martes, 10 de enero de 2017

OMAR SAKR [19.836]


Omar Sakr 

Poeta árabe australiano cuyo trabajo ha aparecido en Meanjin, Overland, Mascara Lit revisión, The Guardian, The Saturday Papel y Junkee, entre muchos otros. Recientemente ha colocado en segundo lugar, en el Premio de Poesía Wright Judith para poetas emergentes su primera colección, These Wild Houses, para Cordite Books (2017).

Su Página web: 

http://omarsakr.wordpress.com/


Presentamos una muestra de la obra del poeta Omar Sakr. Las traducciones corren a cargo de Andrea Rivas.
http://circulodepoesia.com/2017/01/poesia-australiana-omar-sakr/


Vivo

Hoy es aterrador estar vivo.
Siempre ha sido aterrador estar vivo.
Esto de ningún modo niega la primera sentencia.
Cada mañana trabajo para construir las herramientas
que sé que necesitaré para sobrevivir la tarde.
Hacia el final del día son inútiles,
embotadas. Cada mañana construyo
y a veces el martillo es torpe,
la madera se deforma y las astillas empluman
mis manos. Algunas noches apenas estoy ahí
estoy enroscado tan fuertemente sobre mis heridas.
Hoy empleo un sueño mañana
soy propulsado por un motor V8 de rabia
y no pienso en el costo que cobra
estoy tan ocupado sobreviviendo. Cada motor
es un animal en el sentido en que mata
para vivir. Mi vida está pavimentada con muertes
que crean fantasmas en mi periferia. Tengo miedo
de mirarlos a la cara, de decir que fue mi
crudo martillo que quebró
tu cráneo pequeña oveja pequeño niño
pequeño otro. Debo pensar en ti
como pequeño para justificar el golpe. Debo
pensar en ti como otro. Quizá
no fue un martillo sino un escudo
sobre mis ojos para que no pudiera verte
tomar el golpe. Incluso ciego, escucho
tu caída. Quizá solo me niego a abrir.
Quizá es una herramienta que construí para sobrevivir.
Debo admitir que ahora todo
puede usarse para matar, matar, matar y si
me detengo muero. Me pregunto
si así es como Dios se siente & si Dios siente
que vale la pena.



Tinder

Deslizaría derecho hacia la tortura.
Esto no es un gran comienzo

para la relación. La verdad es mejor
guardada hasta que es muy tarde

para desenredarte sin daño,
o como en el caso de un tiroteo, luego

de que una vida es perdida y los periodistas están ocupados
con todos los otros inicios

de historias que no serán contadas en su totalidad o serán
olvidadas para el desayuno del día siguiente.

Siempre estamos diciendo que la honestidad
es necesaria pero nadie dice cuándo

o dónde debe ser aplicada la navaja,
como en el caso de un poema. Los poemas

no necesitan un yo para funcionar como el sistema
necesita un ojo para funcionar, uno por cada persona.

Trabajas mejor cuando solo te miras
a ti mismo. Mantente enfocado

mientras mueves la navaja: deslizaría derecho
hacia la tortura. Sé lo que ocurre

con cada cucharada de cereal, cada crujir
de azúcar electrocutando la felicidad

en mi columna vertebral―en algún lado
alguien está siendo electrocutado

de verdad y yo sigo viviendo
porque éste es el precio de hacer

negocios, que en mi caso es escribir
poemas y mantener un ojo y

tratar de permanecer enfocado en la cuchara tambaleante
de metal conductor que se dirige a mis dientes.

Pongo la tortura en una caja y escondo la caja
(que es más pesada que mi cuerpo)

bajo la cama, y me pregunto cómo
voy a conseguir a alguien que me coja

en un colchón lleno de gritos.



Terrorista

Seguimos contando las mismas historias.
Tal vez es por esto que nada cambia. No puedo
crecer alas. Solo puedo ser lo que soy.
No vengas a mí para transformarte,
no soy un espejo de casa de la risa, no soy un lago.
No soy una grieta en la tierra
ni el grandioso negro azulado del cielo,
esa engañosa bestia camaleónica. Lo que soy
es un terrorista, sí, me aterro a mí mismo
con preguntas que no tienen respuesta,
que algunos llaman poesía. ¿Qué tal si
Ícaro fue un refugiado huyendo de su padre,
si voló no de la ambición
sino del miedo, un salto suicida;
y si dio la bienvenida a las llamas?
¿Qué tal si tuvo una bomba atada
a su pecho, y quiso llover
pedazos de cielo sobre la suciedad
huérfana de padre? Por esto no crezco alas.
Estoy aterrado de que todos vean
que soy un ángel ardiendo, cayendo
tan lejos de cualquier padre como pueda.



donde está dios

El yijadí con su cargamento y camuflaje, su gruesa barba y sus sunnies, permanece con las piernas chuecas

en el desierto. No tiene aljaba de flechas, sino un cinturón de dientes de oro, una perversa sonrisa

alrededor de su pecho. Se parece a mi primo cuando me mira, listo para escupir.

“¿Dónde puedes encontrar a Dios?”, dice. Ellos preguntan esto a cada poeta que capturan. Yo estoy

sudando como un caballo usado. Hay dos respuestas. La primera es en ningún lado,  pues la gloria está

más allá de los animales. Vivimos en la ausencia de divinidad, y por nuestra obra esperamos

crear aquí un pálido eco. La otra respuesta es en todas partes: el cielo en una lata abollada de Coca,

en mi sucia axila, en la lavandería, en un burdel inundado por la lluvia, en cada aliento

absorbido por todas las cosas vivientes. No digo nada, lleno de mi propio hedor. El hombre que

podría ser mi primo ríe, pone una negra y fría boca en mi oído, y dice, “Escucha.

Aquí encontrarás a Dios”. Luego los ángeles comenzaron su ladrido.



País de vacaciones

Quema todos los mapas. Olvídate de querer
necesito longitudes y latitudes vírgenes.
Tierra sin consumirse, un lugar
que ni las estrellas hayan tocado
donde pueda ir por aire,
donde no hay cosa tal
como el ahogo ni las matanzas
pero donde pueda morir
una muerte natural. Los sueños
imposibles son para hombres jóvenes.
Yo no soy tan joven como es necesario.
Puede ser que un sueño tan grande
requiera edad y no soy tampoco
tan viejo. Los países son pesadas
cosas que no pueden hacerse solas.
Quisiera que alguien me hubiese dicho eso
antes de comenzar a construir playas.
No tiene nada que ver con la tierra,
ese animal magnífico. Acabo de olvidar
a las personas. Tal vez quise hacerlo &
debería aprovechar al máximo estas
acacias, el largo tronco cónico
antes de que inevitablemente arda
en una flama, lenguaje no
de dioses, sino del hombre. Prometeo
sabía. Es una lección que desaprendemos
tan pronto como podemos: los alfabetos
son todos una sinuosa destrucción.
Todo lo que queríamos era cauterizar
un momento, una huella, una búsqueda
en una roca para hacerle saber
nuestros nombres, sin saber que nombrar
al mundo también lo terminaría.
Mi país resiste el lenguaje.
No quiere conocerte.
Tiene su propia sabiduría, y ningún
agujero para banderas. No puede ser
robado. Lo construí solo para mí,
no para que otros cubran
sus bordes o lo fijen a una piel




Omar J Sakr is an Arab Australian poet whose work has appeared in Meanjin, Overland, Cordite Poetry Review, and Tincture Journal, among others. His poems have been translated and published in Arab, and he has been shortlisted for the Judith Wright Poetry Prize as well as the ACU Poetry Prize.

   
Dear Mama

Don’t preach to me, mama, don’t tell me stories
about some holy book or other, about angels, demons and jinn –
I’ve already learned too well the religion of your fists.
My body has drummed its song, the gospel choir of bruises
so often it knows no other, and at night I still mumble
the chorus: sharp gasps interspersed with bass, with low moans.
Your god is capricious, strikes without reason – some days
(the days you had gear, I later knew) you’d smile and order us pizza
and we’d sit in the smoky temple of the lounge while your silver screen
apostles entertained us, spat & bled & fucked & loved & died
for us. Those days were best. Others were Nails-On-Chalkboard,
a kind of screaming at the edge of hearing – your cheekbones, jaw,
elbow, everything was knife sharp and cut against the air
even though your teeth were set, lips locked prison-tight.
Like tinnitus, I knew only I could hear it but I swear
your body screeched in warning those mornings, and we learned
to read your augurs in cigarette smoke, the signs prophesying pain
if we didn’t become paragons of stillness and silence. Later, you
told me you saw my treacherous father in me even as a boy,
that you hated the sight of my face, the reminder
that his sins were burned too clearly in my skin.

I remember the day the locksmith came, his confusion, then pity,
when he asked ‘you want the lock outside his door?’ He hesitated
but took your petty cash reward to seal my cage. If only
you knew how I made that cell my world, so expansive and free –
hundreds of books, each one a key. How could you think
walls would contain me? I ought to thank you, dear mama,
for the prayers I memorized, for the blessing of hunger, the urge
for independence you sang into my bones, percussion-deep,
and the need to travel, to roam across the lands and seas and discover
all that can be seen. I ought to thank you, dear mama, for your piousness,
for showing me the cruelty and beauty of God and godlessness
all at once, for teaching me that holiness is no more
than moments shared with those you love whether bonded by blood
or not. Especially not. I ought to thank you dear mama, but I can’t.
The mosque is empty, and I’m all outta prayers.

http://mascarareview.com/omar-j-sakr/







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