martes, 9 de diciembre de 2014

JULIO ORTEGA [14.210] Poeta de Perú


Julio Ortega 

(* Casma, 1942 - ) Escritor y crítico literario peruano, residenciado en Estados Unidos. Profesor de Literatura Latinoamericana en Brown U.

Han tenido impacto crítico sus reflexiones sobre "el discurso de la abundancia" y la "geotextualidad transatlántica".

Es Profesor en Brown U. desde 1989, donde ha dirigido el Departamento de Estudios Hispánicos y el Centro de Estudios Latinoamericanos. Actualmente lo es del Proyecto Transatlántico. También ha sido profesor en The University of Texas at Austin y Brandeis U. Fue profesor visitante en Harvard, Yale, NYU, Pittsburgh, California Santa Barbara, Florida Gainesville, Maryland, Stony Brook y Puerto Rico. Así mismo, ha ejercido la docencia en las Universidades de Salamanca, Granada, Las Palmas, Universidad Católica de Chile, Central y Simón Bolívar en Venezuela, University of London y Cambridge University, U.K. Ha sido investigador en El Colegio de México. Emigró a EE. UU. en 1969. Vivió también en México y Barcelona, y volvió por dos años a Lima antes de regresar como "full professor" a The University of Texas, Austin, en 1978.

Distinciones

Orden del Águila Azteca, Gobierno de México, Washington DC, 2011.
Profesor honorario, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2011.
Medalla de honor por servicios prestados a la nación. Lima, Ministerio de Relaciones Exteriores, julio 2010.
Medalla José Lezama Lima, Ministerio de Cultura, La Habana, Cuba, 2010.
Orden Alejo Zuloaga, Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela, 2009.
Doctor honoris causa de la Universidad Americana de Nicaragua, Managua, 2009
Miembro correspondiente de la Academia nicaragüense de la lengua, Managua, 2009
Miembro honorario de la Academia puertorriqueña de la lengua. San Juan, Puerto Rico, 2008.
Miembro honorario de la Academia peruana de la lengua, 2008.
El Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres dedica una sesión de su Annual Latin American Cultural Studies Conference, a su libro Transatlantic Translations, 2007.
Miembro del Foro Iberoamericano, 2007.
Miembro honorario de la Academia venezolana de la lengua, 2006.
Miembro del consejo asesor de la Cátedra Alfonso Reyes, TEC de Monterrey, 2006.
Doctor honoris causa, Universidad de los Ángeles, Perú, 2005.
Distinción "Exellence in Teaching", Undergraduate Council of Students Award, Brown University.
Profesor honorario, Universidad de Mérida, Venezuela, 2001.
Doctor honoris causa, Universidad del Santa, Perú, 1999.
Premio de Investigación Casa de América, 1999.
VII Premio de Novela Breve Juan March Cencillo, Fundación Bartolomé March y editorial Bitzoc, Mallorca, 1999.
Senior Rockefeller Fellow, Universidad ARCIS, Santiago, Chile, 1998.
Orden Andrés Bello por servicios distinguidos a la cultura venezolana, Gobierno de Venezuela, 1998.
Simón Bolívar Professor of Latin American Studies, University of Cambridge, U.K., 1995-96.
Miembro del consejo ejecutivo de la Cátedra Julio Cortázar de la Universidad de Guadalajara, México, 1995.
Premio Maison de l'Amérique Latine, concurso de cuento Juan Rulfo, París, 1995.
Profesor visitante de Estudios Post-doctorales, Centro de Estudios de PostGrado, Universidad Central de Venezuela, 1994.
Miembro del jurado, Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo, Universidad de Guadalajara, México.
NEH Summer Institute of Latin American Novel, Columbia University, 1986.
Director, NEH Summer Institute of Latin American Literature, Brown University, 1991.
Director, NEH Summer Seminar of Spanish Narrative, University of Texas at Austin, 1981.
Primer premio del concurso de cuentos COPE 1981 con "Avenida Oeste". Traducido al inglés como "Las papas" e incluido en varias antologías y libros de texto.
Guggenheim Fellowship, 1974.

Obra

Ediciones

Ecuador Cuenta. Antología de cuentista ecuatorianos. Madrid: Del Centro Editores, 2014. Incluye los siguientes cuentos: Luis Alberto Bravo. "El síndrome de Palazzolo", Jorge Luis Cáceres. "Tres visiones sobre la obra de Eduardo Tusset", Carolina Gallegos Anda. "El portero de Chelsea", José Hidalgo Pallares. "Divina comedia". "Historia de un asalto", Esteban Mayorga. "Difícil", Adolfo Macías Huerta. "Un psicólogo en el cielo", Raúl Vallejo. "Redoble de campanas en Madrid", Mario Campaña. "Historias de inmigrantes", Santiago Paez. "Yachack", Liliana Miraglia. "De sal y de dulce". "Primer amante", Gilda Holst. "Voy". "De brazos y almas". "Los porteros". "Los garuados". "En las nubes", Huilio Ruales Hualca. "Mecánica de la Naranja". "paquetecuento, Jorge Dávila Vázquez. "Arcabuceros". "Anunciación". "Ángel barroco". "Danzante". "Dormición". "Gabriel". "La gorda". "Miguel", Javier Vásconez. "Billy", Bruno Sáenz Andrade. "Viaje al centro de la tierra", Francisco Proaño. "De la política antirrealista", Abdón Ubidia. "De los nuevos relojes", Carlos Carrión. "Canción de amor en Brooklyn", Vladimiro Rivas Iturralde. "En el laberinto", Iván Égüez. "Jinetera", entre otros.
Carlos Fuentes. Imaginaciones mexicanas. Obras reunidas. IV tomos. Con la asistencia editorial de Mariamar Patrón Vásquez, María Pizarro Prada, Kyle Matthews, Natalia Matta, Arturo Márquez, Daniella Wittern. México: Fondo de Cultura Económica, 2012.
Jorge Luis Borges: Los Rivero. Un cuento recobrado por Julio Ortega. Madrid, Del Centro Editores, 2010.
Carlos Fuentes: El trigo errante y El muñeco, dos cuentos recobrados. Madrid: Del Centro Editores, 2010.
José Emilio Pacheco. Carta de Cervantes a Lope de Vega y otros poemas. Madrid: Del Centro Editores, 2010.
Perú contemporáneo: Nuevo trabajo crítico. Con Carmen Saucedo. Providence College: INTI. Primavera-otoño 2008, Nms 67-68, 2010.
Dossier: Sujetos en emergencia: Nueva crítica de la modernidad peruana. Con Natalia Matta, Madrid-Frankfurt. Iberoamericana, Num. 37, 2010.
Nuevo Cuento Latinoamericano. Prólogo y selección de Julio Ortega, con la asistencia editorial de José Ramón Ortiz. Madrid: Marenostrum, 2009.
El Hacer Poético. Con María Ramírez Ribes. Xalapa, Universidad Veracruzana, Colección EntreMares, 2009.
Rubén Darío. Poesía. Obras completas, 1. Con la colaboración de Nicanor Vélez. Prólogo de José Emilio Pacheco. Introducción y notas, Julio Ortega. Barcelona: Círculo de Lectores, Galaxia Gutenberg, 2007.
José Donoso. Lagartija sin cola. Madrid: Alfaguara, 2007.
Mutantes, Narrativa española de última generación. Con Juan Francisco Ferré. Córdoba: Berenice, 2007.
Usted está aquí. Nuevas narradoras. México: Jorale Editores, 2007.
Varios golpes de dados. Madrid: Huerga & Fierro, 2006.
Diamela Eltit. Con Danisa Bonacic. La Torre, San Juan, Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, X, Num. 38. Oct - Dec. 2005
Alfonso Reyes: Teoría literaria. México: ITM and Fondo de Cultura Económica, 2005.
Crítica y literatura. América Latina sin fronteras. Con Olbeth Hansberg. México: UNAM, 2005.
José Emilio Pacheco. Con Esther Truzman. La Torre. San Juan, Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2004.
Extramares: Cinco Nuevos Narradores de Barcelona. Con Ana González Tornero. México: Jorale Editores, 2004.
Gaborio. Artes de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale Editores, 2003.
Alfredo Bryce Echenique. El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. Con Elena del Río Parra. Madrid: Cátedra, 2003.
Jorge Luis Borges. El Aleph. Edición crítica. Con Elena del Río Parra. México: El Colegio de México, 2001; 2.ª ed.,
Angeles Mastretta. Serie Semana de Autor. Madrid: ICI, 2000.
The Vintage Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. New York: Vintage, 2000.
José María Arguedas. The Fox from Above, the Fox from Below. Pittsburgh: The University of Pittsburgh Press, 2000.
Alfredo Bryce Echenique. La vida exagerada de Martín Romaña. Con María Fernanda Lander. Madrid: Cátedra, 2000.
Cien grandes poemas de España y América. México: Siglo XXI, 2000.
César Moro. Viaje hacia la noche. Madrid: Huerga-Fierro, 2000.
La postmodernidad explicada por latinoamericanos. San Juan, Puerto Rico: La Torre, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Año IV, Num. 12, 1999.
The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes, London: Picador, 1998, 99.
Guía del Nuevo Siglo. San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998.
El cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI, 1997.
La poesía latinoamericana del siglo XXI. México: Siglo XXI, 1997.
Para no volver a La Mancha. INTI (Primavera). Providence, R.I.: Providence College, 1996.
México Fin de Siglo. INTI. Providence, R.I.: Providence College, 1995.
Juan Sánchez Peláez y Rafael Cadenas. México: UNAM, Material de Lectura, Poesía, 1995.
Conquista y Contraconquista: La escritura del nuevo mundo: Actas del XXVIII Congreso del Instituto de Literatura Iberoamericana. Con José Amor y Vázquez. México, El Colegio de México, 1994.
Ricardo Palma: Tradiciones peruanas. Con Flor María Rodríguez Arenas. Nanterre, Madrid: Colección Archivos, vol. 23, 1993 (2.ª ed. 2000).
Nicanor Parra: Poemas para combatir la calvicie. México y Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica, 1993.
Presente y futuro de la literatura mexicana. Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 1993.
La Cervantiada. México (UNAM, El Colegio de México y Ediciones del Equilibrista), Madrid(Libertarias), Caracas (Alfadil), Puerto Rico (Editorial de la Universidad de Puerto Rico), 1992.
César Vallejo: Trilce. New York, Marsilio Publishers, 1992.
César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra, 1991.
Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. Nanterre, Madrid: Colección Archivos, vol. 16, 1991.
El muro y la intemperie. El nuevo cuento latinoamericano. Hanover, Ediciones del Norte, 1989.
Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: University of Texas Press, 1989.
Antología de la poesía hispanoamericana actual. México: Siglo XXI, 1987.
De la crónica a la nueva narrativa mexicana. Con Merlin H. Forster. México: Editorial Oasis, 1986.
José María Arguedas, Revista Iberoamericana. Pittsburgh: Instituto de Literatura Iberoamericana, 1983.
José Lezama Lima: El reino de la imagen. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1981.
The Plaza of Encounters. Austin: Latitudes, 1981.
César Moro: Renombre del Amor. México: Universidad Autónoma de México, 1980.
America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York: H & M; México, Siglo XXI, 1980.
César Vallejo. Madrid: Taurus, 1979.
Amor y muerte en América Latina. Madrid: Hiperión, 1979.
César Moro: La tortuga ecuestre y otros textos. Caracas: Monte Ávila, 1976.
Palabra de escándalo. Barcelona: Tusquets Editores. Serie Textos en el Aire, 1975.
César Moro: Versiones del surrealismo. Barcelona: Tusquets, 1974.
Convergencias, Divergencias, Incidencias. Barcelona: Tusquets. Serie Textos en el Aire, 1974.
Realidad nacional. Lima: Instituto Nacional de Investigación de Educación, 2 vols, 1974.
Julio Cortázar: La casilla de los Morelli. Barcelona: Tusquets Editores, 1973.
Inca Garcilaso de la Vega: La Utopía Incaica. Barcelona: Salvat Editores, 1972.
José Martí: Antología. Barcelona: Salvat Editores, 1972.
Bibliografía General de la Literatura Hispanoamericana: Siglo XIX. París: UNESCO, 1972.
Imagen de la literatura peruana. Lima: Editorial Universitaria, 3 vols, 1970.

Narrativa, teatro y poesía

Dos cuentos traducidos al árabe. KHBAR ALADAB. El Cairo, Num. 860, pp. 9,10, 11, Enero 10, 2010.
Teoría del viaje y otras prosas. Madrid: Del Centro Editor, 2009.
Adiós Ayacucho. Novela con traducción al quechua. Epílogos de Víctor Vich y Alexandra Hibbett. Lima: Editorial de la Universidad de San Marcos, 2008.
Selección de microrrelatos. Ricardo Sumalavia, ed. Colección minúscula, cinco espacios de la ficción breve. Lima: COPE, 161-184, 2007.
Puerta Sechín. Tres relatos contra la violencia en Perú. México, Jorale Ed., 2005.
Poemas. Veneno 146. Bilbao, Noviembre 2003.
“Théorie du voyage.” Trad. Serge Mestre. La Nouvelle Revue Française Num. 562 (June 2002): 148-153, 2002.
Habanera. Lima (Fondo Editorial de la Universidad Católica), 2002; Palma de Mallorca (Bitzoc), 2000.
Emotions. Trad. Clementina Rabassa. New York: Cross-Cultural Communications, 2000.
La vida emotiva. Lima: Ediciones Los Olivos, 1996.
La mesa del padre. Caracas: Monte Ávila, 1994.
Ayacucho Good-Bye, and Moscow Gold. Trad. Alita Kelley and Edith Grossman. Pittsburgh: Latin American Literary Review Press, 1994.
"The Art of Reading." Trad. Mark Schafer. Antaeus. Num. 70, 1993.
Canto del hablar materno. Caracas: Pequeña Venecia, 1992.
El oro de Moscú. Caracas: Alfadil, 1992.
Diario Imaginario. Medellín: Universidad de Antioquia, 1988.
Adiós Ayacucho. Lima: Mosca Azul, 1986.
Los cuatro continentes. Prólogo de María Zambrano. Huelva: Ediciones Juan Ramón Jiménez, 1986.
Acto subversivo. México: Premiá, 1984.
The Land in the Day. Austin: Nefertiti Press, 1980.
Rituales. Lima: Mosca Azul, 1977.
Ceremonia y otros actos. Lima: Posdata, 1974.
Mediodía, 1970.
De este reino, poemas. Lima, La Rama Florida, 1964.

Crítica

Trabajo crítico. Prólogo de Jorge Fornet. La Habana:Cuadernos Casa, 2012.
Nuevos Hispanismos. Contra el lenguaje dominante. Madrid Frankfurt:Iberoamericana-Vervuert, 2012.
El sujeto dialógico, Negociaciones de la modernidad conflictiva. México: TEC, Fondo de Cultura Económica, 2010.
La imaginación crítica, Prácticas de innovación en la narrativa contemporánea. Prólogo de Rodrigo Cánovas. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2010.
Nuevos Hispanismos interdisciplinarios y trasatlánticos. Madrid-Frankfurt: Iberoamericana-Vervuert, 2010.
México Trasatlántico. Con Celia del Palacio. México, Fondo de Cultura Económica. 2008.
Imagen de Carlos Fuentes. México: Jorale Editores, 2008.
Transatlantic Translations, Dialogues in Latin American Literature. Londres: Reaktion Books, 2006.
Rubén Darío: La lectura mutua. Barcelona: OMEGA, Vidas Literarias, 2003.
Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago de Chile: LOM, 2000.
El taller de la escritura. México: Siglo XXI, 2000.
El principio radical de lo nuevo: Postmodernidad, Identidad y Novela en América Latina. México, Lima: Fondo de Cultura Económica, 1997.
Retrato de Carlos Fuentes. Barcelona: Círculo de Lectores, 1995.
Arte de innovar. México: UNAM & Ediciones del Equilibrista, 1994.
El hilo de la voz, la narrativa de Alfredo Bryce Echenique. Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 1994.
El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila, 1992.
Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho, vol. 168, 1992.
Reapropiaciones. Cultura y Nueva escritura en Puerto Rico. Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1991.
Crítica de la identidad: la pregunta por el Perú en su literatura. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.
Cultura y modernización en la Lima del 900. Lima: CEDEP, 1986.
La teoría poética de César Vallejo. Providence: Del Sol, 1986.
Poetics of Change: The New Spanish American Narrative. Austin: The University of Texas Press, 1984, 86, 88.
Texto, comunicación y cultura: Los ríos profundos de J. M. Arguedas. Lima: CEDEP, 1982.
La cultura peruana: experiencia y conciencia. México: Fondo de Cultura Económica, 1978.
La imaginación crítica. Lima: PEISA, 1975.
Relato de la Utopía. Barcelona: La Gaya Ciencia, 1973.
Figuración de la persona. Barcelona: EDHASA, 1971.
La contemplación y la fiesta. Lima: Ed. Universitaria, 1968; Caracas: Monte Ávila, 2.ª ed., 1969.




Ver y verde
este verano
bajo el árbol barroco
mi vereda:
orilla
de la foresta de donde
volviendo salí
sin sombra,
sin otra memoria
que estas
frutas, raíces,
de voz y
estremecimiento.
Que se demore
esa luz que
me piensa.





La vida, la sobrevida,
esta versión peruana del relato,
sus voces interiores, enmascarada.
Pájaro rojizo que avista,
zorro pardo que tienta,
intercambian noticias, el rumor
mitológico que discurre en el sentido contrario.
Veo a los muertos morir en manos
de los que morirán en seguida:
el tiempo se parte como el tallo materno
de la primera invasión.
Nos deja esta alucinación de la víctima,
aferrada a su voz en el abismo
de la ley.
Con el pelo turbado, cae a tierra.
Más que inocente, mortal.
Como el albañil de Goya
que cae de la obra en construcción
del nuevo siglo,
restado de la felicidad.
Habla el zorro interandino: ¡huyamos!
Habla el pájaro litoral: ¡anidemos!
Fuimos dóciles en manos de los asesinos.
Nos quedan estas voces de otros,
este discurso de los más pobres,
este residuo alterado
del cuento materno.





Uno no llama a dar la coartada de su nombre,
llama para estar aquí.
¿Qué iglesia darle a este ritual
de acordar la hora de la charla,
y divagar como si fuéramos los mismos
siendo, como somos, los otros?
Hacer la cuenta de lo que soy para ti,
inter-locu-toria-mente.
No se puede ir más allá sin escándalo:
definitivamente,
uno es del otro.
Nos iremos, como tantos,
heridos los dedos
en la arena porosa del mediodía,
siendo los últimos hablantes de esta lengua
en peligro de extinción.
Sin otro comentario
que el telón de lluvia caliente
sobre la piedra
del fin.





Su dulce animal simbólico
cambia de nombre y
huye al lugar del habla.
Una figura nativa, casi materna,
decorada con hojas de vid y
crisantemos, algo pompeyana
a la hora de distinguir
entre las virtudes de la voluta.
Promesas de la civilización del signo
y del deseo, la seducción
de una fuga meditada
en la frontera anónima.
Porque entre lo sentido y lo dicho
no hay otra complicidad
que este deseo propuesto
como una conspiración.
De todos modos, el suave
animal melancólico huye
más allá del bosque,
donde la caza no le da
ya un nombre.





Lo que nos queda es la letra: la vida
en su propio abecedario,
donde el dia se mide
silábicamente, como si el futuro fuese
un concurso de deletreo.
Pasado puro, su habla está hecha
de los lugares que el olvido hace mutuos.
Olvídalo todo menos el barroco
dedicado al sobrenombre.
No hay nada que recordar del rio
heracliteano que siguió de largo,
salvo la redundancia.
Ilusiones del nombre propio
cuando partida en dos la palabra
deja un residuo de sílabas,
la escritura sin firma.
La sílaba, Sibila,
habla todas las lenguas.
Sólo es analfabeta del futuro,
que escribimos tentativamente
como si lo recortáramos
letra tras letra.
ABC de un idioma
desaparecido.





La vida de los jóvenes esposos y su niña
(tengo, en alguna parte, otro poema sobre esa pareja)
espera bajo el alero que pase la lluvia
incongruente este verano sabatino
de títeres y carrusel.
Es una vida didáctica, con ternura y
sobresaltos porque los horarios de la nena
son la base del tiempo disponible.
Así, los jóvenes padres (aun exaltados
por la literatura amena de su misión en el mundo)
suben a los caballos amarillos del circo
etnológico donde los niños dorados ignoran
el miedo. La vida es este
rintintín metálico, finesecular,
que repite la funambulesca rotación
de los astros en el Mall.
Del tiempo vienen los padres
pero los hijos huyen del tiempo.
Me voy, repetido por la escena
de esta educación ecuestre.






Reescribe la vida no su historia
sino el ensueño de su variación.
Está condenada, se diría, al color local.
Tiene una tendencia, es verdad, melodramática
a las emociones fuertes.
Y suele ser víctima de las ideas fijas.
Sueña, en fin, que es otra
(para leerse censurada, lectora
de Freud) y se deja arrebatar por los personajes
capaces de canjear su existencia
por la tuya, a nombre de la identidad.
La vida, una suerte de “ego trip,”
prodiga así explicaciones, robusta.
Es el caso de la bella catalana
en la presentación de un libro
en Barcelona: recuerdo su coqueto sombrero puneño,
tan lozana, húmedos los ojos oscuros.
No sé qué hace ella aquí, aparte de
alegorizar, supongo, un estado de inminencia
(amorosa, zozobrante), antes
de que en la Costa ella pasee
vestida de amante arrebatada, con el pelo
largo, traje sedoso y libre,
a nombre del amor perecedero.
Pensamientos vanos
que poco añaden a la existencia disímil
de su verdad, este trance alegórico.
Así, la vida se torna
anacronista: inventa testigos
de sus personajes preferidos
y nos despierta alarmados
por la belleza perdida. Solos
con la verdad del otro, tarde.
Como si faltaran pruebas, me anima
la urgencia de enviarle un fax.






Qué locura haber sido
quien fui, enamorado de la belleza
de la vida, de su fácil documentación.
Qué absurdo puede ser uno
creyendo que al cambiar las luces,
antes de doblar la esquina de la fuente,
habría que cambiar de vida,
dedicarla a la intensidad
de una canción de Schubert.
Después, compré una bolsa de nísperos
y una botella de champán,
y alarmado te esperé.
Nos marchamos en el Talgo
y en el alba cantábrica
partimos el pan.
Deleitoso, raudo,
asombrado pasó el tiempo.
Pero aún despierto
en las vísperas.






Leo a Plácido, el joven poeta
cubano fusilado: ironía
de la víctima que imaginó
en romance gongorino
un héroe tolteca capaz de perdonar.
¡A Martí, acribillado!
Breve arabesco de la frase;
hecha por el íntimo temblor
de su apremio.
Su verso es duro como de plata,
y al tacto, todavía ardiente.
A Zenea, que todo lo compara
con el azul isleño, cielo inmaculado
sobre su sangre.
A Casal, lujoso y tierno, muerto
demasiado temprano.
¡Y a Heredia, sin voz a los 31!
Estos muertos elocuentes
responden por la vida no del pasado,
que rozaron apenas,
sino del futuro donde se teje el hilo
de su sangre escrita.
Y dan de beber
a la boca de su muerte.






Pienso que los grandes lugares comunes
están hechos hoy de fruta tropical:
terciopelo y morado, después de la prosa
vegetariana, maduras hasta deshacerse
en un bochorno mielado.
El alfabeto alimenticio va de lo verde
a lo maduro, según la tibieza de los jugos.
Menos dramáticos, los frutos del Perú
son como huevos de una Naturaleza
perdida en el pesimismo colectivo.
Breves, abrevaderos del sabor.
Los delata su soledad, esto es, la ausencia
de un discurso que los afirme
como bulbos, raíces, ofrendas.
No tienen precio estas semillas rojas
hechas a la feria, antes del mercado.
Son del habla rota, de ese
balbuceo.





LAS VIÑAS DE MORO DE JULIO ORTEGA

LAS VIÑAS DE MORO

I

Campesinos de Puno caminaron hacia Tacna o Arequipa o ingresaron por la ceja de la montaña —oh alta estrella de la noche: he caminado tocando tu pecho—, brillan las barriadas de Lima como retorcidas flores de la arena: las puertas de las chozas están abiertas y afuera corren sus entrañas, los niños —báñame con tu acero blanco, he tocado tus cuerdas en el agua—, oh casas manchadas por cáscaras de fruta y espuma de ron, de pronto se despiertan los perros en la medianoche, en los bares del camino los choferes beben té con pisco.

                        “¡Si no vienen las lluvias iremos al mar!”.

            
Se reunieron en la oscuridad susurrando: aprisa entre la maleza hacia el arenal —y mi madre cercó un morro cubierto de yerba dura, sentada bajo el sol esperaba—, alzarán sus palos y alzarán esteras, murmurando, y banderas peruanas para que la policía no los desaloje por temor a quebrarlas —y el domingo en la mañana los pobladores formaron un comité.

                        “Con nuestras vasijas recién cocidas,
                        llevando a nuestras mujeres y a los mayorcitos
                        entre los hijos, para que sepan,
                        bajaremos la quebrada de día
                        y de noche el arenal”.

            
¡Pero que nadie golpee estos hombros! Y en Chimbote sólo las mujeres alzaban sus puños, brillando en sus trajes de percal floreado, frente a la guardia civil, confiadas en ser torpes y madres: que los hombres no salgan, decían, a nosotras no nos matarán —y sentí el indefenso calor de sus cuerpos cuando me rodearon, cuenta lo que has visto, gritaban— y mi madre dijo que el comité las defendería.

                        “¡Llevando vasijas hasta el mar!
                        Oh boda del mar y la montaña,
                        pártanse, nubes, cuando volquemos
                        el agua salada en el pico más alto.
                        Cantemos como la cebada madura
                        aquí nos mojará la lluvia”.

            
Brilla estrella de la noche: en la Estación del Ferrocarril a Huallanca grandes bultos derraman sus propiedades y propietarios, oh tierra vencida en este mundo, aquí cae el ala del mar, aquí la luz de la ciudad oscila como un pálido sol del enigma —y mi padre hablaba de volver algún día a los huertos de Yaután, a las viñas de Moro que conocieron el peso de su cuerpo, en su pequeña bodega elogiaba la rapidez con que viven los vinos—, lejos está la tierra agotada como un buey sin memoria, los hermanos que murieron en sus brazos con los pómulos pelados, lejos los parientes que buscaron en las haciendas, donde beben alcohol, las otras invasiones de la vida perdida —Buenavista Alta y Buenavista Baja, Casma, Quillo, Huanchuy, Cochabamba: gente de sombrero blanco, en el hondón de frutas, pequeños comerciantes de los árboles, pueblos donde anduvo mi padre en un caballo joven.

                        “Nuestros padres esperaron a la lluvia
                        que silba de noche en sus huesos.
                        Los árboles conocieron a los abuelos,
                        el dios de la cruz no disputa con el cerro,
                        nadie muere aquí sin que sea enterrado”.

            
Dejaron a sus padres atizando el último fuego, disputándose la piedad de los muertos, empalidecen viajando —viajando en el tren, la vida es como de pan que se va deglutiendo y el corazón dormita como un pájaro aferrado al ronquido del motor, este ruido habrá de apagarse, de pronto en Lima dejaremos de bufar—, y de noche descansan, sus ojos crecen, de pie en las orillas de las ciudades, entumecidos como la pelambre de los caballos que acaban de nacer.

                        “Nuestros padres fueron enterrados
                        bajo otras piedras, lejos
                        aquí sólo niños y mujeres
                        conocieron la podredumbre.
                        Ya nadie lee nuestros papeles,
                        los enemigos han comido de estas tierras,
                        pero nadie deberá tocar
                        estas últimas piedras”.

            
Sus cuerpos son blancos en los muelles, aguardan en las calurosas fábricas de harina de pescado, los llevan en camiones negros y húmedos: en los mercados o los restaurantes, y los domingos con sus pantalones azules se sientan en el malecón comiendo plátanos y bizcochos, aquí están, y sus ojos en el otro extremo del día, o en la lejana noche de los perros de la infancia —los he oído ladrar a todos ellos una noche que los reunió como a los años—, en la última posibilidad de este mundo —un pequeño campo donde se mueve la mano de mi madre, mi familia que me aguarda en el viejo guante del frío: y el pan se parte y apenas es posible abrir los ojos sobre sus cuerpo que resuenan hacia atrás, donde nacen ríos, donde empieza el sol.

                        “De los árboles el sol extrae pájaros.
                        La tierra ya no canta para la lluvia,
                        vagan los espíritus por sus pecados,
                        nuestros hijos nos miraron con piedad.
Nuestros hijos nos envían sus fotografías”.

            
Murmurando bajo las estrellas bermejas, en los largos caminos por donde bufan los camiones, compran el pan de molde o el pan de trigo y lo envían a sus padres que aman el pan salado de la ciudad, el suave pan que penetran como una carne afortunada.

            “Del polvo no se levanta la cebada, requiere las manos del hombre sobre los canales del riego que hablan de noche cuando el agua salta como un macho celoso, buscando la débil guarida de la vida. Suben y descienden nuestros canales persiguiendo el nacimiento del agua. Cruzando el cuello de los cerros, la boca y el pecho tierno de los animales”.
            ¡Oh venas que yacen deshechas por el viento y el sol lento, quebradas como paja que la noche aleja de las manos! Y el agua murmura más lejos, atada por otras bocas donde se agota como un pájaro sin hijos.
            ¡Adiós bulla del agua en la noche pesada de estrellas! ¡Adiós pájaro negro de los caminos, mosca de los caballos, adiós animalitos!
            Están viajando. Como los altos canales que murmuraban encima de sus templos y sobre sus cuerpos, coronando a sus hijos y mujeres.
            El agua que va madurando y que aguarda.


II

Nuestros cuerpos entre los suyos, que juran vivir. De esta tierra hemos venido, del vientre de nuestras madres, de nuestros hogares: este polvo nos acompaña buscando vivir en la semilla. No podemos perecer: lo hemos dado todo. He aquí la nueva belleza, la certidumbre de beber juntos. Un reino de tierra donde el agua hemos defendido, el corazón que requiere de la tierra, aquí estamos volcados, de esta tierra el viento no podrá arrancarnos: aquí vigilamos el agua de mañana.
Cantan los que dieron batalla. “Cuando veas correr nuestra sangre, podrás pedirnos piedad”:

“Escúchanos, si puedes abrir los ojos,
sé nuestro hijo, atiéndenos”.

Es necesario desandar la noche y palpar los objetos abandonados por la prisa  de huir: un vaso de agua que no se bebió, las máquinas oxidadas de los zapateros, los viejos libros que ya nadie comprará. No corren estos rostros por la calle, por las palabras no asomaría, no figuran en las historias. Pero sólo aquí las palabras tendrán el sol por origen, tu cuerpo sólo aquí será real, entre estos gritosy sus manos, un bosque que murmura y agoniza. Los que dieron batalla.

“Oh calles tan hermosas
y noches que la fiebre da luz,
aquí hemos corrido y caído,
si nos recoges tu sombra será roja.
Aquí, sobre nosotros
tu cuerpo no conoces
hasta dónde se escucha gritar,
cuánto dura la noche para el golpeado.
Dimos batalla: disfrazados
o escondidos, mil veces
hemos llorado al cerrar una puerta,
hemos comido murciélagos
en la oscuridad de las celdas.
No hemos hecho sangre para la piedad,
sé hijo nuestro,
la memoria está en la tierra”.

No hay silencio en el verano: hermosa y dura es la tierra. La recogen los ojos en el verano, como la mayor riqueza, semejante a los cuerpos o la luz, no conocen fin ni número. Caminando.

Zoon politikon. Y también comen pan los que se vendieron. Sus cuerpos ignoran el sol que los calcinará, el sol que les dará caza como a pequeños animales demasiado hábiles para una muerte sencilla. Aferrados a las viejas palabras que se resquebrajan como se astillaron ya los mitos que sustentan sus casas. Mientras se quema la grasa del orden viejo. Y no serán perdonados.

Caminando: otros arreos no conoce la razón fuera de sus preguntas y  restas, en el cuerpo y en esta tierra, sólo la luz entra por los ojos. Oh suave arena de la razón, pequeño campo de batalla. Aquí daremos gobierno a los vientos oscuros y a los cálidos, aquí nuestras manos harán conocer el castigo o el llamado. Aquí los ojos son nuestra paz, son nuestra guerra: lo que está afuera y lo que está adentro se reúnen en la carne bañada por el verano. Si corren dos mundos sólo en uno viven, en el cuerpo y los cuerpos. Como las aguas de un río que se revuelven dominando las piedras según su peso que no descansa. Alta tierra del verano, profunda es la luz en los ojos.

Zoon politikon. Y la razón no conoce paz, no conoce mentiras. Como nuestros ojos, como la luz dentro de nuestros ojos. Entre los que viven, como la luz vive así, y también el amor vive como un río, y nadie vive fuera de sus aguas.

Zoon politikon. No aumentes la confusión, no inventes nuevos pedazos en el roto tiempo, en el mundo que mana por varias heridas. Astas de la destrucción: fuego y muerte extienden su sombra, aquí hay que salvar la luz penetrando los ojos.

Zoon politikon. Un reino de tierra donde el tiempo que vendrá hará llamear su fuego para purificar nuestras dudas en las calles, venciendo al tiempo de la confusión, al polvo que se levanta bajo el peso de las grandes maquinarias. Un reino de tierra bañado por los ríos que prendieron en el bosque jóvenes muertos a bala. Gente en las calles gritando en nombre del barro que hay que transformar, cada uno según sus manos: son pocos los nombres de la justicia.   Aquí estamos, aquí recogemos la tierra.

Las muchachas fijamente miran. Que nunca sean quebradas sus venas, que el corazón no las ahogue; y tú, tiempo, preserva sus ojos, sus señales de viajar donde muerden la aventura de la luz.

Muchachos del dulce verano. Que sus frentes nunca sean pasto de llamas negras, que la codicia o el engaño no les roa la boca: presérvalos charlando sobre la Biblia o el mundo, dales de comer tu fuego cuando preguntan y ríen: que no tengan precio. Oh corazón que eres joven como el sol: no te alejes de sus manos que todo aguardan de un más sencillo modo de mirar.

Zoon politikon. Que ellos defiendan el barro, que ellos no teman a las calles. Tenga salud el amor en sus frentes. A ellos, ahora, caza debemos darles, sus pechos debemos ganar si nos leen, capturándoles el deseo de preguntar: haciéndolos sangrar como el verano en otra calle.

Y una jerarquía para los valores: el nuevo hombre, como un fantasma que bebe de nuestros pulmones. Lo busco en las mañanas, hurgando en mi infancia: los que viajan, los que soportan el auge de las industrias, los contadores públicos y maestros. En las familias: la lucha por la vida y el pálido amor propio. Y el amor propio que alza los ojos del pescador: el sentimiento de estar caminando juntos, riendo, nosotros que perseguimos al sol y este su reino, nosotros que creemos en nuestra falta de sueño y en la risa de las mujeres. Un reino de tierra, aquí, ofreciendo el orden nuevo del amor, el agua que mata toda sed acrecentándola en los remansos  que funda, orillas de arena más rica que el oro, como llamas fijas del hogar. Por las más grandes necesidades. Por el hambre y la sed. Por todos los extravíos humanos: la acusación del cuerpo, la medida de la realidad, su gran fantasía.

El tiempo que vendrá: aquí aramos la tierra para sus árboles y muchachos, aquí tocamos nuestra sangre para golpear su corazón. Creo en este hombre que respira mi aire, creo en sus hijos.

Canción: buscan la mar
los ríos, se buscan, blancos,
en un reino azul; buscan
también las aves, cantando,
una estación. Y tú, ¿dónde
buscas calar y nacer?
A mí no te debes, anda
y toma tu vida, y cuéntame
si es razón mi fantasía,
porque mi sueño es tu acción

y sólo lo cierto es hermoso.








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