domingo, 12 de julio de 2015

DIMITRIS ELEFTHERAKIS [16.544] Poeta de Grecia



DIMITRIS ELEFTHERAKIS 

(1978)
Poeta y traductor, nacido en Atenas. Ha estudiado Literatura Griega y Europea en Atenas, Edimburgo y, finalmente, en Tesalónica, donde presenta una Tesis Doctoral en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Ha publicado cinco poemarios. Su temática es clásica y comparte con Polenakis el mismo interés por la literatura rusa. Actualmente reside en Alemania, donde realiza su segunda Tesis Doctoral. 


Selección de Dimitris Angelís y Virginia López Recio   
Prólogo y traducción de Virginia López Recio  
http://www.omni-bus.com/n50/sites.google.com/



OSIP MANDELSTAM

¡Cuánta la tristeza viendo la soledad de las ciudades y dónde
                el final de su trayecto!
Sueño con la eternidad en medio del silencio de un bosque.
Si la muerte de un poeta es el último eslabón en la
cadena de sus logros,
entonces el final del poema es el principio del destierro,
Ovidio.
Sé que nos encontraremos en el Paraíso;
pero en la Historia cae sin interrupción una lluvia fina que
disuelve la eternidad.






MARINA TSVETÁYEVA

Vivimos juntos la noche y respiramos, Marina
en un piso  de alquiler convivimos
en Tesalónica.
De día sales y vuelves al anochecer
con mirada deshecha, panfletos y consignas:
«El capitalismo y la globalización»;
«There´s no happy story in Russia»;
«Solidaridad con el anárquico Grigoris Zomópulos».
Me dices que dispersaron la manifestación con gases lacrimógenos, 
preguntas dónde estaba y ríes por soñar aún
con una guerrilla urbana.
Luego dormimos de forma intachable
echándose el uno en el sueño del otro,
mientras la luz de la luna entra por la ventana
como si nevara sobre tu cabello.

Qué sueñas, Marina, ángel de la estepa
desvelada Sibila, canción del pastor.
La historia nos trajo juntos
a una ciudad en la que el viento esparce de manera tan desconsolada la tristeza!
Ayer viste en sueños que te suicidabas.
«Quería enterarme si Dios me recordaría», dijiste. «Me
perdonó». 



IN A NARROW CAFÉ…

In a narrow café 
I encounter chimaeras
the heart’s rifles
poetry’s lamp.
With suchlike daily
idolatrous habits
I take a chance
on my angel,
in the hope he’ll appear.
Though I know 
that if he’s absent
a father will welcome us
with his hand open;
metaphysically gazing at the stars
he’ll say
let’s keep going
there’s still some light…






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