sábado, 15 de diciembre de 2012

EDWIN AGUSTÍN LOZADA [8827]



Edwin Agustín Lozada nació en 1958 en San Fernando (La Unión, Filipinas). Empezó a publicar en español en 2001, en esta lengua ha editado Sueños anónimos – Anonymous Dreams y Bosquejos. A los diez años se trasladó con la familia a San Francisco donde sigue viviendo y trabajando. Estudió idiomas (español, francés y griego moderno) en la Lowell High School de San Francisco y, en la San Francisco State University, se licenció en español, cursó estudios de música y obtuvo también el certificado de aptitud pedagógica. En 1980-81 estudió en la Universidad Complutense de Madrid.
En el verano del 2000, con otros profesores de español, participó en el programa Fulbright-Hayes en Chile, donde compuso el libro de poesía Copihue incluido en Sueños anónimos. Actualmente enseña lengua y literatura española y es el jefe del departamento de lenguas extranjeras en la Woodside High School en California.
Sueños anónimos[5] se publicó gracias a una beca de la San Francisco Arts Commission concedida al autor en marzo 2001: este libro, primera publicación de Lozada en lengua española, recoge poemas escritos entre 1980 y 2000. Se trata de un texto escrito en español y completamente traducido al inglés por el mismo autor. El libro se compone de cinco secciones «Vuelos», «Suite», «Dos canciones», «Revelaciones» y «Copihue», más un apéndice que es la reedición de Mi último adiós, testamento espiritual en versos del poeta nacional filipino José Rizal, cuyo texto es introducido y traducido al inglés por Edwin Agustín Lozada. El libro ha sido presentado en el Instituto Cervantes de Manila el 19 marzo 2002. Variado en los metros, Sueños anónimos ve la prevalencia del verso libre con alguna concesión a la tradición del soneto («El mantón», p.145), a las cuartinas («Versos», p. 61) y a las rimas. Diferentes las influencias, las citaciones, ahora explícitas a Pablo Neruda, a Gabriela Mistral, a los clásicos hispanofilipinos, in primis Rizal; a veces no directas pero igualmente evidentes en las sugestiones lorquianas de nocturnos alumbrados por la luna, en las referencias a Machado, en el sentimiento de amor inspirado por Juan Ramón Jimenez, incluso hasta algún lejano eco becqueriano. Sin embargo, como es típico de esta cultura, genéticamente hispánica, pero de un hispanismo sincrético, de frontera, estos versos son una vez más un ejemplo evidente de cómo el influjo literario español e hispanoamericano es, en los autores filipinos de la segunda mitad del siglo XX, algo aprendido y yuxtapuesto a la poderosa influencia de la civilización anglosajona, que, tras la invasión estadounidense, constituye la base de la educación escolástica, y por lo tanto literaria, del archipiélago desde hace más de un siglo.
Escrito prevalentemente en segunda persona, Sueños anónimos es un canzoniere dell’Amor perduto, que a momentos sería más correcto definir dell’Amor mancato, un amor discreto hecho de delicadas miradas, de caricias no dadas. El Yo del poeta se dirige a un inaferrable Tú imprecisamente caracterizado; un Tú que a trechos se confunde con el Yo poético; un Tú que representa el alter ego de este Yo poético; un Tú destinatario de un monólogo interior, de una autoreflexión sobre la psicología amorosa, sobre los efectos del amor en el alma, sobre el sentido de la vida. El amor cantado por Lozada es un regreso de la memoria a los días felices, días de gozo inconsciente; días cuya plenitud se alcanza sólo a posteriori, con la ausencia de la persona querida, ausencia que revela el valor del bien perdido, «ahora entiendo/ ahora que es tarde/ ahora veo» («Monólogo», p.13). Después de todo, el amor es algo inalcanzable, «eres intocable… eres deseo prohibido» («Fuga», p. 47), el amor se expresa a través de la voluntaria fuga de una deseada felicidad que no tiene consistencia ni siquiera en el sueño, «temo que no sientas lo que sientes por mí en sueños» («Muros», p. 67), porque el amor, así como el objeto de amor, es y sigue siendo «un enigma» cuyo nombre desconocido flota «en la nada de mi sombra» («Equivocación», p. 65). Esta imposibilidad de «saber» limita el conocimiento de sí, «nadie sabe dónde estoy» («Adivinanza», p. 63): no es posible conocerse, no hay remedio a la ignorancia de sí; y onírica, además de melancólica y nostálgica, parece ser toda la experiencia amorosa porque la vida es un «barco» cargado de «sueños anónimos» del cual se ignoran la ruta y ese «Tú», meta suspirada, que nunca se revelará porque «escondido entre las sombras», así todo «se escapa» y el único refugio es el pasado, el recuerdo de la infancia («Visiones», p. 45). El pecado de amor es el excesivo, irrefrenable deseo que desencadena la codicia, la voluntad de posesión del otro; cada uno al contrario, como isla separada del resto del mundo, pertenece sólo a su «destino», a sus «ilusiones», a sus «sueños», y el verdadero amor es el simple don de una sonrisa de la persona amada («Solitario», p. 77). Algunas imágenes recurren con frecuencia en los versos de Lozada: la noche «misteriosa» («El hechizo», p. 53) lugar del sueño, la luna ahora shakespearianamente «traicionera» («Demasiado pronto», p. 131), ahora plácida reina del cielo, testigo ausente de la desilusión de amor y muda  vestal de los eventos de las historia, «y de súbito/ vuelve a aparecer la luna/ y con su luz serena/ te sentimos  cerca…», luna que personifica también al poeta mártir Rizal, farol y guía de su pueblo «te fuiste/ para ser luna en la noche» («Demasiado pronto», p. 133). En la poesía de Lozada domina a trechos una concisión, un gusto por el fragmento, por la figuración de nocturnos que recuerda las atmósferas de la lírica de Safo y esa descripción de la fisiología de amor a la que, por primera, la poetisa griega ha dado voz: «yo te miré/ y sentí/ una inundación/ de temblores placenteros/ dentro de/ mi corazón sacudido» («Secreto», p. 87).
Un segundo topos es la lluvia, «implacable» en su «arrogancia» monzónica («Preludio», p. 23), o sensual «perla de cálida lluvia tropical» que «cae en tus labios» («A la deriva», p. 93), lluvia que, junto a la vegetación lozana de los trópicos, es símbolo de la Madre Tierra: reina la sensualidad prepotente de la naturaleza que se enlaza con el deseo de amor y la búsqueda del sentido de la vida. Aunque el tema de amor prevalece, otros se alternan, aparecen en estos versos: la personal experiencia cotidiana, la fe religiosa, y la historia nacional filipina cantada en particular en la cuarta sección «Revelaciones» («30 de diciembre de 1896 [a José Rizal]», «Demasiado pronto», «El mantón», p. 117). La histórica figura del poeta nacional José Rizal encarna el amor por el propio país. Rizal, padre de la patria y monumento de la literatura española de las islas, es un modelo literario y civil inolvidable para todos los filipinos, y a él como escritor hace referencia el hispanógrafo Lozada, no tanto para celebrar su figura, sino con la clara intención de consolidar un vínculo con la herencia española que en un pasado no tan lejano ha fundado la identidad del pueblo filipino y que la historia reciente ha tratado vergonzosamente de borrar. Al tema de la historia se liga también el de la fe cristiana que, si por un lado representa una sincera exigencia interior del poeta, por el otro es fundamento de ese «hecho diferencial» que el filipinista Luis Mariñas Otero reconoce como elemento «formador, diferenciador e incorporado a una comunidad como parte consustancial con la misma» (Mariñas Otero, 1973, p. 8) y que ha creado la identidad nacional. Javier Galván, director del Instituto Cervantes de Manila, ha definido este libro de «calidad indiscutible» por «su sensibilidad, y dominio del lenguaje» (Agustín Lozada, 2002). 
         El segundo libro de Lozada es Bosquejos. Del libro existen dos diferentes ediciones: la primera, publicada sólo en 300 ejemplares, es la versión original en castellano; la segunda es una edición bilingüe español-inglés que lleva el doble título de Bosquejos/Sketches, aparecida en febrero 2003.  En estos últimos versos se refleja su amor e interés por el folklore, una manifestación más de la búsqueda de la cultura hispana. En efecto, el deseo de valorizar esta cultura ha sido motivo de empeño en la danza flamenca y filipina, por esta razón colaboró con el grupo Rosa Montoya Bailes Flamencos de San Francisco,  y desempeñó el cargo de codirector del Bayanihan Cultural Organization.
Si la primera obra recogía poemas escritos a lo largo de muchos años, Bosquejos presenta una mayor homogeneidad de temas, lenguaje y metro; la colección propone veintisiete líricas repartidas en siete secciones: «Y así nació la poesía», «Búsquedas», «Canciones flamencas», «Paisajes», «Antes y después», «A mi abuela», «Bosquejos»[6]. Este libro puede definirse un himno a la ciencia sagrada de la poesía; poesía que, más que artificio del ingenio humano, es ante todo la Naturaleza misma, Naturaleza que es Divina Revelación de la Belleza.  Abre la colección la lírica «Y así nació la poesía», evidente eco del himno de San Juan Evangelista al Logos que introduce el cuarto Evanangelio: «la víspera del primer día/ de la creación del universo/ Dios soñó la poesía» (p.11); Dios, por «gozo incontenible», por «generosidad» dio origen a la palabra poética que es profecía anunciada por aquel profeta que es el poeta «profeta de los corazones» (p.15). De la poesía, como complemento se originan las demás artes: danza, música, pintura, que juntas forman una sola cosa, una sagrada ciencia divina cuyo sacerdote es el Artista. Hay en este libro un ritmo métrico y narrativo que imita los versos sapienciales y gnómicos de la Biblia. Y el tema de la Poesía, construido sobre la identidad arte-poesía-sueño es el hilo conductor de toda la colección. Escribe Anabel Sánchez, directora del Spanish Resource Center del Consulado general de España en Los Angeles: «En esta joya poética, Edwin Agustín Lozada entona un canto a la poesía a la que personifica, da vida, hace penetrar el alma, presenta como omnipresente y escondida en cada rincón de la vida» (Agustín Lozada, 2002).
En lo que sigue a la primera parte «Y así nació la poesía» aparecen los espectáculos enigmáticos de la naturaleza, comprensibles y evidentes sólo para quien desea prestarles atención («Búquedas», p.27); las atmósferas andaluzas y lorquianas animan «Canciones flamencas» (p.43); una paradisíaca «isla olvidada/ virgen y pura» representa a la patria filipina rica de «orquídeas/ gemas exóticas que parpadean sagradas fuentes de sangre/ que dan vida a otro mundo» («La isla», en «Paisajes», p.57); el dolor, provocado por el odio humano, y el gozo que nace de una sonrisa donada al mundo, son protagonistas en «Antes y después»; las visiones alucinadas de «un ejército/ de mil hormigas hambrientas» («Ad insaniam», p.81), el resplandor de un campo que «se despierta» («Por el campo», p.87) a los rayos dorados de los girasoles, los recuerdos de amor que resisten «para siempre» («Para siempre», p.93) pueblan la última sección «Bosquejos». Todo parece bien amalgamado gracias a la penúltima sección «A mi abuela, Margarita Lomboy Sobrepeña»: la abuela cuenta a sus nietos un cuento de juegos  de duendes, de sabor exótico, tropical. Margarita concluye su cuento recordando a los niños que: «si miráis con vuestros corazones/ veréis las cosas invisibles» («A mi abuela, Margarita Lomboy Sobrepeña», p.75). Éste es el sentido de la poesía y del arte en una vida que a veces resulta dura: «yo guardaré tus palabras/ al lado de mis ensueños,/ porque a menudo me salvan/ cuando vienen los tormentos» » («A mi abuela, Margarita Lomboy Sobrepeña», p.77).
Este nuevo libro confirma la vocación poética y literaria de Edwin Agustín Lozada y permite al crítico y escritor filipino Guillermo Gómez Rivera decir que en Lozada se revela «una continuidad de la misma tradición literaria al que pertenecen nuestros Rizal y Recto y todo lo que hizo grande a nuestra patria, Filipinas» (Agustín Lozada, E. 2002).
En lo años 70 el embajador español en Manila y filipinista Luis Mariñas Otero citaba los nombres de muchos escritores, ensayistas, periodistas, lingüistas hispanohablantes[7]; sin embargo, ninguno de ellos ha llegado ser un nuevo «Rizal», es decir ninguno ha alcanzado la atención y la capacidad de condensar el sentir de su pueblo en su obra en español.
         Sin embargo, la obra de Lozada, como la de otros autores actuales[8] demuestra que hoy en día el español sigue siendo lengua viva y creativa en Filipinas. Estos escritores recuerdan al mundo que Filipinas fue y es también hoy un país hispánico y, en segundo lugar, que hay autores que siguen utilizando el español como forma de comunicación para describir su mundo interior y su realidad autóctona. La falta de un público, nacional o internacional, sólo ha limitado pero no impedido la producción en español que, para una minoría, sigue siendo la «lengua del corazón», lengua materna de los orígenes, de los recuerdos, de un pasado glorioso que es parte de la historia de cada filipino; es esta lengua de las raíces la que permite la relación con todo un pasado psicológicamente borrado por la invasión cultural de los Estados Unidos pero latentemente enraizado en el alma filipina, un patrimonio todavía vivo y rico que no puede ser excluido del futuro de Filipinas ni de la riqueza de la realidad hispánica. A este propósito no hay mejores palabras que las del diplomático Luis Mariñas Otero, el cual en 1973 escribía:

Las letras castellanas, hoy en la lejana y fraterna Filipinas, están en crisis, tal vez irreversible, el entusiasmo de quienes las cultivan en las islas debe estimular en los hispanoparlantes de otras latitudes y otros continentes el apoyo decidido, tantos años ausente, a los que aislados en tierras de Oriente, mantienen encendida la llama de la cultura común.


Visiones

está tronando 
la lluvia se escapa 
sin saber adónde va

por la calle un niño corre 
calado hasta sus temores más íntimos 
se estremece

en alta mar va a la deriva 
un barco cargado de sueños anónimos 
¿hasta dónde llegará?

tú, escondida entre las sombras 
de los deseos aún no nacidos 
te callas

se me escapa todo 
busco refugio 
en el ocaso donde a veces yo jugaba






A la deriva

una perla de cálida lluvia tropical 
cae en tus labios 
calladamente estalla 
en arroyos tiernos y melosos 
que lentamente se deslizan 
acariciando los pétalos de tu boca 
(carmesí)

con mi lengua quiero marcar 
la ruta infinita 
de estos riachuelos de deseo 
que seductoramente 
te despiertan 
(sol)

cierro los ojos 
y a tientas 
busco tu corazón 
y en tu perfume 
me abandono 
(embriaguez)

(de "Bosquejos")






Impresión

la incertidumbre segura se esconde 
en los resquicios de puertas quebradas 
de esperanzas tenues, adormecidas 
blancas ruinas mudas y abandonadas 
ay, gimen y después desaparecen 
en una olvidada lancha fantasma 
insegura que ha perdido su rumbo 
y va vertiendo su congoja amarga 
mientras surca, surca mares quiméricas 
en una soledad acaso mía








A Federico García Lorca 

Siguiriyas

Los ojos de la noche, 
afilados, negros, 
cortan las venas de la sierra y surge 
un río de cuervos.

Un grito mudo y rojo 
se hunde aquí en mi pecho 
y llena mis sueños de tempestades 
que arrasan tus besos.

Una brisa lóbrega, 
con un manto oscuro, 
gimiendo sigue a la luna morena 
que ya está de luto.

Ay, mare de mi alma, 
dime,¿dónde estás? 
Escóndeme en tus sollozos ocultos, 
ahí no me hallarán.

La guitarra en llamas 
derramaba angustia 
y cantaba una fuerte lluvia fría 
con su voz de púas.







Música

Cuando la lenta tristeza 
nos invade y turba el alma, 
Cuando la insensatez ciega 
grita y nos cruza el camino, 
Y al sentirnos impotentes 
ante nuestro terco sino, 
Muy suavemente la música 
nos restituye la calma.

Cuando el corazón ansioso 
se hincha de alegría y danza, 
Porque alguien nos ha devuelto 
al cuerpo el fuego perdido, 
O si te apresa el vacío, 
triunfa y te deja vencido, 
Abatidos o felices, 
la música nos alcanza.

Música, hermana gemela 
de la bella Poesía, 
Cuando ellas cantan a dúo, 
no hay nadie que las resista 
Y su poder vuela y llega 
al cielo y al alma mía.

Música, nos acompañas 
en nuestras horas de pena, 
O cuando el sol ilumina 
y obsequia una bella vista. 
Música, vivir sin ti: 
¡intolerable faena!

(de "La luz de la sampaguita")





Interrogatorio

Ay, lacuachero, lacuachera,* 
¿adónde vais con tanta prisa? 
¿A casa? 
No. 
¿A la iglesia? 
No. 
¿Al palenque?** 
Tampoco. 
¿A la playa? 
Puede que sí. 
¿A la escuela? 
¡Qué va! 
¿A una fiesta? 
Quizá. 
¿Al trabajo? 
¡Ay, pare, no, que no!***

Decidme lacuachera, lacuachero, 
¿adónde vais con tanta, tanta prisa?

Vamos a la calle de los recuerdos 
donde ya nos acecha 
otra vez tu pregunta.

Ay, lacuachero, lacuachera, 
¿adónde vais con tanta prisa?

(*) lacuachero(a): Alguien con una inclinación a pasear, callejear y entretenerse fuera de la casa, y así, evitar las responsabilidades. 
(**) palenque: mercado. 
(***) pare: compadre, amigo.






El bosque

por entre la verde infinidad de generaciones 
del grácil bambú 
el baile sutil de los tantos cuerpos esbeltos 
que se dirigen e intentan alcanzar 
el firmamento azul, resplandeciente 
te mueve el alma dormida

un sendero: una alfombra espesa y milenaria 
de hojas desteñidas, casi blancas 
fantasmas inmóviles que una vez eran 
frescos brazos de la primavera 
saludan con su cuchicheo 
y mansas se ajustan al paso de los caminantes 
que callados, lenta y ligeramente vuelan 
escuchando la serenata discreta 
de murmullos y silbidos suaves 
reverberando en este mundo 
donde el hombre está de paso 
y no es nada más que un viajero 
dueño de nada

los mensajeros dorados del sol 
penetran la verde espesura de las hojas 
por unos segundos 
se sostienen en el aire felices 
exquisitos destellos solares 
después caen 
y se esconden en los fósiles de las hojas caídas

y los caminantes siguen callados 
al asir los secretos 
que susurran las hojas al temblar 
pero ellos no pueden detenerse tanto 
no pueden quedarse 
tienen que seguir caminando 
o si han aprendido 
vuelan 
por este bosque antiguo 
hasta oír 
la canción ondulada de un río lejano 
que los llevará 
a otros bosques 
y luego 
a otros ríos 
y así siguen los bambúes 
con su baile y serenata 
en su mundo donde el hombre 
no es dueño de nada, nada





Tres poemas de "Sueños anónimos":


leyenda

      El fuerte sol de la tarde
      marchita la hoja amarillenta.
      Lánguida, abandona
      su árbol querido
      y con suma delicadeza cae,
      incierto su destino.

      Ya casi al tocar
      la vieja tierra,
      se convierte
      en una paloma.
      Dorada y gloriosa,
      empieza a subir al cielo.
      Serenamente vuela y asciende.

      De repente se pone
      color de plata.

      Súbete, sube
      porque ya pronto anochece!

      y la paloma plateada
      se convierte en la luna.

                




el hechizo

      Seductora es
      tu fragancia,
      jazmín
      de la misteriosa noche.

      Con sedosa ternura
      acaricias
      el aire sumiso
      y ansioso.

      Dulce es
      el recuerdo que evocas.
      Dulce es,
      más aún,
      el ensueño que provocas!

               




la flor del corazón

      es una promesa
      una esperanza
      obsesión incontrolable
      frenesí

      un sol intenso
      el universo

      es perfume
      es primavera
      una sonrisa interna
      un abrazo
      un beso
      una fantasía
      un sueño
      un engaño

      un derroche de pasión
      electricidad
      un océano
      un imán
      unión predestinada

      es suicidio
      una ofrenda
      una entrega incondicional

      es un momento
      una eternidad
      es suspensión de tiempo

      es abandono
      una fuga
      es amnesia
      deseo sin fin

      un hechizo
      una tempestad potente
      un ritmo arrollador

      es iluminación
      sabiduría
      tesoro efímero

      es tristeza
      es felicidad
      es locura
      es cariño desmesurado
      enfermedad divina

      es egoísmo
      generosidad
      sacrificio
      comprensión

      es humildad
      aceptación
      obsequio inesperado

      es paciencia
      es impaciencia
      ansiedad

      a veces
      es soledad insondable
      parálisis
      una maldición

      es dolor
      alivio
      curación
      paraíso escondido
      salvación

      es poder latente
      fuerza sin límites
      debilidad
      delirio anhelado

      es una revelación
      enigma
      cautiverio
      liberación
      renacimiento

      es una causa antigua
      inspiración celeste

      es dulzura
      armonía

      es transformación
      metamorfosis

      es lluvia fresca
      un arco iris

      las alas de la vida

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