lunes, 14 de noviembre de 2016

ABEL GONZÁLEZ MELO [19.543]


Abel González Melo

Abel González Melo. Profesor cubano de dramaturgia y teatro, escritor que ha publicado varios libros de cuentos, poesía, crónicas y teatro.

Nacido en La Habana el 14 de enero de 1980. Licenciado en teatrología en el Instituto Superior de Arte. Es profesor de dramaturgia y Teatro Latinoamericano y Caribeño en el ISA. Ha publicado varios libros de cuentos, poesía, crónicas y teatro.

Como dramaturgo ha visto representadas sus obras Chamaco y Por Gusto, ambas con gran éxito de público. Dentro de su producción dramática se destacan además Ubú sin cuernos, Adentro y Nevada. Es editor de la revista cubana de artes escénicas Tablas. Ha trabajado como asesor dramático de Teatro El público y Origami Teatro y es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Trabajos suyos han aparecido en numerosas publicaciones culturales cubanas como Tablas, Revista Revolución y Cultura, El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, La Mojiganga, Manita en el suelo, Extramuros, Gestus, Perro huevero, Cúpulas, La Jiribilla, Cubaliteraria, Actualidad Escénica Cubana, así como en la revista española Encuentro de la cultura cubana.

Premios y reconocimientos

Ha sido reconocido por el público y la crítica en teatro, narrativa y poesía mediante los premios que atesora:

Premio Primer Concurso de Dramaturgia de la Embajada de España (2005) por Chamaco, la cual es considerada su producción dramatúrgica más sobresaliente.
Premio Alejandro Carpentier de Ensayo (2009)
Premio Calendario por su obra El hábito y la virtud (2005)
Premio Calendario por su obra Temor del que contempla (2002)
Premio Calendario por su obra Memorias de cera (1998)
Premio Nacional José Jacinto Milanés por su obra Adentro (2005)
Premio Nacional por su obra Ubú sin cuernos (2002)
Premio de crítica Teatral Mario Rodríguez Alemán de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), (2004)
Premio Dador otorgado por el Instituto Cubano del Libro por Ubú sin cuernos (2003)
Premio Luis Rogelio Nogueras por Perderás la tierra (2004)
Premio Yorich (2001) Ensayo por El teatro que nos falta

Libros publicados

Chamaco. Teatro. Ñaque Editora. Ciudad Real. España, 2006
Cada vez que te digo lo que siento. Cercanías con Abelardo Estorino. Crónica y ensayo. Ediciones Reina del Mar, Cuba, 2005.
La casa del herrero. Cuento. Editorial Letras Cubanas, 2004.
Temor del que contempla. Poesía. Casa Editora Abril, Cuba, 2004.
Perderás la tierra. Cuento. Ediciones Extramuros, Cuba, 2002.
La gansa de plata. Teatro. Ediciones Extramuros, 2000.
Memorias de cera. Cuento. Casa Editora Abril, Cuba, 2000.
Vendré mañana a despedirte. Cinco juegos de traición. Teatro. Editorial Letras Cubanas, 2014.


Emancipación del ego

Ese sol que en los siglos clamaba por mi ausencia
hoy departe con nubes de antiguos alaridos.
Las nubes no me aman.

En el último estrato de este cuento
nada es válido
ni se encuentra en mí un recodo de real valía.

Los que gritan que me han visto
          y que en mis valles descubrieron algas
          y que ante el cielo expusieron mis ovejas,
aún no existen.

Desaparecieron los de pecho torpe,
los que adoraban mi pulgar por un centavo,
los que fluían por mis grietas
          y engordaban en mi celda favorita.

No sé por qué sólo los pobres se resguardan en mí
o dicen que la imagen de mi engaño es descarnada
cuando hace lustros pernoctaban en su espera.

No sé en qué aroma
          o de qué coágulo
nace la idea de esta visión aciaga:
lo cierto es que el perfume me adormece
         y es carmín el ardor de mis mejillas.

Veo sensato apenas lo que escucho ahora,
         lo que pruebo,
lo que mis dientes cortan con furor de abeja.

Extraño aquel sitio aunque lo note lejos:
la adquisición de espacios era allí espada y ópalo
y este día,
        el de ahora,
                  trae el suspiro del escaso rincón
que surte la guarida.

No soy viejo.
No quiero ser viejo.

A duras penas hiedo en las horas que no escucho
        un trinar o no siento el viento,
        viento más que otra cosa,
        viento que me devuelve al campanario
        y tañe la melodía del regreso.
Del espacio añorado.
Del vivir otra vez.
De eso que susurra mientras hierve.


Como debe ser 
(Antes diría: C'EST ÇA QU'IL FAUT)

Cae mi imagen al fondo
de un precipicio de piel
y se mezcla con la hiel
del patíbulo. No escondo
lo que sucede en lo hondo.
No estoy bien, mas no me asusto.
Quiero atascar mi disgusto
con un grito: ¡Estoy abajo!
Pero el impecable tajo
me ha dejado un mudo gusto.
Ahora conozco el momento
que presumí acaso antaño
de recibir el regaño
y el insulto y el tormento
del pueblo. No me arrepiento:
 de vivir muerta me ufano.
El cuchillo que profano
desde mi indócil postura
no advierte bañera impura
para aferrarse a mi mano.
Con una abrupta mirada
mi horizonte se envanece
y mientras lo atacan, crece.
 Avanza, Carlota. Espada
de la tarde es la perlada                      
luz que me impele. La edad
me escupe. La levedad
se aja en mi brazo heresiarca
y me maja. Guardo el arca
de mi éxito. Contemplad:
de algún modo soy eterna
discípula de Rousseau.
Cuánto de mí se extravío…
Cuánto de mi alma eviterna
fue al cadalso, esa caverna
de dogmas para eludir
y no arder. ¡Dejadme huir,
loas de la destemplanza!
Venga Dios. Nada me cansa:
ya no ceso de reír.


Expiación y respuesta

І

A la cautiva:

Quizás te perturbe la manera viscosa (inerme quimera) en
que se impone mi faz a tu rostro: en antifaz he de convertirlo
luego. Ceniza virgen el fuego hará del alma que toco. Al es-
panto te convoco.
Comienza tu tibio juego entre mis dedos eternos. Recordar-
me será fútil dentro de la vida inútil que llevarás. Mil Avernos
se sucederán.
Sin vernos, otros te hablarán de suerte blanca. De compro-
meterte con ellos, nunca renuncies a mi vanidad, ni anuncies
estos placeres,
La muerte


ІІ

A la muerte:
(dibujando junto a la flor que quedó en la tumba)

Me extasió palpar tu voz a mi lado. Pedí un milagro amañado
con desdén e incertidumbre, hasta que por la costumbre de oírte
entendí que eras la más blanda de las fieras amadas.
La tibia lumbre que predicas, me distrae tanto como el velo casto
con que me cubriste. Pasto soy de un Luzbel que contrae tridente
y alas. Me atrae, no obstante, su afán de escriba: me calca, me
copia. Diva dice que soy. Nada más.
Ah, gracias por el disfraz.
Te recuerda,
La cautiva



Ingenuidad del teniente

Yo tengo una galería
de olimpos y estratagemas
donde encierro mis problemas.

Yo tengo una celosía
que contiene noche y día
como un consorcio esplendente.

Yo tengo un alga naciente
dentro de un pomo elegante
cuidado por mi elefante.

Yo tengo un tul reluciente
que corto con agrado
para asistir a la misa.

Yo tengo un arca de risa
recubierta en el condado,
destapada en el mercado.

Yo tengo una mano espía
ceñida a mí con manía
y dialogante en la noche.

Yo tengo un grimoso broche
que se abre en la algarabía
y se cierra en el silencio.

Yo tengo toga y arete
y hasta un curioso membrete:
con ellos tres me sentencio.

Yo tengo un farol que agencio
a mi Musa y a mi Arpía
para aplacar mi agonía.

Yo tengo un amante fiero
que me atosiga: a él prefiero
si cierro mi galería.



Vendré mañana a despedirte

En macerados colchones
de plumas descansa el sino:
un muchacho campesino
con breves dubitaciones
y botas sucias. Sus dones
son el agua y la premura
por conquistarla. Depura
con su avidez la garganta
del público, y se levanta
temprano. La noche apura.
Sin excitación diluye
sobre la tierra del monte
su instinto: en sano horizonte
de ideas, la suya fluye
y una nueva farsa intuye
como presagio del beso.
El muchacho queda preso
por hablar de lo perdido:
rugoso prodigio ha sido
la frialdad del travieso
paradigma que se impone.
¿De qué modo, en qué ordalía
desdibujó su grafía
por trascender? ¿Cómo opone
la vida a Dios? ¿Qué propone
cual cautiverio o destino
de Dorian Gray, Celestino
o Clov? ¿Qué escaño lujoso
languidece ante el reposo
del muchacho campesino?





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