martes, 14 de abril de 2015

CARLOS YÁÑEZ GIL [15.602] Poeta de Perú



Carlos Yáñez Gil 

Nació en Lima el 23 de diciembre de 1984 en el hospital Rebagliati. Estudió Diseño en IPAD. Trabajó para la marca de cuadernos Standford, y para el C.C España. Actualmente es diseñador Freelance. Diseñó los logos del 4to y 5to Festival de Poesía de Lima,  el afiche y logo del 4to Festival Lima Mon Amour, del logo y diseños del 1er Festival Internacional Cinemapoesía. Así como también afiches para diferentes poetas. Próximo a sacar su primera plaqueta. Mantiene inédito lo que sería su primer libro de poemas. 



Carlos Yánez Gil: "Saco mi cabeza para naufragar a la velocidad de los números que parecen cogerme en sentido anti horario."


NIÑOS DE LUZ

Niños soplan barcos de papel que pintan con sus 
ojos en las tardes donde el sol jamás se les oculta. 
Niños baten columpios con sus alas inmaculadas y 
sus cabellos vuelan y brotan árboles en las nubes. 
Niños desintoxican el mundo con sus brazos al que 
brindan pieles nuevas. 
A una distancia prudente, aguardan unas esferas 
llenas de colores para ser alzadas en vuelo por los 
niños que protegen luces puras. Toda la vida se 
resume en eso que es más supremo que el amor por 
vivir: La felicidad de un niño. 



SOL DE PERSIANAS

Mal momento para que el sol se mirase en los restos de persiana 
que habitan en mis ojos. Me alejo de los cuervos en el viaje pues 
me siento un dragón mutilado encerrado en una burbuja de 
metal que enclaustra mi tarde de botella. Todo sabe desabrido, 
no sólo por el aliento cetrino que todo modifica y nada cambia. 
Cómo se nota que la noche había dormido sobre mí. Mis hojas 
danzan y crean el viento que mese mi piel de lado a lado. El 
desierto de mis ojos difumina las figuras que sólo se aclaran 
cuando empieza el espejismo. Ahora es el asfalto que esnifa al sol 
de un orgasmo, lo exhala y lo tose para volar como un desfogue 
de ira que perturba, pero la desnudez es rígida y distante como 
una bolsa de témpano lo es para mí. Tiernos momentos 
transpiran mi profanada frente. Saco mi cabeza para naufragar a 
la velocidad de los números que parecen cogerme en sentido anti 
horario. Cuando era el momento para desempapelar la luna y 
sacarla a pasear, fue entonces que metió la mano en el bolsillo de 
su camisa, justo al lado de su corazón, y me la dio, así, sin más.




FELIZ

Estoy enterrado en un espejo que llega hasta mi cuello y 
apenas puedo moverlo. Veo con el rabillo de mis ojos el 
reflejo del interior de mi nariz, mis anteojos, mis labios. 
Gotas de aguas caen lentamente sobre mi frente, 
desquiciándome. Mis ojos se escapan con sogas 
descendiendo por mis agrietados pómulos, bajan pateando 
mi boca, llegan hasta mi cuello y tratan de asfixiarme con 
esas mismas sogas de las que se valieron.
Crearon una revuelta para convencer a mis otros sentidos a 
escapar con ellos. Mi nariz, mis oídos y mi lengua,
abandonaron mi rostro sin decirme una sola palabra. 
Esta vez, eran ellos quienes jugueteaban con sus reflejos.
Se fueron a existir a otro rostro. Exhalo una madeja de 
avispas, un dolor de piernas carcomidas, una trifulca de 
vientre y una humedad que desmenuza mi pelvis desde la 
piedra que uso como asiento. Ya no puedo ver más mi 
reflejo. Ya no sé cómo soy.

http://mirthapecho.blogspot.com.es






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