lunes, 17 de noviembre de 2014

WILLIAM SMITH PISCOYA CHICOMA [14.041] Poeta de Perú



William Smith Piscoya Chicoma 

Nació el 17 de agosto de 1962, en Ferreñafe,  Perú
Autor de los libros "De Papel o de Madera" (Colección Personal)y "El parque está lleno de fantasmas y otro poemas" 

Profesor y poeta. El citado libro "De Papel o de Madera", de más de 250 páginas constituye la condensación de una gran parte de la producción literaria del joven poeta de la Tierra de la Fe, destacan en la obra: poesía, cuento, crítica literaria, ensayo y guiones de teatro.

En la región Lambayeque, pocos son los creadores que acompañan su oficio ficcional o elucubrador poético, al del abordaje y asediaje interpretativo o periodístico, porque ello demanda algunas competencias hermenéuticas y alguna formación teórica de ejercicio crítico.

Cuando alguien asume ese reto de ser poeta, narrador, cronista literario, crítico y comentarista se autogenera una delantera y una enorme responsabilidad de dejar de pensar en su propia obra para interesarse por los demás. De esa madera y espíritu es William Smith.

Qué duda cabe que William Smith, se ha convertido en un personaje completo en el espectro de la literatura ferreñafana y regional lambayecana: docente, promotor cultural, animador de vocaciones, narrador, cronistas literario, guionista de teatro prologuista, comentario crítico y un efemericista de la tradición literaria ferreñafana.

Este nuevo texto tiene ese sabor y trashuma epigonalmente una suerte de recopilación de poemas desde la década del 80 hasta finales de los 90, discursos poéticos que recoge un estilo ochentero y noventero, donde William afianza y afina a aguza su verso neorromántico, su apego costumbrista y lastimero, poesía llena de metáforas, de sueños y esperanzas, construcciones que buscan ahondar desde la ternura romántica hasta el experimentalismo de los poemas caligramados. William es esencialmente sensualista, afecto a los sentimientos desde adentro, a la reflexión existencial y en búsqueda de un derrotero filosófico para la vida. No por algo, las tres cuartas partes del libro están llenos de poemas de distintas épocas, matices y temáticas que denotan la evolución natural de su poemática.

En William Smith podemos encontrar dos generaciones poéticas cronológicas fusionadas: la del 80 y 90. Pocos poetas tiene esa gran virtud de mantenerse con la misma fuerza y convicción literaria vigente en tres generaciones: 80, 90 y 2000, sin el menoscabo de las poses e ínfulas con las que fatuamente suelen caer otros que hacen más ruidos que versos. Pocos poetas suelen tener esa visión de una evolución sostenida in crescendo, donde cada vez su poesía se vaya puliendo y refulgiendo.

El otro gran apartado del texto en cuestión es su producción narrativa. En el aflora un William Smith costumbrista con una gran capacidad descritivista para generar escenarios lúgubres y hacer retratos y escenarios casi cinematográficos, gran virtud que demanda un trabajo meticuloso y calculado estilo de narración total, donde el autor prioriza la atmósfera literaria para hacer sentar o actuar a su antojo a los personajes. Allí William descolla con gran maestría y esfuerzo denodado. Es un acierto permanente el manejo hiperactivos de sus personajes con los diálogos casi teatralizados.

El apartado de articulería y ensayos literarios, tiene de por sí un mérito histórico aparte. Allí es donde William Smith vuelva toda su capacidad y esfuerzo intelectual por hurgar en las obras sus mensajes ignotos y sus claves estéticas ocultas. Allí es donde aflora el espíritu integrador y divulgador del análisis y estudios colectivo de las generaciones poéticas, allí es donde sistematiza y aglutina tendencias, estilos, cronologías, personalidades, variantes y coincidencias estéticas. Allí es donde el autor revela toda su proficuidad para generar textos periodísticos de divulgación de la literatura ferreñafana.

Por la naturaleza misma que en la región Lambayeque, literariamente, se ha producido entre 5-7 textos al año, el surgimiento de un nuevo libro es toda una novedad porque pasa a engrosar el aporte literario. Todo aún está en proceso de construcción, no todo está hecho. Existen en promedio unas 110 obras literarias que esperan ver la luz: poemas, cuentos, novelas, mitos, leyendas, tradiciones, testimonios y articulería dispersa en medios impresos, están en una cola de espera, aguardado un editor y un auspicio, al igual que lectores. Sin embargo, la experiencia está dada que la autopublicación es el único camino viable para generar más bibliografía.

De allí que el aporte de William Smith a la historiografía literaria con un textos de facetas múltiples, se constituye en un manantial para poder hacer todo un recuento del estudio del proceso de la literatura lambayecana, que tarde que temprano estará en los estudios universitarios y ubicado en un lugar preferencial de la propuesta de literatura regional y de consulta obligada para comprender la esencia de la cultura literatura en esta parte el Perú.

Es verdad, hay una necesidad de difusión de la cultura literaria, pero esta deberá soportar la dialéctica misma de salir desde adentro hacia afuera, desde abajo hacia arriba, sino que históricamente lo hemos vivido quienes desde hace más de dos décadas quijotesca y contumazmente ensanchado esa frontera de la literatura en estos lares lambayecanos.

“De papel o de madera”, se convertirá indiscutiblemente en un texto de consulta obligada para conocer el fenómeno literario en la provincia de Ferreñafe y del Perú entero. Pues allí se condensa parte de estudios acuciosos sobre los autores vigentes y aquellos que aportaron su legado a la posteridad. En el texto reposan todo un cúmulo multiespecies de la factura productiva de William Smith en poesía, narrativa, articulería literaria, ensayo, comentario y análisis crítico y teatro. Un autor multifacético que se ha convertido en el ariete del fomento de la creatividad verbal en estas tierras de Casimiro Chumán, Víctor Hugo Parraguez y Luis Abelardo Takahasi.

Un amplio espectro temático desde folklore, genealogía, música, crítica, creatividad, comentarios globales y apreciaciones literarias de obras, vidas y movimientos, le da al libro ese tono variopinto.

Desde Conglomerado Cultural, saludamos al hermano literario William Smith por este derrotero afanoso de perennizar la literatura Lambayeque y por la entrega de este hijo literario que servirá como apoyo a la comprensión de la literatura ferreñafana del siglo pasado y del presente y que lo ennoblece y lo agiganta. Porque un libro bueno le basta y le sobre ser él mismo y considero que este más que un libro personal son las voces múltiples fundidas en una misma voz parlante la del poeta, narrador y articulista que ubicar bien en alto el nombre de Ferreñafe y sus coterráneos. 



El parque esta lleno de fantasmas
Por William SMITH

El Parque está lleno de fantasmas.
Cuando pasamos por allí nos alzan las manos
nos saludan y/ haciéndonos señales/ nos quedan
mirando
desde la lluvia.

Los fantasmas nos quedan mirando con sus ojos miopes
y detrás de sus gafas atiborradas de polvo
y
olvido

El parque se ha llenado de fantasmas.
Desde 1999. Se cuelgan de los arbustos/ se orinan
los jardines/ escupen en los bancos/ se tiran
a dormir sobre los sardineles
y
a veces/ a media mañana/ se mojan el ocio
y la tristeza
con el agua de las mangueras
bajo
el
sol.

El parque se ha llenado de fantasmas
que nos miran desde la lluvia o sus propios
extravíos.

Ellos
suelen esconderse tras los árboles frondosos
platicar/ asiduos/ sobre las pérgolas
dormitar/ amotinados/ encima de las fuentes
revolotear
impredecibles
en el gras humedecido
de la noche fatua
o el inminente amanecer.

Por eso/ no mires a los fantasmas que nos miran
atravesar el parque vacío
de vuelta a casa.

A veces
cuando pasamos por allí/ nos señalan entre todos
nos silban presuntuosos
e
impertinentes
nos claman por un cigarrillo reciente/ para
sus antiguas agonías
sin final.

No. No mires a los fantasmas que nos miran
hallándonos en sus memorias
y recuerdos obsoletos.

Porque ellos/ quedos/ nos quedan mirando
exactamente
cada uno desde su propia decrepitud y alucinación
cada uno desde su propio deseo y desencanto
o
desde la invulnerabilidad
de sus miedos y rencores
de sus miedos y desesperanzas.

Y/ porque además
pueden hablarnos/ cuando pasamos por allí.

Los fantasmas nos hablan
por sus bocas oblicuas
por sus escapularios desteñidos
por sus túnicas harapientas
por sus crecidas uñas
llenas de la tierra y el musgo
de
la
muerte.

Los solitarios fantasmas del parque solitario
y frío.

Ellos nos acosan cuando vamos solos
sonriendo/ satisfechos/ ebrios.

Inicialmente
nos abaten con sus lenguaje
y eruditismos
luego nos desbordan con sus vanguardismos
y apologías
luego nos abruman con sus filosofías
y comprobaciones
después nos subliman con sus evocaciones
y añoranzas
y/ finalmente/ nos seducen con las historias
de sus agravios
y el olor de sus alientos
entremezclados
e
indóciles.

Los solitarios fantasmas del parque solitario
y frío.

Así
de tantas sus miserias
y tantos sus afanes/ que
en el mes que fuere
al final de la tarde que fuere
en la estación que asista
los fantasmas pueden llegar a conmovernos
y delatarnos infieles/ polutos/ sucumbibles
entre tantos espectros de todas las edades
y
épocas.

Así/ desde ese momento/ todos ellos pueden tocarnos
a la vez.

Y terminan/ pues
encendiéndonos la nostalgia
prendiéndonos la tristeza
alentando nuestras adhesiones
más marchitos que nunca
clamando nuestras compasiones
más ininteligibles que nunca.
Y ya no se detienen hasta trastocarnos
las identidades
los principios
la fe.

Desde ese momento/ todos ellos pueden
tocarnos
a la vez.

Sin sentir/ sin pena/ óseamente/ de costado
desde la lluvia.
Sin perdonarnos la sed infinita
el hambre infinito
el sabor de vinagre infinito
el tamaño de los clavos infinitos
nuestro
infinito
desamor.

Los fantasmas
nos habrían tocado la piel y el ensueño
los nacimientos/ los nombres propios
las débiles edades./ Muy de tarde/ de costado.
En 1999/ cuando el más frágil ocaso
nos proyecta mortales y traslúcidos
sobre el cemento emplastado
del parque abarrotado se fantasmas
que nos miran súbitamente.
Desde entonces
ya no seríamos más los mismos.

La muerte nos habría volado
la memoria y el tiempo
con sus ojos rubios
perdido la historia y el amor
con sus voces broncas
fundando el sopor y la soledad
con sus pies descalzos.

Y/ ya después
no queda más tiempo para redescubrir otros veranos
sin llorar.

La muerte de todos los fantasmas/ que
al mismo tiempo/ serían nuestras mismas muertes
deshojadas
poco a poco.

Y/ sin más ni más/ nos quedaríamos allí
oscultando al silencio bifurcado

saboteando la estación incinerante
recriminado a la noche asonada.
Recriminado a la noche asonada.
La noche asonada que se cierra/ se cierra
y ya no se abre
nunca jamás.

Por eso/ no mires a los fantasmas que nos miran
desde la lluvia o todas
sus imprecaciones.

Te volverías
durmiente y alucinado/ vagando por allí
entre
los árboles y los bancos
de una noche cercada que se queda dormida
el enrejado y los jardines
de una antigua canción que ahora escuchas
y habías olvidado
las estatuas y las pérgolas
de un poema que no puedes escribir y lo sufres
la fuente y los postes
de un sueño que se precipita y/ muy despacio/ se pierde
la niebla y la garúa que/ a solas/ te yerran.
La niebla y la garúa
la garúa y las niebla que te yerran
en el parque cundido de fantasmas que nos miran
nos hablan
nos tocan
sin cesar/ insomnes/ sin inmutarse
escondiéndose/ en ese momento
todos juntos
a la vez.

No. No mires a los fantasmas que nos miran
atravesar el parque vacío
de vuelta a casa.

Aunque
llamen por tu nombre a la distancia
aunque
jueguen canicas en cuclillas
aunque
silben del crepúsculo sus canciones
aunque
desnuden sus torsos prominentes
aunque
esté a punto/ entre abetos y abeludes
de aparecer
mustiamente
la
luna.



HAIKUS

1.

Sale la luna:
una ventana blanca
nos mira queda.


2.

Hoy te esperé,
y la diáfana noche
hízose aura.


3.

Si quiero decir:
“el azul del océano”:
digo: “tus ojos”.


4.

Garúa insensata,
no llames con la mano
que no es puerta.


5.

Un punto oscuro
en el cielo juliano:
estrella apagada.


6.

La mañana niebla:
titilan infelices
las dos hornilla.


7.

Lluvia volátil
¿quién tira del cabello
a la floresta?



8.

Si no amanece,
ya no volveríame
broche de rocío.


9.

Una lagrima
de luna deja pasar:
¡Niebla espesa!


10.

Quiero besarte
mucho antes de Otoño
aún lejos del Mar.


11.

Cuando saltes
saltamontes solo con
sigilo el siglo.


12.

Lluvia de abril:
yo bebo mi copa; tú
cambia de disco.


13.

¿Cómo hacerme
el fuego serpenteante
de tu corazón?


14.

En el camino

la garúa yerra unas
huellas fatigadas.

15.

Enamorada
la tarde brinda estrellas
en copa de mar.


16.

Del caminante
donde la tarde cae,
allí su hogar.


17.

Vientos de abril:
¿qué otros pensamientos
traen a caballo?


18.

Flauta lejana
en el camino solo
hundes mi paso.


19.

Luna: medalla
azul entre dos cerros
como dos senos.


20.

Si durmiéramos
ahora, ya no más serías
luna plateada.






SI  ACASO

Si acaso un día (de estos u otros días) te animas
a sentir como sale el sol frente a tus ojos cerrados,
a cambiar de nombre a los amigos y a las calles,
a escribir tu nombre sin la ache muda (esa letra terrible),
a mirar la lluvia sin que lluevan tu ojos de calandria asustada,
a visitar menos los sepulcros donde ya no más existen nuestros muertos,
a no hacer correr a tus hijos tras la escuela (de hace tanto tiempo) ni tras su niñez (de hace tanto, tanto tiempo),
a creer menos en Dios y más en la fe de tus propias creencias,
a burlarte de los mudos-fraudes, los ciegos-fraudes, los cojos-fraudes, los mendigos-fraudes de la entrada del templo,
a encontrar un amante y dejar para siempre la viudez,
a no ser independiente sino sin-pendientes,
a cambiar de celular, de correo electrónico y por una semana no te encuentren tus hijos, la gente del trabajo,
a mudar de casa y por un año no te persigan tus hermanas, tu madre, tu marido difunto,
a contemplar sin zozobra como zozobra el ocaso,
a dejar de pensar que se muere para seguir viviendo,
a vivir pensando que sigue la vida si no llega la muerte,
a leer El elogio de la madrastra o dibujar y pintar tus propias tetas,
a cantar mientras trabajas, te bañas, te pones las medias o haces el amor,
a quedarte dormida sobre la computadora y la idiotez de tu jefe,
a pensar en el amor como un poema recompuesto o una canción que habías olvidado,
a brincar el calendario y convertir en sábado al viernes y dormir hasta las 12,
a  comprar ropa interior sin el prejuicio particular de tus ancas de potra,
a no temer el infierno que aprendiste con las dominicas,
a no esperanzarte mucho en el cielo de los franciscanos,
a dejar que el joven nuevo de la oficina te mire las piernas sin ruborizarte,
a asociar el futuro con el presente y desechar el pasado (no al revés),
a percibir cada final de los meses el burbujeo incesante de tus ovarios,
a escuchar a Serrat y Sabina o a los pájaros azules de Canción de verano,
a olvidar leer el periódico y recordar siempre beber una buena copa de vino,
a ir por  la avenida sin vergüenza de mover el trasero convencida que su oscilación es tan natural como tu mirada, tu voz, tu cabello,
a desconfiar en el espejo y tus propias percepciones y creer más en cómo te observan  los muchachos de la esquina,
a llegar tarde a la reunión de empelados y también a no llegar,
a convencerte que la enfermedad es un visitante durmiendo en el departamento y que a cualquier hora puede despertar,
a rezar menos por el mundo y los tiempos actuales y más por tu mundo y lo que te deparará el tiempo,
a interesarte siempre por la mala salud de tu libídine y nunca por la buena salud de tu alergia,
a recordarte todo el tiempo que puedes dejar para mañana lo que no quieres hacer hoy,
a llevarte bien con tus nuevas fantasías y muy mal con tus viejos recuerdos,
a asumir tu locura frente a la desnudez de tu cuerpo en la ducha y no dejar de hurgarte,
a tomar la siesta,
a renunciar a confesarte,
a sobresalir tu edad (la verdadera),
a excederte en el maquillaje,
a mandar al carajo a tu jefe,
a desistir de la soledad,
a abandonar el pudor,
a regresar tarde a casa,
a adueñarte de la noche,
a no figurarte eterna,
a saberte… mortal.

Ferreñafe, 20 de marzo de 2010.



AMO TU FORMA

Amo tu forma de amar.
Tus formas. Tu tamaño. Tu locura.
Tan sólo por eso te amo, y por más.
Nadie me ha convenido que te ame, por eso me he enamorado de tu color, de tus pies, de tu presencia de fiesta, de tu historia de canción de cortometraje.
Por eso te amo. Por la libertad de tu amor en el mío.
Por la libertad de mi amor en tu corazón.
Y también, por la libertad de mi amor en tu cuerpo, es que te amo.
Desde que te conozco estás impregnada en la brisa y en las palabras que escapan de mi alma
y prorrumpen por mi boca, de la  tierra, por el mar, de tu amor.
A veces creo pensar que has vuelto de un mundo donde jamás anochece
por la luz despierta de tus ojos y por el encendido de tus senos en medio de la noche.
A  veces olvido que he morir y construyo una fonda en el último acantilado de Puerto Eten
para estar allí contigo hasta siempre.
Y por que la pasión de tu amor es como una lluvia de flores de rocío encima de mis ansias
(durante el amor), o como la mirada de un ángel abatido tras el bastidor ( después del amor)
es por eso que te amo, y por más.

Amo tu forma de amar.
Tus contornos. Tu moda. Tu religión.
La manera como el mundo cree en tus señales. En tus modales. En tu autonomía.
En todo aquello que justamente tú no crees. Por eso te amo.
Por que reinventas la función que tienen los nombres sobre las cosas esenciales
y el tiempo sobre la palabra
y la palabra sobre la historia
y la luz sobre las gaviotas que pasan volando tan cercanas al ventanal.
Y por que siempre  no hay pilimilis o hilos multicolores o alfileres sin punta
entre tus cabello sin crinar.
Y por que cantas a Celine Dion y te apasiona Almodóvar
y no dejas de creer que Dios sí pude estar en todas partes, pero que nunca ha estado en Perú
y que también jamás lo estará.
Por tu nombre que contradice a los elementos y tú eres los elementos, es que te amo.
Por que todos te miran y no te alcanzan a ver completamente
puesto que hay un límite entre sus ojos de ciempiés y tu caminar de océano.
Y por que nadie puede tenerte toda puesto que tú posees todo a la vez
por eso te amo, y por más.

Amo tu forma de amar.
Tus esquemas. Tu talante. Tu sentido del humor.
El modo como están distribuidos tus sueños, tus temores, tus deseos, tus hormonas.
La forma de confiar en el pronóstico del tiempo y en ningún tiempo en el tiempo que te queda por vivir. Por eso te amo. Por eso.
Cerca de ti siempre vuelan inquietas las palomas de los parques
y cuando caminas son música azul tus caderas de leona joven y feliz.
Y por que te aplaude el viento y te celebra el verano
y por que me llamas con tus pensamientos y eres dócil y sumisa y resignada, es que te amo.
No vayas a dejar de sonreír porque se enfría el planeta.
Ni de cantar porque se mueren los pájaros en las cubiertas.
Ni de soñar porque no remontarían las mareas.
Ni de bailar para que sigan creciendo los niños y las plantas.
No dejes de mirar la tarde para que sea infinito el poema.
Ni avivar tu aliento de fruta y tu deseo de fuego.
Y por que me miras y el alma se te abre como una claraboya al sol
por eso te amo, y por mas.

Amo tu forma de amar.
Tus recuerdos. Tu régimen. Tu ideología.
Lo que cuentas sobre tu niñez junto a las montañas y un río
y tan lejos de tus padres divorciados.
Tus paseos de vacaciones en bicicleta al pie de la  playa atardecida e insomne.
El espanto de tu primer período. Tu morbo por las cosas dos veces limpias y tres veces  secretas. 
Lo que crees sobre la política, el amor, el sexo, la muerte y más allá de la muerte.
Lo que temes de Dios y de la vida y lo que la vida todavía no te ha dado, a pesar de Dios.
Lo que escondes entre tu pubis de grana y tus axilas de impúber.
Y por que tus manos me alcanzan hasta donde llegan mis sueños, y más.
Por tu palabra de lluvia y tu piel de cerezas.
Por tu voz de agua, por tu figura de viento.
Por que vienes de los Andes y tu idioma es de tierra.
Por tus manos de nieve, y más.
Por tu matiz de luna, y más.
Por  tu cabello de sol, y más.
Por que la mañana es limpia y el amor es sereno
y el corazón se me llena de canciones y golondrinas gráciles
cuando yo
te escribo.

Ferreñafe, 31 de mayo de 2010. 




VOCACIÓN

Esta vocación tuya. Propia, secreta, hierática, de ser, de estar.
De llamarte como la lluvia y esperar cada tarde un crepúsculo que se retrasa.
De viajar por años tras un sueño de borrasca en un barco de papel.
De ir siempre, como a una pregunta, buscando una respuesta a tu pavura, a tu ternura, a tu locura.
De volar por la vida como una golondrina después de un verano feliz y ya expropiado, sin ninguna pretensión privativa de mujer con prole, con libídine, con ardor.
De asociar tu sexualidad con el amor y a tus sueños con el cielo prometido de tu religión.

De adosarte, de adularme. De absolverme, de abstraerte.
De estacionarte en la playa anochecida como una estrella varada o un lucero errático, después del amor.
De madurar en tus manos, como dos ciruelos, mis fingimientos, mis presunciones, mis afectaciones u otras petulancias.
De caminar por el mundo buscando quien me absuelva y ayude a sobrellevar mis hartazgos y extravíos.
De fingirte una doble cinematográfica y sufrir los roles más cotidianos, menos substanciales, más peligrosos.

Esta vocación tuya. Cristiana, piadosa, sentimental, de simular, de olvidar.
De asumir a Dios como a un vecino que siempre no está en casa y al demonio como un intruso que siempre está husmeando entre tus bragas y sostenes de nylon.
De mirarte proyectada en el espejo y reconocerte fémina, fiel, verídica, casi virginal.
De cuidar de tus pies idénticos como de dos niños y de tu corazón como una hoguera en el alba que no se puede -que no se debe- extinguir.
De crucificar los deseos de tus ojos, los apetitos de tus manos, las ganas de tus senos, los afanes de tu clítoris.

De dolerte a ti misma cuando nieva un recuerdo de niña sobre tu cabeza de pájaro sin idioma ni coloración.
De adaptarte, de adoptarme. De eximirme, de exentarte.
De caminar sola por la soledad del parque solitario y triste y recién atardecido.
De despertar primera y dormirte última como un faro titilante en el alta mar de tus días y allá en el fondo de tu función marital.
De saberte perjura cuando finges una nostalgia y fingir una alegría cuando no aciertas a perjurar.
De pensar en tus hijos como dos milagros ejecutados por Dios y no por tu vientre de sirena.

Esta vocación tuya. Pertinente, íntima, solemne, de amar, de condonar. 
De entender la muerte como al mar los marinos más antiguos (sin ninguna animadversión, con no poca solemnidad y entusiasmo).
De conciliar los adioses con la esperanza y la esperanza con la Eternidad incierta de tu fe.
De asomarte a los cuarenta con la misma aptitud -para llorar, para soñar, para ser feliz- de la impúber de tu adolescencia.
De no escapar al dominio de tus ímpetus, tus desasosiegos, tus concesiones, tus acatamientos de hija, de mujer, de madre, de post-madre.
De entrar en mis dudas como en una playa y esconderte tras la arena, y husmearme tras las piedras, y descubrirme cubierto de tu ausencia y necesidad.

De extinguirte, de excitarme. De hesitarme, de escindirte.
De llamarme por el único nombre que no tengo y por no saber el que, en realidad, escondo.
De escalar hasta el más alto otero de mi avidez de bestia y dejarte caer sin prisa, sin ropa, con unción, con   frenesí.
De llamarte ola, lluvia, manzana, miel, calor, río, lápiz, canción, o cualquier otra circunstancia del tiempo u otra exigencia de mi urgencia mayor.
De tener vocación por vivir, para amar, por soñar, para morir, por ser, por estar, sin más que sólo tu pura y única y genuina propensión vocacional.


Ferreñafe, 02 de diciembre de 2010.




QUÉDATE

Quédate con tus 23 y no vayas a dejar de caminar por la calle
con tu gorra de aviador y tus zapatillas de muchacho.
Entra en la cafetería y espera que alguien te hable de la noche, del mar o de cualquier otra cosa,
es mejor que permanecer en casa controlándote el periodo, el acné, el clima de la mañana
que ha de humedecer muy temprano tu acera, tu jardín, tu loco corazón insurrecto.
No dejes nunca de pensar en ti como en una ciudad o como en un velero de aguas recónditas,
y en mí como a un inmigrante sin hotel o como un marinero sin puerto a punto de varar.
Haz de cuenta que no es el tiempo lo que avanza o se detiene, sino el río, el amor,
el soplo de un beso sobre tus ojos entrecerrados.
Y no te alejes demasiado del estanque de aguas dormidas que es mi deseo.
Ni de mi silencio de pájaro. Ni de tu forma de descubrirte feliz como una marmota en febrero.
No te asustes por que llamo siempre a tu puerta como un ciego,
no siempre el pan y el vino que recibo es vasto para mi avidez de escribiente.
Quédate con tus manías de puritana mayor que no consiente faltar a misa y al confesonario,
pero sigue inclinando tu balanza a la aventura de tu amor en timo.
Duérmete en mi pecho y despierta entre mis manos que han viajado toda la noche
las montañas de tu cuerpo sin límites.
Quédate con tu pelo de viajera a la ventanilla y con tus labios de pájaro frutero:
llama mi nombre por la carretera en verano, pica la manzana de mi corazón dormido.
Y no te conformes con pasar por mis libros, entra en sus poemas
y nómbralos como los reyes lo hacían con sus árboles y sus cisnes, con sus esclavos y comarcas.
Ofrécete a la tarde y a las alas de la tarde
y ensaya volar otras azoteas fuera del territorio de tu deseo heterosexual,
pero no sueltes mi mano para salvarme de la rutina de la noche sin alas.
Quédate para siempre con tu edad de célibe y no dejes de imitar a Elena de Káprica
con sus minifaldas de popelina pedaleando a todo aire su bicicleta rosa.
Haz de cuenta que no es el azar el que entra o sale, sino la playa, el amor,
el vuelo de un palabra muy cerca a tu oído en sosiego.
No devuelvas a la felicidad tu alegría de petirrojo ni al sol tu lumbre de estrella titilante.
Quédate con tu concepto nihilista del matrimonio
y con tu noción entusiasta de la salvación de las almas.
Anda siempre como Urco silbando por plazas y parques una balada de figuras.
Y no pierdas nunca tu voz de gaita. Ni tu lengua de durazno.
 Ni tus ojos de voyeur. Ni tus caderas de potra.
Y sobre todo no renuncies jamás a tu amor en ejercicio de su propia libertad.
Y no abdiques a tu risa y ternura.
Y no dimitas a tu peso y medida.
Haz de cuenta que no es la muerte la que asecha y desiste, sino la luna, el amor,
el roce de unos dedos sobre tus pezones crispados.
No te vuelvas actriz de otras vidas.
No te hagas intérprete de otras canciones.
No te mires reflejada en otros espejos.
No te cuides de no tener prole y pecados como se tiene bragas o recuerdos.
No te finjas adulta, puntual, inequívoca, temporal.
Quédate con tus 23. Quédate como ahora.
Pequeña como una cereza.
Dócil como un pañuelo.
Limpia como la lluvia.
Secreta como una plegaria.
Sin miedo como la noche.
Desnuda como el vacío.
Así como ahora. Así, ahora que yo, viejo,
me principio -me regreso-
a enamorar.


Ferreñafe, 24 de enero de 2011.




PORQUE TU AMOR

Porque tu amor es sereno y frágil como el anillo en el dedo de una novia dormida
y tus ojos miran más allá de mis sueños de nómade.
Porque siempre estás parada al filo de mis ansias
y me tomas de la mano cuando me desploma el silencio.
Porque te pareces al verano por tu color de sirena y a la estrella por tu ternura y a la noche por tu pasión.
Porque eres joven y libre como una ola sin botes y como botes sin remos y como remos sin manos.
Y porque habitas mi corazón de día y de noche y de día y de noche hablas a mi corazón.

Porque hay de gaviota en tu voz y de viento y de luz en tu pelo de feria
y porque entras y sales de mi corazón con la facilidad de la luna en el río o la del sol en la playa.
Porque hay de fuego en tus ojos y de tormenta y de sed en tu vientre benigno   
y porque nada te detiene cuando sigilosa y desnuda atraviesas mi deseo.
Porque te quedas dormida sobre mi pecho y despiertas al otro lado de tus dudas y miedos.
Porque me alimento de tus senos, en tus manos, de tu pubis, en tu boca, de tu ardor, en tu alegría.
Y porque ocupas todos los espacios de mi alma y tu alma ocupa todos los espacios de mi pensamiento.

Porque tienes el olor azul y taciturno de los cipreses dormidos
y tu risa es una casa con ventanas sin persianas llena niños y música.
Porque crees en el vaticinio de los sueños
y es tu vida un sueño que no acaba de empezarse a soñar.
Porque con sólo mirarte se enciende el varano y surgen las aguas y maduran las frutas.
Porque te alimentas con el alpiste de las aves y te vistes con la seda de las flores y te educas con los signos de los astros.
Y porque crees en la resurrección de los cuerpos y tu cuerpo ha conseguido mi absoluta resurrección.

Porque hay un nido de pasionarias y siemprevivas en tu pecho de copos 
y una estela de canciones y poemas en tu palabra sin fondo
y un puente de roces y caricias en tus manos múltiples.
Porque sólo basta tu nombre para entender a la lluvia
y tu efigie para modelar a los peces.
Porque nada te mantiene oculta y todo te descubre.
Porque nada te sostiene y tú sostienes al mundo.

Y por tu origen de montaña o danza o fiebre o amuleto
o tu pasado de semilla o fuego o sangre
o tu presente sin marcas o señales
o tu destino de remota o cercana galaxia...
Por eso es que no termino de soñarte,
de adorarte,  de poseerte, de consumirte.
Por eso. Sólo por eso, es que no te digo,
es que no escuchas 
mi adiós.

Ferreñafe, 10 de febrero de 2011









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