martes, 28 de julio de 2015

JUAN BAUTISTA POGGIO MALDONADO [16.643]


JUAN BAUTISTA POGGIO MALDONADO 
(O MONTEVERDE)

(1632-1707)
Hombre multifacético: abogado, presbístero, militar; destacado escritor y orador.
Máximo exponente literario del Bárroco en Canarias.
Bienhechor e impulsor de las fiestas lustrales palmeras.

En Sta. Cruz de la Palma (Islas Canarias), tuvo lugar su nacimiento el 16 de junio de 1632. Hijo del genovés Juan Ángel Poggio Castilla, trasladado a La Palma donde ejerció como juez subdelegado de Indias y oficial de las milicias provinciales, y de la palmera María Maldonado Monteverde.

Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal, licenciándose en Leyes por la Universidad de Salamanca.

De vuelta a su isla, ejerce como abogado y es nombrado teniente de La Palma (1675), renunciando dos años más tarde –a los 45 años- para convertirse en presbítero.

Destacó en su carrera eclesiástica, con importantes cargos: Visitador General de la Gomera y el Hierro, Vicario General de La Palma (1691) y, por último, asesor letrado del Cabildo (1705). En el púlpito sobresalió como eminente orador, marcado por su elocuencia y vasta cultura.

Legó una importante obra literaria, considerado como representante del bárroco en Canarias, en el que utiliza un estilo conceptista. Su poesía lírica contiene sonetos, octavas, décimas, coplas y romances de variados temas, entre los que destacan los religiosos, amorosos, panegíricos y morales. Como poeta dramático es autor de varias Loas. Sus ‘loas sacramentales’ son auténticos ‘autos’ a la manera de Calderón de la Barca –Viera y Clavijo le llamó “el calderón canario”- compuestos para celebrar la festividad del Corpus. Cuatro de las dedicadas a la Virgen de las Nieves, conmemoran los cinco años que de traída de la Virgen a la capital de la isla; tradición y costumbre en la que tuvo un papel destacado: haciendo que cada lustro tuviera obras en honor a la Virgen de las Nieves y que en la Semana Grande no faltara teatro, danza, música y juegos.

A sus 75 años, dejó de existir en la capital palmera, el 20 de septiembre de 1707.

Reproducimos un soneto hallado entre sus papeles de su puño y letra (Tabares, 1941):


Pídeme de mi mismo el Tiempo cuenta.
Si a darla voy, la cuenta pide Tiempo;
Que quien gastó sin cuenta tanto Tiempo
¿Cómo dará sin Tiempo tanta cuenta?

Tomar no quiere el Tiempo, Tiempo en cuenta
Porque la cuenta no se hizo Tiempo;
Que el Tiempo recibirá en cuenta el Tiempo
Si en la cuenta del Tiempo hubiera Tiempo.

¿Qué cuenta ha de bastar a tanto Tiempo?
¿Qué Tiempo ha de bastar a tanta cuenta?
Que a quien sin cuenta vive, falta Tiempo.

Y estoy sin tener Tiempo y tener cuenta
Sabiendo que he de dar cuenta del Tiempo.
Y ha de llegar el Tiempo de la cuenta.



No todo es barroquismo en el siglo XVII. En Canarias, como en la lírica nacional, surgen poetas que se resisten a seguir la trayectoria culterano-conceptista con todas sus consecuencias. Es la época de Francisco de Rioja, el cantor de las flores, de Rodrigo Caro y de la Epístola moral a Fahio. Poesía grave y mesurada de reflexiones morales nostálgica y estoica. Dentro de este contexto pero con algunas concesiones al barroco, está la lírica de Juan Bautista Poggio J. Maldonado, natural de La Palma, que estudió Leyes en Salamanca ejerció como abogado en su isla natal, se hizo sacerdote en 1677 y cultivó la lírica, el teatro, la música y la oratoria .

Poggio era un buen poeta lírico. Toda su producción conocida, no muy abundante, está recogida en la Bio-bibliografía de Millares Cario Para Viera y Clavijo, era uno de nuestros mas insignes poetas.

Sus versos son densos, apretados, que suponen un esfuerzo de creación largamente pensados y lentamente construidos, hasta alcanzar la linde de la perfección. No sobra nada en ellos, Porque apenas dejan tiempo para la retórica, aunque sin excluirla del todo son graves en el contenido, en el ritmo y en la rima. Solo una vez emplea le rima aguda. Son poemas religiosos, morales y de circunstancia.

Entre los religiosos destaca el soneto titulado Medita los beneficios de Dios:


Dios, que un alma me dio que antes no era,
Dios, que santos dictámenes le envía.
Dios, que a ver y saber su ser le guía.
Dios sea quien y con quien viva y muera.

Dios, que da consonancia a tanta esfera.
Dios, que les dio compás, voz y armonía; 
Dios, que segunda luz dio a noche y día,
primera luz me dé, dé luz primera.

Dios, que perlas vertió por mí lloradas.
Dios, que granas manó por mi vertidas,
Dios, que memorias deja consagradas,

de este pan alimenta nuestras vidas,
de sangre del Cordero sean lavadas
y de aljófar de amor enriquecidas.


En los poemas de reflexiones morales, a igual que la Canción a las ruinas de Itálica o la Epístola moral a Fabio, Poggio dedica tres sonetos a Fabio, ese desconocido personaje de los poetas sevillanos del XVII, claro exponente de sus preferencias literarias. En uno de ellos le induce a que huya de sí mismo, en vez de huir de las penas:


Si otra patria, otras leyes, otro fuero,
otra edad o fortuna te deseas,
no es porque con razón infeliz seas,
es que hallas en tí mal compañero.

Huye de la borrasca el marinero,
y más que el mar le turban sus ideas;
mudarás de sudor, no de tareas;
de heridas mudarás, mas no de acero.

Si cual ciervo la flecha en la herida
tus pensamientos tiñes de corales,
estafeta es de penas tu huida,

tú y las penas corréis cursos iguales:
a un tiempo huyendo muerto y homicida,
huye, Fabio, de ti, no de los males.



Entre los poemas de circunstancia merece la pena traer aquí un precioso madrigal, A una señora de Guisla y otra de Massieu. delicado e ingenioso, que es además un poema de ordenación correlativa, con dos conjuntos de cuatro pluralidades, que se prolonga hasta el último verso (jardin, jazmín, mayos y flor, cielo, sol, luceros y rayos):


De Guislas en el jardín
y en el cielo de Massieu,
candidísimo sol tú,
y tú radiante jazmín;
perfecto principio y fin
de luceros y de mayos,
glorias gozad sin desmayos
y en recíprocos de amor
néctar que vierte tal flor
bébanlo de un sol los rayos. 


La obra dramática de Poggio, reducida a cuatro loas, se conserva en la biblioteca Cervantes de Santa Cruz de La Palma y sigue la técnica calderoniana. Son dos Loas Sacramentales, o comedias alegóricas, que se representaron en las fiestas de Corpus; una Loa al nombre de Jesús, compuesta para la Navidad de 1702, y la Loa a Nuestra Señora de las Nieves, representada en el convento de Santo Domingo, con motivo de la bajada de la Virgen en las fiestas lústrales de 1685'. El mismo Poggio, con ayuda de sus hermanas, compuso la música de las representaciones. 

Pensando en estas obras, Viera y Clavijo no duda en llamarlo "el Calderón canario". 









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