miércoles, 19 de agosto de 2015

JAN KOCHANOWSKI [16.840] Poeta de Polonia


Jan Kochanowski

Juan Kochanowski de Korwin, (1530 – 22 de agosto de 1584), (en latín Ioannes Cochanovius, a veces escrito Juan Cocanovio en español), fue un gran poeta, traductor y escritor del Renacimiento y el Humanismo en Polonia, quien estableció modelos poéticos que llevarían al lenguaje literario polaco a su plenitud. Se le considera normalmente como el mayor poeta polaco del período anterior al siglo XIX.

Hijo de Pedro Kochanowski, del clan Korwin, (se pronuncian 'Kojanovski' y 'Korvin' en polaco), quien era magistrado de la ciudad de Sandomierz, Juan Kochanowski nace en Sycyna, próximo a la ciudad de Radom en Polonia. Se conoce poco de su infancia. A los catorce años, poseedor de un latín fluido, de acuerdo a la educación de la Nobleza a la que pertenecía, fue enviado a Cracovia a estudiar en la "Academia de Cracovia", actual Universidad Jagellónica.

Luego de su graduación en 1547 a los 17 años, asistió a la Universidad de Königsberg en el vecino Ducado de Prusia (la actual Kaliningrado), y luego a la Universidad de Padua, en Italia. En esta última ciudad entró en contacto con el gran maestro del Humanismo, Francisco Robortello. Culminó este período de quince años de estudios y viajes con una visita a Francia en la cual conoció al ilustre poeta Pierre Ronsard.

En 1559 Kochanowski vuelve a Polonia convertido en todo un poeta del Humanismo y del Renacimiento. Pasaría los siguientes quince años en la Corte del Rey Segismundo II Augusto, actuando principalmente como Secretario Real y Secretario de la Cancillería.

En 1574, siendo alcanzado por el desprestigio de la cuestionada elección del Rey Enrique III Valois, (cuya candidatura al trono había propiciado), Kochanowski se establece en la hacienda familiar de Czarnolas, para llevar la vida de un noble hacendado. En 1575 se casa con Dorotea Podlodowska, con la cual tendría siete hijos, (uno solo varón, nacido luego de su muerte). Es allí donde escribió sus trabajos más memorables, incluidos Despido de los Enviados Griegos (1578) (Odprawa poslów greckich) y Trenos (Treny) (1580). Por esto se lo conoce comúnmente, en Polonia, como Juan de Czarnolas. Destrozado por la muerte de su pequeña hija Úrsula, Kochanowski muere de angustia en Lublin (Polonia), el 22 de agosto de 1584.

Obra

Sus primeros poemas fueron escritos en Latín, pero se tornó rápidamente hacia la lengua vernácula, creando formas poéticas que lo convertirían en el fundador de la Literatura lírica polaca. Cabe destacar que el idioma oficial y culto era el latín, y no el polaco, en la Polonia de entonces. Grandes del Renacimiento polaco como Nicolás Copérnico (1473 – 1543), (astrónomo) y Martín Kromer, (1512 – 1589) Príncipe-Obispo de Warmia (historiador), escribieron sus obras maestras en el idioma de Virgilio, a título de ejemplo.

Se destacó así mismo como traductor (del latín al polaco) en obras notables como el Salterio de David (Psalterz Dawidów), y aún como dramaturgo en el Despido de los emisarios griegos (Odprawa poslów greckich). Su posición social y su cargo relacionado con la Cancillería lo llevarían a la política.

Trenos (o Lamentos), es su obra poética máxima. Ella reúne conmovedoras elegías en las que el poeta expresa el profundo dolor y turbación que le ha causado la muerte de una hija muy querida.

La tragedia Despido de los emisarios griegos, sobre el tema de la guerra de Troya, está llena de alusiones a la peligrosa situación de Polonia en el contexto geopolítico de su época. Fue la primera tragedia escrita en polaco y su estudio sobre las responsabilidades de la clase gobernante tiene resonancia hasta nuestros días. Esta obra, escrita según el estilo de los dramas de Sófocles la hizo para las bodas del Gran Hetmán y Canciller, Jan Zamoyski de Jelita con Cristina Radziwill.

La traducción del Salterio de David, extraído de la Vulgata, le tomó ocho años. Es una paráfrasis versificada de los Salmos de David y la intención del autor era que fuese aceptada por todas las confesiones cristianas. De hecho la obra gozó de gran popularidad y fue aceptada tanto por católicos como por protestantes. El músico polaco Nicolás Gomólka (1535 – 1591), les pondría música en 1580, titulando la colección Melodías para el salterio polaco (Melodiae na psalterz polski), convirtiéndose este trabajo en un himnario que usarán católicos, protestantes y aún ortodoxos.

En su periodo político y cortesano había publicado La Concordia (Zgoda), 1564, de carácter político; El sátiro (Satyr), 1567, crítica de las discordias religiosas, y El ajedrez (Szachy), 1567. El gracioso El doctor español (O doktorze hiszpanie), (homenaje de afecto al célebre Pedro Ruiz de Moros, profesor en la Academia de Cracovia), que forma parte de la obra Epigramas (Fraszki), 1585 consta de breves poemas satíricos o amorosos que reflejan la vida en la corte.

Pero sin lugar a dudas es en su heredad de Czernolas donde escribe sus mejores obras, las más maduras.



Canto XX

Es grato divertirse cuando llega el momento.
¡Bebamos pues, hermanos, a la salud de todos,
que el apetito espanta las ganas de bailar
y es más fácil la guasa después de haber bebido!

No se hable del estado.
Que se abandone toda gravedad.
Llevemos a un rincón los privilegios
y que junto al señor se siente el siervo.

Allí donde se guarda con rigor el deber
no hay buenos pensamientos.
Se dulcifica el mundo, os lo aseguro,
cuando broma y mesura van unidas.

He aquí mi beneficio: atentos me escucháis,
pero nadie me ofrece un jarro lleno.
Que un poeta esté sobrio ¿quién lo ha visto?
Nunca hará nada bueno.

Venid conmigo, que no os defraudaré.
También vosotros gozáis de buen humor.
Decid entre vosotros cualquier cosa al oído,
y no tengáis reparos; hablad con libertad.

En nada yo comparto lo que dijo algún sabio:
que la mejor idea la tiene el que más piensa.
Transcurre el tiempo y nadie
adivina tu suerte de mañana.

¡Hoy sé feliz y goza!
Sobre el día futuro las lecciones son vanas.
Hace tiempo que todo fue pensado por Dios
y de nada te sirven los mejores consejos.





Canto V

Quien tiene su propio pan
tiene cuanto necesita.
Puede despreocuparse de otros bienes,
de aldeas, de ciudades y de grandes jardines.

Pienso que es gran señor
quien sabe conformarse con lo suyo,
pues demuestra quien quiere tener más
que todo se le antoja ser muy poco.

El mayor propietario es el que sabe
huir de la avaricia, aunque es más fácil
someter a los turcos, o luchar
con los valientes tártaros.

El macedonio rey
conquistó muchas tierras por la fuerza,
pero le pareció
que el mundo era muy poco para él.

¿Para qué una coraza?
¿Y para qué el poder?
No hay brocado que cure el corazón,
ni tesoro que libre de la angustia.

Es huraña la muerte:
coge por la garganta
a los grandes señores y a los pobres sirvientes
y no te hará rebajas en las cuentas pendientes.

El hombre, sin embargo,
tiene siempre una idea:
añadir oro al oro,
porque para el avaro todo es poco.

¡Todo quedará aquí
tras tu muerte, señor!
Y cuanto con codicia acaudalaste
a otro lugar, a otra morada irá.

Y de esta construcción inalcanzable
pronto se quebrarán sus ligaduras.
Con ese vino que tanto te preocupa
abrevará caballos tu heredero.

Jan Kochanowski, incluido en Antología de la poesía polaca desde sus orígenes hasta la Primera Guerra Mundial (Editorial Gredos, Madrid, 2006, ed. y trad. de Fernando Presa González).




Lament I

Come, Heraclitus and Simonides,
Come with your weeping and sad elegies:
Ye griefs and sorrows, come from all the lands
Wherein ye sigh and wail and wring your hands:
Gather ye here within my house today
And help me mourn my sweet, whom in her May
Ungodly Death hath ta'en to his estate,
Leaving me on a sudden desolate.
'Tis so a serpent glides on some shy nest
And, of the tiny nightingales possessed,
Doth glut its throat, though, frenzied with her fear,
The mother bird doth beat and twitter near
And strike the monster, till it turns and gapes
To swallow her, and she but just escapes.
"'Tis vain to weep," my friends perchance will say.
Dear God, is aught in life not vain, then? Nay,
Seek to lie soft, yet thorns will prickly be:
The life of man is naught but vanity.
Ah, which were better, then - to seek relief
In tears, or sternly strive to conquer grief?




Lament II

If I had ever thought to write in praise
Of little children and their simple ways,
Far rather had I fashioned cradle verse
To rock to slumber, or the songs a nurse
Might croon above the baby on her breast.
Setting her charge's short-lived woes at rest.
For much more useful are such trifling tasks
Than that which sad misfortune this day asks:
To weep o'er thy deaf grave, dear maiden mine.
And wail the harshness of grim Proserpine.
But now I have no choice of subject: then
I shunned a theme scarce fitting riper men,
And now disaster drives me on by force
To songs unheeded by the great concourse
Of mortals. Verses that I would not sing
The living, to the dead I needs must bring.
Yet though I dry the marrow from my bones,
Weeping another's death, my grief atones
No whit. All forms of human doom
Arouse but transient thoughts of joy or gloom.
O law unjust, O grimmest of all maids,
Inexorable princess of the shades!
For, Ursula, thou hadst but tasted time
And art departed long before thy prime.
Thou hardly knewest that the sun was bright
Ere thou didst vanish to the halls of night.
I would thou hadst not lived that little breath - 
What didst thou know, but only birth, then death?
And all the joy a loving child should bring
Her parents, is become their bitterest sting.





Lament III

So, thou hast scorned me, my delight and heir;
Thy father's halls, then, were not broad and fair
Enough for thee to dwell here longer, sweet.
True, there was nothing, nothing in them meet
For thy swift-budding reason, that foretold
Virtues the future years would yet unfold.
Thy words, thy archness, every turn and bow - 
How sick at heart without them am I now!
Nay, little comfort, never more shall I
Behold thee and thy darling drollery.
What may I do but only follow on
Along the path where earlier thou hast gone.
And at its end do thou, with all thy charms,
Cast round thy father's neck thy tender arms.




Lament IV

Thou hast constrained mine eyes, unholy Death,
To watch my dear child breathe her dying breath:
To watch thee shake the fruit unripe and clinging
While fear and grief her parents' hearts were wringing.
Ah, never, never could my well-loved child
Have died and left her father reconciled:
Never but with a heart like heavy lead
Could I have watched her go, abandoned.
And yet at no time could her death have brought
More cruel ache than now, nor bitterer thought;
For had God granted to her ample days
I might have walked with her down flowered ways
And left this life at last, content, descending
To realms of dark Persephone, the all-ending,
Without such grievous sorrow in my heart,
Of which earth holdeth not the counterpart.
I marvel not that Niobe, alone
Amid her dear, dead children, turned to stone.






Lament V

Just as a little olive offshoot grows
Beneath its orchard elders' shady rows,
No budding leaf as yet, no branching limb,
Only a rod uprising, virgin-slim - 
Then if the busy gardener, weeding out
Sharp thorns and nettles, cuts the little sprout,
It fades and, losing all its living hue,
Drops by the mother from whose roots it grew:
So was it with my Ursula, my dear;
A little space she grew beside us here,
Then Death came, breathing pestilence, and she
Fell, stricken lifeless, by her parent tree.
Persephone, Persephone, this flow
Of barren tears! How couldst thou will it so?










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