lunes, 22 de septiembre de 2014

ÁNGEL MALDONADO ACEVEDO [13.389]


Ángel Maldonado Acevedo 

Ángel Maldonado Acevedo (Puerto Rico, 1948). Poeta, narrador, crítico literario, periodista. Fue co-fundador y co-director de la Revista Literaria En el País de los Tuertos. Es co-autor del libro de biografías Soldados Utuadeños caídos en Guerra (1993) y Memorial de Otro Tiempo (1998) libro de poesía publicado por la Revista EG de la Universidad de Puerto Rico. Ganó mención de Honor en Certamen Ateneo de Ponce (1997) y Mención Especial en el Certamen de Revista Adriana y Poeta de Cabra (2000). Su poesía aparece en revistas y diversas antologías de poesía puertorriqueña: Poetas del Viví (1990), Antología del Ateneo de Ponce (1998), Antología Plaza (1980, Cambridge, EUA), Las caras del Amor (1998). Próximamente aparecerán su libros de relatos Matar el Cabro y Poemas de Viaje. Se ha desempeñado como periodista radial y en prensa escrita, funcionario público, y publica actualmente la revista cibernética Arcadiana: Revista de Cultura (www.cydev.arcadiana) donde contribuye a divulgar la literatura puertorriqueña contemporánea. Contacto: angelma@coqui.net.




CONTRACANTO AL HOMBRE INVISIBLE

El poeta bebió los horizontes 
de una tarde soleada en la sabana 
y dijo: no hay más mundo 
que esta tierra bañada de soles y neblinas. 
Como el hombre invisible 
se hizo estatua a la orilla 
y vio pasar las muertes de muchas realidades. 
Hizo perplejo mutis 
mientras en sus silencios 
de irredento señor 
tropicales quebradas le bañaban 
de viejas alegrías el poema. 
"Eran días de júbilo 
de heterodoxia y noches insondables". 
Ahora la realidad 
de la sabana 
era ese cielo blanco 
que le dieron de herencia 
los caminos de adentro. 
Parado allí 
invisible y procaz, 
labrado dios sin reino, 
se sintió compensado por todo lo vivido: 
por la vida y la muerte 
que pasaban de frente, 
por el mito y los libros 
que poblaron 
sus más viejas escenas. 
Entonces de lo alto 
de su invisibilidad 
paróse y dijo: 
el silencio no basta 
ni el humor traicionado de la 
carne. 
Ebrio profeta 
se fue quedando solo 
marginal y enigmático 
como el hombre invisible 
que siempre se forjó. 
  



ALGUN DÍA

Felices los retratos de la infancia. 
Todos bien juntos, buscando cada cual 
ser el primero 
detrás de las sonrisas que anunciaban 
los años más felices. 
Nada queda de la casa ni del balcón 
que sirvieron de marco a la fotografía. 
Sólo en el fondo de las miradas 
podemos reconocer que alguna vez 
no todo estuvo perdido. 
Hoy, cuesta decirlo, somos ruina. 
Queda muy poco de aquellas miradas optimistas. 
Mirarnos desde ahora es como maldecirnos 
por haber derrochado tanta vida. 
  




EL MILAGRO

La nada me juega asombrosas bromas cada día 
me hace invisible y de momento 
me traslada a la vida más oblicua. 
Juega incesantemente al ser y al renacer. 
Hace de toda realidad una historia. 
para que mis manos rindan su destino. 
Me madura como a un fruto listo 
para el desafío de los labios más aptos. 
Me pide que sonría y que perdone 
los llantos y las rotas esperas que los días 
hacen prender del desencanto fiero. 
Me hace el residuo existencial de un largo insomnio 
donde la flor que no conozco 
abre sus pétalos y cuenta su leyenda. 
Así voy sometido al renacer de cada mañana 
ebrio de ocasos y satisfecho de esperanzas. 
Recto y sutil, capaz de ser un hombre 
en plena ebullición de Dios





NADIE

Nadie te busca ya para unas notas,
nadie te llama para un cuento de antaño
sólo estás doblando ante la fría tarde
rebuscando quién sabe qué secretos
para apoyar la sombra de tu frente.

Ya no importa ese día que prolongas
como oscuro residuo de la tarde
tanteando misteriosos pentagramas
al filo de sabores antiquísimos.

La noche fría cae por tus ojos
doblando para siempre
donde ciegos violines precipitan
su frágil soledad.

La tristeza dobla mudas campanas que te dicen
que ya soto el recuerdo te concede
el espacio vital. Tu espacio indiferente
a donde nadie llega a donde nadie
llama para un cantar para una nota.






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