violada
Yo
 tan cansada
Paaaaaaaatria, paaaaaatria,
paaaaaaaaaaaaaa.





Siembro ruinas sobre tus párpados
para no verme diluida
entre lágrimas

Escapo de tu voz
para que no me pronuncies
ni me muerdas

Tu cadencia cristaliza
esta síncopa errante
nómada de sí misma
que atas a tu alquimia
a tu arquitectura de ecos

A mi desvarío de sombras






Llevo una soga de ausencias
que se abrazan a mi cuello

Me sostienen con su toque desaparecido
se acercan con su anatomía de olvidos 
cantan con voz lejana
repiten que no hay retorno
que me extrañan
que aparecerán
enmudecen
palpitan
estallan
mueren
lloran
gritan
ven
ven






A Adalber Salas    
            
Hilvanando tus versos
la tristeza se te hace costumbre
el vórtice de arena te rompe en vidrios

Hecho pedazos
reconstruyes un espejo que no te ve
suturar no une los labios de tu herida

Extranjero de tu carne
sangras una estirpe calcinada
sumerges la lengua en una tierra sin herencia

Reclamas a los muertos
sacramentar la última palabra
resucitarla en tu voz
piadosamente pronuncias
La única ley de los muertos es el murmullo






Mi rostro deambula traumas
lastre de deseos y rencores
un beso
un golpe

Mi rostro se derrama sobre mí
viscosa realidad la del silencio
un eco
un murmullo

Mi rostro se ata a la intemperie
a la brusquedad de otras manos
un poema
un delito







Somos un juego de vértebras
mercancía palpitante
aferrada a lo imposible 
tenemos un precio
valemos la tortura de otros
el trabajo del tiempo
El cautiverio no es más que una excusa
sobrevivir es una tarea ajena
empuñada en el vientre
Escucho
el sonido de los gatillos
clic clac
el silbido del cañón
Respiro
el olor del crack
respiro
un incienso
La última mirada de reojo al valle infeliz
sobre sus cabezas me yergo tan cerca del cielo
tan lejos de mí
Caracas te odio
soy víctima de tu impunidad
indignada por tu desidia
¡te insulto!
Caracas eres la cuna de masacres
la madre de los asesinos
el paraíso de los malandros
la santa de la cloaca
la virgen de los narcos
el ángel del tukky
la diosa de la anarquía
Te odio Caracas
tu montaña pudre las almas
resguarda delincuentes
el Ávila de Cabré
desapareció
debajo de tanta sangre
bala y extorsión
¡Vivimos en Caracas para matarnos!
Sentenciados al ultraje
de las glocks, las verettas, las empires
los funcionarios barrigones
los biopolímeros
el Superior, la Belmont
los betas, las negociaciones, los siniestros
Sí, ¡ Te odio!
Caracas, ya no tienes alma
Eres la ruta
el kilometraje anémico
la vía al suicidio
Hay luces
quizás mi libertad
Creo
creo en algo
la vida no es cualquier cosa
a veces un manojo de dinero
otras un pecado mortal
o el respiro ajeno de una plegaria
¿A quién le importa?
Sujetamos lo incompleto
Lo raído por una sociedad lambucea
que se duerme contando balas
y desayuna en la morgue
Somos estadísticas
otro suceso de la “Gran Cloaca”
la histeria
la paranoia
de una ciudad herida de gravedad
que perece
ahogada
más allá del Guaire
Caracas hay que sepultarte





Reverso

Este comienzo
se me derrama en varias bocas

Gotea al fondo de mi rostro
sangra sin hacer ruido
me desdibuja la voz

Cae
Detrás del último verso
Difuminado y sin nombre

 




Legión

Toda la carne expuesta
como ladrillos jadeando historias
extranjera
buscando un suelo
embriagado

poluto
donde asirse sin pies
respirando la multitud

 




Despertar

Despertar
En el estallido de una aorta
en medio del insomnio
para consumirse cabizbajo
Despertar
Para recrearse inútil y sin sentido
Despertar
De la incomodidad de un aliento fracasado
arrastrándose por las paredes del cielo
Despertar
Despertar
Siendo un neologismo derrocado por el ruido

 




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