viernes, 20 de mayo de 2016

LI HE [18.747]


Li He

Li He (李賀, 791 - 817) fue un escritor chino de la dinastía Tang.

Se trata de un poeta cuyo surrealismo recuerda a la inspiración chamanística de los Cantos de Chu.

Tuvo mala fortuna desde joven ya que su nombre, homófono al del emperador, le impidió obtener un puesto en la corte. A los veintisiete años murió de tuberculosis. Su obra narra los reveses de su carrera.


Li He, poemas inéditos

Ha sido traducido al español por Guojian Chen y Alicia Relinque Eleta.


LI HE (791-817)

Nació en Luoyang, de nombre de cortesía Changji (Larga fortuna). Este poeta precoz emparentado con la familia imperial de la dinastía más literaria de China, la Tang (618-907), no fue tan afortunado como su nombre de cortesía auguraba. Huérfano siendo un adolescente, sus intentos de acceder a la carrera mandarinal se vieron obstaculizados por la coincidencia del nombre de su padre con un carácter prohibido. Tras asumir un par de cargos oscuros, regresaría a su tierra para morir, a los 27 años, de tuberculosis.

Su dominio de la técnica poética contrasta con lo heterodoxo de sus esquemas rítmicos, de sus cambios de tono abruptos y, sobre todo, de sus imágenes, sorprendentes y dramáticas, con las que manifiesta los tiempos de crisis en los que vivió. Considerado un poeta maldito y castigado con el olvido por ello, es, sin embargo, uno de los autores fundamentales de la dinastía Tang por el contraste con la poesía más dulcificada de muchos de sus coetáneos

Sobre la poesía de Li He (Du Mu)

Las nubes y la bruma mezclándose dulcemente no pueden describir sus formas; las aguas serpenteantes no pueden describir sus sentimientos; el verdor de la primavera no puede describir su calidez; la claridad del otoño no puede describir su estilo; un mástil en el viento, caballos en el frente de batalla no pueden describir su vigor; féretros de tierra y trípodes con sellos no pueden describir su antigüedad; los brotes frescos de las estaciones y las dulces muchachas no pueden describir sus encantos; los reinos devastados y los palacios saqueados, los matorrales espinosos y los túmulos funerarios no pueden describir su resentimiento y dolor, ballenas resoplando, tortugas impulsivas, los fantasmas de cabeza de buey, espíritus de cuerpo de serpiente, no pueden describir su amor por la extravagancia y lo irreal.



El rey de Qin bebe vino1

El rey de Qin cabalga sobre un tigre, recorre los ocho confines
El brillo de su espada ilumina el verde azul del cielo.
Xihe2, fustiga al sol con un tintineo de cristal.
Las cenizas del mundo desaparecen, pasado y presente se apaciguan.

Cabezas de dragones escancian vino invitando a la Estrella del Licor
Mandolinas talladas en oro resuenan en la noche;
los pies de la lluvia en el lago Dongting entonan sus flautas 
y ebrio de vino, hago retroceder a la luna.

Las nubes plateadas, peinadas, acunan el brillo de la estancia,
el guardia de la puerta de palacio informa de la hora prima.
Fénix de jade de la torre florida, de voz suave e intensa
Adornos encarnados, sedas de mar, con  aromas claros, limpios
Cisnes amarillos tropiezan al bailar. ¡Brindemos por mil años!

La cera ligera humea resbalando por el árbol de las velas de los inmortales,
las lágrimas inundan los ojos ebrios de “La Cítara Azul”.


Sátira contra el sentimiento

¿Por qué, en el monte Sur, esta melancolía?
Fantasmas lloran sobre la hierba vacía
En la Larga paz es otoño a medianoche
¿Ante el viento quién no se reclina?

Se pierde el camino al anochecer
Cadenas azules, el sendero se parte
Luna alta, árboles sin sombra 
El monte entero es alba blanca

Hombres nuevos con antorchas en sus puños3
Luciérnagas brillantes jugando entre las oscuras tumbas.


En Changgu, para mi criado Pa

Ecos de insectos adelgazan la luz de la vela
Noche fría, espesa de humores medicinales
Compadeces al caminante de  alas quebradas
Y aún en la amargura sigues a mi lado


Respuesta de Pa

Nariz gigantesca, acorde con bastas vestiduras
Frondosas cejas penetrando su amargo suspirar
Si mi señor no cantara sus baladas
¿quién sabría lo profundo de la melancolía otoñal?


El patio sur (nº 6)

Busco en los textos, ensarto frases, viejo tallador de orugas 
Con la luna del alba, arco de jade, tras los visillos
No veo los cambios, año tras año, del mar
Ni sé dónde la literatura llora el viento de otoño


La tumba de Su Xiaoxiao

Rocío sobre orquídeas solitarias
Asemejan unos ojos en llanto
Nada en el mundo ata el corazón
Ni corta las flores de las nubes 
La hierba es una alfombra
Los pinos, un refugio
El viento como falda
El agua, adornos de jade
Su carro engalanado
la espera en la noche.
Frío verde de una vela
Fatigada de alumbrar.

Bajo la tumba del oeste
El viento sopla la lluvia.


La copa de vino

Una hermosa doncella con una jarra de vino;
El rostro de otoño llenando diez mil li;
un caballo de piedra tumbado en la bruma temprana;
¿A qué se asemeja la tristeza?
El sonido del canto se apaga
Se levanta el viento de los árboles
La larga falda oprime el suelo
Sus ojos de lágrimas fijos en las flores del altar.


Soñando con el cielo

La vieja liebre, el gélido sapo lloran el rostro del cielo
Pabellones de nubes entreabiertos blanquean al sesgo los muros
Ruedas de jade chirrían sobre el rocío, humedecen el círculo de la luz
Pendientes de fénix se encuentran en los peldaños fragantes de casia
Polvo amarillo, agua clara a los pies de las montañas sagradas.
El cambio de mil años se parece al galopar del corcel
Observo desde lejos el reino del centro, nueve motas de polvo 
El agua del océano apenas grieta en una copa


Canto al cielo

El río del cielo gira en la noche, las estrellas vuelan en redondo
Orillas de plata, fluyen las nubes imitando el sonido del agua
Las flores de casia no han caído en el palacio de jade
Las inmortales recogen perfumes en su bolso del cinto
La princesa de Qin enrolla la cortina, amanece en la ventana del norte
Ante su ventana un fénix verde, pequeño 
El príncipe toca la flauta de largas cañas de ánade
Invocando a dragones a roturar la bruma y plantar hierba de jade
Bruma rosa, cintas rojas, loto de falda de seda
Islotes esmeraldas caminan recogiendo primavera de brotes de orquídeas
Al este señala a Xihe galopando en su caballo 
Mar y polvo renacen a los pies de la montaña de piedra.


¡No salgas!

El cielo está turbio, la tierra sombría
Serpientes de nueve cabezas se alimentan de almas de los hombres, 
la nieve  y la escarcha quiebran los huesos de los hombres.
Los perros salvajes ladran sueltos husmeando sus presas, 
Y relamen sus garras al sabor del invitado vestido de orquídeas.
El emperador envía un carro para acabar con los males,
Las estrellas del cielo adornan su espada, el yugo es de oro.
Espoleo a mi caballo mas no hay camino de regreso,
Las olas del lago Liyang se levantan cual montañas.
Dragones venenosos fijan sus ojos en mi sacudiendo anillos dorados,
Leones y quimeras exhalan su pútrido aliento.
Bao Jiao durmió siempre bajo la hierba.
Yan Hui, a los veintinueve, encaneció.4
La sangre de Yan Hui no era débil, ni Bao Jiao contradijo al Cielo.
El Cielo temió que dientes los devoraran; 
por ello se los llevó.
Prístina claridad que, temo, no crees
Mirando al muro desnudo compones “Preguntas al cielo”

1 Algunos autores consideran este poema dedicado al que fue el primer emperador de China, Qin shi huangdi (259-210 a.C.).

2 Xihe, personaje mitológico que consiguió dominar al sol, amarrándolo a su carro, para que no provocará más sequías en el mundo de los hombres.

3 Los hombres nuevos, son los “nuevos” muertos.

4 Bao Jiao se alimentaba tan sólo de lo que el mismo cultivaba y la única vez que no lo hizo, murió. Yan Hui comía sólo de un cuenco de bambú.


*

La tumba de Su Xiaoxiao

Rocío sobre orquídeas solitarias
semejan unos ojos en llanto.
Nada en el mundo ata el corazón,
las flores del humo no se pueden cortar.
La hierba es su tapiz,
los pinos, su techumbre.
El viento como falda,
el agua, adornos de jade.
Su carro engalanado
la espera en la noche.
Frío verde de una vela
fatigada de alumbrar.

Bajo la tumba del oeste
el viento sopla la lluvia.

en Trabajando el vacío, 2006
(Antología a cargo de Wang Jun, Xu Tong y Juan Ciruela)




Li He, ancestro del Neobarroco

Por Víctor Coral



Una genealogía aproximativa del barroco y del neobarroco es relativamente precisa: Kircher, Góngora, Calderón, Sor Juana, El Lunarejo; Martín Adán, Girondo, Lezama, Sarduy, Perlongher, Kozer, Echavarren… Luego de leer los poemas que hay traducidos de Li He, poeta chino de inicios del siglo nueve, me quedan pocas dudas de que quienes escriben y/o se interesan por el neobarroco hoy, pueden empezar a ver como un venerable ancestro a este poeta marginado por la tradición poética china durante más de un milenio.

Es bien sabido que la poesía de la dinastía Tang, la más prestigiada del gran país, tenía en el equilibrio, la limpidez formal y la armonía, incluso lógica, sus principales afluentes. Frente a esto se posiciona la naturaleza inquieta y libérrima de la poesía de Li He, ajena a estilos acendrados y condicionamientos referenciales. Dice Francois Jullien, en un libro que ya he comentado acá, La urdimbre y la trama, que la poesía de Li He se distancia muy claramente de ese gusto de la época porque, por sí sola, eleva el efecto de sorpresa y de asombro suscitado por el arte de la disonancia a las dimensiones de una visión poética. Falta de armonía voluntaria, contrastes bruscos, rupturas de plano, asociaciones inquietantes o paradójicas.

En suma, la poesía de Li He apuesta por una desfiguración de la percepción "natural" de la realidad y juega en los intersticios de lo inteligible y de lo estéticamente permisible en su tiempo, lo que la hace, a la luz actual, tremendamente moderna y con misteriosas y milenarias raíces rizomáticas con la nueva poesía barroca.

Dos son las líneas básicas que trabaja el poeta: el Lisao, que implica el resentimiento del poeta con lo externo y, a la vez, el tema del "paseo celeste", y la asunción de los motivos míticos y fabulosos de inmortalidad que la tradición dominante había dejado de lado debido al refinamiento de la dinastía Tang. Un par de textos de la Balada de lo alto del cielo:

Canto al cielo
El río del cielo gira en la noche, las estrellas vuelan en redondo 
Orillas de plata, fluyen las nubes imitando el sonido del agua 
Las flores de casia no han caído en el palacio de jade 
Las inmortales recogen perfumes en su bolso del cinto 
La princesa de Qin enrolla la cortina, amanece en la ventana del norte 
Ante su ventana un fénix verde, pequeño 
El príncipe toca la flauta de largas cañas de ánade 
Invocando a dragones a roturar la bruma y plantar hierba de jade 
Bruma rosa, cintas rojas, loto de falda de seda 
Islotes esmeraldas caminan recogiendo primavera de brotes de orquídeas 
Al este señala a Xihe galopando en su caballo 
Mar y polvo renacen a los pies de la montaña de piedra.

¡No salgas!
El cielo está turbio, la tierra sombría 
Serpientes de nueve cabezas se alimentan de almas de los hombres, 
la nieve y la escarcha quiebran los huesos de los hombres. 
Los perros salvajes ladran sueltos husmeando sus presas, 
Y relamen sus garras al sabor del invitado vestido de orquídeas. 
El emperador envía un carro para acabar con los males, 
Las estrellas del cielo adornan su espada, el yugo es de oro. 
Espoleo a mi caballo mas no hay camino de regreso, 
Las olas del lago Liyang se levantan cual montañas. 
Dragones venenosos fijan sus ojos en mi sacudiendo anillos dorados, 
Leones y quimeras exhalan su pútrido aliento. 
Bao Jiao durmió siempre bajo la hierba. 
Yan Hui, a los veintinueve, encaneció.4 
La sangre de Yan Hui no era débil, ni Bao Jiao contradijo al Cielo. 
El Cielo temió que dientes los devoraran; por ello se los llevó. 
Prístina claridad que, temo, no crees 
Mirando al muro desnudo compones "Preguntas al cielo".

Tal vez sea difícil entenderlo ahora, pero la crítica china de su época y de muchos siglos posteriores no dieron cabida entre sus antologías a poemas como estos, y si Li He no fue escarnecido por "irregular", "fantasioso" y "desprolijo en extremo", fue simplemente obviado, clausurado como creador. Hoy, su figura empieza a elevarse como uno de esos dragones venenosos que canta en sus poemas, venenosos para el conservadurismo poético, por cierto.





(Dragón chino, figura central en la poética de Li He.)




Long Songs After Short Songs

Long songs have split the collar of my robe,
Short songs have cropped my whitening hair.
The king of Ch'in is nowhere to be seen,
So dawn and dusk fever burns in me.
I drink wine from a pitcher when I'm thirsty,
Cut millet from the dike-top when I'm hungry.
Chill and forlorn, I see May pass me by,
And suddenly a thousand leagues grow green.

Endless, the mountain peaks at night,
The bright moon seems to fall among the crags.
As I wander about, searching along the rocks,
Its light shines out beyond those towering peaks.
Because I cannot roam round with the moon,
My hair's grown white before I end my song. 

Li He


A Ballad Of Heaven 

The River of Heaven wheels round at night
Drifting the circling stars,
At Silver Bank*, the floating clouds
Mimic the murmur of water.
By the Palace of Jade the cassia blossoms
Have not yet fallen,
Fairy maidens gather their fragrance
For their dangling girdle-sachets.

The Princess from Ch'in rolls up her blinds,
Dawn at the north casement.
In front of the window, a planted kolanut
Dwarfs the blue phoenix.
The King's son plays his pipes
Long as goose-quills,
Summoning dragons to plough the mist
and plant Jade Grass.

Sashes of pink as clouds at dawn.
Skirts of lotus-root silk,
They walk on Blue Island, gathering
Fresh orchids in spring.

She points to Hsi Ho in the east,
Deftly urging his steeds,
While land begins to rise from the sea
And stone hills wear away. 

Li He

Ballad Of The Savage Tiger 

No one attacks it with a long lance,
No one plies a strong cross-bow.
Suckling its grandsons, rearing its cubs,
It trains them into savagery.
Its reared head becomes a wall
Its waving tail becomes a banner.
Even Huang from the Eastern Sea,
Dreaded to see it after dark,
A righteous tiger, met on the road,
Was quite enough to upset Niu Ai.
What good is it for that short sword
To hang on the wall, growling like thunder?
When from the foot of Tai mountain
Comes the sound of a woman weeping,
Government regulations forbid
Any official to dare to listen. 

Li He

Su Hsiao-Hsiao's Tomb 

Dew upon lonely orchids
Like tear-brimmed eyes.
No twining of love-knots,
Mist-wreathed flowers I cannot bear to cut.

Grass for her cushions,
Pines for her awning,
Wind as her skirts,
Water as girdle-jades.
In her varnished carriage
She is waiting at dusk.
Cold candles, kingfisher-green,
Weary with shining.

Over the Western Grave-mound
Wind-blown rain 

Li He

General Lü 

The valiant-hearted,
Riding alone on Scarlet Hare,
Out of the gates of Ch'in,
To weep at Gold Grain Mound
By funereal trees.

Rebellion in the north
Stains in the blue sky.
His dragon-sword cries out at night
But the general's left idle,

To shake his sleeves,
And stroke his cross-guard.
'Round the jade towers of Vermilion City,
A maze of gates and pavilions.'

Slowly, the silver tortoise swings
To the gait of the white horse.
A powdered lady-general rides
Under a fiery banner.

The iron horsemen of Mount Heng
Call for their metal lances.
They can smell from afar the ornate arrows
In her perfumed quiver.

Cold weeds grow in the western suburbs,
With leaves like thorns,
High heaven has just now planted them,
To feed our thoroughbreds.
In tall-beamed stables, row on row
Of useless nags.
Stuffing themselves on green grass,
Drinking white water.

Inscrutable that vaulted azure,
Arching over earth,
This is the way the world wags
In our Nine Provinces.
Gleaming ore from Scarlet Hill!
Hero of our time!
Green-eyed general, you well know
The will of Heaven! 

Li He




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