miércoles, 11 de febrero de 2015

MIJALIS KATSARÓS [14.833] Poeta de Grecia


Mijalis Katsarós 

(1919-1998)
Nació en 1918, en Kiparissia, en el sur del Peloponeso. Falleció en 1998. Realizó estudios en una escuela técnica de aviación y durante la Guerra de Italia (1940-1941) sirvió como sargento de vuelo. Trabajó como jefe de prensa del Departamento de Propaganda del Ejército y al mismo tiempo como conductor de varios programas del Sistema Nacional de Radiodifusión de Atenas. Fue despedido por la dictadura de los coroneles (1967-1974) y entonces se dedicó a la pintura, la escultura y la cerámica. Solo, o con amigos y colegas, fundó y editó varias revistas literarias. Es autor de once libros de poesía, su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, español y ruso, y varios compositores han puesto música a sus poemas. 



El siguiente poema  está tomado de Mijalis Katsarós, Antología de poemas, Atenas, Ediciones Kaktos, 1979.


Os esperaré

Os esperaré hasta la terrible media noche
indiferente–
no tengo ya nada más qué certificar.
Guardias malignos acechan
mi fin
entre camisas hechas pedazos
y legiones.
Esperaré indiferente vuestra noche
sonriendo con frialdad por los días gloriosos.
Detrás de vuestro jardín de papel
detrás de vuestro rostro de papel
yo sorprenderé a las multitudes
mío el viento
vanos ruidos y tambores oficiales
vanos discursos.

No os descuidéis
Traed agua con vosotros
En nuestro futuro hay mucha sequía.

Versión de Francisco Torres Córdova



A la luz de los acontecimientos actuales, presentamos un poema del autor griego Mijalis Katsarós (1919-1998), en versión de Virginia López Recio. 



[RESISTE]


Resiste
a quien construye una casa pequeña
y dice: «Aquí estoy bien».

Resiste a quien vuelve de nuevo a la casa
y dice: «Gracias a Dios».

Resiste
el tapiz persa de los edificios,
al hombre de baja talla de la oficina,
a la empresa de importación y exportación,
a la educación estatal,
al impuesto,
incluso a mí que te hablo.

Resiste
a quien saluda desde la tribuna horas
interminables en los desfiles,
a esa señora estéril que reparte
estampas de santos, incienso y mirra,
incluso a mí que te hablo.

Resiste otra vez a todos los que se llaman grandes,
al presidente del Tribunal de Apelación. Resiste
a la música, a los tambores y a los desfiles de bandas,
a todos los congresos superiores en que parlotean,
toman café congresistas, consejeros,
a todos los que escriben discursos sobre su época
junto a su estufa de invierno,
a las adulaciones, a las bendiciones, a las muchas reverencias
de oficinistas y cobardes ante sus sabios jefes.

Resiste a los servicios de relaciones exteriores y pasaportes,
a las terribles banderas de los estados y a la diplomacia,
a las fábricas de materiales bélicos,
a los que llaman lirismo a las hermosas palabras,
a los cantos de guerra,
a las dulces canciones con trenos,
a los espectadores,
al viento,
a todos los indiferentes y a los sabios,
a los otros que aparentan ser amigos nuestros,
incluso a mí, resiste incluso a mí que te hablo.


Entonces, podremos acceder seguros a la Libertad.



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