viernes, 21 de marzo de 2014

CAMILO CASTELO BRANCO [11.314]



Camilo Castelo Branco

Camilo Ferreira Botelho Castelo Branco (Lisboa el 16 de marzo de 1825 — en São Miguel de Seide el 1 de junio de 1890) es uno de los autores más representativos de la literatura portuguesa de todos los tiempos y uno de los más leídos.
Escritor portugués del Romanticismo tardío, tuvo una vida azarosa, pasional e impulsiva, que le sirvió como inspiración para sus novelas. Publicó novelas importantes y con mucho eco, como Amor de perdición, Amor de salvación, La novela de un hombre rico o más tarde La brasileña de Prazins.

Nacido de una relación extramatrimonial, muy pronto se quedó huérfano de padre y madre. Su educación corrió entonces a cargo de parientes más o menos próximos. En la adolescencia se formó leyendo a los clásicos portugueses y latinos. A los dieciséis años se casó con Joaquina Pereira a quien pronto olvidó y con la que tuvo una hija que murió a los cinco años. Empezó a estudiar Medicina, pero no acabó la carrera. Cuando todavía no había enviudado de aquella, en Vila Real raptó a una joven huérfana de quien tuvo otra hija y a la que también abandonó. A lo largo de su vida se sucedieron amores tumultuosos con Patricia Emilia e Isabel Cándida, entre otras.
En 1848 inició su carrera literaria al establerse en la ciudad de Oporto, donde frecuentaba la tertulia del café Guichard junto con algunas promesas de la generación romántica. En esta época, mientras hacía una vida bohemia, escribió sus sátiras anticalabristas y sus primeras novelas publicadas en forma de folletín en los periódicos Eco popular y en Nacional.
Su vida personal siguió, entonces, por un camino de peripecias e intrigas hasta que se enamoró locamente de Ana Plácido. Se dice que sucumbió a una crisis mística cuando ella decidió casarse con Pinheiro Alves, un brasileño que más tarde le serviría de inspiración en algunas novelas, y por esta razón frecuentó el seminario de Oporto (desde 1850 a 1852). Ya famoso en el panorama literario portugués, volvió a protagonizar un escándalo cuando Ana Plácido abandonó a su marido para vivir con él en Lisboa.
A partir de ahora, la vida y la obra de Camilo maduran por las penalidades: persecuciones, graves problemas económicos y la prisión después de ser los dos juzgados por adulterio. Camilo entró en prisión el 1 de octubre de 1860 y salió el 16 de octubre de 1861. Una vez absueltos, Camilo y Ana viven juntos y ella será fuente de inspiración de algunas de sus novelas (se llamará Enriqueta en Poesía o dinero, Raquel en Años de prosa, Adriana en En el buen Jesús del Monte o Leonor en La novela de un hombre rico). Camilo tendrá que escribir a un ritmo trepidante debido a graves problemas económicos que no acaban.
En 1862 regresa a Lisboa. En 1864 se traslada a la casa de S. Miguel de Ceide del que fuera marido de Ana, que ya ía muerto. Aquí escribirá lo mejor de su obra, aunque desgraciadamente, no encontrará tampoco la tranquilidad ni la paz. En 1868 su hijo Jorge enferma y ya no se recuperará nunca de sus graves problemas mentales.
En 1878 sufre un accidente en un tren y como consecuencia de eso queda dañado en la vista. Otros disgustos como la muerte de una nieta de tres años o la irresponsabilidad de su hijo mayor lo llevan a la desesperación. Camilo sigue escribiendo, sus amigos intentan ayudarle y le preparan homenajes. En 1885 se le da el título de Vizconde de Correia Botelho. El 9 de marzo de 1888 se casa con Ana Plácido. Camilo pasa hasta los últimos años da su vida al lado de ella, sin encontrar la estabilidad emocional que ansiaba. Tiene dificuldades financieras, y se le reconocerá públicamente como escritor, de modo que en 1889 se le concede una pensión anual de 1.000$000 réis, pero nada le proporciona sosiego ni encuentra la estabilidad. Los hijos le dan enormes preocupaciones: considera a Nuno un irresponsable, y Jorge sufre una dolencia mental.
En 1890, desesperado por la confirmación de un oftalmólogo de que su progresiva ceguera no tiene cura, se dispara en la sien derecha, a las 15h, y muere a las dos horas en su casa de S. Miguel de Ceide. La muerte de Camilo Castelo Branco causó una consternación general y la prensa, unánime al lamentar su muerte, publicó numerosos artículos donde se le ensalzaba como escritor.

Novelas

Su primera novela seria es Los misterios de Lisboa (1854), de tipo folletinesco y con una clara influencia de Balzac y Sue. A ella siguieron otras en las que recreó la vida burguesa y provinciana del norte de Portugal, y expuso ideas anticlericales y de instigación a la revolución social, indirectamente.
Hay que destacar, desde luego, sus grandes novelas pasionales, La novela de un hombre rico, Amor de perdición (1862) y Amor de salvación (1864), Cuentos del Miño (1875-1877), retrato realista del ambiente rural en doce relatos, o la novela histórica El judío (1866).
Amor de perdición 1861, acaso su obra más perfecta, es la más famosa y la que mejor representa el romanticismo portugués del siglo XIX, según reconocía ya Unamuno en Por tierras de Portugal y España. En ella, la pasión se impone a la razón. La novela contiene todos los elementos característicos del ideal romántico: el amor fatal y trágico que acaba llevando a la muerte, el autocastigo impuesto por los mismos protagonistas o la muerte como fin único y absoluto. Como en Romeo y Julieta, Simón Botello y Teresa de Albuquerque (verdaderos héroes en conflicto con la sociedad) son dos vecinos que se enamoran y se ven en secreto porque pertenecen a familias enemistadas que harán todo lo posible por evitar la unión. Amor de salvación, ed dos años más tarde, vuelve sobre ese tema pero con un tono más indirecto y con cirto humor.
Otras obras importantes son: Estrellas funestas, El bien y el mal (1863), Estrellas propicias (1863), La mujer fatal (1870, cinco mujeres pasan por la vida de Carlos y son magistralmente descritas porque a cada una corresponde una faceta del concepto femenino del autor), "Diez casamientos felices" (doce cuentos de matrimonios afortunados donde se afirma que la base de un buen casamiento es el amor correspondido), Corazón, cabeza, estómago (una sátira de costumbres, una crítica social contundente de la vulgaridad y la hipocresía de la sociedad portuguesa).
Las novelas de Camilo presentan diferentes temáticas y técnicas. Son muy numerosas las novelas históricas como Lucha de gigantes, El judío, El santo de la montaña, El regicida y La calavera de la mártir.
Cabe añadir La caída de un ángel ((1866, otra sátira, en este caso sobre la corrupción). Y otras también novelas valiosas, son La bruja del Monte Córdoba (1867), La loca de Candal (1867), Los misterios de Fafe (1868), El retrato de Ricardina (1868) o Libro de consolación (1872). Suele destacarse la novela tardía La brasileña de Prazins (una de las últimas grandes obras del autor en la que una mujer llamada Marta sufre por amores contrariados).
Se consideran realistas los relatos largos que forman las Novelas del Miño (1875-77) por su descripción de la vida cotidiana. En otras, como Eusebio Macario (1879) y La plebe (1880), imita las ideas naturalistas ridiculizándolas, mientras que en La brasileña de Prazins (1882), aparecen elementos del naturalismo ya sin ese objetivo de parodia, como también vemos en su última novela, Volcanes de lodo (1886).
Además de la novela, género en el que destaca, abordó la comedia, la poesía, el periodismo, la biografía, la sátira, el ensayo; e hizo traducciones del inglés y del francés, estudios históricos, prefacios...
Para el teatro escribió los dramas Agostiño de Ceuta (1847) y El marqués de Torres Nuevas (1849). Destacó también como crítico y polemista (Los críticos del cancionero alegre, 1879).

Balance

La obra de Camilo se inscribe dentro del Romanticismo, concretamente en la segunda fase del Romanticismo portugués llamado Ultra-Romanticismo. Sin embargo, no toda su obra es romántica. Escribe en la frontera del idealismo romántico y de la nueva escuela realista, aunque él criticaba el realismo por inmoral. Son románticas las peripecias e ideología de muchos de sus personajes pero son realistas —veristas, decía— las descripciones de tipos, lugares y costumbres. Especialmente destaca en lo que respecta a la descripción de la psicología de los personajes. Pero en las últimas novelas (que no son las mejores) se acercará, a su pesar, al Naturalismo. En todo caso, su romanticismo está moderado por la ironía.
Su vida es la fuente de sus novelas así como posibilita su comprensión. La continua inestabilidad de lugar de residencia (Trás-os-Montes, Vila Real, Lisboa, Oporto, Coimbra...) y la riqueza de experiencias personales vividas le posibilitan la descripción magistral de tipos humanos de toda clase social en su obra: el campesino, el hidalgo provinciano, la burguesía urbana, el brasileño, etc.
En ocasiones firmó con seudónimos como: Manoel Coco, Saragoçano, AEIOU, Árqui-Zero y Ao escritor romántico, el amor es el gran tema de muchas de sus novelas. Es un sentimiento que lleva a la ruptura con las reglas de la sociedad y desencadena graves conflictos. El individualismo y la pasión chocan con los límites sociales. Debido a esa lucha es frecuente también el tema universal: El bien y el mal, que es uno de sus títulos de novela.
Otros temas recurrentes en sus novelas son: la bastardía, la orfandad, el derecho a la libertad individual, las relaciones familiares, la relación entre religión cristiana y metafísica, el anticlericalismo, el sentir popular, la descripción ambivalente de la mujer, (que salva y condena), la crítica de la sociedad, etc. Por ello, y por su gran calidad, fue alabado por Miguel de Unamuno.
Su eco en los novelistas portugueses de la primera mitad del siglo XX ha sido manifiesto (así en Aquilino Ribeiro). Su presencia actual se pone de manifiesto en la literatura de Agustina Bessa-Luís (varios ensayos, una novela) o en el cine de Manoel de Oliveira (en varias ocasiones, especialmente con El día de la desesperación) y de Raoul Ruiz, Los misterios de Lisboa.

Casa de Camilo

La Casa de Camilo está situada en S. Miguel de Ceide, cerca de Braga. No reúne las principales caraterísticas de una residencia del brasileño que retorna a Portugal, Pinheiro Alves, que la construyó en 1830. Tras su muerte (acaso facilitada por el disgusto que le supuso la absolución de su esposa, Ana Plácido, y de Camilo Castelo Branco por el Tribunal da Relação de Oporto), el novelista se instaló allí, en el invierno de 1863.
Tuvo un incendio devastador en 1915, y el inmueble fui reconstruido y transformado en Museo Camiliano, en 1922. Pero se adulteró su traza original, al incluir una escuela elemental en la planta baja. Todo se reelaboró en los años cincuenta, y proporciona hoy a los visitantes una disposición de los interiores y del ambiente muy similar a los de la residencia que el escritor habitó. La importante casa-museo permite ver cómo fueron su vivienda, muebles, libros y objetos durante los veinticinco años finales de su vida, en un medio casi idéntico al que vio el escritor hasta su muerte.1
A su lado se ha construido recientemente un Centro de Estudios Camilianos por el arquitecto Siza Vieira.

Obras

Excomunión (1851)
Cosas que yo solo sé (1854)
Misterios de Lisboa (1854)
La hija del Arcediano (1854)
Libro negro del Padre Dinis (1855)
La nieta del Arcediano (1856)
¿Dónde está la felicidad? (1856)
Un hombre de Bríos (1856)
Lágrimas bendecidas
Escenas de Foz
Carlota Ángela (1858)
Venganza
Lo que hacen las mujeres (1858)
El primogénito de Fafé en Lisboa (teatro, 1861)
Doce casamientos felices (1861)
La novela de un hombre rico (1861). Tr. reciente: Cuatro, 2011, ISBN 978-84-938566-1-8, con bio-bibliografía
Las tres hermanas (1862)
Amor de perdición (1862). Tr. recientes: Espasa-Calpe, 2003, ISBN 978-84-670-1009-1; y Alianza, 2008, ISBN 978-84-206-6830-7
Cosas extrañas
Lo irónico (1862)
Corazón, cabeza y estómago (1862)
Estrellas funestas
Años de prosa (1863)
Aventuras de Basilio Fernández Enxertado (1863)
El Bien y el Mal (1863)
Estrellas propicias (1863)
Memorias de Guillermo de Amaral (1863)
Una aguja en un pajar (1863)
Amor de salvación (1864). Tr. reciente: Cuatro, 2012, ISBN 978-84-938566-3-2
La hija del doctor Negro (1864)
Veinte horas en litera (1864)
El esqueleto (1865)
La sirena (1865)
La repudiada (1866)
El judío (1866)
El ojo de cristal (1866)
La caída de un ángel (1866); Tr. reciente: Juventud, ISBN 978-84-261-5581-8.
El santo de la montaña (1866)
La bruja del Monte Córdoba (1867)
La loca de Candal (1867)
Los misterios de Fafe (1868)
El retrato de Ricardina 1868)
Las joyas del brasileño (1869)
La mujer fatal (1870)
Libro de consolación (1872)
El regicida (1874)
La hija del regicida (1875)
La calavera de la mártir (1876)
Novelas del Miño (1875-1877)
Eusebio Macario (1879)
La plebe (1880)
La brasileña de Prazins (1882). Tr. reciente: Cátedra, 2002 ISBN 978-84-376-2049-7
Volcanes de lodo (1886).
Tras las publicaciones exhaustivas de sus libros en el siglo XX portugués, apareció desde 2002 una nueva edición cuidada de Obras del autor, en Edições Caixotim de Oporto, pero que se ha estacionado en 16 títulos; contiene variantes y muy novedosas introducciones.




MIS AMIGOS

¡Amigos ciento diez, casi a raudales,
conté una vez! ¡Qué vanidad sentía!
Supuse que en la tierra no existía
otro dichoso tal entre mortales.

Amigos ciento diez, tan serviciales
y escrupulosos en su cortesía,
que harto de verlos ya, me escabullía
de sus inclinaciones vertebrales.

Caí enfermo un día gravemente.
Perdí la vista. Y uno solamente
se presentó a colmarme de atenciones.

«¿Qué podemos nosotros allí hacer?
Si ciego está, ¿nos puede ver?»
¡Qué ciento nueve intrépidos bribones!





Os Amigos

Amigos cento e dez, e talvez mais,
Eu já contei. Vaidades que eu sentia!
Supus que sobre a terra não havia
Mais ditoso mortal entre os mortais.

Amigos cento e dez, tão serviçais,
Tão zelosos das leis da cortesia,
Que eu já farto de os ver, me escapulia
Às suas curvaturas vertebrais.

Um dia adoeci profundamente.
Ceguei. Dos cento e dez houve um somente
Que não desfez os laços quase rotos.

- Que vamos nós (diziam) lá fazer?
Se ele está cego, não nos pode ver…
Que cento e nove impávidos marotos!







SALVE, REI!

Cantor d'outr'ora, quando vi sem flores
Os magicos jardins da phantasia,
        Minha lyra depuz.
Não mais pedi inspirações terrenas.
Curvei-me ante o altar, sagrei meu estro
        Aos canticos da cruz.
E, sem magoa, quebrei prisões da terra,
Mas uma, se então quiz tambem quebral-a,
        Não pude… em vão tentei…
Eram saudades a viver d'esp'ranças,
Saudades, que nem Deus manda esquecel-as,
        Saudades do meu Rei!
Ficava-me no mundo um nome grande,
Um symbolo d'amor, de luz radiante,
        Sob um manto real…
Imagem do que vi na minha infancia,
Sentado no docel, herança augusta
        Dos Reis de Portugal
Christão, pedi com fé—senti que a tinha
Prostrado ante o altar, quando eu pedi
        Recursos ao meu Deus…
Recursos, não pr'a mim que nasci servo,
Recursos para Vós, Rei desterrado
        Sob inhospitos céus!—
Pulsou-me o coração, senti no labio,
Em vez da oração, soltar-se o hymno
        D'um peito portuguez!
Ás lagrimas succede essa alegria
Dos extasis que á mente imprimem vôos
        D'energica altivez!
Rei! no dia em que descestes
Do Vosso throno real
Apagou-se a luz da gloria,
Cerrou-se o livro da historia
Do Reino de Portugal.
Surge o anjo do exterminio
Sobre as trevas infernaes!
Traz de fogo a fera espada,
E com mão ensanguentada
Rasgas as purpuras reaes.
Sobre o solio dos Affonsos
Ferreo sceptro esmaga a lei:
Ruge alli o despotismo
Se não verga ao servilismo
Quem lhe diz «Tu não és Rei!»
Não és Rei! és uma affronta
Feita ao povo portuguez!
Não és Rei que não herdaste
Este chão que escravisaste
A quem falso Rei te fez!
Vaga o anjo do exterminio
Como inspiração do algoz!
Corações com Vossa imagem,
Oh meu Rei! são a carnagem
Do punhal que fere atroz!
Foram dias de martyrio,
De terror e maldição!
Mas o martyr, expirando,
Esquecia-Vos só quando
Lhe morria o coração!
Vaga o anjo do exterminio
Do mosteiro sobre a cruz,
E roçando a negra aza
Pela cruz o templo arraza
E do altar extingue a luz.
Cospe injurias e sarcasmo
Sobre a face do ancião,
Porque orava, é réo, e expulso
Foge á morte, e cede ao impulso
De penuria, e pede pão.
Pede o pão que amassa em pranto
De saudades que crê vem
D'uma cella que comprára
Quando o mundo cá deixára
Com as pompas que elle tem!
Pede o pão que lhe usurparam
Com tamanho desamor…
Fraco, ao vêr que chega a morte,
Morre… e então mostra que é forte
Perdoando ao matador!
Lá, no campo da carnagem,
Mutilado um corpo jaz…
Ficaram-lhe alli seus ossos…
Pois que foi um d'entre os Vossos
Real Senhor! não terá paz.
Nem a paz dos que morreram
Sem a nodoa da traição
Nem a paz da sepultura
Ao fiel que honrado jura
Morrer sob o seu pendão
Lá se abraça ao corpo exangue
No abandono da viuvez
A que alli vive arrastada
Mendigando, envergonhada,
Improperios… talvez!
Pobre, e só, mãe de tres filhos
Quando a fome a constrangeu,
Inda assim, um pensamento,
Uma esperança, um grato alento
Foi por Vós que o concebeu…
Vaga o anjo do exterminio
Enverga o manto real;
D'um diadema a fronte cinge,
Mas o sangue que lh'o tinge
Brada vingança fatal!
N'essa fronte ensanguentada
Escreveu a mão de Deus!…
Mas tambem homens puzeram
Inscripções onde se leram
Infamias como tropheus!
Oh Rei de Portugal! Quando a amargura
D'este povo infeliz, é sem conforto,
        Valemo-nos do céu!
Pedimos-lhe por Vós, anjo proscripto,
Pedimos-lhe vigor á doce espr'ança
        Que em vós o céu nos deu!
Vireis, Senhor vireis, que Deus é justo!
Vireis enxugar lagrimas amargas
        Que se choram por Vós!
Sereis de todos Pae, não vingativo,
E nós todos irmãos, e Vós de todos…
        O Rei de todos nós!
Fatidica aureola circumda
Nas plagas do desterro dolorosas
        Vossa fronte real.
Sentado sobre as rochas da montanha
Lá mesmo na solidão d'amargo exilio
        Sois Rei de Portugal!
Deu-vos um anjo a Providencia augusta
Em galardão á dôr que amargurastes
        Com Santa intrepidez.
Um dia curvaremos o joelho
Perante Essa que o ceu fadou Rainha
        Do povo portuguez.







Um livro, anjo do céu, quero ofertar-to,
Não rico d’instrução; pomposo e altivo
De sentimento, sim! – Filho dest’alma,
Nasceu-me entre gemidos, e martírios,
E lágrimas de fel… Mal sabes quanto
De profundo sofrer m’inspira os hinos
Que ali dispersos vês nas pobres páginas,
Tão pobres para ti, pérola augusta
Da coroa do Senhor!… Mal avalias
O fel que aí repassa as minhas trovas,
As tuas… minhas, não – que eu nada tenho
Além do teu amor!

Vivi, sozinho,
Muito longe de ti, entre as fraguras
Dessas serras d’além, onde a tristeza
Esmaga o coração, qual o rochedo,
Que lá nos calvos serros se debruça,
Pensando em peito de homem!… Tristes versos
No ermo descantei!… a dor mos dava,
A dor mos inspirou! Trovas descrentes,
Não luzem de prazer, não tem um nome
Perfumado no amor, rindo ao futuro!

In  Inspirações






A acácia do Jorge

Durante a febre

À porta do sepulcro, ainda volto a face
Para ver-te chorar, ó mãe do filho amado,
Que vê, como num sonho, a cena do trespasse…
- Sorve-lhe o eterno abismo o pai idolatrado.

Talvez que ele, a sonhar, te diga: “Mãe não chore
Que o pai há-de voltar…” Quem sabe se virei?
Quando a Acácia do Jorge ainda outra vez inflore,
Chamai-me, que eu de abril nas auras voltarei






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