lunes, 12 de diciembre de 2016

GRACIELA GONZÁLEZ PAZ [19.730]


Graciela González Paz

Nacida en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Maestra jardinera. 4 años Letras. Correctora de estilo durante 25 años en Editorial Corregidor. Integró el grupo de "Nuevas Promociones Literarias", de la SADE. Co -fundadora del grupo editorial Nusud.

Publicó: 

Oscuro territorio (poesía) Premio SADE, 1990; Expreso a Oriente (poesía) Editorial Nusud, 1993; Apariencia reales (poesía) Editorial Nusud, 1997; Lisboa Antigua (poesía) Catálogos editora, 2014 y Zambeze, (Hilos Editora,2015). 

Y tiene un libro inédito aún (Mención de honor Fondo Nacional de las Artes año 2007) - poesía. 

Publicó en varias revistas literarias, incluyendo "Anuario de poesía Mexicana - año 1998". Colaboró en libretos televisivos, bajo las órdenes de Alberto Migré. Coordina talleres literarios.





del libro Lisboa antigua (Ed. Catálogos, 2014).



1

Escribe para mí   una letra
un renglón de perfume sin registro
               una palabra insoportable
escribe su silencio en alto
                            en telas de metal
                                en bastidores
con uñas de  marfil   y   pajaritos
muertos en combate
escribe para mi una carta
un naipe furioso
       envenenado
una maldita transparencia que
                                se pierde
se confunde con otra y no llega
o llega para otras que no entienden
ni una forma en el lomo de los sobres que
  tiran con las sobras al río
      sin embargo

       primitiva razón, la luna
       hace de brillo lo que toca.


2

Y habrían de venir
                     éstas
desvestidas de algo     no desnudas
         apenas cubiertas por un roce
         invisible temblor
         violeta
sin lustre de jardín
sin opulencia
humildes como  el  cuerpo
                                 solo
en  el  día primero de la muerte.


3

Planear        salir de alto
             bendito el hueso
lo que cubre  de fuerza  este peligro
    la energía en la hoja impertinente

    astuta  y suave
            irse   de  viaje con la tierra.



Azul marino  el pelo
                madurado
ahora bajo los tilos 
                   blanco
de vejez inaudita  ese trapecio
         en un cielo sin red
 inmaculado
entre dudosas  lluvias hechas
                     por otras aguas
hilo ebrio en el aire  que se une
              se junta con los juncos
              se acomoda
al breve  sueño  de quien salta
                    en cuerpo y alma
por encima del justo entendimiento
  enternecido por absurdo

                 y  duradero     oro falso
verla como viera
ese volar de ella en su mirada
herida en lentitud   por intemperie
por puntos del paisaje
       entrando  a pique
       mar   adentro.


5

Al fin vino
          de Lisboa   me dijo
           amaneciendo
en viscosa dulzura  el alba
con el noble
espíritu abierto de las tramas
casi  buena
     es decir
inevitable
esa angustia pequeña en la garganta
testimonio  perdido        mi  palabra.



del libro de poemas Zambeze, (Hilos Editora,2015).


1.

Sólo en estación seca
crece el Kad 
un árbol de ciclos invertidos 
sobre los pastos altos del Senegal 
si llueve 
sus hojas se marchitan 
y en plena sequía vuelve a brotar 
fuerte y tibia 
la gran acacia une 
el misterio de las aguas 
a los tatuajes de la fecundidad 
Según el mito 
el reinado del árbol fue un reino de mujeres 
sin lenguaje 
y sin ropa 
venidas de la tierra 
en alianza secreta con las flores del Kad 
Según la religión Bambara 
frotar el puño contra su corteza 
invierte el ciclo de los tiempos 
y confiere inmortalidad


5

En luna llena
el río Níger hechiza a los perros
y toda la noche
cae
agua de rocío hirviendo
Dedicadas al brujo
las mujeres más sabias de la Tribu
juntan el agua en papelitos
y hacen perlas


7

Nada era blanco en Kenia
eso decía mi abuelo
salvo el Paraíso y
el algodón plumoso
que el amo guarda y cuenta
cuenta las bolsas    no a los negros


8.

Palpando como ciega
encuentro evidencia 
esterilla de caña 
sobre miel de sésamo 
El aire verde 
no es aire de verdor, sino apariencia 
eso decía mi abuelo: 
la risa que se ríe 
es cólera guardada, 
solo el baile exorciza 
Así decía


13

Un día el viejo dijo:
         Quien teme a una gacela, teme a todo,
          temerle a todos es cosa de ricos
Eso dijo


14.

Un día la grulla no volvió
ella, dijo mi abuelo,
está siendo bañada
por las aguas primarias del Tananká
Lo fijo hacia lo errante
el austero equilibrio de una sombra
obligada a soñar
Ver excesos
y el estado sin nombre de las cosas
perdiendo gravedad
Así es la muerte, dijo
casi lo mismo que volar


19

Mi abuela tenía ojos verdes
con un resumen dorado al final
una mujer de aspecto fabuloso
que dio a mi abuelo hijos
y
una dulzura ardiente como la sal
Quizá por causa de estas cosas
el viejo dijo:
--Si ella piensa, yo veo


20

La palabra creada en la respuesta
     no tiene alcance
     mero y justo
     el castigo también es alabanza
La cosa es otra cosa, dijo el viejo:
                        Ir al cielo por tierra
                        sin perder el alma 


Graciela González Paz y María Laura Decésare



Presentación

Por: María Laura Decésare


“Como una iguana/ África/ sopló en mi corazón durante años…”: con este poema inicial comienza Zambeze, libro que está divido en dos partes. En esta obra, Graciela González Paz ha decidido abrir una puerta y, al abrirla, nos trae a sus antepasados y manifiesta un largo deseo adormecido de ofrecer un homenaje a su abuelo, “negro y esclavo”, a su abuela “blanca y de ojos verdes” y a su madre “la hija mestiza”. Antes de finalizar el poema nos revela: “Ahora/ maravillosa y casi anciana/ descubro el Caftán que usó mi abuelo”, en versos donde se despeja la memoria para dejar por escrito cada recuerdo y hacer justicia.
         
Zambeze es el nombre que da título a este libro y hace referencia a un largo río de África austral, que nace en Zambia. Graciela González Paz nos sumerge en “un río más rico que el cacao”, nos manda a recorrer estas tierras lejanas para poder ver, a través de sus versos, el cielo africano, aunque “La cosa es otra cosa, dijo el viejo:/ Ir al cielo por tierra/ sin perder el alma”.
         
La primera parte de Zambeze comienza con una cita de Karl Shapiro que dice así: "Nosotros matamos sin piedad y matamos el pensamiento. Hospedamos al loro y dejamos ir al centauro". La elección que hace la autora para dar comienzo a esta primera parte no es casual, es una señal para que nos adentremos en cada uno de los poemas, que son veintitrés, y dónde de entrada nos presenta al abuelo, al “Viejo”, negro y esclavo, un sabio que nos susurra en cada verso una palabra como enseñanza, hasta afirmar que: “quien teme a una gacela, teme a todo,/ temerle a todo es cosa de ricos”. También nos presenta a la abuela, mujer de ojos verdes que le dio hijos “y una dulzura ardiente como la sal”, escribe en los versos del poema 19, y luego con un remate propio de la autora se cierra así: “quizá por causa de estas cosas el viejo dijo: -si ella piensa, yo veo”.
         
Esta primera parte del libro está dominada por expresiones que nos llegan en la voz del abuelo y nos provocan una sacudida, cito un verso: “la risa que se ríe/ es cólera guardada,/ solo el baile exorciza”.
         
La segunda parte del libro se abre con un acápite del escritor negro norteamericano, Leroy Jones, y dice: "Mirando el futuro del alma/ había ángeles negros retorciéndose en su cabeza/ transportando la sangre de nuestros antepasados". Tampoco esta vez la elección que hace González Paz es casual, ya que suma otra lengua en la que subyace el pasado africano, por eso decide incluir esta voz y no otra, la de un activista de los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos. En los diecisiete poemas de esta segunda parte, la voz del abuelo desaparece y con un lenguaje íntimo y melancólico, la autora rememora el escenario anterior y se libera. En los próximos versos hay una alianza nueva. Cito un poema del libro:

“Contemplando visiones ocultas
vi tu corazón sobre la hierba
no obstante
mi única tentación
fue la conciencia”.
         
La escritura de este libro despierta en Graciela González Paz un claro deseo de decir lo que estaba dormido. Describe de una manera sencilla y directa, “ese decir anterior que nadie escucha” que estremece y duele en lo profundo del ser. Un silencio que se vuelve palabra justa y necesaria.
         
Cada uno de los poemas que se suceden en el final del libro también nos revelan pequeños detalles: “el misterio de las aguas”, “voces habladas a lo lejos”, “ser libres o libremente violadas”. Con fijeza se suceden los versos donde el río Zambeze maldice su memoria y dice aquello que nadie escucha, “salvo el negro”, “el humano silencio de la selva”.  Pero habiendo sido escrito este libro, la voz que nos habla y nosotros sus lectores comprendemos algo más. Comprendemos estas palabras nacidas en libertad.

20 de mayo de 2015






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