lunes, 17 de octubre de 2016

OLIVEIRO SALAZAR [19.296]


OLIVEIRO SALAZAR

Oliveiro Salazar Gutiérrez nació en Pereira, Colombia el 28 de febrero de 1940. Poeta. Publicó parte de sus poemas en revistas, periódicos y folletos de la región. Es hijo del escritor Lisímaco Salazar Ruiz, con quien escribió “Anotaciones para la historia de Pereira”, una crónica con la cual participaron y ganaron el segundo lugar en el concurso de historia abierto por la Sociedad de Amigos del Arte con motivo del centenario de la ciudad, en 1963. Estos poemas, atravesados por la angustia y el deseo de redención del hombre por el hombre, son apenas una muestra de su producción intelectual. Falleció en su ciudad, el 26 de octubre de 1987.


Un poeta recobrado: Oliveiro Salazar


Tema de sombra y espina

1

Pero ya somos hombres
y la angustia regresa
y el corazón se apresta a recibirla.
 

2

¿Qué duele más al hombre,
la rosa
o la espina que habita
su propio territorio?

 

Elegía recordatoria

(Añoranza de la abuela elemental)
Para Héctor, mi hermano

1.

¿Quién construyó la sombra?
¿Qué mano oculta
la rodeó de silencios
y la entregó a la noche?
 
El viento,
con su estación de gritos,
no está en ella.
La palabra no penetró
en su inédita
dimensión de ceniza.
 
¿Desde qué oscuro comienzo
se gestó?
¿En qué remoto tiempo
apareció en el aire?

Venías de la sombra
o quizás de ti misma.
Te reconocías como un ala
o acaso como una golondrina.
Te circundaba el viento
en una afirmación de colores.
Poseías el aire
o tal vez
eras el aire mismo.
Eras trino o vertiente
de silencio absoluto.
Las palabras llegaban hasta ti
Como flechas de miel.
Estabas frente al tiempo,
amor, silencio o esperanza,
el mismo espacio y el mismo tiempo
se medían en eternidades.
 
Hoy te recuerdo desde el fondo
del corazón deshabitado,
como a Dios con tu sonrisa,
con tu sonrisa iluminada.
 


Invocación a César Vallejo

Tu voz americana y española
-Perú crucificado de indio y coca-
vuelve en mi corazón, latido y ola,
a ser grito de América y de roca.
 
Mestizo triste. Sombra triste y sola.
Tierra angustiada. Grito a flor de boca.
César de luz: presencia que se inmola
y presencia otra vez que se desboca.
 Hombres así, nada más, de aire y de tierra.

Visionario fugaz, hombre sin guerra,
mi palabra será de luto y llanto.

César Vallejo: indio que me esperas
para izar estandartes y banderas
entre los pabellones de tu canto.
 


Mi voz limita al norte con tu sueño

Mi voz limita al norte con tu sueño
y tu estatura al sur con mi esperanza.
Mi corazón te busca en las raíces,
te averigua en el aire.

Habitante del viento.
Residente de calles y edificios
que visten un ropaje de cemento,
mi voz te reconoce en los cristales
del río que se quiebra
o en el neón iluminado de una esquina de semáforos insomnes.
Te intuyo entre la sombra
cansando las estrellas
o –transparente- refugiada acaso
a medianoche en la ciudad perdida.

Existen en la forma en que te pienso,
en la medida en que mi voz te inventa,
en el espacio en que mi pensamiento
te forja, te da vida y te proyecta.

 

Chocó 57

Mi padre
subía hasta Dios
por un silencio indestructible
-¿quién destruye el silencio?-
y regresaba
cargado de palabras como frutos.
En la noche
-era noche permanente-
se llenaba los labios de evangelios
como un río de peces en subienda.
Nombraba a Dios como se nombra el aire,
como se dice árbol, sombra, amigo
o simplemente amor, sin pronunciarlo.
 
Mi padre comprendía el dolor de ser hombre.

La angustia se alargaba
como la calle árida de un pueblo
que no tiene final ni ha comenzado.
Un arcángel de luto sitiaba nuestra infancia
y el odio como un hongo de Hiroshima
nublaba nuestra frente,
construyendo horizontes de ceniza.
 
Ya no era el viento izando una cometa,
no era el río de vidrio,
quebrándose de burbujas de campana,
ni eran las mariposas
inventando colores en la tarde.
 
Las mujeres sin tiempo y sin espacio
para sentir amor y ser amadas;
ni el amor mismo les pertenecía,
ni la caricia, acaso ni los besos.
El Ingará rodando hacia la noche
y la noche rodando hacia los hombres.

Mi padre
subía hasta Dios
por un silencio indestructible.

https://www.traslacoladelarata.com/2016/01/17/un-poeta-recobrado-oliveiro-salazar/





Una carta sobre la poesía


Por iniciativa de algunas personas interesadas en ello, recientemente se dio a conocer un folleto con textos del casi desconocido poeta pereirano Oliveiro Salazar Gutiérrez, hijo del cronista Lisímaco Salazar. En TLCDLR se publicarán algunos de esos textos recuperados, entre ellos la siguiente carta dirigida al poeta quindiano Luis Carlos Flórez, en la cual le aclara su posición frente a los aires renovadores en la poesía. En días próximos se darán a conocer sus poemas.

 
Pereira, mayo 19 de 1960

 
Doctor
LUIS CARLOS FLÓREZ
Armenia

Estimado Luis Carlos:

He pensado, estudiado y sometido a análisis todo lo que tú me dijiste referente a la poesía, los fundamentos expuestos en la confirmación y defensa del arte clásico y, en especial, del romántico; y como quiera que considero haber llegado a algunas conclusiones que, si bien, no están en armonía con tu pensamiento, sí en cambio, las podemos considerar libremente, motivo por el cual te escribo esta carta.

Comprendo bien el romanticismo, cuya génesis se remonta a tiempos lejanos, es decir, a cuando el hombre sintió el primer flechazo del amor, quizás en sus periodos primitivos en la existencia de la tierra, cuando contempló el atardecer exornado de crepúsculos o un amanecer –concreción de neblinas y opalinos– sintiendo brotar de su interior esa fuerza incomprendida, entonces y ahora, del amor arrollador y volcánico, porque allí en ese momento florecía todo su sentimiento subjetivo bajo la causalidad de fenómenos externos e internos: llama exógena, si hablamos de amor; elemento objetivo, la naturaleza vital de paisajes.

Comprendo el romanticismo cuando se configuró como escuela en Francia y Alemania, y Victor Hugo y sus seguidores, Schiller y sus compañeros, le dieron supremacía al sentimiento sobre la razón. Fue ese un periodo para el arte y la literatura fecundo y anchuroso al mismo tiempo, profundo y significativo. No hay que olvidar que fue allí, precisamente en este periodo, en donde nació propiamente el arte social en el espíritu revolucionario del maestro Hugo, cuando en Los Miserables se rebeló contra la desigualdad y en un alegato, pletórico de poesía y de humana rebeldía, acusó a las clases privilegiadas y enseñó la miseria del hombre, material o físicamente doblegado por el imperio del feudalismo, herencia de la edad media. Personalmente estoy de acuerdo con todo eso

¿Pero todas las leyes que rigen el universo, no son realmente producto de la evolución continua? “Todo marcha, nada se detiene”, se ha dicho. ¿Podremos, los hombres, rebelarnos contra una ley universalmente comprobada y tratar de fomentar una excepción en el arte y en la literatura? ¿Podremos detener la circunferencia en la cual se mueven estos impulsos o fuerzas del espíritu, para contemplar meramente la parte que a nosotros nos conmueve y nos gusta? ¿Podremos detener el arte y convertirlo en un cuerpo estático, en defensa de nuestro ideal personal? Yo, a lo menos, creo que no. Nosotros somos simples accidentes en la tierra que la evolución se encargará de convertir, en un proceso de perfección, quizás en algo más elevado. Pero mientras pertenezcamos al plano que pertenecemos, tendremos que seguir paso a paso las leyes que nos rigen. No creo que el arte tenga que detenerse en una escuela, porque todo en la tierra es evolución: hasta el mismo tiempo y el espacio, son apenas conceptos de la evolución y del cambio. Hay que buscarle nuevos horizontes al arte y nuevas perspectivas al universo de la vida; hay que explorar lo inexplorado y descubrir lo que no ha sido descubierto. Y para ello necesitamos de la evolución. Si el hombre como primer elemento de la tierra muere, ¿por qué unas formas artísticas tienen que subsistir a través de la mutación histórica de este?

Se me ocurre que si consideramos al arte con ese concepto conservador –en el sentido filosófico de la palabra– conque los románticos lo consideran, estaremos estructurando un nuevo sistema, o por qué no decirlo, una nueva religión, minada de todos los vicios, errores y resabios que toda religión conlleva de por sí. Estamos creándole un mito al arte. Estamos dogmatizando el arte. Si consideramos el romanticismo como única expresión artística, estamos configurando un ídolo indestructible, al igual de aquellos que se adoran en las catedrales católicas o budistas. Y, así como en la religión se necesita de una libertad absoluta para considerar todos los principios que al respecto se han expresado, para luego en nuestro interior crearnos una religión propia –fusión de todas las doctrinas, síntesis de todas las verdades encontradas–; así también en el arte tenemos que buscar en todas las escuelas, para reunir de todas en conjunto lo que en sí puede constituir nuestro ideal artístico. Y, así como ninguna religión puede considerarse a sí misma como la única portadora de la verdad, así igualmente, a ninguna escuela dentro del arte puede considerársele como la única y verdadera.

Me imagino al arte como un árbol enclavado en una llanura, al cual los hombres pueden contemplar desde los más diferentes puntos o sitios. Ese árbol es el mismo que todos ven, sin embargo todos lo ven de distinta forma y por ello aparece distinto a todos. No es el árbol el que cambia, es el hombre el que lo mira desde distintas posiciones.

Es por ello, por lo que tú y yo nunca estaremos de acuerdo en poesía, si la consideramos desde nuestros diferentes ángulos, es decir, desde nuestras escuelas. Sin embargo, ¿quién nos dice que no tenemos el mismo ideal y sentimos lo mismo contemplando ese árbol en la llanura de la vida? Gozamos igualmente de sus frutos y de sus flores.

¿Si tú y yo pensáramos de la misma manera y tuviéramos las mismas inclinaciones y gustos en el arte, de qué valdrían nuestras ideas? Si todos tuviéramos un mismo concepto político o religioso, no existirían las políticas ni las religiones porque sobrarían. Las ideas diversas, los pensamientos antagónicos, son los que han movido al hombre a emprender sus realizaciones espirituales. Buda no estaba de acuerdo con las prácticas religiosas que le antecedieron y por eso creó su propio sistema moral. Cristo no estaba de acuerdo con las religiones anteriores de su pueblo y por ello creó su cristianismo. Así, todo adelanto nace de la inconformidad del hombre por lo existente.

Yo, personalmente, admiro algunos piedracielistas, aunque no a todos, ni todo lo que escriben. Y puede que sea en parte piedracielista y en parte romántico, como tú y algunos de mis amigos creen. Y estoy de acuerdo cuando tú rechazas todo lo que apenas sí es acertijo idiomático, exento de todo fondo, de toda idea. Tampoco considero que esta sea la escuela inmutable, eterna e inconmovible, porque como decía antes, todo muere al nacimiento de nuevas realizaciones del hombre. El hombre crea para luego destruir, crear y destruir continuamente son dos fuerzas que han movido, mueven y moverán eternamente la humanidad. El arte es un conjunto, el hombre es apenas parte de ese conjunto. Cuántos libros, clásicos o románticos, apenas representan un pasado perdido, inexistente frente a la realidad presente.

Todos sabemos que las ideas existen, que están en la conciencia del universo, que el hombre solamente las busca y que algunas veces las encuentra, las encierra dentro del limitado espacio de sus facultades. Que no todos los senderos que nos conducen al país de las ideas son los mismos ni todos los que viajamos en su búsqueda tomamos la misma ruta. Spencer dice que todo proceso orgánico es un paso de lo homogéneo a lo heterogéneo, de allí que el proceso del arte a través de los tiempos haya sido de diversificación, en vez de ser de unificación.

Soy admirador del romanticismo, pero de un romanticismo marginado ya por la evolución. Lo considero una forma anacrónica, inoperante en nuestra época. Es más: soy partidario del espíritu del romanticismo, que nunca morirá, porque él está hasta en los mismos crucigramas de los piedracielistas. Lo que desecho y he desechado siempre es la confusión que ha existido: creerse que el sentimiento es sentimentalismo, que el dolor se puede representar en la simbología física de las lágrimas y que el hombre se tiene que doblegar en actitud –para mí ridícula- para poder expresar el amor o la admiración a la mujer. Hay muchas maneras de ser romántico sin necesidad de recurrir al sentimentalismo: allí están los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, de Neruda, o “Tú y yo”, de Paul Geraldy; están tantos libros y poemas modernistas que son románticos sin ser sensibleros, que nos hablan del dolor y del sufrimiento, sin la especulación de las lágrimas.

Es cuestión de métodos, no de principios. Nuestra diferencia en la concepción de la poesía no es mucha. En el fondo buscamos expresar lo mismo, pero en la aplicación del método confeccional diferimos. También hay que tener en cuenta que el temperamento de cada cual es diferente. No todos estamos dispuestos biológicamente para sentir de la misma manera y con la misma intensidad.

¡El espíritu propio del romanticismo no muere! Es inmutable mientras el universo lo sea. Mueren las formas externas. La manera como se representa. La forma como el hombre la concibe!

Solo podemos llegar a una conclusión: que el arte es un laberinto y que la contradicción y lo antagónico que en él existe, son los motores que han movido su evolución a través de los siglos. Por eso, si tú consideras al romanticismo sentimental como única expresión del arte, o mejor de la poesía, síguelo hasta el final, que esa es la ruta que escogió tu espíritu para llegar al país de la belleza y si observas ese árbol frondoso enclavado en la llanura de la existencia, goza de todo lo que te ofrece, recordando que cada hombre es un universo, un universo diverso y que todos, siendo físicamente afines, somos tan contrarios espiritualmente. Sigue tu ideal romántico hasta el final, que nosotros, los que concebimos el arte de distinta forma, lo seguiremos también. Porque la idea tiene un valor individual inapreciable. Y el pensar por asociación o imitación lleva al hombre a ser servil de las ideas de los demás, adaptadas en su mente por coerción material o espiritual. La verdadera libertad es darnos una idea del mundo y de las cosas que nos rodean, de acuerdo a nuestro criterio personal y nuestro temperamento.

Como quiera que tú me insinuabas que no siguiera el ejemplo de Lisímaco, encerrándome como Luis Carlos González en un Yo egoísta, y que hiciera conocer mis ideas, espero me recomiendes uno de tus amigos, para yo escribirle. Más tarde te enviaré algunos de los versos de varios amigos míos pertenecientes a tu escuela, que seguramente estarán de acuerdo con tu gusto y tu estética personal.

Atentamente,

Oliveiro Salazar


http://www.traslacoladelarata.com/2016/01/15/una-carta-sobre-la-poesia/






.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada