lunes, 3 de septiembre de 2012

7676.- ELÍ GALINDO


Elí Galindo

Elí Galindo: nació en San Sebastián de los Reyes, estado de Aragua, VENEZUELA en 1947 y murió en el año 2006. Fue además profesor universitario y colaboró con las más importantes publicaciones de su país. 

Miembro de la generación de los 70 junto a Eleazar León, Hanni Ossot, María Fernanda Palacios, Alejandro Oliveros y David Gutiérrez Caro, entre otros, su vida concluyó días antes de que fuera presentado su último libro, que terminó siendo póstumo: San Baudelaire.

Galindo era natural de San Sebastián de los Reyes, la población más antigua del estado Aragua, donde nació el 13 de septiembre de 1947. Poeta, colaborador de las más importantes publicaciones periódicas de Venezuela y profesor, por más de veinte años, en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV), había recibido el Premio Internacional de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo (UC, 1985), y el Premio Conac de Poesía Francisco Lazo Martí (1987).

San Baudelaire reúne los libros Los viajes del barco fantasma (UCV, 1974), que mereció el Premio Universidad Central de Venezuela mención Poesía (1975), Ruido de las esferas (Monte Ávila Editores, 1986), ganador del Premio Municipal de Literatura del Concejo Municipal del Distrito Federal (1985), y el poemario inédito Las estrellas fugaces me ponen ebrio, que recibió el premio Casa de la Cultura del Estado Aragua (1971). Además recibió el Premio Municipal de Literatura “Manuel Díaz Rodríguez” del Concejo Municipal del Distrito Sucre (1974). A su obra inédita pertenecen los libros Metamorfosis, Elegías y Convidado de tierra.

Sus inquietudes intelectuales lo llevaron a incorporarse a la agrupación conocida como la Pandilla de Lautréamont, y coincidir con Caupolicán Ovalles, Luis Camilo Guevara, el Chino Víctor Valera Mora, William Osuna, Enrique Hernández D’Jesús y Luis Sutherland, entre otros, a finales de los años 70.

Trabajó como redactor en la Revista Nacional de Cultura, donde dejó numerosos artículos y notas que reseñan la obra de autores venezolanos. Como miembro del Fondo Editorial Orlando Araujo de la Federación de Asociaciones de Escritores de Venezuela promovió la obra de valores nacionales y coordinó, entre otros, la edición del libro La casa en la poesía venezolana del siglo XX (1993).





MI CASA ME BUSCA

Mi casa me busca
me husmea
a todas parte me sigue

Aunque me encuentre en lo más desolado
ella está conmigo

De las calles me recoge
en los malos sitios me azota
jamás me abandona

Ni en los peores momentos
de nada me priva
Ante su patio me coloca

Bajo la sombra de sus hermosas hojas
me da techo
Es capaz de ofrecerme su propio alimento
de todo me cobija

cuando me sabe solo
junta su rostro al mío
y aullamos como lobos al viento





Hoy me siento un árbol cargado de lluvia
               
Hoy me siento tendido bajo una gran oscuridad
estoy como una piedra
y fluye sobre mí
cruza su largo cuerpo como una barcaza
cubriendo todas las aguas
y se hunde
sin que las maderas humosas lleguen al fondo

es un sonido
suspendido igual a esos animales
que viven del aire
y se desplazan

Hoy me siento un árbol cargado de lluvia
que alguien sacude bruscamente

Pienso en mis antepasados
y éstos van por mis ojos cerrados como un vapor
un soplo
que recorre mi sombra
husmeando las etapas de mi vida
esa línea
puesta allí como un animal sediento
por manos extrañas
que será cortada por manos extrañas

Cerrado como un círculo
hoy no doy paso
sino a esas cosas vagas
que levantan mi cabeza
que descienden
sobre mis cinco espíritus muertos.






Las brujas

Siniestras, torvas, misteriosas brujas,
negros fantasmas de la medianoche,
¿qué estáis haciendo?
Macbeth

Como aves de rapiña que bajan con las garras abiertas
y se elevan de nuevo
con la rabia de llevarse
nada más que un puñado de polvo
pedazos de yerbas secas
así levantamos nuestras cabezas
las plumas sobre los ojos

Resbalamos de colina en colina como globos
tocando las ramas altas
y contemplamos cómo las ciudades antiguas
sólo dejaron sus ruinas

Nadie puede prohibirle a nuestras sombras que pasen
sobre las cosas que encuentran
sin tropezarlas
apenas dando con sus manchas
sobre las torres

Somos las brujas

Nos deslizamos en el fuego
que hemos levantado de las rocas

Nuestras plumas son duras y grises

Mientras movemos las enormes alas
acurrucadas en los follajes
quebrando sus ramas
comiendo de sus hojas
hablamos a las arenas que no tienen sitio
sino que ruedan
en las paredes blancas de la niebla

Volamos
las alas cerradas
sobre estos campos muertos
lluviosos.
        




Aqueronte

Oh yo tuve alguna vez
ramajes sobre mis brazos
un viento con aves
cruzando mi cabeza

Soy un anciano
que apenas puede mover sus aguas
llevar la oscuridad del oleaje
de una orilla a otra orilla

Me han lanzado bajo la sombra de las rocas
en vez de sol
hay sobre mis ojos un techo de tierra
Ahora mi cuerpo es duro
como la piel de una res vieja

Empujo con mis pocas fuerzas
los muertos atascados en el lodo
los envuelvo en mis cabellos
cada día más grises
soporto sus nados alocados
y los llevo como una cinta de piedras
puliendo las negras carnes

A veces
cuando el viento de estas comarcas
pasa rabioso
apenas si levanto mis olas
y me voy bajo las hojas amarillas
cubierto de un vapor rojizo
apagado por la bruma
los ojos bajos
puestos sobre mis piedras
sobre las bocas abiertas

Sólo el viejo Carón
navega en mis ojos
rompe con sus remos mis cabellos hirvientes
en aquellas partes
donde soy profundo
y tengo peces negros

Levanto la cabeza
los párpados filtrados como un fantasma
pongo las manos en mis escamas
y lleno de locura
me voy de bruces husmeando las grutas
con el recuerdo de que una vez
tuve vestiduras blancas
y no este infierno




San Baudelaire
  
San Baudelaire, patron mío,
tú sabes que tengo en una lavativa
de lino, malba y almidón,
empapada el alma de Molière

Sino eres un animal
sácame de esta tienda
y te nombro gran almirante
de mi flota del Atlántico.
(Texto de un loco, citado por Vicente Huidobro)

Afuera llueve Baudelaire
y la lluvia entra en los vidrios de la noche
Me retiro al sitio donde vivo
cierro las ventanas
entro de pie al sueño
Dejo vagar mis rasgos sobre las yerbas cortas
Un perro negro lame mis cabellos
Me acerco a los ríos
donde los peces sacan las bocas del agua
y beben de la luna
Rozo las aguas con mi mano derecha
y la llevo a los ojos
desciende color a las siluetas que circundan dentro de mí
llenas de humedad
de tierra confusa

Regreso hondo

Caigo aún más en la noche

San Baudelaire extiende sus as alas
y me cubre el viento cargado de lluvia
y me veo cruzar las colinas
en su compañía
los dos cubiertos por capas negras
él hablando del infierno
y yo silencioso
tropezando con las rocas





Caos

Antes que el hombre nombrara
a través del caos
las cosas disonantes de la creación
existía la armonía
El cielo y la tierra cruzaban sus mensajes
de fuego
uno al otro comunicaban sus fiestas
dolores y lamentos
Para nada había obstáculos
conversaban y se entendían perfectamente
Todo era hábil
Todo extendía su propio peso
su real valor
Sin miedo lo inútil se sabía en descanso
de la materia
luego
según la rueda perfecta de la fortuna
vivía su turno
Lo muerto no sufría
retornaría poco después
y lo vivo soportaba el vivir
pronto vendría el descanso natural

Antes que el pensamiento
creara la muerte
mucho antes que el hombre pensara
en el término de las cosas
y el caos abandonara su misión verdadera
todo era perfecto
todo era irrupción
azar

(del libro inédito Metamorfosis)


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