martes, 7 de marzo de 2017

RAFAEL TALAVERA [20.003]


RAFAEL TALAVERA

RAFAEL TALAVERA (Iniesta, Cuenca, 1948). Es poeta, fotógrafo y pintor. En 1970 recibió el 2º Premio Puente Cultural de Poesía (Madrid). Un año más tarde obtuvo el Áccesit del Premio Adonais 1971 con Tres poemas y Calcomanías (Ediciones Rialp, Madrid, 1972). Ese mismo año, en colaboración con el pintor Celedonio Perellón, editó sus poemas junto con los grabados de “Mundo”, dentro de las carpetas de grabados “Mundo, Demonio y Carne”. En 1975 editó Llámale como quieras (Editorial Toro de Barro, Cuenca), y en 1983, Molde, traducido al hebreo y publicado en un diario de Tel-Aviv, donde fue leído por la radio de dicha ciudad. En 1994 colaboró en QUO VADIS junto con el pintor Gonzalo Thovar (Ediciones May Moré, Madrid). En 2009, Gran Angular. Poemas 1976-2006 (Excma. Diputación de Cuenca); un compendio de 30 años de producción poética, Pallaksch o la búsqueda del alma, Ediciones Vitruvio, 2013; en 2015 Vitrubio publicó: Miraba las cenizas, galardonada con el XXVIII premio Barcarola. 

Actualmente tiene nuevos proyectos inéditos en los que sigue trabajando: A Nadie (2009) y PALLACHS o la búsqueda del alma (2010). También ha publicado poemas y críticas literarias en varias revistas (Índice, Cultura Hispánica, La Estafeta Literaria, etc.).

Además de poeta ha desarrollado un amplio currículum fotográfico y pictórico. Ha publicado cuatro dossiers y tres portadas en las revistas de fotografía Arte Fotográfico y Poptografía de Madrid. Ha realizado varias exposiciones de fotografía en España y Francia y otras 28 de pintura, tanto en España (Madrid, Oviedo, Bilbao, Santander, Albacete, Alcalá de Henares, Feria de ARCO de Madrid, etc,), como en Lisboa (Portugal) y Estados Unidos (Nueva York y Chicago).



LUNA en
el filo
del pétalo.

Se han solapado
coronación
y decapitación.

Sobre el perfume derramado
se aparece
la flor.

Miraba las cenizas, [2015, Vitrubio]





LA LÍNEA

1

La oscuridad, con su cuchillo, monda el mundo,
corta la piel de luz, lo suelta en mullida tiniebla.
¡Allá va!



2

No sabemos qué oponer al desastre
de ver el mundo deshacerse en fanfarria de sombras.
Haz el gesto más infantil que sepas, traza una línea recta,
déjala flotar en el aire: que brille y sobreviva como pueda.
Después saca tus conclusiones, justifica su necesidad, su infeliz
trayectoria: pues nació de una vulgar ocurrencia
y ya no puede detenerse,
tendrá que inventarse una vida, y alentarla, y vivirla, y aprender a morir.



3

Como dice un amigo mío: lo mejor es ser caballo.





HOTEL DE LUJO

Rubio oropel en el hotel de lujo, comadres de platino,
vía crucis anestésico sobre el amor incruento, celulitis agazapadas
bajo las sombras cenitales de las pamelas, hojas de las palmeras
abanicando, lánguidas, la suave calima en llamas.
En un éxtasis blando que absorbe los sonidos y ahoga
los ruidos del bareto sobrevolando las piscinas,
el mundo, aquí, se recompone en nave de plumón de cisne
bogando en aire fresco hacia el crepúsculo: en el que, acicaladas con los últimos
[ destellos, comparecen,
preseas comestibles, las langostas, mostrando sin pudor al turista su rojo cereza
[ post mórtem
más íntimo, tumbadas desnudas en platos muy blancos
que flotan cual lunas rellenas de leche.





EN MI 56 CUMPLEAÑOS

Has crecido como un pato sin lago
en un lago sin pato.

Ya te has zampado crudos
cincuenta y seis pececillos virtuales.

¿No deberías transformarte en otra cosa
que no tenga que soportar esta humedad?

Del libro Gran angular




ESCENAS EN EL JARDÍN

(IV)

Da miedo dividirse, con un corte tan limpio en la mitad del ser: luz, sombra.
El alba, que es dulzura, soldará las dos partes, las restañará.
No existe herida alguna entre el día y la noche, ni vacío enquistado,
sino un vuelo sonámbulo que goza demorándose, aquí, allá, en las islas
más claras de los árboles, en los vacilantes dibujos de los lirios, en los brocales
de los pozos inciertos que imaginan las sombras en los jardines.
Algo sutil se mezcla, se funde, se difunde. Da miedo otra resurrección,
ser dibujado por claridades que dudan,
ser otra vez cuerpo real, carnal juego de aún dormidas luces.
El alba es un terreno peligroso, desconfianza, un éxtasis sin mente, desolada llanura,
desierto con dunas que ahogan el sentido común.
Dicen que así es la muerte: tierra de nadie entre ni luz ni sombra
y el universo encima, mutando, pivotando, agigantándose, agrietándose.
Uno no sabe qué hace aquí: de pie, lúcido, solo, absorto, ¿vivo?, ¿muerto tal vez?, ¿abandonado?
Da miedo dividirse, ser, volver a ser.
Pero se intuye, al fondo, nada aún, casi un rosa,
o un rosa muy, muy lívido, o un blanco, un casi blanco.
Ya vuelan, aún sin árbol, mariposas blanquecinas, las flores, las del peral.
Ya asciende terso el humo, pan recién hecho, hacia los altos nidos de los pájaros.





COLIBRÍ

1

EL VUELO geométrico del colibrí,
su vibrante helicóptero, sus plumas
de camuflaje y su pico de trompa.
Pero, ante todo: su diminuta brújula imantada.


2

El colibrí, que toma
decisiones rápidas
y a ellas se traslada
como pájaro y máquina.


3

Zumbando inmoviliza
el vórtice que engulle las formas ilusorias
y, aquietando con su ala el vacío girante, y señalándolas,
las vuelve grávidas, reales, rotundas.


4

Me avergüenza llevar
tanto vacío y silencio en mi corazón
viendo volar lleno de colibrí
al colibrí.


5

Un pensamiento rápido
necesitaba alas, las alas
necesitaban pájaro, el pájaro una espada:
así nació el colibrí mosquetero.


6

Hace una reverencia a nadie en el espacio-tiempo
antes de hundir su pico-trompa
en el agua dulce, pulida
y vacía como un espejo.


7

Peluquero del aire, del espacio rapado,
quien lo ve batir la nada vislumbra
la áurea cabellera de lo invisible
descolgándose en rizos.


8

¡Quién supiera volar así en su propia vida,
con voluntad tan firme, tan fértil, tan clara!
¡Quién fuera tu pasión tan diminuta,
capaz de abandonar los hechizos a tiempo!


9

Enrolado en la tropa
de los desheredados,
el colibrí reclama el mundo a su modo
entre romántico y desesperado.


10

¡Quién fuera en este mundo de dudas
colibrí,
el más pequeño y firme
defensor de su fantasía!


11

La remoción acróbata del ala,
el sablecillo del pico en ristre;
pero ante todo la graciosa ubicuidad
en vilo, frágil, ávida, y el ojo: el ojo más furioso.


12

Espadachín de amores de terraza
y de reflejos en cristales de ventana,
siempre vuela con su pareja, con su fidelidad arisca
a modo de esfera conteniéndolo.


13

Todo lo borra la niebla, todo
menos al colibrí.
El colibrí es un pájaro imborrable
dentro de un pájaro que se disuelve.


14

Caballito de aire o de nube
al igual que hay visiones de soles en la niebla
extraviados entre cúpulas, se muestra se oculta se muestra se oculta
y nos mezcla el pensamiento como en un trabalenguas.


15

Colibrí, escala mínima del orbe,
¿cómo es tu desazón, tu alada pena?
Tus miedos, tu estupor, ¿son una bagatela?
Tu alegría, ¿es más liviana que la nuestra? ¿Aún más quebradiza?


16

Barro que se encarama al cielo o ángel emplumado,
o vasija de pájaro, o burbuja con saeta,
horizontal, o vertical, o diagonal,
zigzag a la deriva de repente orientado: ¡colibrí!


17

Si parálisis súbitas lo atan al espacio-tiempo,
la mano que lo anuda lo desanuda.
Inmerso en su impaciencia o en la nuestra, ¿es real el colibrí
o es el dibujo inquieto de nuestra mirada?


18

Las cosas, que no han sido colibríes, defienden su espacio
arduamente de los invasores. No así el colibrí:
él cede el suyo, da hacia atrás un paso de alta esgrima
para reconquistarlo de inmediato, pico-florete en ristre.


19

Yo me imagino el alma de los árboles
como un extrovertido y forzudo colibrí
sosteniendo el vibrante fruto del orbe en sus alas
y regulando el ritmo perezoso de las constelaciones.


20

Si oyes, colibrí, mis palabras cargadas,
como dados trucados, con mis paralíticos sueños,
versos a colibríes u otros ángeles inaccesibles:
¡que no te vea yo más, para creer siempre en ti!


21

Golfillo y camorrista
y a simple vista intrascendente, ¿no serás tú la clave
desangustiada del mundo? ¿La única llave que abre aún
la esclusa de la infancia, para que se derrame fresca entre las tumbas?


22

El tiempo con su sable giratorio
reta cada mañana al colibrí,
se buscan y se burlan ambos bajo las sombras alargadas,
se pone el sol y aún no han cruzado sus espadas.


23

Acróbata y geómetra y también portador
del fuego primigenio convertido en soplete,
enuncia teoremas mientras suelda en el aire,
matemáticamente, su acción a su deseo.


24

Mago que muestra cartas de fortuna,
relámpago en el aire sembrado de trampas,
caleidoscopio que no cesa
de fragmentar la imagen que compone.


25

Nosotros, que imaginamos la muerte
como una nieve invisible bajo el calor,
que nos movemos dentro de caleidoscopios,
¿sabremos entenderte, oh simple pájaro?


26

Si existe, tu lección es ésta:
no sabemos pensar un colibrí.
Pájaro temperamental, subconsciente,
burlador del no y del sí.












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