jueves, 22 de enero de 2015

ROLANDO ROSAS GALICIA [14.561] Poeta de México


ROLANDO ROSAS GALICIA

Rolando Rosas Galicia (1954) nació en San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, Distrito Federal (México). Ha publicado varios libros de poesía y recibido reconocimeintos por su obra. Actualmente es profesor de la Universidad Autónoma Chapingo, donde ha dedicado más de 30 años en la promoción de la lectura y redacción en sus estudiantes.

Nació en la ciudad de México, el 1 de abril de 1954. Poeta, cronista y narrador. Estudió en la Escuela Normal Superior (México) y la maestría en letras iberoamericanas en la Universidad Iberoamericana. Ha sido profesor de expresión oral y escrita en la UIA, y de crítica literaria y literatura grecolatina en la Universidad del Claustro de Sor Juana; maestro de tiempo completo y coordinador del ciclo de conferencias “El Oficio de Escritor” en la Universidad Autónoma Chapingo. Colaborador de Cambiavía, Cantera Verde, Casa del Tiempo, El Financiero, Excélsior, La Troje, Periódico de Poesía, Plural, Punto de Partida, Revista Universidad de México, Semana de Bellas Artes, y Utopía. Becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 1994. Premio Estatal de Poesía 1986, Estado de México, por Crónica de San Jerónimo. Premio Nacional de Poesía Ciudad la Paz 1986 por Caballo viejo. Premio Nacional de Poesía 1987 convocado por El Porvenir. Premio Nacional de Poesía Hugo Gutiérrez Vega 1990. Premio de Poesía UAQ 1992 por Herida cerrada en falso. Premio Nacional de Poesía Olga Arias 1992 por El pájaro y la paloma. Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 1998 por Naguales.

Estilo literario

Rolando Rosas Galicia nació en 1954 en San Gregorio Atlapulco, un pueblo de Xochimilco; aunque éste forma parte del Distrito Federal, conservó hasta años recientes características peculiares que lo mantuvieron al margen de la dinámica devoradora de la gran ciudad. En este lugar la vida gira en torno en las Chinampas, herencia prehispánica en silenciosa lucha contra la absorción y la desaparición. A pesar de ser defeños, sus pobladores no se desarrollaron en función del horario y líneas del Metro, de las fábricas ni de los grandes escaparates; el tiempo ha transcurrido en razón de los cultivos de espinacas, de maíz, de flores; una cultura, una cosmovisión, una sociedad muy peculiar existió como entorno inmediato y está presente en la obra del autor de Quebrantagüesos.

Iniciado en la poesía en los talleres literarios impartidos por el maestro Carlos Illescas en 1977, publicó su primer libro, En alguna parte ojos de mundo en 1980. Desde este primer texto Rosas Galicia aborda un asunto que se irá convirtiendo en una obsesión en su obra: la búsqueda de las raíces en el pueblo, los ancestros (muertos y vivos) siempre presentes, los progenitores, la estirpe, son retomados en obras posteriores como Quebrantagüesos, Pájaro en mano y Naguales. A través de los mitos y personajes reconstruye la memoria colectiva del pueblo en las leyendas, el rumor de las iglesias y cantinas, en los rezos, en el lirio y el fango del recuerdo, en una genealogía no elegida, no siempre con afecto pero sí con la necesidad de ella.

Obra Publicada

La influencia generacional y una peculiar conformación del entorno inmediato se reflejan e individualizan en la obra poética de Rolando Rosas Galicia, obra en la que el erotismo y la búsqueda de las raíces ancestrales constituyen obsesiones que definen un estilo.

Poesía

En alguna parte ojos del mundo (1980)                                                             
Crónicas de San Jerónimo (1986)
Carajo quebrantagüesos (1989) 
Perversa flor (1990)
Quebrantagüesos (1991)
El pájaro y la paloma (1992)
Herida cerrada en falso (1992) 
Caballo viejo (1995)
Quimeras (1996) 
Morder el polvo (1998)
Naguales (1999)
Tres pies al gato (2001) 
El ruido de la infancia (2006) 
Vagar entre sombras (2007)
Caballo Viejo y otros poemas (2008) 
QUEBRANTAGÜESOS y otros poemas 1980 - 2010 (2012) 
Ojo por hoja (2012)

Narrativa

Libro de cuentos "Pájaro en mano" (1999)

Compilaciones

Cuestión personal: selección de poesía Latinoamericana (1992)
El llamado del deseoso: cuentos para adolescentes (2000)



Mi perra tiene roña.

Las niñas le tiran piedras para que huya.
Y las amas de casa le ofrecen mendrugos con veneno.

Mi perra, mientras durmió conmigo fue inmaculada.

Pero un día llegó la primavera
y no respetó cerrojos ni candados.

Se fue a la calle.

Y el perfume de su sexo hasta entonces sólo mío
fue de la jauría.

Presurosas carnes del “Duque”, del “Sultán”, del “Diablo”
y de tantos anónimos, miserables, escuálidos,
dispusieron del banquete.

Entre todos le florearon su capullo, lo aguangaron.
Le dejaron sus pulgas y su rabia.
Y esta endemoniada comezón que con nada se nos quita




Quebrantaguesos Universidad Autonoma Chapingo 1991



ENVÍO

1

Mi víbora era de dos cabezas
Pero a veces amanecía de tres o más
Luego eran cuatro o diez en la duermevela de dos
Porque el deseo crecía en cada parte
Cuando trozaba a machetazos de yo tener catorce
Y entonces el sueño era una cabeza asomándose
En el espejo múltiple
Era la vianda amarga en la charola de Salomé
Miraba hacia delante como una cabra al borde
En el otro extremo crepitaba el hueso
Y un poco el ruido de la infancia


2

Aquello que se sueña
no es el sueño sino su perfume
Es la rosa
Ciegos cuerpos invitándose mutuamente, generosos
No es el cuerpo la serpiente sino su veneno
El rencor al otro día cuando se es sombra
y no luz
Cuando se es el sueño que se sueña





Poema XXXI

La cuetzona baila, baila.
Brinca como un ajolote.
Se mete entre los toros. Les aprieta los huevos.
Moja su jeta en su leche.
Abre su hocico como una gallina culeca.
Se clava en el estiercol fresco y luego sale.
Se bate en el lodo. La cuetzona parece un lagarto.
Levanta su falda y me muestra un alacrán mal dibujado.
La cuetzona me chupa la sangre.
La cuetzona desaparece pero no es un fantasma.




Poema VII 

Maldito amor.
El padre hereda al vástago.
Respira hasta el fondo y se quiebra.
El nagual se extingue.
Con ceniza cubre el hueco de la llaga.




Poema XXI 

La dura carne
sazonada en desdichas y hervor a fuego lento
no fácil se corrompe
Dile a tu hembra que con sus dientes
en tu pecho busque lo profundo de la herida
y de corazón agradece sus ganas de olvidarte.  




"Ojo por hoja". Editorial Cofradía de Coyotes. 2012


Ojo por hoja

En el face tengo tres mil y tantos amigos.
A cada instante me conecto con ellos
los llevo en mi móbil, caminamos juntos. Sonreímos
y somos uno en el mundo
y yo estoy allí, en su mundo
Qué estorbo cuando mi padre me pregunta por lo que hago
si estoy bien, si lo escucho, si necesito algo
Qué estupidez. No se da cuenta que estoy completo




Víbora 

Entre las rocas pule sus escamas, se hiere
y su siseo es perfecta lentejuela: un grito
¿Plumas o escamas? 





Los sonidos del cuerpo

La gacela más fugaz no es la luz
Ni la pantera más luminosa es la mirada
Si acaso escuchas el estruendo de la lluvia
cuando estrujas tus palabras, sabrás lo que hablo
Escucha su cuerpo, su trayectoria de aire
mira sus ojos, te están diciendo
tantas cosas que presientes








del "Caballo Viejo y otros poemas"


XCVIII

Calipso amamanta a su niño con leche de cabra
Con sus artríticos dedos hila la mortaja del amante
Ya no importa el nombre ni la herida
Cierra el puño, aprieta la dulce flama
Orgullosa del fracaso, triunfal por los cuerpos que olvida
Dionisio fue un golpe, cal sobre la llaga
Diomedes, un alazán, carne viva, agua al rojo vivo
Ulises palabras, animales de amor y sólo eso
Alguien ha de volver
Imagina el gruñido de los cuerpos en la alcoba
La carne firme del toro, el vapor en los belfos






El Ruido de la Infancia



PUS DEL OJO

TODO SUCEDE en tanto las palabras del poema
se arrastran sigilosamente por el cuerpo.
Es certeza su mordedura de vinagres dulces.
Son ponzoñosas y se quedan ahí para siempre.
Desgarran, no saben tatuarse de otra forma. 
Despiertan en uno.
Gruñen si el que ama las acaricia.
Ellas nos paren cada vez que el corazón
escoge alguna que detener el instante que huye
irremediablemente. Son la pus del ojo. 





Once 

VUELVEN  a ladrar los perros de mi infancia.
Vuelve a sonar el danzón triste en mi renguera.
Vuelvo a estirar la mano, inclino el cuerpo, 
solicito la pieza y me dicen a la otra. 
Vuelvo a mirar como se diluye la carne del amor.
Va del brazo de aquello que he nombrado "El conejo".  




Conquían 

ME RÍO de la ceniza del huidor,
de su guadaña untadías,
de la cucaracha cuando arrastra migas del hueso
y va del verde al ocre y luego al sepia.
Es de saber del goce con la mano extendida
y me acuesto con el as de espadas
Caite cadáver con tu tres de bastos.
Juego al engaño / escondo mi rey.
Ofrezco la sota / doy júbilo por gato.
Conozco de memoria la baraja.
Con la uña marco al instante
y huyo bajo la brisca




Hombre solo 

En mí hay un hombre solo.
Lleva en su espalda la abundante cosecha.
Se reconoce en el cuerpo amado. Siempre ausente.
Lo evoca como fue antes del origen.
Sobre sus cenizas reconstruye cada miembro.
Allí siente el que oye. Trozos de sed. Tatuajes.








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