lunes, 22 de septiembre de 2014

BEATRIZ SANTIAGO-IBARRA [13.390]


Beatriz Santiago-Ibarra 

Beatriz Mayte Santiago-Ibarra (Puerto Rico), es escritora y crítica de arte. Ha publicado cinco libros de poesía, dos novelas y tres libros para niños. Sus publicaciones incluyen un centenar de críticas de arte diseminadas en catálogos de gran prestigio, en periódicos y revistas de la talla de Grapheion en Yugoslavia, Art Nexus, en Estados Unidos, Arte en Colombia en Colombia. Sus críticas de arte han aparecido en varios libros y catálogos en Argentina, Paraguay, Uruguay, Venezuela, Puerto Rico México y República Dominicana. Ha realizado curadorías de las Bellas Artes interactivas con Museos e Instituciones de Arte, Cultura y Literatura en general en distintos lugares del mundo. Fue la Coordinadora General de la Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe de 1986 al 2001, realizando a nivel internacional siete ediciones de dicho evento cultural. Obtuvo el Bachillerato y Maestría en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico, la Maestría en Artes y Literatura del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe y un Doctorado en Filosofía y Letras de dicho Centro en pacto académico con Universidad de Valladolid,  España. Ha sido profesora universitaria en la Universidad del Sagrado Corazón y  la Caribbean University, en  Puerto Rico. Actualmente, se desempeña en calidad de Especialista en Asuntos Culturales y Coordinadora Editorial de la Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña, agencia del Gobierno de Puerto Rico en la que labora desde hace veintitrés años. Es miembro del Pen Club de Puerto Rico y de la Asociación de Críticos de Arte, ratificado su nombramiento en París, Francia. Libros. Poesía: Siembra para no decir adiós (1970),  Paralelas de pueblo y polvo (1975), Versos de anafre a mi abuela (1975),  En el silencio de las desgarraduras  (1991), Trásfuga de mi, La flecha eterna de Eros (1998). Cuentos para niños: Julia  (1986), Los elfos eunucos (2006). Novela: El asesinato de Casandra Ramírez (1991), Cuenta Cuentos en el Castillo (2006), El último centauro (2006).




ABRO LA PUERTA Y DOY LA BIENVENIDA

I

Tengo la urbe inhiesta en la poesía.
Abro la puerta y doy la bienvenida,
Al hombre ausente por años.
 
Brindo el espacio abierto,
Al día de mañana,
En el hoy que existo.
 
Vivo ahora con él y sin saberlo,
Me hace el día alumbrando mis noches.
Aún después de las fiestas,
Continúa  siendo el árbol encendido,
De guirnaldas y luces que precisa mi vida.
 
                   

II

Ficus santurcino,
Habitante frente al ventanal
Que crea mi poesía.
Eres cumbre, papel, hoja y lápiz…
 
Tu piel de hombre milenario,
Huele a musgo, a tierra.
En los huecos de tu izquierda y de tu derecha,
Anidas a las gallinas de la calle,
Mientras ponen huevos-polluelos.
 
Tú, ficus, reflejándote en los ojos
De los gallos vigilantes de sus hembras
Y de sus críos.

 

 

VESTIRSE SIN PRISA, DESNUDARSE DEPRISA


A Gloria Tapia Ríos

El hombre actual
Debe vestirse sin prisa,
Y
Que eso no implique,
Realmente su Waterloo napoleónico,
Anglosajón., occidental.
 
Sí, hacerlo despacio,
En la reflexión del color,
Ambiguo,
De especial acción e idioma.
 
Establecer un diálogo con
La camisa,
Antes de encamisarse,
O
Mirar a los zapatos
Sin lazos
Para la combinación perfecta.
 
Es creer en poder narrarle
A los calcetines de vestir;
Cual ha sido la historia;
Esa, la de los canales
De espacios inigualables del
Caribe
Y
De toda Latinoamérica.
 
Si las venas aún permanecen
Abiertas,
Embadurnadas del cromo
Y
Del yodo de
Los open emarais,
Del censo médico
E
Histórico que nos habita
Cada siglo.
 

2

Es hora de sentarse en el sofá
Del lado de la cama
De la habitación de la clase media;
 
Mediar entre el monólogo interior
Que se establece
Entre arrendatarios de la existencia
Y
Los arrendados de la vida,
De aquello poco prudente de lo que se conversará…
 
Dejar de pensar ese
Como vestirse el viernes
Para la comida
O
La gran fiesta
A la que nos han invitado
Y
Decirle a las bragas,
A los pantaloncillos;
Que lo escuchen también los sostenes
Y
Las camisillas.
Bueno salir,
Bailar una pachanga en la arena de la playa
Con el pueblo
Tocando el tambor de noche.
 
Es preciso inmiscuirse,
En el follaje interno,
Verde,
En esta Isla encantada
En la prestidigitación del
Mago principal
Que la encantó…

Es indicado al vestirse,
Sentir el poder quitarse
Esa camisa,
Esa falda para hacer el amor.
 

3

Bien allí en plena pasión
Por quien uno quiere
Sea quien sea,
Pueda sin prisa brindar
Nuestra flor más amarilla,
Dando todo el interior,
Al desnudarnos.
 
Cuando un caribeño
O
Caribeña,
En fin, un latinoamericano
Se viste
Y desviste
El sol se inquieta, el olor del árbol de mangó se intensifica
Y,
El aguacate, la guayaba, el cundeamor o la guanábana
Suben de sus lugares comunes
Al espacio del hombre
O
Mujer a los que un Dios dado
Ha creído maniquí.
 
Pero, ese ser vestido
O
Desvestido, pringado o no,
En la moda que sea
Es barco en alta mar
De este lado del universo de la vida.

El diálogo establecido con la ropa,
Nos lleva de la habitación
Hacia la popa de la nave interior,
Del ansia dichosa
Preparada,
Amaestrada por nosotros mismos,
Sin prisa.

Vestirse suavemente,
Conjurando bajito
Una máxima para poder vestir a otros.



4

Invitar a la otredad,
La que no posee ni una cuarta parte
De nuestras vestimentas.
 
Las profecías anuncian
A un hombre nuevo.
Mientras llega,
Conversemos despacio lo que tenemos
Con cada pieza del cuerpo desnudo al amar,
Dando la humanidad
Interrumpida
La conciencia social,
Insostenida;
La compasión por los que
No han sido invitados a la gala.
 
Entonces,
El diálogo se yergue,
De ese aparecer ser decúbito,
Se levanta como
El despertar de Finnegan
En Joyce.

Ese extremar la conciencia  convierte
Al calcetín en el dedo del amigo;
La camisa en el tropo del niño hambriento
Que no puede tragar,
El sostén, en los pechos secos
De las madres de Uganda,
 
Y
Es la nodriza de leche
Seno sustituto desde la blusa a la camisilla
En el corazón abierto del hombre
En la faena de un campo cualquiera.

Las faldas, las bragas,
Los pantalones y los calzoncillos
Son los sexos que,
En la entrepierna de la carencia
Quedan agotados.



5

Exhuman en este coloquio
Los jugos del clímax.
 
Sin embargo cuando nos vestíamos
De blanco para ir a misa los domingos
En aquel tiempo de antes,
La yuca compartida era un conversation-piece,

Relevante,
Era conversar con uno mismo,
Desde el pensamiento afroantillano
Con la pulpa de una papaya madura,
Que cayó sobre la chaqueta de hilo,
O
La blusa bordada a mano
Por la que sentíamos del trópico
Todo clima orgánico.

En esta primera década del siglo,
Ventilemos
Ese pasado desde aquella saya plisada
Del colegio en la plegaria deliberada,
Para retomar el guayabo y el quenepo
Después de todos estos avatares
Hasta llegar a la irradiante primavera eterna.

De la tierra planeta,
Del planeta tierra
Deshilándonos ¡ya!
Tiremos del tiempo
Sin equipaje.

El hombre actual,
Debe desnudarse deprisa.










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