lunes, 4 de agosto de 2014

SARA URIBE [12.658]


Sara Uribe 

Nació en Querétaro en 1978 y reside en Tamaulipas (México) desde 1996. 
Licenciada en Filosofía. Premio Regional de Poesía Carmen Alardín 2004, Premio Nacional de Poesía Tijuana 2005 y Premio Nacional de Poesía Clemente López Trujillo 2005. Becaria del FONCA, 2006-2007 y del PECDA, 2010 y 2013. Ha publicado: Lo que no imaginas (CONARTE, 2005); Palabras más palabras menos (IMAC, 2006); Nunca quise detener el tiempo (ITCA, 2008); Goliat (Letras de pasto verde, 2009); Magnitud –en coautoría con Marco Antonio Huerta– (Gusanos de la nada, 2012); Antígona González (Sur+, 2012) y Siam (FETA, 2012). Poemas suyos han aparecido en publicaciones periódicas y antologías de México, Perú, España, Canadá y Estados Unidos.




Variaciones sobre la necesidad del registro

No turbes ya las cosas que nos rodean.
Todo es un instante.
Salvador Elizondo, Farabeuf


Uno

Pienso en la necesidad de registro. En la necesidad de dejar constancia de lo que hacemos. La necesidad del archivo. Un conjunto de documentos, de datos, de dispositivos que fijen lo acaecido. ¿Se trata en todo caso de un asunto de territorios? ¿Un asunto de cotos? La necesidad de establecer un plazo concreto en el devenir, en el tráfago de lo efímero. ¿Por qué ese deseo de permanecer como una anotación? ¿Por qué esa necesidad de hacen un recuento, una marca, un hito en los días y las horas?


Dos

Pienso en si podría hacer un registro de tu cuerpo, de tu voz, de tus palabras. De ti. 
Un registro corpóreo.
De tus brazos, por ejemplo, en mi espalda, sobre mi cabeza [Ese justo momento de pertenencia. 
De pertinencia. Lo pertinente que se presiente. 
Lo que presentido es, en todo caso, pertinente por la pertenencia].
// tus manos mesando mis cabellos.
la precisión de tus huesos // el peso exacto de tu cuerpo //
la finísima sombra que te cubre //
Un puntual registro de la mirada 
// mi mirada sobre tus hombros, en el espejo // me-vi-mirándote ¿sabes? // esa clase de revelación // esa clase de otredad vs. mismidad [ese instante que ignoras y que mío, acotado ya en mi memoria].
Un registro auditivo.
De cada una de tus voces, de las inflexiones,
de ciertas palabras que no son comunes y 
fluyen en tus conversaciones como si tal cosa.
Como si fueran las claves de algo, un mensaje
que no alcanzo a descifrar. 
Como si no nos pertenecieran. 
Como si hubiesen sido usadas en otra historia ya pero ahora estuvieran reescritas sólo para esta ocasión. Esa clase de misterio compartido.
O de lenguaje lateral.
De las risas grabadas y del verbo rebobinar.
De cómo puede uno repetir y repetir algo que ya ocurrió y que en un archivo de audio.


Tres

Eso, el archivo, el registro.
La forma de decir estoy aquí sin estarlo.
La forma de decir he estado aquí. Estuve aquí. Todo estuvo aquí.
El archivo como constatación de lo real.
Como si el archivo fuera sustento ontológico. Pero no.
¿Es un documento un cimiento?


Cuatro

Todo lo que he guardado en diarios, cartas, anotaciones.
Todo lo que he destruido. La destrucción de los archivos o el borrón y cuenta nueva.
El archivo físico como muleta de la memoria.
El archivo físico como memoria.
La necesidad de combatir el olvido. Pienso en Farabeuf, inevitablemente.
Pienso en el ritual de la mano y la escalera.
En el ritual de los espejos. En ese segundo que la memoria repite incesantemente.


Cinco

Yo también, le diría.
Yo también llevo un registro de las cosas por si el olvido.
Después recordaría ya para siempre el momento exacto en que ella le dijo la razón por la que llevaba un registro.
Recordaría que se lo dijo casi al oído, la poca luz que se filtraba entre las cortinas. El olor compartido con las palabras. 
Recordaría también todo lo que hubiera querido decirle.
Esa manera de combatir la desmemoria.
Ese asunto de ir en contra de la desaparición de los hechos.


Seis

Te diría con Farabeuf: es bueno siempre la cifra de los días
es más fácil recordar las cosas cuando sabemos, al menos,
en qué día acontecieron.
Te diría, citándolo una vez más: recuerda, pues, una a una, las cosas que no deseas olvidar.


Siete

Lo convertiría en una anotación. En una asunto de escritura. Sistemático. 
Querría apuntarlo para fijarlo.
Querría decir: esto está ocurriendo ahora. 
Querría apuntalar la realidad de lo Real.
La corporeidad como memoria y posibilidad.
Querría decirle que nombrar es, en todo caso una forma de habitar.
Que el registro es hábito, habitación, hábitat.


Ocho

En la adolescencia llevé un registro de mis lecturas. Todos esos libros de la biblioteca que leí quedaron registrados en amarillentas hojas de papel revolución. En mi máquina de escribir elaboraba el registro: título del libro, editorial, año de publicación, número de páginas, fecha de inicio y de término de lectura, resumen del libro, impresiones de la lectura. No sé por qué empecé a hacer ese registro. Leíamos de seis a doce libros por semana. Quizá era la necesidad de dejar constancia del viaje, del tránsito de un mundo a otro. De una época a otro. De un detective a otro. // Lo que recuerdo es que me parecía que mi verdadera vida era esa: la que ocurría en los libros. Ahora pienso que llevar el registro de mis lecturas era una especie de álbum fotográfico familiar: era como si me tomara una fotografía con cada libro. Como decir: estuve aquí, fui esta, esta imposiblidad también me perteneció.


Nueve

El registro como propiedad. 
El registro como padrón y matrícula. 
La cédula.
El índice.
La nomenclatura.
El registro como catálogo


Diez

Decir: quiero registrarte como escritura y como presente y como algo que se vuelve más real porque es nombrado.

Decir: quiero producir presente contigo.

Decir: quiero no decir nada y que eso signifique que el presente fluye, que lo real ocurre, está ocurriendo. Que habitamos un presente que no necesita ser dicho para ser.

Decir: esto pudo haber sido dicho una y otra vez en todos los tiempos en todas las formas en todo lo posible y lo imposible en cualquier clase de distancia o lenguaje.

Decir: esto pudo no haber sido dicho. 

Decir el decir como registro.
Argüir la escritura como método.

Decir: soy real, justo ahora, porque escribo, porque registro.

Decir: quiero-producir-presente-contigo.





dos poemas de su libro Siam 



Lusus naturae*

Unido por su contrario el cartílago ensiforme al final de cada esternón.

Osificado en parte, un borde superior duro y elástico. El contorno de la banda es convexo hacia arriba y cóncavo hacia abajo.

Junturas móviles para lo vertical. Lo lateral es literal. Litoral es la epidermis. Pura continuidad: membrana. Cavidades cubiertas por cutículas comunes.

Tres y media pulgadas de longitud.

Ocho de circunferencia.

El litoral se extiende descendentemente hacia el abdomen.

Difícil es con precisión definir dónde los respectivos cartílagos de cada cuerpo. Y si una tira de falsa costilla entra en la estructura de estas partes.

Lo cierto es que los cartílagos ensiformes han asumido una figura extensa y alterada. Lo cierto es que a medio camino en el borde inferior de la banda se exhibe la cicatriz de un ombligo.

Todo litoral es también isla.

En el canal de esta casi cilíndrica banda una protuberancia de las vísceras en cada esfuerzo por toser o ejercitarse.

Dichas protuberancias, por su particular dureza y tamaño, más en algunos momentos que en otros, podríamos suponer, están hechas de cualquiera de las vísceras.

Intestino. Hígado Estómago. Bazo.

Si la banda por la cual los cuerpos están unidos es tocada en el centro, ambos son igualmente sensibles.

Media pulgada del centro, la siente sólo uno de ellos.

En Estados Unidos y en Inglaterra, en el continente europeo, ha surgido la pregunta. La cuestión del probable éxito de un intento de separación a través de una operación quirúrgica.

Lo cierto es que cada médico que los examinó declaró que no había más oportunidad de éxito en tal cirugía que la de sobrevivir su decapitación.

*Extractos de las opiniones escritas por los doctores Sam L. Mitchell y W. Anderson, dos eminentes médicos de Nueva York, así como de una ponencia leída ante la Real Sociedad de Londres (1º de abril de 1830) por el geólogo Bolton E.



Lusus naturae (versión acústica)*

Nacidos en el reino de Siam dos hermanos cuyos cuerpos.

Dos hermanos. Por un maravilloso capricho de la naturaleza. Unidos como si fueran cuyos cuerpos uno.

A Londres llegaron. El jueves 19 de noviembre de 1829.

Uno. Dos hermanos para su examen. Por un maravilloso capricho. Ante los más eminentes profesores de cirugía y medicina. Cuyos cuerpos.

Dícese de la metrópolis. Algunos caballeros con actividades de ciencia y literatura.

Para que a través de sus reportes. De ser favorables. El público seguro estar pudiera.

El público. De los cuerpos. Del capricho de los nacidos en Siam.

De que la exhibición proyectada. De estos admirables y extraordinarios jóvenes. No es bajo ninguna circunstancia. Decepcionante.

Que no hay nada ofensivo a la delicadeza en dicha exhibición.

Que no hay nada ofensivo. Que estos jóvenes.

Por un capricho. Están en posesión de buena salud y extraordinaria fuerza corporal.

Uno. Dos hermanos que manifiestan todas las facultades de la mente.

Y parecen. De hecho.

Y parecen, de hecho.

Disfrutar de un estado de perfecta felicidad y contento.

*Extractos de la declaración firmada por el más eminente profesor de cirugía y medicina en Londres. Salón Egipcio. Picadilly. 24 de noviembre de 1829. Honorable Leigh Thomas. Pres. Real Col. Cir.




La investigación como recurso para la construcción de poemas en los que las fuentes aparecen entretejidas alcanza su cúspide en Antígona González, obra en que Sara Uribe refleja la irrupción de la violencia en el noreste del país, donde ella vive. En Antígona González aparecen las voces de aquellas mujeres que buscan los cuerpos de sus seres queridos, desaparecidos por la guerra del narco y la trata de personas en México.

Antígona González es una obra que brilla por su estructura, de una fuerza aterradora, en la que todo, excepto la realidad dura y absurda que retrata, es de una gran congruencia. La adopción del tema de Sófocles y la lectura de muchas otras Antígonas escritas en diversos contextos caracterizados por la desaparición de personas, es de una fertilidad inmensa para dar salida a todas las voces que rodean estas situaciones desoladoras: las de los familiares de los desaparecidos, las de la prensa, las de los blogs y cuentas de Twitter que dan testimonio de las muertes violentas a diario, las de las otras Antígonas de otras épocas que aparecen aquí como un coro griego fantasmagórico cuya búsqueda y cuyos gritos parecen quebrarse en un eco sin respuestas.

  


Antígona González (fragmentos)

Tierra Colorada, Guerrero. 18 de febrero. El cuerpo sin vida
de un hombre fue encontrado en la presa La venta. Aunque todavía no
ha sido identificado, su brazo izquierdo tenía un tatuaje
con el nombre “Josefina”, y en el brazo derecho llevaba
marcado el nombre “Julio”.

Se dedicaba a la compra-venta de automóviles. Era común que viajara a Matamoros para comprar vehículos que después vendía en otras ciudades del país. Así se ganaba la vida Tadeo. No le iba tan mal. A veces le alcanzaba para llevar de vacaciones a la playa a su mujer y a mis sobrinos. Se había comprado un terreno en las afueras de la ciudad siendo soltero y cuando se casó fue construyendo cuarto por cuarto su casa. 

La felicidad para mí, hermanita, me dijo un día mientras me destapaba una cerveza y me servía un pedazo de carne asada, es llegar en la tarde a casa, luego de un día de pura chinga en el bisnes y echarme una cascarita con mis chavitos, oírlos cómo gritan, cómo ríen ¿sabes? Eso me quita todo el cansancio. Eso es lo que me hace sentir que estoy haciendo las cosas bien.

Lo más cercano a la felicidad para mí a estas alturas, hermanito, sería que mañana me llamaran para decirme que tu cuerpo apareció.



Chihuahua, Chihuahua. 17 de abril. Un niño
de 4 años fue localizado sin vida. Su madre lo
había reportado desaparecido el pasado 6 de abril.



: Por aquí también a usted la matan si entierra a sus muertos. Los caminos llenos de muertos dan más miedo ¿no? 

: Llenos de muertos.
: Los caminos.
: Por aquí también a usted. 
: Si entierra a sus muertos
: Dan más miedo ¿no?


Los días se van amontonando, Tadeo, y hay que comprar el gas, pagar las cuentas y seguir yendo al trabajo. Porque desde luego que a una se le desaparezca un hermano no es motivo de incapacidad. A una le dicen en la sala de maestros cuánto lo siento, ojalá que todo se resuelva, me apena mucho tu caso. Una es comidilla de uno, o dos, o tres días, tal vez hasta una semana. Pero luego ese chisme se vuelve viejo. La vida nunca detiene su curso por catástrofes personales. A la vida no le importa si tu daño es colateral o no. La rutina continúa y tú tienes que seguir con ella. Como en el metro, cuando la gente te empuja y la corriente te arrastra hacia adentro o hacia afuera de los vagones. Cosa de segundos. Cosa de inercias. Así voy flotando yo, Tadeo.

Así transcurro cada mañana. Escucho el despertador y te pienso. Me meto a la regadera y mientras el agua fría resbala por todo mi cuerpo, pienso en el tuyo. Bajo a la cocina a hacer café y enciendo un cigarro. Sé que nunca te gustó que no desayunara, pero desde que ya no estás ya nadie me regaña por no hacerlo.

(…)



Reynosa, Tamaulipas. 18 de abril.
El cuerpo de un hombre de entre 25 y 30 años fue
encontrado a orillas del libramiento que conduce al
puente Reynosa-Mission. Vestía bermudas de mezclilla,
calcetines de algodón blancos y una camisa de
mezclilla con forro de franela a cuadros.



: Quien quiera que ella sea, se la deja sin duda al margen, se la deja al margen por la guerra.

: Lo que sucede son los derrumbes.

: Como un anillo que se rompe y ya no le sirve a nadie.

: Desde ese momento nos quitaron la mitad de nuestro corazón. No sabemos cómo estamos sobreviviendo con la mitad de un corazón. 





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