miércoles, 4 de febrero de 2015

ARMANDO INCER BARQUERO [14.697] Poeta de Nicaragüa


Armando Incer Barquero 

(Nicaragüa, 1930)
es un icono en la cultura boaqueña, por su trayectoria como escritor, médico, historiador, y promotor de las artes de la ciudad de Boaco. 




Espesura

¡Ah, soledad!
No me cubras los ojos con tus manos
ni agites ante mí la palabra flaqueza,
con sus ritos oscuros
y su cristal empañado.
Deja que lo celeste vuelva,
que me muestre su deseo diminuto
y su andar sobre escarchas.
Que pueda yo refrescar
estos escrúpulos de piedra
y aquietar con mis labios
los agitados corredores del sueño.
Germinal es mi arena,
sol de engrudo caliente,
cerradura sin llave.

Soledad,
sigue hasta la encrucijada,
dobla a la derecha y déjame.
Yo sé que no me pierdo en el camino
y un poco más allá,
pasada la espesura
lograré estremecerme.





Presencia

Igual al Sol que impacta,
a la rama florida en apacible llano,
así fue su presencia
y no pudimos verle.
Sin pronunciar palabra nos llamaba
después de habernos buscado con sus ojos.
Repetía expresiones de amor y de frescura
que no alcanzamos a comprender.
¡Ay! Por eso me he quedado
como un platicador ya sin palabras.
Hablándote tan solo con los harapos de mi lengua.





La vida, un bosque extraño

“¡Ay, mísero de mí!”
Calderón de la Barca

Lo que veo no va contra mi palabra;
ni la imagen de una rosa
entre los labios,
ni mi misma existencia
se avienen a mi entorno.
Todo lo que se apresta a convencerme
se pone en fila, identificándose
el hecho en sí,
el retorno de las sombras,
la estación que declina.
¡Pero no acude lo que deseo!
¡Ay, impaciente!
¡Ay, entristecido!





Mi vida no es este pozo

Mi vida no es este pozo
en donde me he precipitado,
ni el soplo amargo que me detiene.
Es solo instante entre las brasas,
el golpeteo sobre una mesa,
es una pausa.
Ya retornarán siluetas y contactos
al sueño sin afán, a la hora quieta,
porque si estás ausente
nada se reconcilia.





Rosas rojas lleva el poeta triste

Carmen
He llegado hasta aquí
trayendo rosas rojas en mis manos.

Salen a mi encuentro
las presencias que añoro
y el día se echa a mis pies
con un dejo carísimo.
¡Busco mi propio fondo y se hace rosas!
Mis palabras se colman de expresiones
que son mundo de miel, vocablo entre las
brasas.
Diviso el ángel con la bola de oro
que viene a recibir todas las rosas.

Llevo los ojos de arena,
como que si el viento no existiera.






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