lunes, 1 de junio de 2015

RUBÉN URBIZAGÁSTEGUI ALVARADO [16.162] Poeta de Perú


Rubén Urbizagástegui Alvarado

“Cajatambo, Perú (1945). Poeta, antropólogo, sociólogo y con un doctorado en Ciencias de la Información por la Universidad Federal de Minas Cerais, Brasil. Es, además, un bibliotecario peruano, que reside en California, Estados Unidos, donde trabaja en la Biblioteca de la Universidad de California, desde hace un buen tiempo.  También ha incursionado en la literatura con singular éxito, es integrante del grupo Hora Zero y ha publicado tres libros de poesía, siendo la última VIRUNHUAIRA (2011).”



Rubén Urbizagástegui Alvarado
Virunhuaira


EL AGUA CORRIENDO POR LA ACEQUIA

susurra en mis oídos. La luna detrás de los eucaliptos. Un potro ramonea en los alfalfares. Es mediodía en Virunhuaira.



EN ESTE PUEBLO CANTÉ BAILÉ 

Toqué una guitarra con Rossi Gutiérrez, con Andrés Alvarado, con Víctor Cayetano “El Para”, cantamos una serenata a la muchacha por la que entonces suspirábamos. Echando llave a su puerta para que no saliera. Para que no nos reconociera. Ese es el gusto. El no dejarla dormir con nuestro canto. El no dejarla adivinar quiénes estamos sufriendo por sus enaguas. Ese es el gusto y también el susto. Con ellos corrí por Mamalloc, Huampán, Pisco. Con ellos canté esta canción cajatambina:

Despierta amada mía
a las cuatro de la mañana

Con ellos canté bailé toqué una guitarra en la única calle que atraviesa a este pueblo de Rajanya. Entonces me imaginaba a la Chaupi, quietecita, escuchándonos. Calientita tendida en sus pellejos escuchándonos abrigadita. Y antes de retirarnos le cantamos la despedida más fuerte todavía.


Si por mi te has despertado
vuélvete a quedar dormida


Cruzando el puente de palos de Virunhuaira, eso fue lo que hicimos en este pueblo de Rajanya.




EN LAS TARDES

el sol se retira escalando las montañas. Perseguido por su sombra sube cerro arriba hasta alcanzar las elevadas cumbres del Hualcán. Desaparece. Ahora solo se adivina la luz de las velas y linternas en las cocinas de los comuneros. Las estrellas entonan canciones con los grillos. Es de noche en Virunhuaira.


TODOS LOS NIÑOS SABEN

los nombres de los cerros y las quebradas. A donde van los caminos. Unos que suben otros que bajan. Unos vienen otros parten. Otros simplemente cruzan las montañas. Pero todos los niños conocen los nombres de los caminos y las quebradas

Cerrito de Huacrapata
testigo de mis amores
testigo de mis quereres
tú nomás estás sabiendo
las penas que voy pasando
las penas que voy sufriendo



CIERRO LOS OJOS Y VEO UN RÍO

abierto como una herida en medio de dos montañas. Descolgándose de las faldas del Kutaj atraviesa Lucma, cruza Lanza, Huampán, divide a los dos poblados. Un puente de palo los une y los separa. Definitivamente, yo no me moriré en París ni será un día de invierno.

El tiempo pasará la vida continuará
Pero tu imagen nunca se apagará





CAMINANDO Y CANTANDO
sobre la mansa barriga de una vieja lagartija
Rubén Urbizagástegui


UN DÍA BIÉN DE MADRUGADA partí para el Cusco y por fin al atardecer pude abrazar a mis amigos adrián valer, nilo tomaylla, el chino velásquez, eva león, angélica, enrique rosas. Como es bueno inflarse de cariño por las personas. Sentarse a una mesa con los amigos mas queridos. Compartir un choclo con queso, un vaso de cerveza, un porongo de chicha, Cusco cusco huaikichitay.


La luna detenida en tu piel
cusco cusco
sumergida en mi silencio



Ah, Dora Dora. Sabes muy bien que la policía partió sus pulmones destrozó sus riñones. No se quiso despedir de ti porque impedirías su partida. Ahora te toca a ti continuar ese camino. Sin olvidar que algún día también atravesarás estas sombras-más leve más claro que el aire y verás que no es mucha la diferencia ni más vasta la vida. Cuidate rubén, cuídate.

Así mi tío Gabriel viejo wairachaqui salió por la ventana de mi cuarto allá en Puno, Hotel Europa, cuatro de la tarde. Y todavía siguió lloviendo por mucho tiempo.



NO HE PODIDO LIBRARME DE TU RECUERDO ni de tus palabras. Tu imagen siempre está presente impregnada en mí. He leído muchas veces tus poemas. Me gustan mucho. Unos más que otros. Dijiste que me iba a arrepentir por no amarte. Hoy sé que no. Si te hubiera amado para después verte partir, mi inquietud sería más grande y fuerte. Fuiste como la piedra en el agua que alteró mi calma y mi cama. Mucha calma. Mi cama. El amante con quien siempre soñé. Solo que me asusté cuando mi sueño se hizo realidad. Tuve miedo. Temí lo que podría sentir. Temí también tu partida. Y no abrí mi cuerpo para ti. Espero que un día cualquiera en cualquier otro lugar tengamos otra oportunidad. Tal vez entonces mi deseo de tenerte en mí sea más fuerte. Quiero saber de ti. Ojalá me escribas. Esto fue lo que escribió para mí carmen teresa avilés ramírez antes de abandonar Bogotá. Yo le dije que escribir era mi venganza. Que tal vez algún día leería sus temores en mis escritos. Y eso es lo que estoy haciendo




EN PUCARÁ VI COMO SE DORAN LOS TORITOS

cómo salen del horno bravos echando humo y fuego por los ojos. Cómo los diablos son más diablos en el horno y cómo salen volando para el mercado. En Sicuani hueso y pellejo nomás se están muriendo.




UN MIÉRCOLES DE CENIZA

bien de madrugada pegué un camión y me fui para Ayapata. Unas 30 personas nos pegábamos en el «Pepicho». Partimos con desconfianza. Una hora después nos sorprendió una granizada. Muriéndonos de frío nos pegábamos unos a los otros compartiendo ponchos, mantas, pellejos. Cómo bebí tiritando de frío en Macusani. Cómo canté y bailé en la plaza con las vendedoras de ponche y calentao. Linda macuseñita qué tienes qué te sucede por qué ya no me miran esos tus lindos ojos Y borracho con ropa y todo me enterré en mi bolsa de mal dormir. Tiritando de frío la noche entera mal pude escribir.



UNA TARDE VAGANDO

por el mercado central. Lleno del olor de comida casera, de los gritos desentonados de los vendedores ambulantes, de la pelea de los gallos y el llanto de los niños, llegué a la estación del tren. Faltan quince minutos para partir, me dijeron, y entonces agarré mi mochila y salí rumbo  a Quillabamba. El tren baja como una serpiente orillando el río Vilcanota que aquí se transforma en Urubamba, en Huallaga, en Ucayali, en Amazonas y muere en el Atlántico formando inmensas pororocas.   

Vilcanota río grande 
padrecito mío aukichitay
llévame en tú corriente
llévanos 
aquí vamos llegando





MACHU PICCHU ESTÁ LABRADO

sobre tres montañas: Machu (el viejo), Wayna (el joven) y Wawa (el niño). El vértigo está presente en cada paso que se da. En los jardines del Inca ahora florecen gordos los americanos, franceses, ingleses, japoneses, alemanes. Los manuales de turismo indican que se puede llegar hasta aquí de dos maneras: Por los caminos del Inca: lleva de dos a tres días. Por el tren Cusco-Quillabamba: lleva de cuatro a cinco horas. El Machu está totalmente acabado: casas de piedra, caminos de piedra, senderos de piedra, relojes de piedra, canales de piedra. El Wayna tiene apenas andenería y es difícil escalarlo. El Wawa apenas si fue comenzado. 


Piedra sobre piedra escalaré hasta tus ojos
buscaré mi corazón en tus pupilas
descenderé hasta tus pies
descansaré tres días y partiré


Este fue mi pensamiento antes de llegar hasta ti padrecito Machu Picchu. Después me quedé atado a tu corazón, prisionero de tus pupilas. Durante tres días y tres noches no salí de tus aposentos. Esperaba la noche para gozarte libre de americanos, libre de franceses, libre de holandeses o alemanes. Alta la luna iluminándome buscaba a tu hijo el joven Wayna. Juntos jugábamos con tu Wawa. Con ellos escondiéndonos entre tus barbas, enredándonos en tus cabellos, burlábamos la ronda de los vigilantes. No nos cansábamos de contar las estrellas, de encontrar las constelaciones más distantes: toro, piscis, escorpión, capricornio, titilando en nuestras manos. No me cansé de jugar con tus hijos abuelito Machu Picchu. Hasta que una noche lleno de hambre y sed me despedí de tus aposentos y partí.                



CON LA SANGRE Y LA MIRADA DE LOS MUERTOS

todavía vibrando en mis manos, partí para Puno. Harto de persecuciones, harto de represiones, harto de muertos y heridos rondando mí vigilia. Asqueado de la policía y el ejército. Con la cabeza febril hirviendo de tantas emociones. Salí bien de madrugada. Cómo era claro el día ese día en Cusco. Miré dos veces las montañas del Huanacauri y al subir por las quebradas del río Tinta, me acordé de otros muertos, de otras persecuciones. Todo ese día y esa noche los muertos estuvieron agrupándose en mi cabeza, latiendo en mi corazón. Cómo quise llorar y no pude. Cómo quise gritar  pero el grito se atrancaba en mi garganta. Ya en Puno en el Hotel Europa con la cabeza pegada al vidrio de la ventana mirando caer la lluvia tuve el siguiente diálogo con mi tío Gabriel Alvarado, muerto el 28 de abril de 1977 en Virunhuaira. 

Para Estemio Alvarado, mi primo. 

Los que partieron, partieron definitivamente, sin retorno posible. Dora, José, El Gato. Tú mismo viejo wairachaqui hacedor de milagros. Que se fueron como quien sale a la calle con la cara limpia y bien peinado, dejándonos diálogos inconclusos que terminaremos en la muerte. Viejo guarda-secretos nos volvemos a encontrar aquí en Puno. Tan lejos de Virunhuaira, donde éstas sembrado con tu viejo bastón apuntando el rumbo del viento, la estación de las lluvias, los caminos que atraviesan las quebradas mas distantes, los gestos, los apodos. Mientras yo aquí miro cómo la lluvia pasa por mi ventana y cae con fuerza sobre las madres que hurtan a sus hijos de tus rigores padre relámpago padre trueno. Y es muy quieta la música de las aguasen las calaminas aquí en Puno, Hotel Europa, cuatro de la tarde. Qué haces aquí viejo wairachaqui por qué me persigues? Bien sabes rubén que para los muertos no hay  tiempos ni distancias ni los secretos son más secretos. Tu padre por ejemplo medita sobre tus pasos y tu madre te recuerda mientras sopla el fogón. Para tu abuela simplemente no existes porque estás perdido en su memoria. El Fili como tú intenta encontrarse. Ni homo civitas ni homo ruralis. Como un perro dando vueltas sobre su cola. Intentando decidir entre su identidad y la locura. Ese es su dilema. Ese es también el tuyo aunque más vasto.Y los otros? Los que contigo eligieron el camino sin retorno? Dora, José, El Gato? Qué juego juegan? Qué ronda danzan? Ah, Dora Dora. Sabes muy bien que la policía partió sus pulmones destrozó sus riñones. No se quiso despedir de ti porque impedirías su partida. Ahora te toca a ti continuar ese camino. Sin olvidar que algún día también atravesarás éstas sombras -más leve más claro que el aire- y verás que no es mucha la diferencia ni más vasta la vida. Cuídate rubén, cuídate. Así mi tío Gabriel viejo wairachaqui salió par la ventana de mi cuarto allá en Puno, Hotel Europa, cuatro de la tarde. Y todavía siguió lloviendo por mucho tiempo.






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