jueves, 10 de noviembre de 2016

JOSÉ LUIS MANGIERI [19.520]


José Luis Mangieri

José Luis Mangieri (Buenos Aires, 14 de diciembre de 1924 - 1 de noviembre de 2008) fue un poeta y editor argentino. Publicó más de ochocientos títulos originales en las tres principales editoriales que tuvo (La Rosa Blindada, Ediciones Caldén y Libros de Tierra Firme) de escritores argentinos e internacionales del siglo XX, como Pablo Neruda, Julio Cortázar y Nicolás Guillén, Yves Montand, Bertolt Brecht. En el momento de represión política también purblicó obras de Antonio Gramsci, Vo Nguyen Giap, Ho Chi Minh, Mao Zedong y Ernesto Guevara.

Se afilió al Partido Comunista en 1953, trabajando como coordinador de la revista del Instituto Argentino-Soviético hasta 1959, fecha en que, con otros intelectuales (Juan Carlos Portantiero, Juan Gelman, Andrés Rivera, etc.) fue expulsado del PC.

Junto con Carlos Alberto Brocato creó en 1962 la editorial Ediciones Horizonte, que luego tomó el nombre definitivo de La Rosa Blindada, en homenaje al libro de Raúl González Tuñón. Bajo el el gobierno de facto de José María Guido, fue detenido y encarcelado junto a otros personajes de izquierda vinculados a la cultura como Osvaldo Bayer y Juan Gelman. 

La Rosa Blindada, además de sello editorial, fue una revista, en cuyo comité editorial se destacaron algunos de los más importantes referentes de la izquierda de la década de 1966. Con el advenimiento del gobierno militar del general Juan Carlos Onganía, editorial y revista cesaron sus funciones.

Con posterioridad a la dictadura militar del general Videla, a comienzos de los años 1980, Mangieri retomó su labor como editor con Libros de Tierra Firme, y desde la colección Todos Bailan difundió obras de Raúl González Tuñón, Raúl Gustavo Aguirre, Leopoldo Marechal, Juan Gelman, Francisco Madariaga, Raúl Gustavo Aguirre, Joaquín Giannuzzi, Leónidas Lamborghini, Luisa Futoransky, Alberto Szpunberg, Diana Bellessi, Jorge Aulicino, Daniel Freidemberg, Irene Gruss, Jorge Fondebrider y Fabián Casas. El catálogo superó los trescientos cincuenta títulos.

También se dedicó a través de la colección Personae a la difusión de grandes autores contemporáneos de otras latitudes. Es en ese sentido que deben leerse sus antologías de la poesía francesa, irlandesa, catalana y colombiana contemporáneas, así como los numerosos autores chilenos, venezolanos, franceses y españoles publicados en los últimos años.

En otro orden de cosas, y retomando también su vieja pasión por la política, con el remozado sello editorial La Rosa Blindada publicó textos de y sobre John William Cooke o Rodolfo Walsh.

Ha escrito los libros de poesía Veinte poemas y un títere y Poemas del amor y la guerra. A modo de testimonio, Karina BArrozo y Hernán Casabella lo entrevistaron para su libro Es rigurosamente cierto. Publicó más de 300 libros de poesía. El sello también cuenta con una colección de poesía extranjera y una colección de narrativa. Hace un par de años reeditó el sello editorial La Rosa Blindada con títulos sobre John William Cooke, El Cordobazo, La huelga general del ‘36, Las memorias de un ferroviario.

En 2004 recibió una Mención Especial del Premio Konex por su aporte a las Letras.

En 2008 fue nombrado Ciudado Ilustre por el Concejo Deliberante de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.




“Con José Luis Mangieri se va un pedazo luminoso de la historia y la cultura de este país. Después de 52 años de amistad, ¿quién puede abrir la boca? Solamente el dolor”.  

(Juan Gelman)




de Poemas del amor y la guerra, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008


A Marcelo Gelman, Alcira Fidalgo y Pablo Schmuckler,
desaparecidos, porque también son mis hijos

Para Martín y Andrea


A la ciudad le arrancaron los ojos
y los bienamados agitan por los bares sus cucharitas de aire

Nadie nos conoce a nadie conocemos

Fugitivos muertos que caminan por México nos piden yerba La Hoja
o estampitas de Ceferino Namuncurá. Los que vagan por España,
fallecidos que se pudren como las princesas rusas en el París del 20

¿Pero y los que no están no están?
¿Los desaparecidos desaparecidos?
¿Los muertos dendeveras?
¿Los que no piden discos de Gardel porque los bichos les comieron la música
ni sufren en dólares porque no sufren más?
Temo por ellos algo más pulguiento que la muerte
más pior que los estrujamientos de los huesos
más griposo que desguazarse en los zanjones
o en las aguas puercas del Río de la Plata
algo más feo puede pasarles todavía
olvido hijo de puta


El hombre velaba todavía con el fusil al hombro
los grandes nombres que yacían en la memoria.

Pero la ternura de la muchacha relampagueó en la noche
desarmándolo para siempre.
Ahora camina bajo el sol
erguido otra vez sobre la tierra.

septiembre 1981



La muchacha siempre estaba-
con su pelo largo
con sus piernas largas
y su corazón azul
profundo y vasto
como el cielo de todos.

noviembre 1982



Es el último día del año que vivimos en su totalidad.
Como diría Vivaldi,
pasamos las cuatro estaciones.
Hicimos el amor, nos lamimos como animales ebrios de sol.
No lo olvides: alcanzamos, juntos (nosotros), el cielo.
Y nadie tiene interés ni en regresar ni en saber de dónde vino.

31 de diciembre 1982



Hoy me levanté dispuesto a ser un buen ciudadano democrático.
Así que comencé a funcionar democráticamente en cuerpo y alma.
Me apené -lo justo- por la miseria de los otros,
me indigné ante la injusticia de las injusticias,
condené -de palabra- a los ladrones y a los asesinos
(sobre todo a los asesinos)
y en el subte compré unas estampitas a un chiquilín rotoso.
Pagué los impuestos en Obras Sanitarias
y las boletas de la jubilación -llegó la hora de pensar en eso-
porque le pagamos las cuentas, me dije,
la democracia nos protegerá a todos
de la miseria -de los otros-
de la injusticia -que revienta a los otros-.
Tiernamente, yo quería ser un ciudadano democrático.
Pero a las tres de la mañana desde París
me llamó mi amigo
con su voz pastosa de amores contrariados y algunas más desgracias
para preguntarme por los antiguos animales
sobrevivientes de la era del fuego y los glaciares.
Así que contesté a París:
bien, hermano, andamos medio torpes,
pero la pendejada comenzó a disparar sus primeros versos.
Volvé pronto.

30 noviembre 1984



mientras corríamos con los ojos reventados
bajo la oscura noche azul
sin posibilidades
ya ninguna
mientras chorreábamos por todos los agujeros
los naturales y los otros
alguien lavaba cantaba
también hacía el amor

22 junio 1987



Las rosas se asoman insistentes en el aire azul.
¿Nos están permitidas sin traicionar la memoria?
El recuerdo es tan poca cosa para tanto pasado,
para tanta vida sobre el abismo.
¿Es este otro vino, otro el amor?
¿O todo es un río solitario que deja a algunos en la orilla
crucificados en la injusticia de la muerte temprana?
Sobre las rosas soldados de hielo desaparecen
llevados por el río
y nosotros olfateamos la vida
como animales desbarrancados pero vivos.
Aullamos los nombres de la batalla
pero la guerra ha terminado.
Las antiguas banderas flamean
en la tormenta de nuestro corazón.
Descansen en paz los compañeros
bajo una tierra sembrada de sal
sobre la cual comenzamos a pelear contra el olvido.



Último vuelo

Veintiséis años de amor
partieron rumbo a Texas
en un Boeing 707
bajo la lluvia.

El aeropuerto y las gentes
quedaron solos
mojados
mirando.

Yo también.





de Es rigurosamente cierto, Libros del Rojas, Buenos Aires, 2004.

Este libro es el resultado de seis meses de entrevistas de Barrozo y Casabella a José Luis Mangieri, poeta y editor, fundador y co-director de la revista y editorial "La Rosa Blindada", de "Ediciones Caldén" y de "Libros de Tierra Firme", un sello con más de veinte años de ininterrumpida actividad.Su labor editorial abarcó tanto a autores noveles como consagrados; publicó alrededor de ochocientos títulos de poesía,narrativa, teatro y ensayo. Es un referente insoslayable enla vida cultural argentina. Aquí relata su vida y su trayectoria como editor e intelectual de izquierda. El libro se completa con una lista pormenorizada de todos los libros que Mangieri ha publicado, y con una serie de testimonios de un notable número de personas que lo han conocido y que dan su visión de este notable personaje de la vida literaria argentina.


Cosas pendientes

Me gustaría que la gente dijera de mí ,"Con pasión, hizo lo que pudo". Sería un buen final.



De 15 poemas y un títere, Ediciones Horizonte, Colección de Poesía La rosa blindada, Buenos Aires, 1962.


La soledad


I

Cuando los curas amordazan a los badajos
y los murciélagos clavan los gallos de las veletas,
salgo tartajeando tu nombre
a los mascarones de la plaza del pueblo
como un rezo maldito.

Y no hay luna ni estrellas
para mi voz
ni nada.
Sólo piedras mojadas
donde me acuesto y tiemblo.



II

Somos cuatro
sentados,
bebiendo
fraternalmente.
Pero lo siento
se irán dentro de poco
dejándome terminar solo
mi cerveza.

Luego,
mañana,
dentro de mucho tiempo
se acordarán de mí
al encontrar en sus carteras
algún viejo poema
junto a tarjetas de visita
y direcciones inútiles.



III

Algunos se asombraron un poco
cuando lo hallaron muerto,
abrochado en su único
traje de cadáver.

Todos vinieron después a manosearlo
con un vulgar dolor de velatorio.

Y para rematarlo
le pusieron
un crucifijo entre los dedos.



IV

El timbre del reloj siempre a la misma hora
hacer y deshacer el nudo de la corbata
ponerse la camisa
las medias
los zapatos
—nada hay más triste
que unos zapatos vacíos esperándonos—
y sumarse al desfile de máscaras que en la calle
sobrenadan entre bocinas
y gritos de vendedores.
Caminar
detenerse
ir al cinematógrafo
lleno de manos
y sueños de dactilógrafas
y una soledad de zaguanes mojados.

Los días se estiran aburridos
como la calvicie de ciertos empleados
a punto de jubilarse
también se aburren los matrimonios
al regresar los sábados por la noche
y las flores en la solapa
de los escribientes con domingo.

Y al término del día
arrancar un papelito al almanaque
y acostar esta alma desconsolada
como mis pantalones arrugados.



V

La iglesia tuerta me vigila
desde la cuenca ciega de su campanario
mientras el ojo vivo se revuelve en su órbita
señalando doce números implacables.
Los cuervos milenarios
revolotean atentos,
a la caza de algunas de estas
descoloridas almas provincianas.
Y los flacos cogotes giran
en sus artríticos goznes oxidados.



VI

Los arquitectos juntaron sus cabezas
sobre el diseño
como moscas sorbiendo
una mancha de leche.
Una pálida regla
destilando
centímetros
cómputos
anteproyectos
me ofreció asiento,
mientras un niño
gateaba bondadoso
entre compases
y rectas aburridas.
Después
los arquitectos
preguntaron por sus familias
se besaron como tías
y se fueron.



VII

Yo escuché tus pasos
de muchacha sola
por las escaleras
con noche a pedazos.
Yo escuché tus pasos
con zapatos viejos,
y vi calles largas
gastadas
pisadas
por tus pasos tristes
cansados.

Vi mañanas grises
de muchacha pobre
y un reloj pequeño
con mañanas frías
y con desayunos
en cocina pobre
con sartenes frías
colgadas.

Vi un tapado viejo
deambular por calles
por caféspor plazas
con sol
y lloviznas
oficinas lúgubres
con notarios calvos
flacos empleados
folios
biblioratos
y siempre tú sola
caminando alfombras
sucias de papeles
y expedientes largos.

Vi una adolescencia
ajada
gastada
como un libro viejo
que olvidamos lejos
un angustia siempre
en tu alma de niña
toda dolorida.
Vi una casa antigua
una madre vieja
y libros
poemas
muñecos de trapo
(muñecos, ¿recuerdas?)
y tus noches solas
estiradas
largas.
Vi rostros
retratos
una mariposa clavada a un fichero
alfileres largos.

Los escaparates detienen tu rostro
luego luces
caras lo borran y sigues
tus vagabundeos
que enjaulan horarios
exactos
absurdos como un jubilado.

Un tumulto antiguo
de calle que pasa
de personas viejas
que leen sus diarios
tranvías
revistas
la gente
la calle
y tú caminando
por rostros
por calles
por plazas.

Y tú repartiendo
pedazos de sol
con tus manos.



VIII

Ella vino
y echó en el fondo
de mi vaso                      
               sus ojos
donde como un cirio
ardía un látigo
sobre el lomo
de su castigada raza.



IX

Partieron.
Eran cuatro camaradas bajo el sol buscando la aventura.
Juntos
Marcharon un día entero
y al regreso
el mundo estaba maravillosamente nuevo
como si lo hubiesen lavado con lejía


Vivieron cosas y lugares iguales
y pasiones distintas.

Zárate era sólo una hilera de vagones fantasmas
cruzando un cementerio de latas oxidadas
y luces
humo denso
aguas sucias de aceite
una novia que espera su novio fogonero
y calles que trepaban como filas de hormigas
y una luna siniestra como un ojo sin párpado
que goteaba sangrienta al fondo de la calle.

Vivieron cosas y lugares iguales
y pasiones distintas.

El ferryboat brotando de las aguas
como un monstruo marino
de maromas y cables
de luces y chirridos
y jadeos de máquinas murientes
y guardianes azules remachando galeotes
marchando resignados al fondo de la noche
que era una negra cáscara sobre nuestra alegría
que encendía las boyas solitarias
sobre el lomo del río.

Vivieron cosas y lugares iguales
y pasiones distintas.
La madrugada tendió su sábana soleada
sobre la noche que se iba
durmiendo lentamente
y apareció Ibicuy
con su mesa tendida
y la pobreza antigua de sus gentes
y nos sentimos buenos sin quererlo
y nuestra alma estaba dulce y perfumada
como una manzana.

Como en los cuentos
el cielo era azul
y el sol un tarro volcado
de pintura amarilla
que incendiaba el regreso.
Y mi corazón se rompió de repente
como una frágil alcancía de barro
contra el suelo,
y me quedé mirando
con asombro,
con miedo,
cómo se perdían sin remedio
las monedas
de bondad, de tristeza
de palabras con música
de afectos sin retorno,
y una ternura espesa
se echó a andar sobre el río,
lenta y pesada como los camalotes.



X

Vamos muchacho
andando.

Los zapatos más nuevos en la bolsa
ya sabes
y el Tuñón y el Bertrand
que siempre te acompañan
junto a las arrugadas camisas de hombre solo.

Vamos muchacho
andando.

La ciudad es la misma
con sus mismos rumoresde porteros solemnes
y cajeros peinados.
Deja a los ingenieros
opinar de poesía
en reuniones tediosas
junto a flacas esposas,
y saluda al judío
que en la esquina del subte
con ternura de abuelo
vende rosquillas de ajo.

Vamos muchacho
andando.

Desvencijadas camas de hoteles sospechosos
esperan tus amores
con mujeres canallas
a las que ingenuo quieres
confesar cosas vagas
como son tu tristeza
tu soledad amarga
tu partida al retorno
sin esperas ni adioses.
Apura el vino agrio
junto a los camaradas
de noches clandestinas
con policías y volantes
y despide al vecino
que en su puerta te aguarda
a las tardes que mueren en los parques lejanos
y a los pálidos rostros
que viajan asomados
a tranvías que cruzan las blancas madrugadas.

Vamos muchacho
andando.

Las sirenas aúllan como perros amigos
y cargueros se mueven como antiguos borrachos.
La ciudad te despide
con el cordial pañuelo
del humo de sus fábricas.

Vamos muchacho
andando.




LITERATURA › 
MURIO JOSE LUIS MANGIERI, PROMOTOR FUNDAMENTAL DE LA POESIA

Final para el editor de la entrega y pasión absolutas

El creador de La Rosa Blindada, Ediciones Caldén, Ediciones del 80 y Libros de Tierra Firme construyó catálogos en los que se puede advertir diversidad, coherencia y calidad, su modo de apoyar la obra tanto de autores noveles como consagrados.

Por Silvina Friera

A diferencia de la mayor parte de los mortales, José Luis Mangieri, que murió el sábado a los 83 años, parece haber vivido unas cuantas vidas en lugar de una sola. Quizá la única manera de empezar a digerir lentamente la idea de que ya no se lo verá, como buen pilgrim fathers del barrio de Floresta, caminando por la calle Mercedes, o pateando la avenida Corrientes con su galera-valija de donde sacaba siempre un librito, sea tratando de aprender a conjugar el pretérito imperfecto, ese tiempo verbal tan fúnebre. Era el Macho, para familiares y vecinos; era Cauli, apodo que le pusieron los jóvenes poetas que empezaron a publicar en los años ’90 –porque se parecía al jefe de la serie británica Los profesionales–; era la Bruja de la calle Corrientes. Era, también, ilustrísimo, el último apelativo que aceptó cuando el año pasado la Legislatura de la ciudad lo declaró Ciudadano Ilustre. Era un tipazo tan jovial y pasional, tan abierto a lo que pasaba a su alrededor, que pronto agrandó su familia. Además de sus hijos Martín y Andrea, sumó al poeta Fabián Casas como hijo adoptivo. Ricardo Piglia lo definió como “alguien capaz de organizar y de trabajar en la construcción de redes y circulaciones múltiples”; redes que él tejió pacientemente desde la creación de la editorial y revista La Rosa Blindada, y que continuó con Ediciones Caldén, Ediciones del 80 y Libros de Tierra Firme, las cuatro editoriales más prestigiosas de las muchas que inventó, con catálogos en los que se puede advertir la diversidad, coherencia y elección de títulos donde siempre convivieron autores nóveles y consagrados.

Mangieri nació el 14 de diciembre de 1924 en un conventillo de Parque Patricios, sobre la calle Salcedo. Su padre fue un obrero anarquista, milonguero y “muy mujeriego”, como el propio editor y poeta recordaba en sus memorias Es rigurosamente cierto (Libros del Rojas), título que remite a una frase que Mangieri solía repetir cuando reafirmaba algo demencial que estaba contando. “Toda la amplitud que tuve en mi vida política e intelectual se la debo al conventillo, donde conviví con una enorme cantidad de obreros y donde también estaba, por supuesto, la prostituta que se llamaba María y nos regalaba caramelos los domingos”, decía el poeta. Cuando en los años ’40 leyó El violín del diablo y Miércoles de ceniza, de Raúl González Tuñón, sintió por primera vez que la poesía “era la exaltación de la belleza a través de la palabra”. Tuñón le dio vuelta literalmente la cabeza y empezó a escribir poemas. Aunque inició la carrera de odontología en 1944 –obligado por su padre, que era amigo de un dentista anarquista que le había prometido que le dejaba el consultorio con la clientela–, duró apenas dos años. Como la vida familiar se puso espesa, sin llegar a una violencia extrema, cuando dejó odontología, Mangieri se fue a Bariloche, donde tenía unos primos pintores de brocha gorda. Trabajó como peón de pintura durante seis meses, y le compraba el pan a Priebke, el criminal nazi. Se quedó en esa ciudad patagónica cinco años por un “romance ideal” con una alemana de 38 años (él, entonces, tenía 21).

Después de su regreso de Bariloche, se afilió al Partido Comunista en 1953. En esa época, en que Mangieri reconocía que era “brutalmente gorila”, la opción por el PC no se explicaba solamente por su antiperonismo. Existían otras razones tanto o más poderosas como su interés por la cultura. El PC tenía varias editoriales importantes como Lautaro y Futuro, y manejaba todos los teatros independientes: Fray Mocho, La Máscara, Teatro Nuevo y Del Pueblo, entre otros. Trabajó hasta 1959 en el Instituto Argentino–Ruso, donde editó una revista, y hacia el comienzo de los años ’60 se repartía entre sus trabajos en Eudeba, en la compañía de seguros Franco-Argentina y como corrector y periodista en los diarios Crítica, Democracia y El Popular. Mangieri estuvo preso en cuatro ocasiones, la última durante el gobierno de José María Guido (1962-1963), y compartió la cárcel con Osvaldo Bayer y Juan Gelman. Cuando decidió convertirse en editor independiente en 1962, de la Eudeba de Boris Spivacow copió la idea de vender cuatro libros en un paquete, haciendo una preventa para financiarlos. La editorial se llamó Ediciones Horizonte, pero posteriormente adoptó el nombre de La Rosa Blindada, en homenaje al libro escrito por Tuñón sobre la insurrección de los mineros de Asturias. La revista, que también se llamó como el libro de Tuñón, apareció en octubre de 1964 y tuvo una tirada de 10 mil ejemplares hasta el cuarto número. Los uniformados de Onganía clausuraron La Rosa Blindada, que sacó su último número –el noveno– en septiembre de 1966. Además de Mangieri y Carlos Alberto Brocato en calidad de directores, el staff editorial incluía a Gelman, Roberto Cossa, Octavio Getino, Roberto Raschella y Javier Villafañe, entre otros.

El editor y poeta se alineó con China, y más tarde con Vietnam, cuando comenzó el enfrentamiento chino-soviético, mientras que el PC argentino seguía a rajatabla las directivas de Moscú. Mangieri publicó en Ediciones Horizontes los libros de Vo Nguyen Giap y comenzó a editar las obras completas de Mao. Desde la dirigencia del PC lo tildaron de “foquista” y “militarista”. La conducta contestaria de Mangieri derivó en su expulsión del partido. No fue el único: también expulsaron a Gelman, a Cossa, a Andrés Rivera y a Juan Carlos Portantiero, entre otros. “Para cuando salió el primer número de La Rosa Blindada, ya éramos desclasados –recordaba Mangieri–. Pero después de los primeros números, nos convertimos en parias totales.” Viajó a China en 1966, con Rivera, una experiencia que calificó de emocionante desde cualquier punto de vista. “A propósito de las fábricas, algo que nos impresionó mucho fue que cada obrero tenía su ropero, y en él, con su ropa, un fusil. Dicho de otro modo: la clase obrera estaba armada, algo impensable en la Argentina de Perón, porque, contrariando los deseos de Eva –que había querido armar a la clase obrera–, arrugó”, subrayaba el poeta y editor.

Caradura como era, Mangieri les pidió a los chinos –que le habían prometido pagarle una semana en París–, prolongar su estadía en Francia por un mes, donde conoció a François Maspero, un gran editor de izquierda. “Nosotros nos politizamos, siguiendo la realidad argentina, pero teniendo en cuenta la experiencia editorial de Maspero. En América latina pudimos hacer lo que hicimos en alguna medida porque los yanquis tenían las manos atadas con Vietnam: una vez que se desataron, se encargaron de nosotros. En los ’70, los libros de Giap se vendían en las estaciones de subte, en Tribunales, en Palermo. El librero Damián Carlos Hernández, al que siempre le llevaba las novedades, me dijo un día: ‘Con tal de que tenga el pie de La Rosa Blindada, traeme la edición completa’.” Mangieri era consciente de que formó a toda una generación de lectores con los libros de poesía, ensayo y teatro que editó en la década del ’60. “No fuimos grandes genios creadores, nos empujó la historia, interpretamos correctamente el momento que se vivía. La del ’60 fue una década de oro, lo mismo que la del ’22, con el grupo de Boedo y Florida, con Roberto Arlt, Borges, Elías Castelnuovo. Los grandes escritores que tenemos hoy vienen de esa década brillante que lamentablemente no se volvió a repetir.”

No fue un militante orgánico del Ejército Revolucionario del Pueblo, pero Mangieri siempre admitió que tuvo una estrecha relación con el ERP. Editó un par de libros, entre otros uno sobre el Quinto Congreso del ERP. “Ya sobre el golpe, andábamos dando vueltas con ese libro en unas bolsas llenas de maíz”, confesaba el editor. Pocos días después del golpe de 1976 leyó en un diario una frase de esas que ponen los pelos de punta. “Un general dijo: ‘Terminamos con la literatura subversiva, ahora tenemos que empezar con los que editaron estos libros’. Yo, lógicamente, me di por aludido”, admitía el editor y poeta. Su mujer y su hija se instalaron por un tiempo en Cipolletti, su hijo Martín en Bariloche y Mangieri optó por la casa de su tía Raquela, en Parque Patricios. “No me fui por varias razones, así como los que se fueron habrán tenido sus propias razones. Entre mis propias razones hay una que tiene un peso enorme: si yo, con algunos de los libros que publiqué, tuve que ver con que hubiese gente que se decidiera a tomar el camino de la lucha armada, ¿cómo me iba a ir? ¿Qué, acaso alguien se imagina que uno podría mandarse a mudar y después mandar saludos desde París? –razonaba Mangieri–. Creo que quedarme era mi responsabilidad política y que no habría tenido derecho de irme.”

Había que empezar de nuevo. Y Mangieri lo hizo, un año antes de que terminara la dictadura, cuando fundó su última editorial, Libros de Tierra Firme, donde publicó, entre otros, todos los libros de Gelman (que entonces no podía volver a la Argentina), a Joaquín Giannuzzi, Leónidas Lamborghini, Alberto Szpunberg, Daniel Freidemberg, Daniel Saimolovich, Juana Bignozzi, Diana Bellessi, Martín Prieto, Jorge Aulicino, Irene Gruss, Jorge Fondebrider, Daniel García Helder, Martín Gambarotta, Osvaldo Aguirre y Casas, entre tantos otros. Aunque en 1963 publicó su primer libro de poesía, 15 poemas y un títere, siempre siguió escribiendo poemas. “Si se te pudrió un versito, se te pudrió todo. Como género, la poesía exige del lector una entrega absoluta, por más que Oliverio Girondo escribió aquel famoso libro Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. No se puede leer la poesía en el tranvía, no porque no haya tranvías sino porque la poesía te obliga a una entrega total.” Quizá por esa exigencia que se imponía como poeta demoró cuarenta y cinco años en publicar su último libro, el recientemente editado Poemas del amor y la guerra (Ediciones en Danza), que a pesar de su enfermedad, pudo llegar a ver. Publicó más de 800 títulos de poesía, narrativa, teatro y ensayo. Y es rigurosamente cierto que, como señala Casas, a fuerza de haber hecho bien su trabajo, éste “se volvió invisible”. En las últimas dos líneas de sus memorias, Mangieri anticipó lo que bien podría ser su epitafio. “Me gustaría que la gente dijera de mí: ‘Con pasión, hizo lo que pudo’. Sería un buen final.”




ANTROPOSMODERNO

Entrevista a José Luis Mangieri

La misma casa donde José Luis Mangieri vivió buena parte de su infancia en Floresta, sigue siendo hoy testigo de su vida cotidiana. La calle Mercedes, donde se encuentra su casa desde hace setenta años, ya no es de tierra. Tampoco pasa el lechero vendiendo por la calle ni el arroyo Maldonado atraviesa el barrio a cielo abierto, como en aquella época. A pesar de la nostalgia que parecen manifestar estos recuerdos que Mangieri trae a la charla, sostiene una y otra vez: "Yo no creo que todo tiempo pasado fue mejor".

Sus primeros años transcurrieron en un conventillo de Parque Patricios, barrio que lo vio nacer en 1924 y que le infundió el fanatismo por el club Huracán. De esta parte de su vida conserva sus mejores recuerdos. Era un auténtico arrabal de tangueros, prostitutas, obreros e inmigrantes, quizás muy parecido al mismo que retratara Raúl González Tuñón en sus poesías. Y no es casualidad que uno de los emprendimientos editoriales más importantes de Mangieri llevara el nombre de un libro de esta figura de la poesía argentina: "El nombre de La Rosa Blindada fue en homenaje a un libro de Raúl González Tuñón, que a su vez él escribió en homenaje al levantamiento de los mineros de Asturias en el año 1934." 

Esta conjunción de barrio, inmigración e ideales libertarios marcaron a Mangieri tanto en su actividad de editor y como poeta. En los años '50 se sumó al Partido Comunista, donde tuvo su primera experiencia con la edición. Su inserción en el Instituto Argentino-Ruso, a partir de su militancia política, le permitió hacerse cargo de la revista que publicaba el mencionado organismo. Más tarde ingresó a la naciente Eudeba, con Boris Spivacow a la cabeza, y luego intervino en los periódicos Crítica, Democracia y El Popular, el cual también pertenecía al Partido.

Pero los tiempos que corrían lo fueron alejando a él, como a tantos otros intelectuales, del comunismo ortodoxo, y promediando la década del 60 fue expulsado del Partido. Junto con varios compañeros de militancia, y con el valioso aporte de González Tuñón, dieron forma a un nuevo proyecto editorial. La Rosa Blindada nace en 1962, bajo el nombre original de Ediciones Horizonte, publicando libros de poesía. Pero el momento de esplendor se da en 1964, cuando deciden publicar la revista que llevaba el mismo nombre poético de la editorial. Más o menos mensualmente llegaron a sacar a la luz nueve números, que encontraron su fin abruptamente con el golpe del general Juan Carlos Onganía en 1966.
¿En qué contexto surge el proyecto de La Rosa Blindada como editorial?

JL - En la década del '60, a la que yo la llamo "la dorada década del '60". En ese momento no pasaban cosas solamente en la Argentina, sino en todo el mundo. No solamente se estaban dando las manifestaciones del estudiantado francés, sino sobre todo, la revuelta del estudiantado antiautoritario alemán que dirigía Rudy Dutschke, que fue mucho más importante. En Estados Unidos estaban los hippies, las comunidades sexuales, y otros importantes movimientos sociales. En el contexto latinoamericano, en Chile estaban Salvador Allende como presidente y el MIR; los Tupamaros en Uruguay, que parecía que la tenían toda servida; los generales peruanos al mando de Velazco Alvarado que fueron a combatir a la guerrilla, se dieron cuenta de que los guerrilleros tenían bastante razón y se convirtieron en generales progresistas; y lo mismo sucedió con el Almirante Boreal Arrazábal en Venezuela. Se dio todo un contexto de lucha política en el cual, cuando a mediados de los '70 se produce la retirada estadounidense de Vietnam, comienzan a ocuparse de América Latina y empieza la cadena de dictaduras. La década del '60 fue realmente, para nosotros, muy importante. Yo siempre digo que en esa época creíamos que a la vuelta de la esquina nos esperaba la historia. Pero comprobamos que nos estaban esperando miles de desaparecidos y miles de exiliados. Yo no creo que todo tiempo pasado fue mejor. Yo creo que hay que mirar para adelante, porque simplemente lo que pasó, pasó. Para bien o para mal, pero pasó. Y lo de adelante en una de esas puede resultar peor de lo que pasó, pero siempre, el futuro es lo mejor, ¿no? Vos no podés estar anclado en lo que pasó y en lo que hiciste, porque esa añoranza sería una forma de derrota.

En ese contexto de efervescencia que mencionás, ¿qué se proponían ustedes con ese proyecto?
JL - Nos planteábamos distintas conquistas. Nosotros transmitíamos toda la experiencia de Vietnam. Pero si uno lee con atención la revista, no era una revista de tomar las armas. Todos los textos que publiqué de los vietnamitas se entendieron mal; se creía que nosotros pensábamos que esto era Vietnam, y esto no era Vietnam, esto era la Argentina. La Rosa Blindada fue producto de su época. Es cierto, fue un producto legítimo del momento histórico que se vivía no solamente en la Argentina, sino también en el mundo. Nosotros pensábamos que todo era posible. Yo recuerdo que los libros de Vo Nguyen Giap y Mao Tse Tung se vendían en las estaciones de subte de los Tribunales y lo veíamos en forma natural. Había una gran cantidad de editoriales de izquierda o politizadas, como Siglo XXI. Los alumnos venían a pedirnos las pruebas de galera de Siglo XXI y de La Rosa Blindada porque estaban de texto en la Facultad. Roberto Carri, un sociólogo que después sería desaparecido, había puesto los cinco textos filosóficos de Mao Tse Tung como parte de los apuntes obligatorios de ingreso a todas las facultades. Las tiradas nuestras eran de 10 mil ejemplares y, por otro lado, Siglo XXI había llegado a ser más importante que la casa matriz en México.

¿Quiénes estaban en La Rosa Blindada en ese momento?
JL -Estábamos con Carlos Brocato, Emilio Jáuregui, Juan Gelman, Carlos Gorriarena, Octavio Getino, Tito Cossa y varios compañeros más. Y además, esa era una época de mucha efervescencia en los distintos ámbitos de la cultura. Estaban Norma Aleandro, Ferrigno, Vera Gruner, en teatro; Alberto Fischerman y Pino Solanas, en cine; Andrés Rivera en narrativa, entre tantísimos otros. La Rosa Blindada tiraba 10 mil ejemplares de la revista. Y se vendían, no era joda. Nosotros, con referencia a los otros grupos literarios, éramos el único grupo que, aun sin ser obreros, hacíamos las presentaciones de los libros en los sindicatos. No las hacíamos ni en las Facultades, ni como después estuvo de moda, en las librerías. A diferencia de las otras revistas, nosotros participábamos de las asambleas, íbamos a las huelgas y a las movilizaciones. No éramos ni mejores ni peores que los otros. Éramos diferentes. Todos los que integrábamos la revista teníamos una actividad gremial.

¿Qué relación tenía La Rosa Blindada con Pasado y Presente?
JL -Teníamos una relación muy fraternal. Ellos estaban introduciendo a Antonio Gramsci. Tal es así que Pasado y Presente es el título de un libro del pensador italiano. Y nosotros más bien nos abocábamos, básicamente, en levantar la lucha vietnamita.
La Rosa Blindada vinculaba la cultura y la política. Actualmente, ¿cree que hay una decadencia en el campo cultural?

JL -Yo creo que a pesar de todo este estrago socioeconómico la cultura en este país, y sobre todo en Buenos Aires, que es una ciudad tremendamente culta, no decayó. Eso lo hablábamos la vez pasada con Tito Cossa. La cantidad de estrenos teatrales, de cine, de las tiradas de libros que hay son muy grandes. En Francia se edita un libro y a los tres meses está traducido acá. El nivel cultural de este país en todas las épocas fue muy, muy alto. Incluso la cantidad de revistas que hoy en día están saliendo, la cantidad de editoriales nuevas que están surgiendo, la cantidad de editoriales de poesía, que es lo que me compete, es muy importante. Por otro lado, la globalización afecta al campo editorial. Varias editoriales nacionales fueron vendidas. Pero sin embargo todavía subsisten algunas editoriales nacionales como Catálogos, Galerna, de la Flor y otras más pequeñas, entre las que nos incluimos, que antes nos trataban de "contestatarias" y ahora pasamos a ser editoriales "alternativas". Es decir, nosotros somos coherentes, no cambiamos. Pero en definitiva, el nivel cultural sigue siendo muy grande, muy elevado en este país.
En otras entrevistas usted señaló que el libro era una herramienta que estaba al alcance de todos. Hoy, tal vez como carencia, ¿qué pasó para que lleguemos a este punto en que parece estar como ausente?

JL -Lo que yo creo, y no quiero que suene sectario, es que en los '60 había ideología. En el mundo se leía Jean-Paul Sartre, se leía Simone de Bauvoir, se leía Albert Camus, se leía a los grandes. Y hoy ¿dónde está Sastre, dónde está Camus? Y lo tenés a Bucay. Yo creo que esto responde a un cambio en la situación socio-económica. Además de la derrota política y cultural. En los '50, en los '60, veías en el colectivo a todo el mundo con el diario. Y hoy ves que la gente no lee el diario, y no es porque vea las pastillitas que te da la televisión en un informativo, sino porque la gente no tiene plata para comprarlo. Es decir, no creo que sea porque la gente vea la televisión y se empalague, yo creo que la televisión está bastante erosionada. No sé si en este país la televisión es tan frívola y tan mediocre porque los que la hacen sean frívolos y mediocres. Yo creo que se trata de que cuanto menos piense la gente, la vas a manejar con más facilidad. Y en cuanto al libro, andá por las librerías y fijáte las vidrieras: son todas iguales. En todas están exactamente los mismos títulos y a los mismos precios. Y antes los libros se vendían muy baratos. En la década del '20 Editorial Claridad tenía los libros a 20 centavos y se vendían en los kioscos. Después vino el fenómeno de Eudeba, que fue una experiencia extraordinaria. Pero hoy el libro ya es inalcanzable prácticamente para mucha gente. Y aunque existan las editoriales alternativas, el problema sigue siendo el costo. Yo creo que la gente no se acerca al libro, justamente, por el precio, y no por la televisión, que la tenés ahí, metida en tu casa y te maneja la cabeza. Y la forma de que la gente no piense es esa. Alejarla del diario, alejarla de la lectura. Además, antes los diarios te hacían pensar con las editoriales. Y hoy son algo meramente informativo; la información no te hace pensar necesariamente.
¿Cuál es la función o qué lugar ocupa en el campo de la cultura el libro en la actualidad?

JL -Bueno, yo pienso que el libro sigue siendo un arma poderosa. El libro sigue siendo el libro. Más allá de los adelantos tecnológicos. Por ejemplo, mi mujer es fanática de Internet. Con Internet tenés el mundo arriba de la mesa. Internet terminó con la magia de la carta, pero eso es una frase poética que finalmente no indica nada. Ahora bien, yo pienso que la presión de esta máquina crea un segundo analfabetismo. El analfabetismo de antes era el del que no sabía leer y escribir contra el que sabía. Hoy el analfabetismo va más allá de que todos sepamos leer y escribir: si vos tenés la máquina y yo no la tengo, yo sufro de este nuevo tipo de analfabetismo. El tipo que tiene la máquina tiene una ventaja enorme, tremenda, sobre el tipo que no la tiene. Hoy para conseguir trabajo tenés que tener ese conocimiento. Pero realmente, es cierto, hay un segundo analfabetismo.

¿Usted cree que desplaza el hábito de la lectura, del libro?
JL -Cuando apareció el cine se dijo que el cine destruía al teatro. Cuando apareció la televisión se dijo que la televisión destruía al cine. Pero ni el cine destruyó al teatro, ni la televisión destruyó al cine, ni Internet va a destruir al libro. Es cierto que hoy podés consultar libros por Internet, hasta libros recontra agotados en cualquier país que tenés disponibles con esta tecnología. Y no tenés que volverte loco o ir a un bibliófilo que te lo vende a cualquier precio. Pero el libro escrito nunca va a desaparecer. Como nunca va a desaparecer el cine ni el teatro ni nada por el estilo.
Y actualmente la Editorial La Rosa Blindada, ¿cómo se adapta a estos cambios? ¿Sigue siendo la misma Rosa Blindada que hace treinta años?

JL -Sigue la misma línea, es decir, ahora editamos exclusivamente libros con tópicos nacionales. Se acabó Lenin, se acabó Mao Tse Tung, ahora son temas exclusivamente nacionales, y por eso hicimos los dos libros de Cooke, el libro del Cordobazo, el libro sobre Rodolfo Walsh, el libro sobre del ferrocidio. Además de los Libros de Tierra Firme, que es una colección de poesía argentina. La Rosa Blindada sigue en la misma dirección, aunque ya no se trata de una línea foquista. Uno tiene criterios de realidad, porque si no los tenés te volvés esquizofrénico, y en política la esquizofrenia es más o menos como el suicidio. Hoy tenés todos temas nacionales. También editamos La huelga general del '36, que describe la huelga que hubo en este país ese año, que duró dos o tres días.
¿Por qué decís que la poesía es el género literario de la resistencia?

JL -Porque lo es. Fijáte que en la Guerra Civil Española todos los poetas, menos uno, estaban del lado republicano, del lado de la resistencia. El único que no estaba de ese lado de toda la generación del '27, de la generación de Lorca, Alberti, Miguel Hernández, fue el hermano de Antonio Machado, Manuel, que era un excelente poeta que por su adscripción al franquismo fue injustamente relegado. Incluso acá tuvimos a poetas con una fuerte militancia política como Miguel Ángel Bustos y Paco Urondo. Pero por otro lado, yo creo que además, el problema que tiene la poesía es que se dice que la gente no lee poesía y los libreros dicen que la poesía no se vende. Yo creo que son macanas: la poesía tiene un problema, que es que la materia prima de la poesía son los sentimientos, esa zona oscura que con dificultad manejamos todos. En la narrativa el lector se siente cómodo porque siente que se habla del otro. Pero al leer poesía te das cuenta que están hablando de vos. Porque cuando leés poesía te identificás con muchas cosas, es un género que habla de lo que te pasa. En cambio, la narrativa es más descriptiva. El autor de narrativa puede tener vaivenes en la escritura y después levantarse; y el lector no se va a dar cuenta. Pero al poeta que se le pierde un verso se le pudrió todo, es un género implacable. Otro inconveniente es que la poesía no tiene propaganda. En los diarios se comenta la narrativa y todos sus best-sellers, pero no hay ni noticia de los libros de poesía. Es que las grandes editoriales no tienen poesía.
¿Entonces creés que no se habla de poesía porque no vende?

JL -Exacto. Y ni siquiera en los cuatro o cinco programas televisivos o radiales de cultura se habla de poesía, siempre hablan de los narradores. Por ejemplo, fijáte lo que pasó con Juan Gelman y Osvaldo Soriano: a Soriano lo levantaron por las nubes pero, desde mi punto de vista, la poesía de Gelman está muy por encima de los libros de Soriano. Y además las tiradas de los libros de poesía de Gelman son de mil ejemplares. Y, por ejemplo, a Andrés Rivera le dedican cinco mil ejemplares. La gente se acerca con dificultad a la poesía porque no tiene la manija que los periódicos, los diarios y los medios televisivos le dan a la narrativa.
Usted mencionaba que la experiencia de Eudeba había sido extraordinaria. ¿Es posible reflotar esa iniciativa?

JL -Claro, hablando en una ocasión con intelectuales y gente de la cultura les preguntaba por qué no se reconstruye lo de los kioscos de Eudeba instalados en varios puntos de la ciudad. Porque eso no es difícil, los kioscos se pueden armar fácilmente, y hasta es posible que todavía estén en algún lado. Los armás, le pedís permiso al gobierno, colocás los kioscos y volvés a reeditar buena parte de los textos y otros originales. ¿Cuál es el problema de rearmar Eudeba? Tenés que pensarlo, tenés que tener la iniciativa. Sería una cosa, desde el punto de vista político, importantísima la de sacar los kioscos a la calle de vuelta. Y no solamente en Buenos Aires. Otra iniciativa sería reeditar las colecciones: tres o cuatro libros en un paquete. Esos se compraban a rolete. Se llamaba "La Colección del Siglo y Medio". Qué te parece, los kioscos en la calle vendiendo libros a un precio de costo. Primero se editaron todos los textos universitarios: la venta era de la editorial al lector directamente y de esa manera te ahorrabas el 40% del precio de tapa. Fue una experiencia irrepetible. Y después sacaron los kioscos y Onganía clausuró Eudeba y el Centro Editor, secuestró buena parte de los libros y los quemó. En nuestro caso, cuando liquidaron la editorial vinieron tres camiones municipales y se llevaron todos los libros. ¿Qué me llevaban, municiones? ¿Qué me llevaban, ametralladoras? Llevaban libros, y los quemaron. Ese era el nivel de la represión contra el libro. Y eso te provoca épocas de atraso después. Yo pienso que la cultura tiene que desarrollarse en una forma más o menos armónica. Acá estamos siempre a los saltos. 
Mangieri, en el ir y venir de sus reflexiones, vuelve a la idea del pasado. Pero esta vez va más allá de la comparación valorativa de las distintas épocas. Es necesario rescatar el pasado para que el desarrollo cultural y la construcción de una identidad sigan un cauce menos accidentado, más fluido, como el mismo cauce que todavía hoy transitan las publicaciones de La Rosa Blindada.

JL -Si vos no te asomás al pasado no sabés quién sos. Es decir, la identidad de uno también se basa en tu pasado. Vos tenés que saber quién era tu viejo, quién era tu abuelo, de dónde venís, qué idioma tenés. Eso es tu identidad. Y yo pienso que, desgraciadamente, éste es un país sin identidad. Todavía seguimos bajando de los barcos. A este país, o al menos a Buenos Aires, la hizo la inmigración que empezó a venir en 1880. Por ejemplo, una situación que ilustra lo que digo es el hecho de que Roberto Arlt haya sido descendiente de un suboficial prusiano y Juan Gelman descendiente de un obrero ruso. Son los dos más altos exponentes de la "porteñidad" en literatura. La ciudad los absorbió y contaminó su obra. Esto demuestra en alguna medida que la identidad se va conquistando de a poco, con el arte, con la escritura. Y los libros siempre sirven. Por eso nosotros tenemos que ejercer la memoria no a nivel canibalesco, sino con un nivel crítico y autocrítico.

Fuente: http://www.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/bibliotecas/dglibro/observatorio/mangieri.php?menu_id=17060




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