lunes, 29 de septiembre de 2014

EDUARDO HIDALGO [13.485]


Eduardo Hidalgo 

(Huixtla, Chiapas, México, 1963) es poeta, narrador y traductor.
Premio Estatal de poesía Ydalio Huerta 1996 por Eco negro;
Premio Regional de Poesía Rodulfo Figueroa 2006 por Viene de antes;
Premio Sureste de poesía Roberto López Moreno 2009 por Un hombre que cae está enfermo de gravedad.

Ha publicado los siguientes títulos:

Tiempo de Agua, 1994.
La Muerte es un lugar común, 1998.
Eco Negro, 2002.
Viene de antes, 2006.
Terminará en Lágrimas (narrativa), 2008.
Me pregunto si, 2012.
Autotomía, antología de poetas nacidos el nueve de septiembre de 1963 a las 15:00 en Huixtla, Chiapas, 2013.
Un hombre que cae está enfermo de gravedad, 2014.

Publicaciones colectivas:

Desde la lluvia, taller de poesía de Óscar Oliva, 1994.
El amor en línea y letra, 1999.
Animales en su tinta, 2007.





NUBES (1)

A Gustavo Ruiz Pascacio


A las 10:20 de la mañana del día 3 de abril,
instalado en la espera de que caiga alguna idea
percibo una realidad:
dos nubes me miran,
me admiran,
se admiran de mí.
Las oigo hablar,
decir que soy irrepetible,
que la postura que adopto en el balcón nunca es la misma
para la siempre diferente manera de mirarlas.
Que la postura que adopto en el balcón
nunca es la misma.
Que la postura, que el balcón, que la mirada…
Pobres nubes de ciudad que no me saben leer.




RESTOS

              
A Silvia Camerotto

                               Un enfermo de gravedad se masturba
                                               para dar señales de vida

                                                                 ENRIQUE LIHN



            Abro otra vez el libro que nunca escribo y aparece —terca—  la misma sentencia:

                        “Un hombre que cae está enfermo de gravedad”.
            Y es ahora que la noche me devora,
            me devana y deshilacha y muele y duele de la piel a la médula,
            y me vienen palabras como enjambres de demonios, como títulos de nada,
y voy hacia el vacío poblado de esos restos:
            “Huesos de noches de osada ternura”
            “Pontificada deslealtad a la suma de todos sus plagios”
            “Ausencia adjetivada a tientas”
                        “Hombre atrapado en flagrancia en el anuncio de lo sucio de su sino”
                        “Manual para alternar las sombras con los restos de una niñez unida a los
                                   barrancos del desgano”                               
                        “Precaución: héroe temeroso jugando un papel temerario”
            “Precaución: pequeño dios depositando ecos en la blanca tersura de los
                        grabados del papel sanitario”
            Silencio. Silencio.
            Bloques de soledad donde el silencio asesina decisiones.





ODD MAN OUT


A Mario Alberto Bautista


Bueno. Ahora escribiré las palabras para que te entretengas con el ejercicio
de subrayar.
Punza la herida futura en la muñeca izquierda.
Viene del corazón la señal, la leña con que pondré al aire este mensaje de
humo.
La soledad amañada, la mañana soleada, la saña y nada nada nada nada.
Nada nada.
Nada nada nada nada nada.
Subraya la palabra que no corresponda:
nada nada nada nada nada nada todo.
Sí, subraya todo,
encierra en un círculo lo no encerrable.
(La seña.
La herida futura en la muñeca izquierda. Punza).
Aquí me quedo.





DE CABEZA


A Cecilia Romana

               un bello espectáculo y un punto a favor de la exactitud
                               de la mecánica celeste

                                                    ENRIQUE LIHN



Me gustaría tener una tristeza
—víctima embellecida, como sugiere Lihn—,
exhibida en pantallas gigantescas en parques, en plazas, en grandes estadios,
cayendo
cabeza abajo;
una tristeza con todo y su música de fondo destinada en principo al efecto en
                        nosotros,
sufriéndolo ahora para nuestros ojos,
como gran estrella.


Qué ironía: estar pendientes, después del anuncio por red nacional;
qué morbo: no querer perdernos de verla cayendo a todo color,
alta, hermosa raya de estrella fugaz,
notoria desde muchos puntos.

Me alegra pensar en cómo lo tomarían aquellas
mujeres que lloran frente al televisor:
tía Concepción, mi prima Lupita.
A mamá le encantaría. Tendríamos, entre todos,
una gran pesada tristeza
despeñándose.

Seguramente nos alegraría
a todo color:
rápida raya de estrella fugaz,
cayendo
lejos de la multitud, 
no sobre ella.





IN THE SHOWER


A Roberto Rico


Temperatura corporal que así se restablece
por la agujerada rueda que me brinda la humedad deseada,
que se esmera en cambiarme la cara.

Por las ranuras practicadas al suelo se escurre el cansancio,
se derrite.
¿Qué espuma, qué suciedad no queda satisfecha en ese viaje?

Quisiera a veces que lavara más adentro,
que llevara el pensamiento también la dirección y la presteza
de todo lo que cae ahora sobre el piso de mosaicos
y, emulando a Moisés, abriera el piso azul que piso
para darme paso, para huir, para salvarme de mí mismo.

Si pisara la barra de jabón,
si mi cabeza,
abierta como un gran Mar Negro en miniatura, diera paso a otro pequeño gran Mar
            Rojo,
corriendo rápido, fuera, todo diluido
por la agujerada rueda que me brinda la humedad deseada.

Por las ranuras practicadas al suelo se escurre el cansancio,
se derrite.
¿Qué espuma, qué suciedad no queda satisfecha en ese viaje?






GÓNGORA VE UNA GOLONDRINA


A Ignacio Ruiz Pérez



Góngora ve una golondrina.
Desde los ojos del ave, de la pluma del poeta
brotan signos que son eco de su visión.
La golondrina ve a Góngora.
En los ojos del poeta se refleja
la línea que deja el ave
como eco de plumas
en el cielo español.
Si hacia atrás fuera el vuelo
—piensa el bardo—
esa tijera flotante cortaría
no el aire
sino la lógica misma del cielo.





de VIENE DE ANTES

(premio regional de poesía Rodulfo Figueroa 2006)



1

Voy a escribir un texto al que pondré por título
ANTES DEL POEMA

en el cual tomaré una nube
y la llenaré con una clara idea que después,
por una escalera de elipses cada vez más,
más pequeñas,
descenderá
directamente
a mi cabeza.



6


A Italia Flores

Voy a escribir un texto al que pondré por título
(TENGO FRESCA) LA IMPRESIÓN DE TU CARA
en el cual me desharé en explicaciones
sobre una masa (no sé ahora si de yeso o plastilina)
que representará mi cabeza, la bóveda craneana,
el cerebro, sus circunvoluciones
y ahí, de manera perceptible,
(casi) estropeándolo todo
estará la cara querida
metida
(narices por delante)
dejando una muy buena impresión. 





7

Voy a escribir un texto al que pondré por título
SE DESVIRGA A DOMICILIO
Formará parte de un libro de poemas obscenos.
En este (declarado desde ahora) poema inaugural
sabremos de osado poeta
que pone anuncio en periódico local
(la rima es voluntaria y es para que sepan —las señoritas— que es en serio)
prometiendo ser discreto,
concreto
y gratuito
(para las primeras cien).




10

Voy a escribir un texto al que pondré por título
TE AMO, CAMA
será un poema breve
donde hablaré del hecho
de tener a la cama como amiga,
o como gran amante
complaciente.
Describiré el proceso
de cambiarle la ropa,
de arreglarle el entorno
y esperaremos juntos
a un tercer elemento.




Díptico por Sylvia Plath



1

Desvío,
parada y descenso en la acera derecha de la idea en hora inútil.
¿Ahora qué?
¿Dosificar la creación?
“la emoción encinta parirá mi herida nueva…”
Mi herida, tan linda,
a unas cuantas palabras de nacida
de la luz con que alumbramos el adiós.



2

Se asfixia este dolor, mi dolor tierno,
es reducido el espacio que le doy.
¿Acaso no merece un área extensa,
un gran corazón-patio en el cual pueda
jugar a sus anchas?
Que ya no haya reparo en complacerlo,
malcriarlo. Ya era hora.
—Aquí, ven. Ten un beso.
Hasta mañana, precioso bebé.






Dos poemas

                                      Quero escrever o borrão vermelho de sangue                                                                                                 Clarice Lispector

1

Desde una rama de aire
la idea
de mi muerte
me observa,
prepara el sobrevuelo.
Muy pronto
vendrá a gozarse
de las entrañas de mi poema.



2

(Visión de la navaja cuando juega con muñecas)

Qué linda, qué tierna.
El otro día la vi pasar
cuando iba corriendo cortando camino.
Sabía a video:
la imagen,
el drip drip que daba ritmo,
y el color, Dios mío,
qué color.




Función de la lluvia

Mist is when the sky is tired of flight
And rests its soft machine on the ground
Craig Raine



La lluvia tiene una función,
en este caso, vespertina.
Cae para ser tomada en cuenta.
Propicia los aplausos
y se provee de música por todos lados.
Orquestado el acto y aplaudido,
posa la lluvia en tierra su húmeda máquina.
Tan pronto la calienta emprende el vuelo,
como si nada.






Del libro, Eco negro


Con toda su carga de tedio
lentamente
la ciudad se adentra en los restos de la tarde
El hombre espera una señal
mientras el sol realiza un simulacro de suicidio
espera
Mientras la sombra desenrolla su enorme negra alfombra
también Ella espera una señal

La vida es ixcanal en sus costillas

Apenas llega Él a una orilla de la noche
y tira su corazón en un anzuel
¡oh!

La nostalgia es un pez de boca grande
y en el río el reflejo le muestra
al hermano siamés del sufrimiento
Espejo    río    noche
sitio donde pende el hombre de su diaria desdicha desoída
crucificado en sí mismo es el cuerpo
la sed
la lanza
y el vinagre





de Un hombre que cae está enfermo de gravedad, Ganador del 2° Premio Sureste de Poesía “Roberto López Moreno”, convocado por el patronato de la Feria de San Marcos 2009.


FIESTA

Suave el toque a la puerta. Luego mi voz preguntando por mí.
Mi voz, queda, diciendo todo listo: música, bebida...
y todo mundo entró en fila, bailando, formando una rueda, adelante, adelante,
arriba,
abajo,
vuelta.

Me sorprende, realmente, el inútil sigilo inicial, la exagerada e igualmente tonta preparación de nada.
Máscaras de siempre en caras conocidas, movimientos nuevos que siguen de cerca
sus mismas rutinas:
fotos con los poetas, con los artistas plásticos,
por acá los músicos, actores, bailarinas,
los tipos de la prensa.

Se encienden las velas. No quiero apagarlas.
Si soplo desearé quemar la ausencia
de todos, y anunciar que, no sé,
que tiene la noche un árbol , que todo lo que damos sale de lo oscuro, que el arte nos
deja helados,
y anunciar que es seguro que el origen del dolor de cada uno es la cereza en el
pastel;
y hay una bella imagen de mi suciedad en sepia descrita en un poema,
y en un cuadro abstracto se ve claramente cómo un niño es adulto forzado,
y en un monólogo un actor vomita el trote del deseo que entró raudo también
a su inocencia,
y una bailarina se mece como un fruto aún tierno en el extremo lejano del brazo de
un tipo muy alto.
¡Alto!
¿Qué pasa? ¿Quién discute? ¡No, no, no! ¿Quién sangra?
¿Quién quebró el espejo?
¡Momento, momento! ¿He dicho espejo?
¿Vi, acaso, el reflejo de mi rostro en algún lado?

Una sombra de imagen hizo nido en el silencio.

De un sólido sueño salido el recuerdo es una lengua, una llama que me quema, que me lame la memoria.
—Aquí me quedo —digo, grito, escribo en voz alta. Golpeo las teclas,
golpeo,
golpeo,
no puedo escribir en voz profunda,
en letra con poder de perforar,
de llegar al pasado y quitarme las manchas.

Nada quedo quedó el ruido, los dedos golpeando el recuerdo indeseado que emite el
sonido que llama y quema en la memoria.

Aquí no ha pasado fiesta,
que siga la nada.

*del Libro Primero: II. Elogio de nada




NADA REAL

A Luis Fernández

No se piensa en nada real
Ni en la tierra ni en el cielo
Ni en el eco o el silencio
PIERRE REVERDY


Desde el recuerdo de un sueño, de algo oculto, la voz cae, derramada de su
angustia, desprendida de su propio giro.
Cuando él busca las palabras que lo nombran, disfraza el hecho, desvirtúa el
desgaste en el borde del aura donde irrumpe el ataque;
en su espejo persiste la costumbre y revierte lo visible en un sentido:
—Soñé esto —se dice—, soñé aquello.
Y su mano se mueve en un trayecto conocido que forma un signo de
protección;
y su mano se mueve nuevamente y dice hola o adiós, según el caso;
y su mano lo mueve nuevamente a crear sobre el blanco, y la página sube e imágenes bajan y caen
y bajan
y caen
y piensa en la noticia,
en la madre y los otros dolientes,
en cómo se verán frente a las cámaras,
y en negros atuendos bien lucidos que les sientan como nunca.

Ah, pero esto no iba así, no era esto de lo que se hablaba.

Si la risa no era orilla hacia la cual nadar, todo esto se trataba de un acto de
magia en busca de un modo de realizar lo irreal.
Quería una nota alargada,
no una espina clavada.

Podría dejarlo así e irse a dormir. Sí, que lo haga:
la voz sin origen aparente provocará un desfase en la siguiente espera.
No habrá palabra rebotando en el espejo, no habrá espejo presente. Habrá
silencio y nada que le oponga resistencia.
Ahora se levanta.
Las cosas se animan, actúan, mas él sabe nada,
nadie sabe nada:
nada sabe la vena de la hoja que la anhela,
no le sabe a veneno la ración de vino,
la acera distante y la sangre se ignoran.
Todo es nada.
La voz lo sabe,
la tierna voz que lo llama y le promete nada para siempre.
La voz, la voz, la situación,
las palabras
pintadas por la voz
en su cabeza.

del Libro Primero: II. Elogio de nada




NUBES 

A Gustavo Ruiz Pascacio

A las 10:20 de la mañana del día 3 de abril,
instalado en la espera de que caiga alguna idea
percibo una realidad:
dos nubes me miran,
me admiran,
se admiran de mí.
Las oigo hablar,
decir que soy irrepetible,
que la postura que adopto en el balcón nunca es la misma
para la siempre diferente manera de mirarlas.
Que la postura que adopto en el balcón
nunca es la misma.
Que la postura, que el balcón, que la mirada...
Pobres nubes de ciudad que no me saben leer.

del Libro II: I. Preludio para la gravedad




VISIÓN DE NUEVA YORK

I

(Una Gran Manzana)

Vidrios rotos
que implican desperfecto en algún lado,
mala suerte de la mano ejecutora.

Unos frente al televisor, otros frente a las cámaras
hablemos ahora mientras pasan las horas,
mientras pasa el gran desfile del azoro,
mientras cae la sombra de la consecuencia
sobre el hecho.

Alguien soñó ya esto,
alguien vio en esto el principio del gran cambio.
¿Pero qué es “esto”?
¿Alcanzar el cielo?
¿Entrar al éter desde el ojo ínfimo del que está abajo?
Tocarlo,
sí, pero no de esa manera.
Cielo roto desde donde ahora se desploman esos sueños.
Sueños rotos después de reflejar lo no deseado.

Dos columnas de humo se levantan
bajo el azul
donde el sofocamiento enciende a la Muerte,
donde despierta su ira;
poco a poco o de prisa —no sabemos—
se irá la Muerte precipitando fuera
por las costuras rotas de esos sueños.

Hay un ir y venir de sirenas sobre el delirio de esta hora,
delirio en que se invierten los silencios.

La calle derruida se levanta
de sus pasos y viene,
mansa,
a sobarse el lomo en el recuerdo
de la noche de ayer. Ahí adentro,
en el centro, en el blanco,
hay insomne ciudad que da por hecho
su avance hacia una intacta
y perfecta mañana.
Véanla todos ahora:
mañana incosturable que se roe a sí misma:
manzana gigantesca
y animal terrible e impreciso
unidos en un vidrio fragmentado.

Del Libro II: II. Gravedad






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