sábado, 14 de febrero de 2015

LOPE DE ESTÚÑIGA [14.874]

                                                           Cancionero de Stúñiga 



 Lope de Estúñiga 


(1407  -  1480)
Aristócrata y poeta castellano de origen navarro, nacido hacia 1410 y muerto hacia 1480. 

Es seguramente más conocido por dar, de manera arbitraria, nombre a un cancionero cuatrocentista, el Cancionero de Estúñiga, que por sus propias composiciones poéticas. 

Su vida resulta un destacado prototipo de caballero, justador y compositor de versos, a imagen del pathos caballeresco de la época que describiese el maestro Huizinga en su universal estudio.

Nació don Lope en el seno de una de las familias nobiliarias que, procedentes del solar navarro que su nombre indica (Zúñiga), iba a protagonizar varios episodios importantes de la turbulenta historia cuatrocentista castellana. Fue su padre Íñigo Ortíz de Estúñiga, tercer hijo de Diego López de Estúñiga, quien ostentó el cargo de Justicia Mayor de Castilla y era, a su vez, hijo de otro Íñigo Ortíz de Estúñiga, denominado el de las Cuevas, cuya participación en la guerra civil castellana al servicio de Pedro Iestá perfectamente documentada.

El padre de Lope casó, por instancias de su padre, con doña Juana de Navarra, hija ilegítima del monarca navarro Carlos III. Tal desposorio, concertado en 1396 y contraído en 1403, iba a propiciar que la nueva pareja pasara a residir en territorio castellano, quizá porque ya desde las más tempranas confederaciones nobiliarias, los Estúñiga se mostraron como firmes partidarios del rey de Castilla Juan II, quien, a su vez, les recompensó larga y sinceramente durante todo su reinado. El matrimonio tuvo cinco hijos, Diego, Juan, Lope, Íñigo y Francisco. Es el tercero, Lope Ortíz de Estúñiga, el poeta del Cancionero cuya biografía comienza con el incierto año de su nacimiento; la conjetura de Benito Ruano sitúa tal datación en el año 1407, aunque sólo se trata de una pesquisa congruente con el resto de hechos de su vida. De hecho, cualquier fecha entre este año y 1410 podría ser perfectamente válida.

Sí está, en cambio, documentada la primera participación de Lope en el universo de las pugnas civiles que asolaron la península Ibérica durante el siglo XV. Se trata de la defensa, junto a sus dos hermanos mayores, de la fortaleza de Mendavia, uno de los lugares del patrimonio de su linaje que, dentro de la guerra que mantenían los infantes de Aragón, Juan y Enrique, contra su primo, Juan II de Castilla, estaba siendo invadido por las tropas de este último. Sin embargo, lo cierto es que el padre de Lope simpatizó más por la causa castellana que por la de su propio territorio, lo cual conllevó que fuese despojado de sus estados en Navarra y que, por contra, el monarca al que había prestado apoyo le recompensase con varias villas, entre ellas el señorío de Cerezo. Por ello, a partir del año 1430 parece constatable la instalación del linaje de los Estúñiga, al menos lo que respecta al poeta Lope, en territorio castellano.

Apenas cuatro años más tarde, Lope Ortíz de Estúñiga fue uno de los participantes más destacados en la puesta en escena más idealista de toda la ética caballeresca del siglo XV peninsular: el Paso Honroso. De acuerdo con el ideal de defensa de la virtud de los caballeros (véase paso de armas), varios justadores procedentes de las más diversas familias nobiliarias, capitaneados por Suero de Quiñones, se aprestaron en el puente del río Órbigo (León) con el fin de pelear con quien quisiera pasar por él, para demostrar de manera trepidante todo el romanticismo de un ideal. Precisamente, a juzgar por los comentarios en crónicas y los testimonios que, aunque tardíos, han llegado hasta nuestros días de tan afamado suceso, Lope de Estúñiga, considerado lugarteniente del propio Suero de Quiñones, figuró como uno de los más destacados justadores de dicha empresa; ello quiere decir que su fama como guerrero comenzó a forjarse desde su participación en el Paso, fama que llegaría, incluso a superar su deceso.

Al parecer, el poeta participó también en otro torneo de similares características en el año 1435, celebrado en la ciudad de Segovia a instancias del rey Juan II de Castilla, contra afamados justadores venidos del extranjero. En el total de estos torneos y juegos de armas, parece que las justas en las que participó Lope de Estúñiga rondaron la quincena y quebró más lanzas de sus oponentes que éstos la suya. También hay que apuntar en el debe de estos acontecimientos toda una producción literaria de un género típicamente caballeresco, las letras de justadores, donde destaca el intercambio acontecido entre él y el conde de Fuensalida, Pedro López de Ayala, cuya visible enemistad llevaría a don Lope a retarle incluso cercano ya el fin de su vida, para conseguir la satisfacción caballeresca inherente a tal empresa.

Las crónicas de la época ofrecen más datos acerca de la participación del poeta en los diversos acontecimientos de índole pública, según el acertado calificativo de Benito Ruano, que sucedieron en el decurso de la decimoquinta centuria. El primero de todos ellos tuvo lugar en 1434, donde Lope Ortíz de Estúñiga figuró como uno de los caballeros que, bajo el mando de Fernán Álvarez, capitán mayor de la frontera jienense, tomó al asalto la villa de Huelma. A juzgar por los comentarios de Benito Ruano, parece ser la única acción bélica en la que realmente estuvo implicado. Por contra, todo el resto de sus apariciones en la vida política castellana están marcadas bajo el signo de las querellas nobiliarias, las famosas guerras de banderías del siglo XV.

Cuando todos los linajes del reino se debatían entre apoyar a la facción aragonesista o la facción que, a extraño modo de poder real, representaba Álvaro de Luna, los Estúñiga pasaron de una fidelidad a los infantes de Aragón, en los primeros años de conflicto, a mostrarse abiertamente partidarios del condestable Luna, al menos cuanto a Lope se refiere. En junio de 1440 el poeta fue instado por Enrique de Aragón, a la sazón Maestre de la Orden de Santiago, para que diese explicación al hábito santiaguista que éste lucía. Parece ser que las razones fueron aceptadas, Lope asegurado en su condición de freile y, muy importante, instaurado Trece de la citada orden. Apenas un año más tarde, su propio padre, el mariscal Íñigo Ortíz de Estúñiga, fue hecho prisionero por el infante don Enrique, lo que, en opinión de Benito Ruano, fue la causa del sentimiento antiaragonesista de su hijo y su afinidad con el poderoso condestable, al que incluso apoyó cuando, a raíz de la muerte del infante en la batalla de Olmedo (1445), Álvaro de Luna estrechó su cerco al maestrazgo de Santiago que quedaba vacante.

Sin embargo, y totalmente dentro de las veleidades y cambios de bando sin aparente sentido típicos de la época, una de las composiciones más afamadas de Lope de Estúñiga se basa en el cerco que el rey Juan II y su valido pusieron a la villa de Atienza, en el verano de 1446. Aunque es completamente desconocida la participación del poeta en la defensa de dichas murallas, lo cierto es que el ensalzamiento de las supuestas heroicidades perpetradas por los rebeldes contra su rey muestra el alineamiento de, al menos, sus sentimientos con los defensores de la villa.

En el terreno económico, quizá la respuesta a la adhesión de Lope hacia Álvaro de Luna se deba plantear en estos exclusivos términos. El estudio de Benito Ruano demuestra las ricas partidas económicas que tenía a su disposición de la hacienda pública. Como era el condestable la persona que, relativamente pero con gran peso, manejaba las raçiones e quitaciones del erario castellano, no es de extrañar que su afinidad se debiese a la concesión de mercedes y prebendas monetarias. Empero, también es cierto que pese al funesto término de los días de poder de Álvaro de Luna, Lope de Estúñiga siguió contando, al menos en el plano económico, con el apoyo de Juan II.

Cambiando de sentido, pero igualmente relacionado con los datos económicos (que son los que han permitido averiguar tal cuestión), el nombre de doña Mencía de Guzmán, hija de Pero Suárez de Toledo y Leonor de Guzmán, aparece como la esposa de Lope Ortíz de Estúñiga. Los indicios han permitido a Benito Ruano indicar que el matrimonio hubo de celebrarse con anterioridad al año 1451 y, seguramente, por segunda ocasión para el poeta.

También aproximadamente por estos años, Lope Ortíz de Estúñiga pasó a figurar como uno de los nobles más importantes de la ciudad de Toledo, donde estaba radicado su señorío de Polán. Los tiempos eran confusos, pues no olvidemos que se trata, entre el fallecimiento de Juan II (1454) y el advenimiento de los Reyes Católicos, de la época en la que las querellas de bando se tornaron con demasiada frecuencia en gravísimos enfrentamientos civiles, máxime si se tiene en cuenta la existencia de un usurpador proclamado rey en 1465 (véase Farsa de Ávila), el infante don Alfonso, hermano del legítimo sucesor, Enrique IV, a quien los Estúñiga, y especialmente Lope, mostraron su simpatía y apoyo en las contiendas abiertas por el poder. Poco tiempo antes, en el año 1464, tuvo lugar uno de los episodios más célebres en la vida del vate Estúñiga: no se sabe bien por qué razón, su esposa, doña Mencía, buscó refugio en el toledano convento de Santo Domingo y abandonó la casa del matrimonio. El cónyuge, supuestamente enfurecido, derribó la puerta del sagrado refectorio y volvió a llevarla consigo de nuevo a la fuerza. El posterior juicio sobre el tema se resolvió, con motivo de la condición caballeresca del acusado, con un arresto domiciliario levantado al año siguiente, toda vez solucionadas las disputas con su mujer mediante el acercamiento de posturas llevado a cabo por ambas familias.

Desde el acontecimiento narrado con anterioridad hasta el final de sus días, el poeta se vio envuelto en toda clase de enfrentamientos desencadenados en la imperial ciudad a propósito de las intrigas nobiliarias en favor de uno u otro monarca. Algunos años antes, concretamente en 1458, había hecho Enrique IV profunda insistencia en que don Lope abandonase su solar polanés para rendirle el correspondiente pleito-homenaje de fidelidad debida, al igual que el resto de habitantes y omes buenos de la ciudad del Tajo. Tal acción, efectuada en noviembre de 1464, no evitó que, al año siguiente, el propio Lope, junto al conde de Cifuentes y los mariscales Payo de Ribera y Fernando de Rivadeneyra, provocasen una sublevación de la ciudad en contra del legítimo monarca, para lo cual contaron con la ayuda de Pero López de Ayala, alcalde mayor de la ciudad. Estos personajes fueron los protagonistas de un buen número de enfrentamientos acontecidos en la ciudad desde 1465 hasta, con respecto al personaje biografiado, la misma fecha de su fallecimiento.

Entre todas ellas, aparte de la ya mencionada, merece la pena destacar la acontecida en 1468 con ocasión del fallecimiento de Alfonso el Inocente, así como los resquicios de la expulsión de la ciudad a parte de los rebeldes, entre los que se contaba el poeta. El período que abarcan los años 1468 y 1472 está marcado, además de por las belicosas intenciones de todos los implicados en el juego político, por la enemistad entre Lope de Estúñiga y Pero López de Ayala, mencionada anteriormente en relación a las letras de justadores. Con posterioridad, y como siempre contrario a Enrique IV, el poeta participó en el motín toledano de 1474 a favor de los Reyes Católicos en el que se expulsó de la ciudad a los enriqueños y también tomó parte activa en el despojo de dignidades y cargos a su favor.

Esta acción fue la última de la que se tiene constancia que hizo Lope, puesto que su testamento, fechado en agosto de 1477, parece indicar que la enfermedad y la vejez ya agotaban su siempre envalentonado ánimo. Así, su última voluntad fue que sus restos descansasen en el monasterio de Santa Catalina, sito en Toledo, la que había sido su ciudad de adopción. De acuerdo con las actas de los capítulos santiaguistas, Benito Ruano certifica la defunción de Lope Ortíz de Estúñiga entre 1477 (última aparición suya en el Capítulo, aunque ausente) y 1480 (cuando ya no se le menciona). Su estirpe continuaría por medio de su hijo Íñigo Ortíz de Estúñiga, que casaría con una hija del citado Payo de Ribera.

Obra poética

Como poeta, Brian Dutton ha reunido un total de treinta composiciones suyas, a las que tal vez haya que adjuntar las cinco incluidas en el Cancionero general bajo el nombre del "Comendador Estúñiga", aunque es bastante improbable. Todas ellas responden claramente a la retórica característica de la poesía de cancionero; su tema es generalmente amoroso, con una dama tan bella y amada como esquiva. A pesar de su indudable calidad, su fama se debe en buena medida a haber dado nombre al Cancionero de Estúñiga, recopilado en Nápoles después de la muerte de Alfonso V de Aragón y que recoge, en buena medida, el espíritu de su corte. Sin embargo, el título de dicha colección poética se debe simplemente a que es Lope de Estúñiga el autor del primero de los poemas; no se debe, por tanto, ni a su fama ni tampoco al número de sus versos ahí recogidos, pues sólo hay ocho composiciones. Por supuesto, este hecho le ha granjeado un especial reconocimiento por parte de la crítica que, a la luz de lo conservado, está lejos de merecer frente a artistas mucho más prolíficos, exitosos en sus días y del gusto del lector actual. De entre sus poemas destacaremos Llorad, mis llantos, llorad y Si mis llagas mortales, sin lugar a duda los más conocidos de su producción.

Mención aparte merecen sus autotituladas coplas esforçando a sí mismo, estando preso. Según el acertado planteamiento de Benito Ruano, el único episodio de la vida del poeta susceptible de servir de contexto a tal composición fue precisamente el incidente antes comentado con su mujer, lo que supone un jugoso estímulo para calibrar la relación realidad-ficción del modelo de amor cortés, modelo del que Lope de Estúñiga es uno de los más conocidos representantes en la Castilla de la época.

Bibliografía

BELTRÁN, V. La canción de amor en el otoño de la Edad Media. (Barcelona, 1989).
BENITO RUANO, E. "Lope de Estúñiga. Vida y Cancionero". (Revista de Filología Española, LI [1968], pp. 17-109; reed. en E. BENITO RUANO, Gente del siglo XV, Madrid, 1998, pp. 205-336).
DUTTON, B. El Cancionero castellano del siglo XV. (Salamanca, 1990-1991, 7 vols.)
HUIZINGA, J. El Otoño de la Edad Media. (Madrid, 1964).
SALVADOR MIGUEL, N. La poesía cancioneril. El Cancionero de Estúñiga. (Madrid, 1977).



A Lope de Estúñiga demandaron estrenas seis damas, e él fiso traher seis adormideras, e fisolas teñir, la una blanca, la otra azul, la otra prieta, la otra colorada, la otra verde, la otra amarilla. E puso en cada una dellas copla, e metiólas en la manga, e fiso que cada una de las damas metiese la mano en la manga, e que sacase aquella con que topase, et que cada una lo rescibiese en señal de su ventura. E las coplas son éstas:


                    PRIMERA 

                LA BLANCA 

           Ve dormidera cuitada, 
       Llena de grand amargura, 
       Amarte sin ser amada 
       Fué siempre la mi ventura. 

                LA AZUL 
  
           Bien segura puede estar 
       Cualquiera que me tomare, 
       Que nunca verá pesar 
       De cosa que bien amare. 

                LA PRIETA 

           Dama de grand gentilesa, 
       Guárdete Dios de mi suerte, 
       La cual fué siempre tristesa, 
       Muy más áspera que muerte. 

                LA COLORADA 

           A mi me llaman plazer, 
       Que fago tal juramento 
       De nunca te fallesçer, 
       Por ningund mal nin tormento. 

                LA VERDE 

           Esperança los que esperan 
       Me suelen todos llamar, 
       Mas algunos desesperan 
        Por mucho tiempo esperar. 

                LA AMARILLA 

           A mí llaman complimiento 
       De verdaderos amores, 
       Mas las dubdas y temores 
       Me ponen mucho tormento. 

   [Cancionero de Foulché-Delbosc.]


Canción

           Gentil dama esquiva, 
       De ti doy querella: 
       Fácesme que viva 
       Triste con mansiella. 
           Andaré llorando 
       Por tierras extrañas; 
       Mi cuerpo rasgando 
       Fasta las entrañas; 
        [p. 334] A todos mostrando 
       Mis cuitas tamañas 
       E como me dañas 
       En edad novela. 
       Gemido profundo 
       Mi lloro despierte: 
       En todo me fundo 
       Sobre triste suerte, 
       Tal nascí en el mundo 
       Que codicio fuerte 
       Pasar ya la muerte 
       Por mucho que duela. 
           Libertad estava 
       Conmigo segura 
       Amor la dexava 
       Vevir en folgura; 
       Porque te mirava 
        Vino fermosura, 
       Púsola en tristura 
       A do la encarcela. 
           En grand rason yace 
       De ti presomir 
       Que cierto te plase 
       Faserme morir, 
       Puesto que me fase 
       Mucho desmentir 
       El mi buen servir, 
       Sin otras cabtelas.

Querella
           ¡Oh triste partida mía, 
       Causa de secretos males! 
       ¡Oh cuidados desiguales, 
       Que destruyen mi alegría! 
       ¡Oh qué tanto bien sería 
       Un partir de aquesta vida, 
       Porque en fin de mi partida 
       Et mi vida fenescida, 
       Non muriese cada día! 
        
           Mis males eran nascidos 
       Ante de mi nascimiento; 
       En los signos de sabidos 
           Et planeta de perdidos 
       Fué mi triste fundamiento; 
       Et la rueda de fortuna, 
       Con el signo más esquivo, 
       Con la más menguante luna, 
       Me fadaron en la cuna 
       Para ser vuestro captivo. 
           Non porque vuestra figura 
       Con muchas virtudes dos 
        La cordura con mensura 
       Nin la vuestra fermosura 
       Eran nascidas, nin vos, 
           Mas porque habia de ser 
       Mandado de Dios asi 
       Que nasciesse mi querer 
       Para tanto vos querer, 
       Mucho más que quiero a mí. 
           E despues fuestes nascida, 
       Nascida con tal poder, 
       Con el cual muere mi vida 
       Sin poder ser defendida 
       De tan gran pesar haber 
           Como yo tengo queriendo, 
       Como yo tengo pensando, 
       Nunca cesso maldiciendo 
       Mi vida, que bien serviendo 
       Muere ya desesperando. 
           Que de muerte la quiteis 
       Non vos demando, querida, 
       Et si vos morir la veis, 
       Non negais que la mateis 
       Nin sereis de ella servida; 
           Que merced non pediria 
       De vida tan aborrida, 
       Porque muy mejor sería 
       De perderla en este día 
       Que assi verla destruida. 
           Como fueron assignados 
       Mis dias para ser vuestro, 
       Aunque fueron apartados, 
       Ya por fuerza son tornados 
        A servirvos más que muestro; 
           Piense vuestro pensamiento 
       Piedat muy virtuosa, 
       Et matad mi grand tormento, 
        [p. 335] Non por mi merescimiento, 
       Mas por ser vos muy piadosa. 
           Non podrian los amores 
       Del mundo todos juntados 
       El mayor con mis dolores, 
       Nin se igualen amadores 
       Nin pueden ser igualados, 
           Porque mi querer sobrado 
       A todos passa en amar, 
       Tanto que pienso cuitado 
       De morir arrebatado 
       O muerto m' han de fallar. 
           Si servicio merescistes 
       Non meresco grand pesar, 
       Et si vos me conoscistes 
       Para darme dias tristes, 
       Non vos dejo de loar; 
           Que, par Dios, despues de aquella 
       Devota virgen María, 
       De las otras sois estrella, 
       Nunca nasció tal donsella 
       Como vos, señora mia.

Otras suyas
       Esforçando a si mismo estando preso 

            Pues vuestra desaventura 
       Os ha puesto por el suelo, 
       Aqui do mora tristura, 
       En esta tiniebra escura 
       Conviene tomar consuelo: 
            Que los discretos varones 
       Ni por mucha malandança, 
       Ni por mas graves prisiones, 
       En sus nobles coraçones 
       Nunca reciben mudança. 
           Que con este seria cierto 
       Este mundo peligroso, 
       Que quien tiene mas concierto, 
       Lo que a la mañana es cierto 
       A la noche es mentiroso. 
           Pues firmeza no hay ninguna, 
       No se espera aver buen fruto, 
       Sino dañoso y corrupto, 
       Porque a nadie la fortuna 
       Nunca dio salvocandupto. 
           Y quien es mas ensalçado, 
       Esse está ménos quieto, 
       Que por nuestro mal pecado, 
       Pocas veces gran estado 
       Viene a manos de visnieto: 
           Y con este sobresalto 
       De trabajo [1] descendida, 
       ¿Quién sossegará su vida alto 
       Pues de quien sube mas 
       Se espera mayor caida? 
           Es de muy buena ventura 
       Aquel que nunca subió, 
       Pues que con ella assegura 
       De se sentir la tristura 
       Del triste que descendió. 
           Estos bienes mas contentos, 
       Pues no hay con qué se sienta 
        De fortuna su tormenta, 
       Que los de cincuenta cuentos 
       Todos cuentan esta cuenta. 
           Que los muy grandes señores 
       Que son en rica morada, 
       Son assi como las flores, 
       Que sus mayores favores 
       Son quemados de la elada. 
           Pues de bien que poco dura 
       Guarda bien de tu memoria, 
       Que quien tiene mas victoria, 
       La triste desaventura 
       Es vezina de su gloria. 
           Que ya vimos Padresanctos 
       Con dolor y con afanes, 
       Con otros cien mil quebrantos, 
       Y aunque traen ricos mantos, 
       Tornados en sacristanes: 
           Y también por otra parte 
        [p. 336] De muy baxos labradores 
       Muy altos Emperadores, 
       Porque fortuna reparte 
       Como quiere sus favores. 
           Que los bienes que tenemos, 
       De emprestado los tomamos, 
        Porque de contino vemos 
       Que unas veces los perdemos 
       Y otras veces los ganamos. 
           Que es juizio muy provado, 
       Y por cierto verdadero, 
       Que en el mundo baratero, 
       De quien sois encarcelado 
        Sois despues el carcelero. 
           Por ende, toda tristeza, 
       Desechad con alegría, 
       Sin que se muestre flaqueza, 
       Que la muy gran fortaleza 
       Dentro en el alma se cria. 
       .......................................... 

                     Cabo 

           Mas yo como no perdi 
       Por mi culpa lo perdido, 
       Consuélome que me vi 
       En lugar donde venci, 
       Aunque agora soy vencido. 
           Y pues ésta fué mi suerte, 
       No creais que por temor, 
       Ni por muy mayor dolor, 
       No ménos me hallo fuerte 
       Que si fuera vencedor. 

   [Cancionero de Foulché-Delbosc.]

Dezir sobre la çerca de Atiença
                    (Inédito.) 

            Sabet de nos, margarida, 
       Lo que razonan agora 
       De la gente defensora 
       Que non pudo ser vencida, 
       ¡Ay, margarida! 
           ¡O gente que sin medida 
       Sobrastes los doze pares, 
       La cual la planeta mares 
       Para sí tovo escogida, 
       De virtudes noblescida, 
        Encargada de verguença, 
       Por dó pudo bien Atiença 
       Ser por armas defendida, 
       Ay margarida! 
           Como vistes la venida 
       Del señor Rey de Castilla, 
       Por las faldas de la villa 
       Vuestra gente fué salida, 
       La suya non rescibida 
       Con muy grandes alegrias, 
       De malas noches e dias 
       Fue por vosotros servida. 
           Despues desto fue reñida 
       La sentada del Real, 
       Faziendo guerra mortal. 
       Si nuestro señor cunplida 
       Vuestra voluntad fesera, 
       Jamas su villa non fuera 
       De bivas llamas ardida. 
       Por ver la cibdad sumida 
       Con minas e con pertrechos, 
       Non cesaron vuestros fechos 
       A la defensa devida, 
       Et non es cosa escondida 
       Que en tienpo de los romanos 
       Non fezieron çamoranos 
       Fasaña mas atrevida. 
           Con voluntat encendida 
       Mas por fuerça que por arte 
       Defendistes bien la parte 
       Del otra çerca caida, 
       Tanto que será sofrida 
       Por quien bondat non reprocha 
       Ser la fama de Anthiocha 
        En vosotros subcedida. 
           ¡O cuanto será cundida 
       Vuestra defensa valiente 
       En dotrina de la gente 
       Por memoria esclarescida! 
       De nosotros resistida 
        [p. 337] La fuerça del Rey de España 
       Con poco vuestra fasaña 
       Non pudiera ser creida. 
           Al presente destruida 
       Aquesa villa paresce, 
       Et maguer non lo meresce 
       Toda la cerca ronpida. 
       Aina será subida 
       Tan alta como primero, 
       Si el Señor Dios verdadero 
       Quiere dar buena finida. 
           Vosotros por cuya vida 
       Se deve rogar a Dios, 
       Fama dexastes de vos 
       En grant estima tenida. 
       La muerte punto temida 
       Mas antes menos preciada, 
       Vuestra respuesta fue dada 
       Por la ley de la Partida. 
           Por cierto bien comedida 
       Vuestra veril defension, 
       Deve con mucha razon 
       Por el mundo ser sabida. 
       ¡O cuanto será leida 
       Por quien de vos subcediere 
       La corónica que fuere 
       De vosotros escrevida! 
            Memoria que non olvida 
       A Scevola que sin ruego 
       Puso su braço en el fuego 
       Por fallescer su ferida, 
       La vuestra fama tendida 
       Entre la notable gente, 
       Nunca será ciertamente 
       En menos onor tenida. 
           Firmeza que fue perdida 
       Por mucha desaventura, 
       La cual de su sepultura 
       Nunca pensó ser salida, 
       Por vosotros resurgida 
       Gradesciendo vuestra enpresa 
       Para la redonda mesa 
       Todos juntos vos convida. 
           Vuestra virtud cometida 
       Con dádivas e riqueza, 
       Nunca mudó su firmeza 
       Nin pudo ser corronpida, 
       Mas de cudicia partida 
       Ganastes otra corona, 
       De que Pedro Barahona 
       Para sienpre se despida. 
           La verguença que raida 
       Fué de grant parte del mundo, 
       Llorando lloro profundo, 
       Toda de negro vestida, 
       Con presencia denegrida, 
       Faziendo lamentaciones, 
       En los vuestros coraçones 
       Falló reparo e guarida. 
           Non deve ser paresida 
        Vuestra fama de memoria, 
       Porque gozés de la gloria 
       Que tenés bien merescida, 
       Por ser asi mantenida 
       La honra con el dever, 
       Cual jamas non pensé ver 
       De gente tan convatida. 
           Que si persona nascida 
       Aquesto querra tachar, 
       De razon es de pensar 
       Ser envidia conoscida. 
       Antes soes gente querida 
       Et de todos muy amados, 
       Porque quedaes tan cendrados 
       Como plata derretida. 
           Non debe ser escondida 
       Otra virtut, Rebolledo, 
       Nin mucho menos el miedo 
       Fallar en vos acogida, 
       Por donde será tenida 
       Vuestra persona esforçada 
       En otra representada 
       Por todo el mundo esparcida. 
           Con voluntat non fingida 
       Mas antes de coraçon 
       Tomastes la defension 
       Desa cerca destruida, 
       Mas tanto fortalecida 
       Fué luego por tal manera 
       A que muy aina fuera 
       La hueste bien retraida. 
           Troya, la muy conquerida, 
        [p. 338] Non pudo ser por las manos 
        De Ector e sus hermanos 
       para siempre sostenida, 
       Cuanto mas villa metida 
       En el regno de Castilla, 
       Que si non por maravilla 
        Pudiera ser socorrida. 
           Como gente proveida 
       De virtudes e nobleza, 
       Con singular ardideza 
       Discretamente regida, 
       Feziestes arremetida 
       Contra dó vistes la guarda 
       De guisa que su bonbarda 
       Fué por vosotros avida. 

                     Finida 

           Pues deve ser fenescida 
       Mi fabla que mucho tarda, 
       Concluyo que sin reguarda 
       Taño luego de acogida.

[p. 335]. [1] . Mejor lección parece «de tan bajo.»






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