domingo, 25 de septiembre de 2016

NANCY TOSELLI [19.164]


Nancy Toselli

Nací en Río Cuarto, Argentina el 31 de Enero de 1960. Estudié y fui docente en Ciencias exactas de la UNRC. Desde 1990 radicada en Villa Mercedes, poeta y editora. Colaboro en publicaciones on line y en la organización de ciclos de lectura.

Integrante del Grupo de Creación de Textos que funciona en Extensión Universitaria de la FACEJyS (UNSL), coordinado por Patricio Torne.

He publicado el libro Nostalgia es una palabra (2014, Editorial Deacá) y participado en la antología Rutas (2015, Editorial Punto de Encuentro), como así también en diversos blogs (blog del Amasijo, Poetas al Tuntún).

Codirijo Editorial Deacá en Villa Mercedes.



Laberintos

Cómo describir el despojo sin usar las palabras
nombrar silencio para ocultar el temblor
pintar una puerta donde no hay salida
o encender un fuego
donde debiera decir perdón.

Cómo mezclar significados
para calmar el dolor
que si no se dice, tal vez se olvida,
que si no se llama puede ser ignorado.

Despertar a oscuras, paredes ciegas
cómo saber si el tiempo sigue,
si los caminos llegan,
si persiste la lluvia
o si la música aún vive.


Máscaras

Quién puede imaginar 
la furia del viento
cuando la calma de abril
acuna la tarde.

O que la noche
pueda traer malas nuevas
desde el fin de la oscuridad,
a pesar de las luciérnagas
y el olor de los espinillos.



Espejos

I

Un espejo dorado , agua petrificada,
¿quién está mirando desde ahí,
dejará rastro cada reflejo al atravesar la superficie?
¿Tiene alma esa mirada?
Lentamente, uno a uno, han caído los velos.


II

Desde el espejo,
Una imagen que no reconozco.
Es la luz, me miento.
O quizá el frío.
Pero ellos no pueden aniquilar un alma.


III

Miente el espejo,
dice lo que quiere ser escuchado.
A veces miente el agua,
cielo y nubes para ocultar el abismo.


Ideograma

Es tan difícil decir azul
o cruel decir un río,
el invierno o la nieve que no fue.
Nombrar ensueño sin cerrar los ojos,
partir si la función no empezó.

Molinos que nunca dejaron de girar
un campo, al sur, donde te cuidan
para que las lágrimas se sequen,
para que la noche no llegue.

Dentro de tu mirada la mirada de otro
generosidad que comparte el asombro
para seguir estando
como si fuera
un trazo en un ideograma,
casi imperceptible, pero necesario
para otorgar un significado.

Se necesitan tantas palabras para dibujar un sol:
un poema breve, tres líneas,
escalera incompleta
para vencer la ausencia.

Opciones
Una puerta estrecha custodia el Edén.
Un cerco de puñales la rodea.
Sólo los valientes,
o los que gustan sufrir
se atreven a ella.

Para los otros,
los no valientes,
un abrazo cálido es la entrada al Infierno.

A los claustrofóbicos,
los que odiamos puertas, paredes y techos:
la intemperie infinita de la búsqueda…






Nancy Toselli, Nostalgia es una palabra, Editorial Deacá, Villa Mercedes, 2014.



Vuelan hacia el Norte las garzas
huyendo del frío.
Son flechas lanzadas hacia las nubes,
mensaje cifrado sobre una página azul,
para ser develado por un profeta
que anuncia los hechos escondidos
en la eterna espiral del futuro.
Me detengo y te miro.
Es como si no te hubiese conocido nunca,
como si nunca
hubiesen estado juntas
tu sombra y la mía.


...


Sobre el cielo de la mañana 
bandadas escriben historias
jeroglíficos que encierran
el milagro de la palabra.
¿Son ciertos los pájaros
que dicen esas palabras?
¿Es cierto ese cielo
o es el resplandor del agua?
Solo silencio,
murmullo de hojas.
El viento, también calla.



...



te pasás el tiempo
eliminando adjetivos
ripio en un camino
que recorrés con prisa
para que no se oculte
lo que se debe ver
lo que debe ser
cómo se debe hacer
acelerás tu corazón
embestís molinos
perdés el sueño
equivocás la dirección
y empezás a llorar
para anular la derrota
amanecés lejos
un cielo distinto
ayuda a olvidar






cae la lluvia 
lenta 
desdibuja los contornos 
lo real se pierde

cae la lluvia 
limpia 
los espejos mienten 
inventan sombras 
sentís la ausencia 
entre tus manos 
sólo hay preguntas

sigue la lluvia 
triste 
cerrás la puerta 
pesada 
como de piedra 
ojos quietos 
como fantasmas

mirás adentro 
podés partir



...



Quizá la llovizna pueda,
como un bálsamo
calmar la tristeza del frío.

Aquietar el polvo
que desdibuja las casas
abrir las ventanas que cerró el viento
pintar de rojo los malvones
y sacar una canción
de la garganta muda de los sapos.

Quizá la llovizna pueda
achicar la nostalgia de los viejos
traer a la memoria el olor del trigo,
los corderos nuevos, el gallo negro
y la paz del río.

Sólo milagros chicos,
que la llovizna hace,
a pesar del frío.




...


Descubrir entre las llamas
la mirada de un dragón
o en una noche de invierno
encontrar el sitio exacto
en que la estrella más tenue
ilumina el cielo con su temblor.

Calla la voz lo que el cuerpo grita,
si tan sólo un abrazo pudiera
apagar el llanto,
calmar el dolor.

Sed de tierra,
sed de sal,
sed de río que no llega.

Agonizo,
pero no lo nombro.





...



El horror es blanco
y silba, como un zorzal
o una armónica
tirada en la banquina
de un camino polvoriento.

El horror es seda,
blanca,
con pavos reales
y un ojo de Buda
escondido entre las plumas.

El horror,
a veces
llega.



La poeta Nancy Toselli presentó su libro Nostalgia es una palabra (editorialdeacá). Y lo hizo allí, donde reside, en Villa Mercedes, San Luis. 




El acto se realizó en la Secretaría de Extensión (Pescadores 280), en el marco de la "Segunda Muestra de Collage" que el grupo de "producción de textos de los Talleres Literarios de la Extensión" pone a consideración del público lo que viene realizando.




Y fue la poeta Vanesa Cuello quien presentó el libro. 

Transcribimos a continuación  el texto completo con el que la poeta Cuello presentó el libro de Toselli. 

"Presentar el libro de Nancy me pone en un lugar de privilegio. Por varias razones. Primero porque conozco a la autora como persona, más allá de su poesía, de su arte y segundo porque fue por medio de la poesía, justamente, que la conocí hace unos años cuando volví a vivir a Villa Mercedes.

Conocerla, ser amigas, compartir espacios de confidencia, ideas, gustos, hacen que cuente con un valor agregado a la hora de leer su obra, también, de alguna manera, me permite la subjetividad del afecto hallando un lugar confortable en una lectura absolutamente intimista, con la intimidad que la amistad abarca y permite para recorrer esos espacios sensibles al corazón y tener quizá, algunas certezas. 

Encontrarme ahora de este lado de la mesa, habiendo estado del lado del público tantas veces, siendo oyente de alguno de los textos antes inéditos y que hoy están publicados en este libro, me alegra y me hace decir, una vez más, cuán generosa es la poesía. Conmigo y con ustedes, con todos los presentes, porque es hoy la poesía, (la poesía de Nancy Toselli), la que nos convoca. 

Quiero contarles lo que la poesía de Nancy, inspiró, movilizó y conmovió en mí como lectora.

Poesía de una autora dueña de una generosa, muy generosa, sensibilidad. Porque es desde allí, desde esa sensibilidad huidiza al ojo desacostumbrado, de esa que no es evidente, que Nancy escribe este libro, donde pone el cuerpo y dice en cada poema lo que pasa, cuándo pasa, cómo pasa. 

Un libro llamado Nostalgia es una palabra. Según la definición de la R.A. E: “Nostalgia: del griego nostos, que significa regreso y algos, dolor. Sinónimo de melancolía. Pesar que causa el recuerdo de algún bien perdido”. 

Definiciones que pretenden dar un nombre a aquello que se siente en el cuerpo y en la memoria. Nostalgia, un sentimiento que todos hemos sentido y conocemos. 

Esa nostalgia, ahora convertida en palabra anunciándose desde el título y proponiendo una invitación a los sitios desde donde, Nancy habla. La segmenta, la separa, la ordena, la fragmenta, pone su voz y la titula: “de la infancia”, “de los reflejos”, “de las voces”, “de la melancolía”. cuatro partes que componen el libro, y desde donde elige contar y escribir su poesía. 

Desde allí, nos invita a explorar los versos y reconocernos o reconocerla, saber de lo que está hablando, como cuando dice en uno de los poemas de la primera parte del libro: “mirar el sol de frente y después cerrar los ojos, poder por un instante poseer una galaxia”. 

¿Quien no lo ha hecho? Mirar al sol, cerrar los ojos y dejar que estallen los colores, poseer por un instante esa galaxia, ver reducido a nuestros párpados un universo parecido al que habitamos. Verlo. Ver esa invisibilidad que somos, ese punto brillante en el universo. Invisibles. Ínfimos, como esa ráfaga de felicidad de la que habla al final del texto y es apenas un destello. Allí nos lleva Nancy, eso nos muestra y allí nos reconocemos.

Nancy la del agua, la que nombra siempre en su poesía, la que trae en ríos, mar, llovizna, lágrimas… nieve. Nancy, sumergiéndose en ríos de lugares inhóspitos que permitan quedarse horas nadando, fluyendo o en silencio contemplándose las manos.

Así, nos invita en voz baja a sentarnos en la orilla, para ser silenciosos espectadores del momento de una niña tomada de la mano de su padre en el río. Ese río al que siempre vuelve. Esa niña que mira y se subyuga en esa instantánea cuando dice en su poema: “un sonido como de trueno/y sigue corriendo el agua./ Un martín pescador/zambullida y vuelo rápido/una grieta y helechos/el alguacil que se espanta/tan lejano el azul, tan fuerte tu mano/ furia de agua y piedra/ hasta llegar al remanso”.

La misma de la infancia, que en un texto que dedica a sus abuelos, resume en un verso tan impactante como bello: “unas manos que hoy /están dentro de mis manos”. 

La “de los reflejos”. El espectro de la luz que asoma en una introspección profunda de esa nostalgia, cuando dice que su corazón es un espejo trizado y escribe en ese poema: “Transcurren los días, noches, sueños/ un grito, un alarido o beso/esos ojos no se mueven/han perdido los párpados/ sólo son pupilas que brillan/puntos repetidos, fractales/ a la madrugada amenazan con invadirlo todo
y continúa firme pero implorante: “exigir la palabra, la respuesta justa/ el porqué adecuado…” y vuelve a la metáfora del corazón, para llevarlo nuevamente a su estado natural; lastimado, (trizado) como anunció al comenzar el poema, y terminar el mismo, con este verso:

“sobre un espejo roto se entrelazan/ vigilia y sueño”.

También nos lleva al juego laberíntico frente al espejo en un poema que dice:” se me ha vuelto obsesión/ la curiosidad por saber qué sucede/ con las imágenes que atrapa ese espejo ovalado” y convoca mundos paralelos también el el mismo texto: “por las noches escucho murmullos, se que vienen de ahí/hay gente atrapada entre el cristal y el azogue”

Cuando habla “de los reflejos”, reflejos de una luz de luna, donde asoma la reina madre, su madre, en ese poema cuatro, de seis dedicados a ella, poema que incorpora los cinco sentidos y deja la melancolía desenmascarada, Nancy se sienta a su lado y le dice: 

“la luz de la luna que acaricia, una a una, las ramas secas/ el rocío despierta el aroma de las flores que no están”. 

Habla también del lugar “de las voces”, ahora es su voz la que habla … es su voz, son las voces de los otros, voces propias y ajenas que añoran vientos de antes. Cuando escribe: “molinos que nunca dejaron de girar/un campo, al sur, donde te cuidan/para que las lágrimas se sequen, para que la noche no llegue”. Allí, se escucha claramente una voz. Será su voz? Será un eco de otras voces? 

Y la voz divina, la voz omnipresente a la que llama cuando dice: “infinitos murmullos de insectos que claman por una respuesta para encontrar el porqué, especificar el cuándo o decidir el dónde encontrar la razón/ que justifique su existencia” y reafirma: “como un rosario, un ángelus o un vía crucis/una vigilia que sueña amanecer epifanía”. 

Cierra el libro de manera casi esférica, redonda, en la última parte:“de la melancolía” El último lugar desde el que su poesía se declara pública. 

Una poesía que nos invita, como también nos esquiva, dependiendo de cuánto nos acerquemos. Nos hace cómplices, nos desafía, nos recorre, nos sumerge en sus aguas y nos hace leer y releerla para seguir explorando y mirando esas galaxias que mencionaba antes. 
Uno de los poemas, de melancolía casi visceral comienza diciendo: “Hoy han florecido jazmines”. Es una bocanada este verso, una bocanada de aire que toma para continuar diciendo: “y es como si ya no fueran a volver las sombras” Nancy habla de esas sombras, las que nos comen de noche, esas, que no nos dejan dormir. Hay una intención en ese deseo: que ya no vuelvan. Pero no se van. Vuelven y se clavan en el medio ganando la batalla cuando continúa el poema y dice: “un duraznero sangra en frutos suaves/ no puedo olvidar aquel camino”.

La melancolía, la nostalgia que es una palabra que encierra muchas palabras, palabras que nos son reveladas y compartidas en este libro de Nancy Toselli.

Palabras que nos remiten a una noche de verano caliente, de cielo azul y quietud extrema, donde se oye el canto de los grillos y el insomnio de la sutileza amenaza con sus primeros pasos. Esa remembranza que Nancy nos trae en este último poema donde la palabra sueño cierra perfectamente el círculo y permite dejar filtrar las acepciones: 


“Es verano.
Aún a esta hora, el calor es sofocante, asfixia los movimientos, cierra
la entrada de aire a mi pecho. 
El brillo de la luna llena entra por los ventanales, desaparece bajo la
Cama, hace un guiño desde el espejo. 
Ojalá esta luz no se lleve mi sueño” 


Los invito, a que descubran, que encuentren la poesía de Nancy Toselli, una poeta que tiene un compromiso y un nivel elevados por y para la poesía y que sin duda, van a disfrutar (ojalá, tanto como yo lo hice) al leer el tan bello y sentido libro, Nostalgia es una palabra."






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